
CAPITULO 1
Ahí estaba nuevamente reviviéndolo todo.
El accidente de su padre, aunque lo catalogaron como tal, él sabía muy bien que fue suicidio, no soportó ver a su mujer, al amor de su vida, sufrir dolores intensos producto de su enfermedad.
La decisión de su padre, aparte de causarle una gran tristeza, era sumamente egoísta, porque lo dejó al cuidado de su madre enferma y sin recursos económicos.
Luego de sepultarlo, llegó al lado de su madre, lloró como jamás lo había hecho en su vida, luego se secó las lágrimas y prometió que castigaría a quien fuera responsable de toda su desgracia.
Así pasaron los años, trabajó de sol a sol, le dio a su madre el mejor tratamiento del que fue capaz, pero ella no soportó y sucumbió a la enfermedad cuando él cumplió 20 años.
Diez años le tomó llegar hasta donde estaba ahora, a solo un mes de llevar a cabo su venganza, sabía muy bien que la única heredera de la mujer culpable de su desgracia y de la muerte de sus padres, era Laurier.
Quería ver el rostro de la señora Turcan, cuando se enterara que el hombre que le quito todo, no era otro que el esposo de su nieta.
–No te entiendo – le dice su amigo, interrumpiendo sus pensamientos – como puedes estar tan tranquilo, intento comprender las razones, y el por qué elegiste el camino de la venganza, pero creí que con el correr del tiempo te arrepentirías…
–Cómo me puedo arrepentir si por culpa de esa mujer, crecí en la miseria, mi madre sufrió hasta el día de su muerte, no, no me voy a detener hasta ver que ella sufra lo mismo que sufrieron mis padres.
El corazón de Omer, le golpeó fuerte en el pecho y la angustia se vio reflejada en sus ojos.
-Que mi madre no pudiera seguir el tratamiento correcto, que no tuviera acceso a medicinas, es culpa suya. Que ahora no pueda estar conmigo, es culpa suya –dijo
–¿No te reconozco? –le dice su amigo sintiendo que el corazón se le rompía por él.
Porque, por más que lo había intentado, no había logrado atravesar la barrera que se había creado producto del dolor, intuía que sería imposible desviarlo del camino de destrucción en el que se había embarcado.
Y si permanecía con él, era solo porque sabía que luego de concretar su venganza, se sentiría solo y miserable y necesitaría a su lado personas que lo quisieran, y lo ayudaran a salir del hoyo donde él mismo se estaba enterrando, la venganza no traía nada bueno y él lo sabía muy bien.
Laurie, modelo, ícono de la moda, mujer de negocios, filántropa, nieta de la mujer más influyente de toda Turquía.
Era el titular del artículo del periódico que tenía en sus manos.
Esa era la mujer con la que se casaría en un mes, al verla en las fotos, se podía ver una mujer hermosa, aunque nunca mostraba su cara, entre el maquillaje y las pelucas su rostro era un completo enigma, pero Omer, intuía que estaba desfigurada de alguna manera, lo creía por la facilidad con la que habían accedido al matrimonio, en todo caso a él no le importaba, Laurier era solo una pieza para llevar a cabo su venganza.
– ¿Estás seguro de seguir con esto Omer? – le pregunta su amigo.
-Más que nunca, ahora que identifiqué su fragilidad, su punto débil, tengo que hacerle daño donde más le duela, en su amada nieta – dice con los ojos llenos de odio.
Todo había sido premeditado, planeado y ejecutado a la perfección, solo no contaba con el destino y sus casualidades.
-Voy a salir – le dice a su amigo – necesito relajarme.
-Muy bien, y mientras te relajas, piensa bien en lo que quieres hacer.
-Nada, ni nadie, me va a hacer cambiar de opinión, voy a destruir a la gran dama Turcan, por mi madre y todo lo que la vi sufrir por su culpa, esa es una promesa que me hice y la voy a cumplir. -luego de eso sale de la habitación.
Llegaba tarde otra vez, Defne Topal apretó el acelerador de su descapotable rojo y el motor rugió antes de salir disparado.
Necesitaba tiempo, para probarse el maquillaje y elegir la peluca adecuada para el desfile, pero como siempre se retrasó, ¿en qué?, nunca lo entendía.
Lo único que entendía era, que estaba agotada, necesitaba con urgencia unas buenas vacaciones, así que la luna de miel le serviría como tal.
Increíble era todavía para ella que hubiera consentido en un matrimonio arreglado, pero como no tenía tiempo ni interés en buscar pareja y a decir verdad, a esa altura de su vida le daba lo mismo, dejó que fuera su abuela quien le buscara un esposo, según le informaron la boda se llevaría a cabo dentro de un mes, y una semana antes, vendría la familia del novio, con el novio a pedir su mano.
Con 27 años y según los cánones de su familia ella ya debería estar casada y por lo menos tener un hijo, pero no estaba interesada en esos temas, solo esperaba que su futuro marido no fuera un hombre que quisiera una gran familia, porque ella no pensaba dársela.
Tal como pensó llegó tarde, estacionó su auto afuera del edificio y sin mirar abrió la puerta, solo sintió el golpe, acto seguido vio volar por encima de la puerta a una persona.
Ella consiguió apartar la bicicleta, se bajó del auto, para llegar donde se encontraba la persona tirada en el suelo.
—Dios mío, Dios mío —repitió mientras se acercaba apresuradamente al ciclista.
El hombre estaba boca abajo, ella se arrodilló a su lado temblorosa, le buscó el pulso y, gracias a Dios, lo encontró.
—Vamos, despierta —le pidió ella intentando mantener la calma— por favor.
Él se quejó, se puso de costado, parpadeó y abrió los ojos. Ella vio que tenía la mirada perdida.
—¿Estás bien?
Él se volvió a quejar.
-Por favor, por favor que no sea nada grave – suplicaba ella
Omer Iplikci hizo un esfuerzo para respirar e intentó enfocar la mirada.
Oyó una voz de fondo, era una voz delicada, de una mujer. ¿Quién era? ¿Qué hacía allí?
Levantó la mirada.
—¿Puede saberse qué…? ¿me morí? —dijo él
—No, por Dios
—Acaso no eres el ángel que vino por mi alma
Ella sonrió y todo el cuerpo de Omer reaccionó a su sonrisa.
—¿Estás bien? —le preguntó ella otra vez.
—Estaría mejor si me dijeras como te llamas —dijo él mientras se sentaba—. ¿entonces?
—Creo que tienes una contusión, necesitas ayuda. Voy a llamar a Emergencias.
—¡No! Estoy bien.
Ella frunció el ceño.
—No lo parece, estás pálido y te caíste sobre cemento, puedes tener heridas internas.
—Lo que me preocupa de verdad, es que aún no me digas como te llamas, creo que perdí mi encanto con las mujeres.
Reunió todas las fuerzas que le quedaban, se arrodilló, tomó aliento y se levantó. Sintió dolor durante un instante.
—Como no me vas a dar tu nombre, mejor me voy — intentó dar un paso, pero ella lo tomó del brazo y él hizo una mueca de dolor.
—¿Lo ves? Estás herido.
—Puedo cuidarme solo —entonces, él se fijó en el deportivo de ella y silbó —vaya si es un lujo de auto, seguramente debes ser una niña rica mimada, con razón no te importa lastimar a las personas tienes con que pagar.
Ella se puso las manos en la cintura, lo miró desafiante.
—No quería lastimar a nadie, no te vi, contrario a lo que piensas no soy una niña rica y tampoco ando por la vida lastimando personas.
Sin duda era una mujer impresionante. Un hombre tendría que estar ciego para no sentirse atraído por ese pelo largo y rojo y por esos ojos marrones y aterciopelados.
—Espera un minuto- dice ella al ver que el hombre hacia un intento de caminar— deja que te lleve al hospital
Una hora más tarde, en Urgencias, Defne se sentó en la sala de espera e hizo algunas llamadas, primero para avisarle a su representante que no podría llegar, pero como siempre antes de poder explicarle la razón, él la regañó como si fuera una niña pequeña, luego de conocer la razón de su retraso, la volvió a regañar más fuerte aun, pero claro tenía razón, el año anterior la habían multado dos veces por exceso de velocidad, por no decir nada de las veces que se había librado solo con una advertencia por apellidarse Topal.
Pero esto, fue mucho peor, había un herido y aunque esperaba que fuese leve, el hombre estaba herido por su culpa.
Ya se imaginaba los titulares de los periódicos.
Se abrieron las puertas automáticas y vio salir al hombre, se puso de pie y caminó rápidamente para llegar a su lado
—Lo siento tanto, fue mi culpa, y me haré cargo de las facturas médicas – fue lo único que se le ocurrió decir.
El hombre la miró y le dijo
-Por supuesto que lo harás, pero además de eso me invitarás a cenar.
Ella lo miró sorprendida.
– ¿Cómo?
-Tómalo como una compensación, ¿Qué te parece esta noche?
– ¿Esta noche?
-No me digas que le dirás que no a un moribundo
Defne sonrió
-Muy bien, esta noche.
CONTINUARÁ
