
CAPITULO DOS.
A las siete en punto estaba de pie afuera del elegante y prestigioso hotel donde cenarían, ella estaba segura de que no podrían encontrar una mesa disponible, pero de todos modos llegó a la hora en la que él la citó.
-Buenas noches, nos espera una mesa, ya la reservé – fue lo primero que le dijo Omer cuando llegó a su lado.
-Vaya, pensé que sería imposible cenar en este lugar, ¿Cómo lo lograste?
-Digamos que tengo buenos contactos – fue su respuesta. – -te ves realmente hermosa – le dice recorriéndola con la mirada.
No supo si fue el tono en que dijo la frase o la forma en la que la miraba, lo que hizo que ella se ruborizara, se suponía que debería estar acostumbrada a los cumplidos, los recibía todo el tiempo, pero había algo en Omer, que la atraía como un metal al imán.
Él era tan sensual, que seguramente sudaba testosteronas pensó Defne,
–Vamos, – él la guía, solo el toque de su mano en la espalda, hizo que su respiración se cortara, y le recorriera un aire helado por la espalda, no podía creer lo que le estaba pasando, deseaba que ese rose se repitiera en todo su cuerpo, con solo pensarlo, se estremeció.
¿Qué le pasaba por Dios?, recién lo conoció ese día, ella no era así…
– ¿Dónde vamos? – le pregunta, volviendo a la realidad, y ver que estaban en el ascensor.
-Ya lo verás, es una sorpresa.
– Sorpresa, me encantan las sorpresas–declaró con humor.
La cara de Defne se iluminó con una sonrisa que a Omer le pareció preciosa.
Era una mujer verdaderamente bella, tanto que, al observarla, su imaginación lo traicionó y la vio recostada en su cama mientras él la recorría entera y ella gemía bajo su cuerpo.
Los ojos de ella brillaron y se oscurecieron a continuación. De repente, el ambiente se había cargado de electricidad. Era como estar en el ojo de una tormenta. Defne acortó la distancia que los separaba, sin ser consciente de lo que hacía, pero siendo increíblemente consciente del endurecimiento de sus pezones y del calor que notaba entre las piernas.
Omer la observó, luego cerró una mano sobre su muñeca, la apretó contra su cuerpo y la abrazó, dominado por el deseo, levantó la otra mano y le acarició el labio inferior con un dedo, dulcemente.
Ella gimió y susurró:
–Bésame – le ordenó
El deseo de Defne era tan apremiante que no podía pensar en otra cosa, él bajó la cabeza y la besó con toda el hambre de su poderoso cuerpo, ella respondió del mismo modo, apretando los pechos contra él. Las piernas se le doblaban y tenía la sensación de que el mundo había empezado a girar a su alrededor.
Entonces, Omer se apartó un poco, le acarició un pezón por encima de la ropa y, tras arrancarle un gemido, dijo:
–Este no es el lugar más adecuado, princesa
Defne respiró hondo para recuperar el control de su traicionero cuerpo y sobreponerse a la decepción de su retirada. Pero sabía que también había sido difícil para él, porque notaba la fuerza de su erección. Y se sintió aliviada al tener la certeza de que no se había quedado sola al caer en el torbellino del deseo.
-Esto es una locura, no sé qué me sucede contigo, pero…
–Tranquila princesa, –le dijo con seriedad– ya somos dos, creo que tendremos que dejar la cena para después.
Omer le puso la mano en la parte baja de la espalda y la apretó con fuerza contra su cuerpo. El calor y el contacto ferozmente físico derribó sus aprensiones, incluso antes de que la besara y las arrasara por completo.
Nunca habría imaginado que un beso pudiera ser tan placentero. La pasión de Omer la conjuró y despertó en ella una necesidad desesperada.
Respondió a su beso con ansiedad, insegura por su falta de experiencia y asustada ante la posibilidad de que se apartara, como ya había hecho antes. Pero la penetrante invasión de su lengua había conseguido que la sangre le hirviera en las venas y que su corazón latiera con desenfreno. Nada le había parecido nunca tan necesario. Nada le había parecido nunca tan correcto.
Sin saber cómo, se encontró entrando a una habitación con Omer aun besándola.
–Per l’amor di Dio, –dijo en italiano–. Me vuelves loco – y la volvió a besar.
Luego, soltó un gemido que vibró dentro de su poderoso pecho mientras sus manos se aferraban a las caderas de ella, apretándolas contra él y haciéndola terriblemente consciente de su erección. Su aroma almizclado la embriagaba por completo cuando le mordió un labio. Ella se estremeció y frotó los senos contra la dura pared de su pecho.
No se dio cuenta de que le había bajado la cremallera de la falda hasta que la prenda cayó al suelo y él la tomó entre sus brazos y la acostó en la cama con un movimiento sorprendentemente fluido.
Mientras él le quitaba los zapatos, ella se apoyó en los cojines con nerviosismo, aunque preparada para lo que iba a pasar. Entonces, él se quitó la camisa y la dejó a un lado. Los ojos de Defne devoraron su torso de color miel, tan bello que bastó para borrar los últimos retazos de su sentido común.
Extendió los brazos con intención de acariciarlo, pero él le empezó a desabrochar los botones de la blusa, besándola cada vez que soltaba uno. Poco después, la blusa y el sostén desaparecieron y
dejaron de ser un obstáculo. Él le acarició los pezones con las dos manos y ella soltó un gemido que interpretó como una invitación para descender sobre sus pechos e insistir con el delicioso tormento, pero, esta vez, con la lengua.
Excitada, ella llevó las manos a sus hombros y se aferró a ellos.
–Tócame, – le instó él.
Defne se ruborizó, pero apartó las manos de sus hombros y, para sorpresa de Omer, las llevó directamente a su erección. Él comprendió lo que quería y se apartó el tiempo justo para quitarse los pantalones y los bóxeres, ella cerró los dedos sobre su sexo y lo acarició con dulzura, era duro e increíblemente suave.
Pero eso no le pareció suficiente. Aunque carecía de experiencia, dejó su ignorancia y su miedo a un lado e inclinó su rojiza cabeza para hacer lo que más le apetecía.
Omer gimió cuando la boca de ella se cerró sobre su pene.
–Oh…
Tras dejarla hacer durante unos segundos, él la apartó y la miró a los ojos.
–Quiero tenerte. Quiero tenerte ahora –dijo–. ¿Y tú? ¿También lo quieres?
Ella respondió sin la menor sombra de duda.
–Sí.
Los dedos de Omer avanzaron por la cara interior de sus muslos y ella se quedó inmóvil, completamente dominada por el deseo, preguntándose si alguien habría sentido alguna vez el placer que ella sentía en ese momento. ¿Sería siempre así?
–Eres tan bella…
Ella sonrió e intentó no pensar.
Él volvió a besarla y le quitó las braguitas. Después, metió una mano entre sus piernas y la acarició durante unos instantes antes de introducirle suavemente un dedo y acariciarle el clítoris con el pulgar.
–Estás tan húmeda…
Defne intentó refrenar sus impulsos, pero las oleadas de placer
eran demasiado intensas como para poder soportarlas en silencio. Dejó escapar una serie de pequeños gemidos desesperados y se retorció con fuerza, como si estuviera febril, lejos ya de cualquier posibilidad de recuperar el control.
De repente, él le separó las piernas y la penetró con un movimiento potente y seguro que le arrancó un grito de dolor y le dejó una sensación de incomodidad tan inesperada como inoportuna.
Omer se quedó helado.
–¿Es que soy el primero? –preguntó, atónito.
Ella solo pudo asentir con la cabeza
Él no lo podía creer, ella era una mujer hermosa y aun se mantenía virgen.
–¿Por qué yo? ¿Por qué quisiste que fuera el primero?
Defne no contestó, solo subió las caderas y cerró las piernas alrededor de su cuerpo
Entendiendo que ella no le iba a contestar, Omer se dejó llevar por el deseo y se empezó a mover con suavidad, acelerando el ritmo.
La excitación de Defne aumentó poco a poco, hasta que una fuerza incontrolable estalló en su interior y se extendió por su cuerpo como si le hubieran puesto una inyección de felicidad pura. Aún sentía los espasmos cuando él llegó al clímax. Ella lo tomó entre sus brazos, con fuerza, deseando fundirse con él.
–Ha sido… ha sido increíble, princesa… –dijo él con voz entrecortada.
Aun en la cama, él manteniéndola abrazada
– ¿Habías reservado una habitación?, ¿tan seguro estabas de que esto iba a suceder? – le dice ella
-Vivo aquí – fue su respuesta
-¿Vives… aquí?, ¿Debo suponer que me equivoqué contigo? – le dice ella.
-Y eso…
-Te vi conduciendo una bicicleta, creí que eras un repartidor o un mensajero…
-Prefiero la bicicleta a los autos, son menos contaminantes y al mismo tiempo te ayuda a hacer ejercicios.
-Entonces a que te dedicas, señor…
-Omer, solo dime Omer, soy dueño de mi propia empresa, ¿Me vas a decir que accediste a cenar conmigo creyendo que era pobre? – la miró sorprendido
-Pero si me dijiste que era tu compensación.
-Acostumbras a compensar de esta manera a todos.
Ella se aparta de él enojada, pero antes de que dijera nada, él le toma el brazo y la vuelve a recostar a su lado.
-Es una broma princesa, sé que no eres así, lo supe aun antes de que hiciéramos el amor.
Defne volvió a relajarse en sus brazos.
-Ahora que ya no somos extraños, puedo saber tu nombre princesa.
– Defne.
-Defne, un hermoso nombre.
-Si, me gusta, ¿sabes lo que significa?
-La verdad, no
-Simple, Laurel.
Esa fue la primera vez que hicieron el amor, pero no fue la última, mientras más repetían la experiencia, el deseo parecía aumentar entre ellos, el departamento de Omer era el lugar predilecto para ambos.
-Casémonos – le dijo él.
Solo habían transcurrido tres semanas desde que se conocieron, era algo irracional e ilógico
La química inmediata que había habido entre ellos los había tomado por sorpresa. Su mutua atracción había sido algo que no habían anticipado.
Y en aquel momento, ninguno quería renunciar a ella.
–¿Que nos casemos? –preguntó ella perpleja, –. No te rías de mí –añadió.
–Deberías saber ya que solo digo lo que pienso, princesa –dijo, besándola y posando las manos en su cintura.
–¿Verdad?
–Las últimas semanas han sido… -Omer no encontró las palabras
–Maravillosas, fantásticas, increíbles – concluyó ella por él
–Exactamente, me doy cuenta de que no quiero separarme de ti, ¿qué me dices?
Ella exhaló.
–Es una locura. Estas últimas semanas han sido una completa locura, contigo me siento como una princesa
–¿Yo soy tu príncipe?
Ella suspiró y apoyó la cabeza en el hombro de él.
–Si, lo eres, ha sido maravilloso y no quiero que termine, no quiero volver a la vida real –lo miró con sus grandes y penetrantes ojos–. Pero apenas nos conocemos.
–¿Serviría que dijera que estas últimas semanas han cambiado mi vida?
Una amplia sonrisa transformó el rostro de Defne en una belleza arrebatadora.
–Sí, -fue su respuesta – Hagámoslo, casémonos.
Omer, devoró su boca, acarició sus caderas y sus nalgas. En segundos, le quitó le quitó la ropa, la penetró y una vez más se apoderó de él una deliciosa sensación de paz.
Y para un hombre que nunca había compartido su vida con nadie, cuyos pasos habían estado guiados siempre por la estrategia, aquello era una bendición, una invitación a un futuro que jamás había planeado.
CONTINUARÁ.
