EL DESTINO Y SUS CASUALIDADES CAPITULO 6

CAPITULO 6.

– ¿Por qué me mientes?, sé muy bien que la bebé es tu hija.

– ¿De dónde sacaste eso?

-Tengo su certificado de nacimiento, y ahí dice claramente que Defne Topal es su madre.

– ¿Tienes que…

Omer sacó del bolsillo de su chaqueta el certificado que le dio Sinan y se lo entrega a Defne, quien lo toma y lo lee, pero antes de que pudiera decir algo, la pequeña que estaba acostada en su moisés comenzó a llorar.

Defne la toma en brazos y le comienza a hablar para calmarla

-Ya pequeña, ¿tienes hambre?… Omer, tenemos que aclarar todo este lio, pero ahora necesito, cerrar el negocio y darle de comer a Laurier.

-No estoy apurado, así que dime en que te ayudo

-Puedes cerrar la puerta, apagar las luces… y luego venir a la casa, solo debes subir esas escaleras – le dice mientras le daba las indicaciones de cómo hacer todo.

Omer hace lo que ella le pide y luego se dirige al nivel superior, donde encontró a Defne con la pequeña en brazos, mientras le daba un biberón con leche, Laurier tomaba la leche apresuradamente, tal parecía que tenía mucho apetito, porque ni siquiera se detenía para respirar.

Mientras la bebé se alimentaba, él aprovechó de mirar la casa, era acogedora, muy acogedora.

-Es el momento de cambiarte – le dice Defne a la pequeña – Probablemente estás mojada, pero primero debemos deshacernos de los molestos eructos.

Se acomoda una toalla en su hombro, luego a la pequeña y comienza a dar suaves masajes en la espalda de Laurier, hasta que logra eliminar los gases.

Luego se levantó, acomodó a la pequeña sobre una mesa que ya estaba preparada.

Efectivamente tenía el pañal mojado, Defne se lo quitó y lo echó en una bolsa de basura, alargó la mano para sacar una toallita húmeda cuando se dio cuenta de que Omer estaba mirando al bebé con expresión pensativa.

La niña arrugó la cara y rompió a llorar de nuevo, entonces él se acercó y le acarició la mejilla.

-Ya está, ya está -la tranquilizó – tienes unos ojos hermosos, mira esas pestañas largas y rizadas.

Por increíble que pareciera la pequeña se tranquilizó y no solo eso, sino que le regaló una sonrisa.

-Traidora – le dice ella a la bebé – esa sonrisa debía ser para mí.

– ¿Cómo así? – pregunta Omer

-Es su primera sonrisa – respondió Defne.

-Lo siento- fue lo único que se le ocurrió decir.

-No importa a quien le sonrió lo importante es que lo hizo.

Defne termina de cambiarle paños y le pone el pijama, luego dejó a la pequeña nuevamente en el moisés jugando.

-¿Quieres un café?

-Gracias -dijo él.

_De nada.

Defne sirvió dos cafés y puso a calentar dos sándwiches.

-No sé si cenaste, pero yo no lo he hecho y tengo hambre – le dice ella mientras se comía el sándwich que se había preparado.

-Por favor princesa, – dice Omer – no juegues conmigo, dime la verdad, ¿ella es mi hija?

-Te recuerdo que al único que le gusta jugar con las personas eres tú.

-Entonces, explícame, ¿Por qué está tu nombre en ese certificado?

-Yo solo te puedo decir lo que sé, por qué esta mi nombre en ese certificado no lo sé.

-Y entonces, ¿de quién es hija?

-Es una historia un poco más larga – dice – me voy a servir otro café, ¿quieres?

-No gracias.

-Cuando nos separamos, me vine a vivir a este lugar con mi amiga, que también era, o es modelo, nos instalamos e iniciamos este negocio… éramos socias, un fin de semana mi amiga desapareció y volvió el martes de la siguiente semana, pero no volvió sola, venía con la pequeña en brazos, ahí me contó que cuando se vino estaba embarazada y no quería que nadie lo supiera, por eso eligió este lugar.

-Entonces, la bebé es de ella

-Exactamente, una mañana me dejó a la pequeña, y desde ese día no la he vuelto a ver, hace dos semanas vino un abogado, me dijo que ella me había cedido su parte en la sociedad por lo que supongo que no volverá…

-Está bien, pero eso no explica lo del certificado ni tampoco que le hayas dicho a los padres de Sinan que la bebé era tu hija.

-Todos aquí creen que es mi hija, de otra manera ya me habrían enviado a seguridad infantil y se la hubieran llevado, te repito lo del certificado no lo sé, quizás ella uso mis datos para reconocer a la pequeña.

-Esto es realmente increíble.

-Lo increíble es que hayas venido hasta acá y hayas reconocido a Laurier como tu hija, ¿sabías donde estuve todo este tiempo? – le pregunta ella.

-Sí, lo sabía.

– ¿Me estuviste espiando?

-Solo quería saber si te encontrabas bien.

– ¿Por qué lo hiciste?, si entre tú y yo no hay nada.

– ¿Como que nada?, aun somos marido y mujer.

-Solo porque no has firmado los papeles del divorcio.

-Defne, yo aun te amo, cada día que has estado lejos de mi ha sido un suplicio, pero lo que más extraño es despertar y verte a mi lado en la cama…

– ¿De verdad?, ¿le dices lo mismo a todas las mujeres con las que te acuestas?

– ¿Cómo…

-Claro – prosigue ella sarcástica- no creo que tengas el tiempo de decírselo, porque cada noche es una diferente, ¿cierto? no me mires tan sorprendido, tú me espiabas, pues yo también lo hacía y sé muy bien lo que has hecho durante todos estos meses, y dudo mucho que me hayas extrañado.

-No voy a negar que me he acostado con mujeres, pero con ellas no siento lo mismo, no me despierto con el deseo de abrazarlas y tenerlas para siempre a mi lado, solo tú logras eso.

– ¿Se supone que debo tomar tus palabras como un cumplido?, y ¿Qué, si fuera al revés?, si fuera yo quien hiciera el amor con un hombre diferente cada noche, ¿me creerías si te dijera lo mismo?, ¿me aceptarías de vuelta?

-Pero tú no harías eso…

– ¿Si lo hiciera o no?, ese no es el tema, te lo dije cuando nos separamos, tú no sabes amar, cuando se ama de verdad, no importa si la persona no está, uno es fiel a sus sentimientos hasta que estos ya no existan.

-Debo suponer por tus palabras… que ya no me amas.

-Y ¿Qué si aun te amo?, ¿cambiaría eso algo?

El silencio que se hizo entre ambos fue sepulcral.

-Creo que lo mejor es que cada uno siga con la vida que tiene – dice por fin Defne.

-Entonces, ¿no crees que exista alguna posibilidad para nosotros?

-Hubiese dado mi vida por escuchar estas palabras hace meses, pero ahora ya es tarde.

-Entonces no hay ninguna razón para quedarme en este país- dice Omer – si cambias de parecer, te voy a estar esperando.

-No creo que cambie de parecer, necesito a mi lado un hombre que sepa amar, que no mire a las personas como simples piezas de ajedrez para conseguir lo que quiere en la vida, porque no me vas a negar que pensabas que yo volvería contigo solo porque Laurier era tu hija…

Dos semanas más tarde, las acusaciones de Defne seguían resonando en la mente de Omer.

Al principio, se había enojado, pero, al pasar los días, el enfado se transformó en angustia y desesperación, su primer impulso fue volver a beber para olvidar su dolor, pero se dijo que eso no podía volver a suceder, si Defne al igual que él, se mantenía informada de su vida, debía saber que él había cambiado, no más mujeres, no más alcohol, se dedicaría a trabajar y a llevar una vida adecuada, para que si ella en algún momento decidía volver, encontrara en él al hombre que necesitaba a su lado, un hombre que la amara de verdad.

Se dio cuenta de que sus acusaciones eran verdad.

Un día, mientras pensaba en esas palabras, se dio cuenta de otra cosa.

Tenía suerte de haberla conocido. Había encontrado a una mujer generosa que lo amaba, que le había dado la oportunidad de amarla y que habría pasado el resto de su vida con él en cualquier circunstancia, tanto si era rico como si lo perdía todo, pero que él no había sabido apreciar.

Pero quizá no fuera demasiado tarde. Aún podía arreglar las cosas.

Apenas era mediodía, una semana después, cuando a la oficina de Omer entró Defne con la fuerza de un vendaval, con los puños apretados y una expresión peligrosa en la mirada.

Algo estaba pasando, ella estaba sola.

– ¿Defne?, ¿Qué pasó? ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Dónde está Laurier? – le dice al ver que ella cerraba la puerta con fuerza.

-Me la quitaron -dijo con la voz desgarrada – ¿Por qué lo hiciste Omer?

Él sintió que el corazón le daba un salto en el pecho y se acercó a ella.

– ¿Qué? ¿Quién? ¿Quién te la ha quitado?

Ella no respondió inmediatamente, tenía los ojos rojos tanto llorar y su labio inferior temblaba.

-Cuéntame, ¿qué sucedió? – insiste él.

-Servicios Sociales – le dijo y soltó el llanto

– ¡Oh, Defne! – la rodeó con los brazos, ella se dejó abrazar unos segundos, después se separó con rabia.

-Por favor, dime que no fuiste tú quien me denunció

Omer la tomó del brazo y le indicó que se sentara.

-Vamos a hablar, cuéntamelo todo. – le dice no haciendo caso a la acusación que ella le estaba haciendo.

-Aun no sé lo que sucedió, ellos llegaron a la casa, me quitaron a Laurier de los brazos, nos llevaron a un lugar, nos tuvieron allí por horas, me hicieron todo tipo de preguntas. Después me dijeron que me podía ir… sola. – dejó escapar un sollozo.

– ¿Qué te dijeron? ¿Qué motivos te dieron?

-Que alguien puso la denuncia, argumentando que no soy la mamá y que posiblemente la había robado.

– ¿Qué quieres decir?

-Solo me dejaron salir porque se ve en las cámaras del hospital que mi amiga es quien sale con Laurier y comprobaron que vivíamos juntas

– ¿Dónde está la pequeña? ¿Qué te dijeron?

-Dijeron que la llevarán temporalmente a un centro -se detuvo para secarse las lágrimas – pero que en todo caso si no aparecen sus padres la darán en adopción.

Omer la deja en el lugar que está sentada, toma el intercomunicador y llama a su secretaria, la mujer no demora ni dos minutos y entra a la oficina.

-Necesito que contrates una avioneta que nos traslade enseguida a España, necesito, además, que le digas al abogado que tiene que venir con nosotros. – le dice Omer

-Enseguida

– ¿Cómo pueden dejarla con extraños cuando ella y yo ya éramos una familia?

Omer alargó una mano y le acarició la mejilla.

-Te estás olvidando de algo – le dice él

Defne lo miró tratando de entender lo que le decía.

-Yo sigo siendo el padre de Lauirer.

CONTINUARÁ.

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