
CAPITULO 5
-Y, ¿no la vas a seguir? – le pregunta Sinan.
Quien salió de la habitación de Omer, donde se había quedado mientras Defne estuvo en el departamento.
-No, ahora no serviría de nada hacerlo, necesita tiempo – le responde Omer, mientras se dirigía al bar y se sirve un whisky.
-Te estas equivocando otra vez, y si no reaccionas la vas a perder…
-En este momento ella me esta odiando, si me acerco solo le haría mas daño… del que le hice – lo último lo dice en un susurro
-¿Entonces?
-Necesita tiempo y tengo que dárselo.
-¿Cuánto tiempo crees que necesita?
-El que sea necesario, si ella me ama tanto como yo, no podrá vivir alejada de mí por mucho tiempo.
-Y ¿si te equivocas?
-Confío en las promesas que nos hicimos, confío en su amor.
-Espero que no te equivoques hermano.
Defne cerró la revista agradecida pensando en que Omer no la vería, al fin y al cabo, los hombres nunca leían ese tipo de publicaciones.
El cheque recibido por contar como llegó a ser Laurier, sobre lo feliz que era en su matrimonio y lo maravilloso que era su marido, sirvió para comenzar una vida lejos de Omer.
Se alejó tanto que ya ni siquiera estaba en Turquía.
Cuando su amiga, también modelo, le dijo que viniera con ella a su país, Defne vio una maravillosa luz de esperanza en un nuevo futuro.
Si Omer firmó o no firmó el divorcio no lo supo, porque al día siguiente tomaron el primer avión hasta España y allí se instalaron en un pequeño pueblo al sur de ese país.
Apenas llegaron al lugar, dejaron sus pertenencias en el único hotel, y se dirigieron a la corredora de propiedades, que le recomendó el recepcionista.
Según el hombre que las recibió en la corredora, habían llegado al lugar indicado y les mostró las propiedades que podían ajustarse a sus necesidades, una casa grande que contaba con dos pisos.
Al final se quedaron con la última casa que les mostró.
Instalaron su Boutique en la planta baja y usaron el segundo piso como casa habitación.
Durante los dos primeros meses, en el día se dedicaban a trabajar en su negocio, por las noches, Defne trataba de no pensar, pero era algo inevitable.
El tiempo, siguió su curso natural y las amigas notaron que el negocio comenzó a dar frutos ya al segundo mes, increíblemente le fue mucho mejor de lo que pensaban, tanto así, que tenían planes de abrir nuevas sucursales, pero todo quedo, en pensamientos, porque el destino les tenía preparada una sorpresa…
Hacía ya, ocho meses, dos semanas y tres días que no veía a Omer y cada día, cada minuto, lo había echado de menos, anhelaba estar con él, al mismo tiempo estaba molesta y avergonzada por sentir ese anhelo.
-Sentí una extraña sensación de pertenencia y un sentimiento íntimo de reconocimiento de un alma gemela, nada más conocerlo, – se podía leer en la revista – admiré profundamente su capacidad para expresar con palabras las sensaciones y sentimientos que yo misma experimentaba y no podía describir, eso me enamoró de él.
Omer lanzó la revista que había encontrado por casualidad estando en el aeropuerto, mientras esperaba el vuelo que lo traería de vuelta a Turquía, la mantenía en su oficina, así podía leerla cuántas veces quisiera, ya prácticamente se sabía de memoria lo que allí estaba escrito.
Miró con expresión fría por la ventana de su oficina hacia la ciudad de Estambul, pero se sintió inmune al mágico y relajante embrujo de su ciudad que ya a esa hora había encendido todas sus luces.
Pensó en Defne, como lo hacía cada día, desde que ella se fue del departamento, en ese momento no se imaginó que pasaría tanto tiempo sin verla y mucho menos se imaginó que ella lo dejara así de fácil, ¿se habría olvidado de él?.
Por lo que el investigador privado que contrató le informaba, no había ningún hombre en su vida, pero ¿quién podía asegurar que fuera cierto?
En cambio, él, las mujeres pasaban por su dormitorio sin causarle remordimientos de conciencia, disfrutaba de su libertad todo lo que podía, aunque nada de eso lo satisfacía.
Volvió a llenar su copa con whisky, pero esta vez le puso hielo, aunque no era él quien manejaba, debía mantenerse sobrio, por lo menos hasta llegar a su casa.
Cuando ya comprendió que Defne no volvería, se deshizo del departamento, tenía demasiados recuerdos, se compró una casa, donde pensó absurdamente en ese momento, que crearía nuevos recuerdos, sin la presencia de su princesa.
Pero nuevamente se equivocó, ahí estaba ella, en sus pensamientos, en cada sueño, en todo estaba su Defne.
-Otra vez hermano – escuchó que le dijo Sinan
-¿Otra vez qué?
-Estás bebiendo, no crees que ya va siendo tiempo que reconozcas que tienes un problema.
-Mi único problema es la gente que se mete en lo que no le importa.
Sinan no dijo nada, hacia meses que su amigo se comportaba de esa manera, se estaba autodestruyendo y él no podía seguir cruzado de brazos.
-¿Por qué no la vas a buscar? – le dice por fin
-¿A quién?, – le dice mostrando una mueca de amargura en su rostro – a ¿Defne?, ¿para qué?, ¿para que me diga que ya no soy parte de su vida?.
-Sigues siendo su marido.
-Solo en el papel.
-Omer, nunca pensaste que ella pudo estar embarazada.
-No solo lo pensé, lo desee, lo rogué, talvez de esa manera ella volviera a mi lado – sus palabras reflejaban el dolor que sentía – pero no, ella no estaba embarazada, de otra manera el detective me lo hubiera dicho.
-Mis padres están de viaje, recorriendo toda Europa, otra vez.
-Bien por ellos – dice Omer, tomando otro trago de su copa.
-La semana pasada – continúo hablando Sinan – estuvieron en España, les pedí que fueran a la ciudad donde vive Defne, les di la dirección para que la buscaran…
Sinan no siguió hablando, necesitaba encontrar las palabras exactas para lo que le tenía que decir a su amigo.
– ¿Me vas a contar? O ¿tengo que pedirte que lo hagas?
-Ellos la encontraron, incluso hablaron con ella.
– ¿Cómo está? – pregunto Omer – ¿qué dijeron tus padres?
-Su negocio marcha muy bien, es una mujer muy amable e inteligente, me dijeron que…. se ve feliz
-En otras palabras, ya no me necesita.
-No sé como decirte lo que sigue, por eso es mejor que veas las fotos que me envió mi mamá.
Sinan deja sobre la mesa una carpeta y espera a que Omer se decida a abrirla.
Cuando vio las fotos, debió mirarlas muy bien, para poder entender, que lo que estaba viendo era real.
– ¿Qué significa esto?
– ¿Acaso no lo ves?
-Sí claro, veo a Defne que lleva en sus brazos a un bebé.
-Mis padres le preguntaron por la niña… ella respondió que era suya.
– ¿Suya?, entonces tiene novio – dice Omer dejándose caer en la silla del escritorio.
– ¿Cómo puedes estar tan ciego? o ¿tal vez el trago te puso idiota?, mira la niña, solo tiene dos meses.
-Tú estas insinuando que esa niña puede ser mi hija – le dice levantándose de la silla
-Saca las cuentas Omer, hace cuanto tiempo se fue ella.
-Ocho meses – le dice, aunque él tenía contadas hasta las horas que ya no estaba a su lado.
-Defne les contó que la niña había nacido prematura, pero que está bien de salud.
-Sinan, por Dios no me hagas conservar falsas esperanzas.
-Si eso no te basta, ten, te traje el certificado de nacimiento de Laurie Topal, de padre desconocido.
-Le gusta mucho su nombre – dice Omer sonriendo.
-Entonces que vas a hacer, ¿te quedarás aquí lamentándote o iras a buscar a tu mujer e hija?
-Ahora mismo me voy a mi casa, necesito dormir
-Omer, sé que te sientes derrotado, pero ahora ya tienes una razón para luchar, por favor amigo, tienes una hija que te necesita
-Buenas noches – dice él y sale de la oficina, dejando a su amigo en ella solo.
Era viernes y casi de noche, la pequeña Laurier estaba dormida en su moisés, ella la miró, se veía tan hermosa durmiendo, era un ángel, un ángel que la salvó de morir de amor.
Ya no tenia tiempo de pensar en Omer, ella le consumía toda la energía que le quedaba luego de estar casi todo el día administrando el negocio.
Era tarde y las personas ya comenzaban a retirarse a sus casas y ella estaba terminando de hacer las cuentas de ese día, que, como cada día, marcaban cifras en azul.
El sonido de la puerta al abrirse la hizo levantar la cabeza del libro, la mirada se le congeló en la figura que estaba de pie en el umbral… podría ser solo su imaginación se dijo.
–Hola, – lo escuchó decir.
Y entonces confirmó que era real.
Podría haber reconocido aquella voz hasta en sus sueños. La había escuchado susurrando al oído mientras se movía en su interior cuando hacían el amor.
El corazón se le aceleró mientras lo observaba.
La Defne que tenía frente a él, no se parecía a la mujer herida que había visto por última vez en su departamento, tampoco a la princesa con la que había bastado hacerle el amor una noche para pedirle que se convirtiera en su esposa, una noche para convertirse en su esclavo.
Omer odiaba admitirlo, pero la facilidad con la que ella lo había abandonado supuraba como una herida infectada.
–¿Te parece bien desaparecer por tanto tiempo, princesa?
-¿Qué haces aquí Omer? – le dijo saliendo de su sorpresa inicial.
-No te preocupes, no vine por ti, ya entendí que lo nuestro se acabó.
-Y ¿entonces?
-Vine por mi hija
-¿Cual hija?, no, estás equivocado – le dice una vez que entiende lo que él le quería decir.- ella no es tu hija
-No me lo niegues, ya saqué las cuentas – habla mientras se acerca al moisés donde estaba la pequeña – según su edad ya estabas embarazada cuando me abandonaste y a menos de que, hayas hecho el amor con otro mientras estabas conmigo, esta hermosa pequeña es mía.
-Idiota, solo he hecho el amor contigo.
Omer sonrió.
-Entonces no hay problema, no creo que te importe, pero esta tarde aproveché y le di mi apellido, ahora se llama Laurier Iplikci.
– ¿Pero, porque hiciste eso?
-Porque es mi hija y debe llevar mi apellido.
-Ella no es tu hija…- le dice – ¿por qué no me preguntaste antes de hacerlo?
-Me acabas de reconocer que no hiciste el amor con nadie más que conmigo…
-Omer, ella no es tu hija, ¡ay Dios en que lío te has metido!, Laurier no es tu hija, … como tampoco es mía…
CONTINUARÁ
