
CAPITULO 6
Omer se alejó de ella y caminó hacia su escritorio, ella como pudo se armó de valor y le dijo.
-Ya que terminó con su experimento, ¿podemos terminar el trabajo?, a menos claro está, que parte de su venganza sea despedirme.
– ¿Tú piensas que me estoy vengando de ti?, no eso…
-No lo pienso, señor Omer, estoy completamente segura, como ya se lo dije, aprendí a alejarme de los hombres como usted, seguros de si mismo y que quieren tener siempre la última palabra, por eso pregunto, ¿estoy despedida?
-Defne lo que sucedió aquí…
-No volverá a suceder, ¿estoy o no despedida? – le dice ella completamente seria.
-No, no lo estás – le responde él luego de que sus miradas se encontraran y ella orgullosa no bajara la vista – no acostumbro a mezclar el trabajo con mi vida privada.
-Me alegro, entonces continuemos, porque quiero irme lo antes posible.
Durante el resto de la tarde, Omer trató de hacer contacto visual, pero ella no levantó la cabeza de los papeles, sino hasta que terminó con la tarea que él le había encomendado.
-Bien – le dice aun sin mirarlo a la cara – terminé, sino me necesita para nada más, me voy.
-Defne…
-Preferiría que de ahora en adelante me dijera señorita Defne y no me trate de tú… ¿me puedo ir?
-No, no te puedes ir, tenemos que conversar.
– ¿De trabajo?
-No, acerca de lo pasó que entre nosotros hace un rato.
-Entonces, no hay nada de qué hablar, quedamos en que solo hablaríamos de trabajo, ¿necesita algo más?
-No entiendo porque te enojas tanto, me hiciste lo mismo o ya lo olvidaste.
– ¿Me puedo ir? – le pregunta nuevamente.
– ¿No me volverás a mirar?, ¿te das cuenta que trabajaremos juntos todos los días?
-Bien, como no responde a lo que le pregunté, haré de cuentas que me autoriza a irme, buenas noches señor Omer hasta mañana. – y sale de la oficina,
Omer vuelve a su silla, se sentó y desde ahí, mira a Defne, mientras ella arregla sus cosas, hasta que la pierde de vista y entendió que se fue.
– ¿Qué pasó hermano? – le pregunta Sinan al entrar a la oficina y mirar la expresión en el rostro de su amigo.
-Me equivoqué
– ¿Entonces… Defne no es la mujer de la otra noche?
-Sí, es ella, pero creo que la ofendí, ahora no me quiere ni mirar a la cara.
– ¿Qué le hiciste?
-Solo le pagué con la misma moneda y talvez lo que me dijo sea verdad, solo quería tener la última palabra…
-Pues creo que ella te conoce muy bien.
-No me digas eso, ahora tendremos que trabajar juntos y así no será nada agradable.
-Discúlpate
– ¿Cómo?
-Si la ofendiste, discúlpate.
– ¿Por qué habría de hacerlo?, solo le devolví lo que ella me dio – dice con una leve sonrisa.
-Bien, entonces como no hay nada de que preocuparse, vamos a comer juntos.
-No, – le dice a su amigo – esta noche no, talvez otro día.
-Entonces me voy, – dice levantándose y caminando a la puerta, pero antes de salir, se detiene y mira a su amigo y le dice – Omer.
-Sí…
-Discúlpate, recuerda lo que me dijiste, puede ser la mujer indicada, no permitas que tu orgullo sea más importante que ella.
Omer no pudo responder, porque la vocecita de su interior le repetía exactamente lo mismo, por lo que solo movió la cabeza.
-Gracias amigo.
– ¿Qué pasó? – preguntó Sude al ver a Defne con los ojos rojos.
Era ya tarde en la noche cuando volvió al departamento, prendió las luces y la encontró ahí, sentada llorando.
-No te preocupes – le dice ella, es solo que tenía deseos de llorar.
-No vengas con mentiras, algo te pasó, fue el desgraciado de tu ex novio, maldito ya se las verá conmigo.
-No, no lo he visto, ni siquiera he respondido a sus llamadas.
-Entonces… no me digas que fue mi primo, ¿Qué diablos te hizo? – más que una pregunta, fue una afirmación.
-En realidad no hizo nada más que, enrostrarme lo que le hice
– ¿Entonces ya sabe quién eres?
-Sí, ya lo sabe.
-Y ¿que hizo?, ¿te besó?
-Sí, me besó y luego dejó en el escote de mi blusa 50 dólares… -al terminar esbozó una amarga sonrisa
-Pero… ¿Por qué hizo eso?
– ¿Por qué crees tú?, para que yo sintiera lo que es que te traten como a una prosti… – ni siquiera fue capaz de terminar la palabra
– ¿Qué?… no, eso es imposible, mi primo no es así.
-Yo no conozco a tu primo como tú, pero sus intenciones eran claras, quería ofenderme y lo logró
– ¿Qué hiciste?, ¿Cómo te sentiste?
-Humillada, así fue como me sentí, pero no hice nada, tampoco se lo demostré, como pude terminé mi trabajo y me vine a desahogar aquí, sobre este sillón, acompañada de helado de chocolate.
-Cariño lo siento tanto, lamento que mi primo te hiciera sentir así, pero ya verá cuando lo encuentre.
-No, no quiero que te metas, promételo.
-Pero Defne no me hagas esto…
-Prométeme que no le vas a decir nada de lo que pasó esta noche y tampoco le vas a reclamar lo que me hizo.
-Lo prometo – le dice su amiga resignada.
-No hay caso, esa mujer es…- dice Omer frustrado al entrar a la oficina de Sinan
– ¿Qué mujer?, ¿de qué me hablas?
-De Defne por supuesto, lleva tres días así, me ha hecho la ley del hielo.
-Por favor ¿cómo es eso?, ustedes parecen niños, y entonces como pueden trabajar.
-Me habla lo justo y necesario, si trato de comenzar una conversación, ella la corta, recordándome que está aquí solo para trabajar y me deja ahí solo.
-Señor Omer, parece que sí es la indicada, – se ríe Sinan
-Te divierte todo esto, ¿verdad?
-La verdad sí, sino recuerdo mal, nunca te había visto así de desesperado por una mujer.
-Ni me lo digas, en qué momento esa mujer me volvió loco.
-Me parece que fue desde el primer momento que la viste.
-No lo sé Sinan.
-Sabes lo que pienso, que lo que sientes por ella es un sentimiento fuerte, incluso más de lo que tú crees.
-Ah!, no sé como sucedió todo esto.
-El amor te tomó por sorpresa amigo, si me aceptas un consejo, oblígala a que te escuche, sácala de la oficina con cualquier excusa y discúlpate, no vuelvas hasta que ella te haya perdonado.
-¿Por qué tengo que hacer eso?, ella es solo mi asistente, se supone que debería hacer todo lo que le pido, incluido volver a hablarme.
-Los dos son cabezas duras, Omer, uno de los dos debe ceder, si de verdad te interesa esa mujer, tendrás que dar tu brazo a torcer, aunque sea una vez en la vida amigo.
-Ahí veo lo que hago, nos vemos más tarde.
-Antes de que te vayas, hoy en la tarde llega la nueva relacionadora público.
-Ok, lo tendré en cuenta.
-Defne necesito que vengas a mi oficina – le dice Omer por el intercomunicador
-Enseguida señor
Ya era la tarde del jueves, y ella se sentía muy orgullosa, había podido mantener su postura ya por tres largos días.
Hacer la ley de hielo era su especialidad, porque lo practicó con su hermano muchas veces, cuando eran pequeños.
-Usted me dirá señor
-En los próximos minutos llegará la persona que será el nuevo relacionador público de la empresa, tendremos una reunión y necesito que tomes nota, por favor
-Por supuesto señor
Ella se giró para volver a su oficina.
– ¿Adónde vas?, ¿acaso no me escuchaste?
-Sí, lo escuché y perfectamente, pero no hay necesidad de que me quede esperando aquí, puedo hacerlo en mi oficina.
Él iba a contestarle cuando se escucharon tres pequeños golpes en la puerta.
-Adelante – dice Omer molesto
La puerta se abrió y entró una rubia deslumbrante enfundada en unos pantalones negros de corte impecable. Bajo el brazo llevaba una carpeta.
—Cariño, – dice al ingresar y se dirige directamente a Omer – lo siento tanto… Me vi atrapada con una conversación con mi ex jefe y no pude librarme…, pero aquí estoy soy toda tuya.
Y Defne estaba segura de que no solo estaba hablando de trabajo… sin duda la rubia tenía otra intención al decir aquella frase, eso era más que obvio, pero lo que no pudo saber es si su jefe entendió o le correspondió.
—Ahora que llegaste podemos iniciar la reunión —su voz cortó con suavidad las palabras de la otra mujer.
—Tú me dirás en que te puedo ayudar, cariño
—Defne, puedes llamar a Sinan y decirle que la reunión comenzará.
-Muy bien señor.
Si había algo que detestaba en la vida eran las mujeres que más que coquetear se ofrecían, y la rubia era una de ellas, solo le faltaba saltar sobre el escritorio de su jefe y comenzar a toquetearlo.
Y aunque él parecía no prestar atención a sus coqueteos, tampoco hacía mucho para ponerla en su lugar, en fin, que me importa si la rubia más que por trabajo venía por placer.
-Defne – escucha que le dicen
-Perdón…
-Podrías encargarte de lo que acabo de decir.
-Lo siento señor, pero… no escuché -responde un poco avergonzada
-Increíble– dice la rubia sarcástica – se supone que, para eso estás en esta reunión…
-No te preocupes – le dice Omer, interrumpiendo a la rubia – te explico luego.
-Gracias.
Bien merecido se tenía lo que acaba de ocurrir, por estar pensando en lo que no debía.
-Bien creo que estamos claros en lo que tenemos que hacer, así que la reunión llega hasta aquí.
-Me parece, que la única que no tiene claro su trabajo es tu asistente.
-Lo tengo más que claro, pero no se preocupe tendrá tiempo para verlo. – fue su respuesta
Omer escuchó que su teléfono vibraba en el escritorio, lo levantó y contestó.
-Hola…
-No digas mi nombre – escucha que le dice su prima – Defne ¿está ahí?
-Sí…
-Inventa algo para quedarte solo, necesito hablar contigo y no quiero que ella se entere.
-Está bien, dame un minuto – le dice y dirigiéndose a los demás les pide – por favor, podrían desocupar mi oficina, es una llamada privada.
Luego de que lo dejaran solo Omer le dice
-Ya se fue, ¿sucede algo malo?
-Sí, así es, Omer Iplikci, ¿Qué le hiciste a mi amiga?
– ¿Cómo?, ¿te dijo algo?
-Sí, pero antes de decírtelo, necesito que me prometas que por nada del mundo le vas a comentar de esta conversación.
-Lo prometo, ahora cuéntame que te dijo.
-Para resumir, me dijo que la trataste como a una cualquiera.
– ¿Qué?, no yo…
– ¿Acaso no la besaste y después le pagaste 50 dólares?
-No… sí… pero esa nunca fue mi intención.
-Ya sé, solo querías devolverle lo que ella te hizo.
– ¿Entonces, tú lo sabías todo?
-Por supuesto.
-Y ¿Por qué no me dijiste nada?
– ¿Para qué?, sabía que tarde o temprano te darías cuanta quien era Defne.
-Pero no hubiese estado mal si me hubieras ayudado.
-Ahora te estoy ayudando, si te gusta Defne, como creo, debes arreglar este embrollo, antes de que ella decida volver con el inútil de su ex novio.
– y ¿Por qué crees que me podría interesar qué ella vuelva con su ex?… – luego de un momento pregunta – ¿Te ha dicho que quiere volver con él?
-No, pero yo sé que lo está pensando, porque aceptó salir con el idiota, esta noche.
– ¿Esta noche? … -dice Omer reclinándose en su silla y mirando el escritorio donde estaba Defne – ¿eso es todo lo que me querías decir?
-Primo, ¿no vas a hacer nada?, ¿me equivoqué al pensar que ella te gustaba?
-Sude, no tengo tiempo para esto ahora, luego hablamos, adiós – y corta el llamado.
Defne estaba escribiendo, traspasando a la computadora lo poco que se acordaba de la reunión, cuando la puerta de su oficina de abre.
-Defne, espero no tengas planes – le dice Omer
– ¿Por qué?
-El señor Biaginno, nuestro principal cliente, vino de visita a Estambul, lo invite a él y a su esposa esta noche cenar a mi casa y tú tienes que estar ahí.
– ¿A su casa?, ¿esta noche?
-Sí, ¿Por qué?, ¿acaso tenías otros planes?
-Bueno la verdad… yo… no – dice finalmente
– Perfecto, prepárate, que dentro de un rato nos vamos
CONTINUARÁ
