
CAPITULO 7
En el avión, rumbo a España, Defne no podía dejar de pensar en todo lo sucedido.
Luego de que Omer le recordara que él seguía siendo el padre legal de Laurier, se abrió para ella una luz de esperanza, su mente le decía que entendiera cuanto antes que ella no era su verdadera madre, pero su corazón se negaba a vivir sin ella, amaba a la pequeña y perderla fue el dolor más grande que había experimentado, incluso mayor que la pérdida de sus padres, o descubrir quién era realmente el hombre del que ella se había enamorado.
-Todo va a estar bien – le dice él.
– ¿Y si la perdemos? ¿Qué será de mi vida sin ella?, oh Dios no lo quiero pensar
-Tranquila, no debes pensar en lo peor
Omer se sienta a su lado y la abraza, ella puso su cabeza en su pecho y comenzó a escuchar los latidos del corazón de su esposo, recordó que después de hacer el amor, le gustaba quedarse allí escuchando como su corazón palpitaba a la misma velocidad que el suyo.
-Tienes razón – le dice -vamos a lograrlo.
-Por supuesto, haré todo lo que esté en mis manos, no pierdas las esperanzas.
Defne se apartó un poco solo para poder mirarlo a los ojos
-Gracias, -le dice – agradezco todo lo que estás haciendo por mí. – sus ojos quedaron fijos en los de él, y en lo que le pareció una eternidad, Omer alargó una mano hacia ella.
Defne sintió que sus entrañas se encogían y que las piernas le temblaban, especialmente, cuando él la rodeó con los brazos y poco a poco acercó su boca a la de ella, y como siempre, su cuerpo traicionero actuó por cuenta propia, así, sin más, le mordió el labio inferior con suavidad, sabía de maravilla y olía de maravilla, sus besos seguían siendo tan deliciosos como el chocolate.
Unos segundos más tarde, su beso la hizo olvidar lo angustiada que estaba, se sintió volar en una nube de felicidad.
Los labios de Omer, eran dulces, duros, y familiares.
Cuando la abrazaba así, cuando la besaba y la miraba a los ojos con ternura, el deseo y el amor no parecían dos cosas distintas. Lo que resonaba en su cuerpo, resonaba en su alma. Cuando estaba con él, todo era perfecto.
–Cuánto extrañaba tus besos… –susurró Omer contra su boca–. Dime que me has echado de menos, princesa, dime que te despiertas como yo en mitad de la noche, anhelando mi cuerpo como yo anhelo el tuyo.
Defne no respondió, solo pasó los brazos alrededor del cuello y se apretó contra él, como si buscara fundirse con el hombre que la volvía loca.
En las caricias de Omer había una necesidad que ella entendió muy bien, y que calmó de muy buena gana, porque ella también lo necesitaba. No podía negarlo.
Quizá aquello no era lo más apropiado, considerando las circunstancias, y quizás no estaba en el lugar donde quería estar, pero sin duda era el lugar donde necesitaba estar…
De pronto escuchó un zumbido lejano que cada vez se escuchaba con más fuerza, era el sonido de un teléfono, y dejando escapar un suspiro, ella se apartó.
Ninguno de los dos dijo nada, él se levantó y contestó la llamada y ella aprovechó para salir de la oficina.
Omer se había encargado de todo, no solo de cubrir los gastos del arriendo de la avioneta, sino que además puso al tanto de lo que sucedía a su abogado, el cual a su vez se contactaba con un especialista del tema que vivía en España.
Les tomó más de lo que esperaban el volver a España, al final lograron salir a media noche, lo que significaba que llegarían de madrugada.
Ella trató de dormir, pero no pudo, escuchaba los gorgojeos y el llanto de la pequeña, en algún momento del viaje sintió que alguien le tocaba la mejilla, cuando abrió los ojos, Omer estaba a su lado y le decía palabras para tranquilizarla.
-Lo siento – le dice – no sabía si despertarte, estabas llorando, solo quería secarte las lágrimas.
-Lo siento, intento tranquilizarme, pero no puedo, además…
-Además ¿Qué?
-Tengo miedo – le dice, sin poder evitar las lágrimas.
-El abogado dice que no existen motivos por lo que no deberían entregarme a Laurier, ella es mi hija legítima.
-Y ¿si no lo hacen?, tal vez te parezca algo sin importancia, pero yo amo a esa pequeña, viví más de dos meses con ella, la siento como hija y no la quiero perder.
-No la vas a perder, como te dije, yo soy legalmente el padre.
-Y ¿Qué sucederá después?, porque tú eres su padre, pero yo no soy nada de ella.
-Apenas lleguemos nos reuniremos con los abogados españoles en tu casa, ahí veremos cuales son los pasos a seguir y que posibilidades existen de que esté para siempre contigo – él le vuelve a acariciar la mejilla.
Como le hubiera gustado recostar su mejilla en su mano y descansar ahí para siempre, se sentían bien las caricias de Omer.
Cuatro horas después ya estaban instalados en la sala de la casa de Defne, Omer preparó café para todos, mientras ella los servía, los abogados hablaban entre sí, luego los incluyeron a ellos en la conversación.
-En realidad no veo el tema tan complicado – dice el abogado – ahora cuanto tiempo se demorarán en devolverle a la pequeña, eso no lo podemos saber.
-Hagan todo lo que esté a su alcance para que sea en el menos tiempo posible.
-Primero señora Defne, necesitamos que nos cuente todo lo que recuerda del día que le quitaron a su hija.
Defne, detalló con lujo de detalle todo lo que sucedió ese día…
-Señora, usted es ciudadana turca, ¿le pusieron un intérprete?
-No, pero yo entiendo un poco español.
-¿Pero no lo habla fluido?
-No – responde ella
-Muy bien, eso nos ayuda más, lo que haremos será que presentaremos una queja formal aludiendo, que las acciones de las personas que se presentaron en su casa y le quitaron a su hija, no se ajustó a derecho.
-¿Eso que significa?
– Qué se pasaron a llevar sus derechos como extranjero, no hablándole en su propio idioma, en este caso, pondremos en práctica el dicho, no hay mejor defensa que un buen ataque, los haremos retractarse de todo lo que hicieron y los obligaremos a devolver a la menor a su padre.
-¿Eso garantizará que nos entreguen antes a Laurier? – pregunta Omer.
-Creemos que es el mejor camino para obtener lo que queremos.
-Bien, háganlo
-Perfecto entonces ahora que sabemos lo que vamos a hacer nos vamos, el juez nos espera para la audiencia en media hora, y debemos ser puntuales.
-Señora – le dice uno de los abogados – lo mejor es que usted no venga.
-Pero, ¿Por qué? – pregunta ella
-Lamento decirle esto, pero usted no tiene ninguna relación con la menor, por lo que tal vez no la dejen entrar en la audiencia.
-Ella es mi esposa – dice Omer molesto y tomando la mano de Defne– y como tal tiene derecho a estar en esa audiencia.
-Cálmese, no es nuestra decisión quien entra o no a la audiencia, si quiere puede venir, pero no garantizamos nada.
Omer, mira a Defne como preguntándole que desea hacer y ella responde.
-Voy, no podría estar tranquila quedándome aquí.
-Muy bien, entonces nos vamos enseguida.
Media hora después ya estaban sentados en la audiencia esperando a que el juez hiciera el ingreso a la sala.
-No tengas miedo, – le dice Omer al oído, – todo saldrá bien
-Lo sé – le responde con una sonrisa – gracias por todo, debo reconocer que no sé qué habría hecho si te hubieras negado a ayudarme.
-Nunca podría negarte algo Defne, menos algo tan importante.
Ella no pudo responder porque en ese momento el juez entró a la sala.
-Muy bien – dice el hombre, luego de haber tomado asiento – pueden exponer su caso.
Con lujo de detalle los abogados expusieron el caso, luego de eso el juez preguntó
-La señora -dice mirando unos documentos -Defne Topal, es ciudadana turca
-Si su señoría.
-Y ¿Cuánto tiempo lleva en España?
-Aproximadamente 8 meses su señoría.
– Y no maneja el español con facilidad.
-Por esa razón creemos que ella no entendió de lo que se le estaba acusando, menos aún comprendió la razón por la que se le quitó su hija.
-Aunque en realidad no es su hija legítima. – dice el juez
-Para el caso da lo mismo su señoría, la menor es hija de su esposo.
-Y ¿Por qué el esposo no estaba con ella al momento de que sucedió todo esto?
-El señor Omer Iplikci es un hombre de negocios, y las oficinas de su empresa se encuentran en Estambul, Turquía.
-Muy bien, estoy comprendiendo, ahora explíquenme que es lo que ustedes están solicitando.
-Queremos que servicios sociales, le devuelva la menor a sus padres.
-Querrá decir a su padre, él y solo él es el tutor legal de la menor.
-Bueno sí, su señoría.
-Y la madre de la menor, ¿Por qué ella no se encuentra aquí?
-Porque ella dejó a la menor al cuidado de su padre, en vista de que él tiene un matrimonio estable y cuenta con los medios económicos para darle una mejor calidad de vida.
-Muy bien, quiero hacerle unas preguntas al padre, que se ponga de pie.
-Soy yo su señoría – dice Omer.
-Señor… Iplikci, usted tiene residencia permanente en la ciudad de Estambul, me puede decir, ¿Qué hacia su hija en España?
-Estaba con mi esposa su señoría.
-Usted sabe que legalmente su esposa no es nada de la menor, estoy hablando legalmente, eso no implica que ella la ame o la cuide como una verdadera madre.
-No creíamos que hubiera algún tipo de problema, hasta ahora…
-Muy bien dicho, hasta ahora, puede sentarse
Omer hizo lo que le dijo el juez, unos segundos después sintió que Defne le sujetaba una mano, estaba temblando, por lo que él le apretó fuerte la mano entre las suyas.
-Muy bien, ya escuché todo lo que me dijeron, también leí el informe de servicios sociales y concuerdo con ustedes, en el afán de proteger a la menor, se pasaron a llevar los derechos de la señora Defne Topal, quien en ese momento y con la autorización del padre de la menor, su esposo, estaba al cuidado de ella.
-Mi decisión con respecto a este caso es la siguiente, instruiré a servicios sociales, que la menor Laurier Iplikci, debe ser entregada de forma inmediata a su padre, Omer Iplikci, y que este se traslade con la menor a su lugar de residencia en la ciudad de Estambul en Turquía.
CONTINUARÁ
