POR UNA NOCHE DE PASIÓN CAPITULO 5

CAPITULO 5

Intrigada a más no poder, Defne tuvo que esperar en su oficina hasta que su jefe la llamara y eso fue, cerca de las seis de la tarde.

-Señorita – le dice – terminó con lo que le pedí que hiciera.

-Si señor

–Estupendo, ahora tengo que dictarte unas cartas que deben salir de inmediato. Después, puedes archivar estas facturas… en orden alfabético… por favor.

Ella se sentó frente al escritorio, agradeciendo que fuese tan ancho, así no tendría oportunidad de sentir su aroma, mientras más lejos, mejor.

Aunque intentaba concentrarse en lo que él le decía, no pudo resistir la tentación de mirarlo por el rabillo del ojo mientras hablaba

En ese momento, él se giró hacía donde ella estaba.

–¿Algún problema? –preguntó – ¿estoy hablando muy rápido?

Ella negó con la cabeza.

–Lo siento, estaba pensando.

¿Qué podía hacer cuando el objeto de sus fantasías la miraba con esos ojos oscuros que parecían gritarle, Ven a mí?

–¿Sobre qué? ¿Algún novio?

–No –respondió ella.

–Ah. Entonces, ¿tienes novio?

–Mi vida privada no es asunto suyo –contestó por fin, cruzándose de brazos.

–En eso te equivocas – la tuteaba, ¿Por qué la tuteaba? – Viajarás conmigo – continuó él – y no tendrás tiempo de hacer vida social. Necesito saber si estás comprometida al cien por cien con este trabajo.

Aunque no quería, tendría que hablarle de su vida privada.

–No hay nadie especial en mi vida en este momento, así que mientras trabaje para usted estaré completamente concentrada en el trabajo.

–Me alegro, necesito toda tu atención… para la tarea que tenemos entre manos –dijo él entonces.

La pausa que hizo después, unida al brillo de sus ojos, hizo que el corazón de Defne se pusiera a latir como loco.

–¿Estás libre esta noche?

Ella parpadeó.

–Eso depende de usted.

Omer sonrió, un gesto que no contribuyó a devolver el ritmo normal a su corazón

–Ah, ¿sí? ¿Por qué?

–No sé si quiere terminar esto hoy, de ser así, pasaremos gran parte de la noche aquí.

–Entonces, si te necesito, ¿serás mía esta noche?

Oh, oh. Si seguía así, aquello iba a acabar muy mal.

–Como su asistente –contestó, después de aclararse la garganta–, estaría obligada a trabajar esta noche.

La sonrisa de Omer se amplió.

Afortunadamente para ella, en ese momento sonó su teléfono, evitando que él pudiera hablar.

Defne respiró profundamente, se puso de pie para contestar el teléfono, preguntándose si su jefe jugaría de esa forma con todas sus empleadas, claro cuando estaba de buen humor, como parecía estarlo en ese momento. ¿Estaba coqueteando con ella de verdad o su limitada experiencia con los hombres la hacía ver fantasmas?

–¿Sí? – contestó al ver en la pantalla que era su amiga

–¿Podrías pasar a comprar una nata?, estoy antojada de comer y no queda en el departamento

Defne miró a su jefe, que se puso a colocar facturas en pequeños montones como si su vida dependiera de ello.

–¿Nata?, ¿a esta hora?… pero no sé cuánto tiempo me tome llegar… estoy con mi jefe y tenemos una montaña de trabajo.

– ¿Quién es? – le preguntó Omer levantando la cabeza de los papeles.

-Una amiga

– ¿Sude? – ella mueve la cabeza diciendo que sí – dile que le llevaremos la nata.

La mujer escuchó lo que Omer dijo y gritó de alegría.

-No es maravilloso mi primo.

-Pero… – alcanzó a decir Defne.

-Los espero entonces, pero no se tarden – y su amiga cortó la llamada

Defne quedó de pie sin saber que decir o que hacer, que evitara que su jefe fuera hasta el departamento, porque ahora además de verlo en la oficina tendría que verlo en su casa, bueno no literal su casa, en el departamento de la prima de él, se recordó.

Sin poder hacer más que resignarse, volvió a sentarse.

– ¿Qué haces? – le dice él

-Lo que usted me pidió, ordenar las facturas por orden alfabético.

-Ahora no, acaso no escuchaste a mi prima, tiene antojo y si no le llevamos lo que pidió se volverá una mujer insoportable y no creo que te guste vivir con un ogro.

– No, por favor con uno es más que suficiente – dice ella en un susurro

-¿A quién te refieres?

-Sera mejor que no hagamos esperar a Sude. – le dice ella evitando así contestar a su pregunta.

El trayecto al departamento lo hicieron en el auto de Omer, el mismo auto en que él la llevó hasta su casa aquella noche, se detuvieron en un supermercado, pero solo Omer se bajó a comprar, ella lo esperó en el auto.

-Le importa si pongo música – le dice, cuando él llega, era la mejor excusa para no iniciar una conversación.

-Está bien – le dice él sin mirarla.

Ella comienza a apretar botones hasta que logra encontrar el que enciende la radio.

-Y, ¿eso? – le pregunta ella por la música que comienza a sonar.

-Schubert, ¿no te gusta? – le dice, y a ella le pareció ver un brillo burlón en sus ojos.

-Me da igual, mientras sea música.

-E impida que conversemos, ¿verdad? – le dice él

¿Qué le podía responder?, si era la verdad.

Por fin llegaron al departamento, subieron por el ascensor, ya antes de que ella sacara las llaves, Sude les abrió la puerta.

-Bienvenidos, ¿me trajeron la nata?

-Aquí está – le dice Omer entregándole una bolsa – ¿Cómo estás prima?

-Sorprendida de que te dignes a visitar a tu prima, pero ven, siéntate

Omer se acomodó en un sillón, mientras Defne se fue hasta su dormitorio.

– ¿Te sirvo algo para beber?

-Mejor esperemos a tu amiga.

-Está bien – le dice y se sienta a su lado,

De repente comenzó a sonar el timbre del teléfono del departamento, y tras unos segundos, saltó el contestador automático.

-Defne, cariño, soy yo nuevamente, no me contestas las llamadas a tu teléfono y necesito conversar contigo… por favor, necesito decirte que lo siento tanto, lamento haberte dejado, fue el peor error de mi vida, fue un momento de locura – la voz del hombre se silenció un momento para luego volver con más desesperación – mañana vuelvo a Estambul, te llamaré cuando llegue, por favor contesta mis llamadas… te amo

Por más que se apuró para llegar el teléfono no alcanzó a acallar a Feud, su ex.

– ¿No me digas que le pensabas contestar el teléfono? – le reclama Sude.

-No es el momento para esta conversación, luego hablamos, por favor.

Sude estuvo tentada a decir algo más, pero se contuvo porque conocía bien a su amiga y sabía que ese no era el mejor momento para tener ese tipo de conversación.

-Esta bien, pero esta conversación no se ha terminado.

-Por favor me disculpan, me duele la cabeza – mintió – me voy a recostar un momento.

Las palabras de su ex novio las seguía escuchando en su cabeza, aquella sincera y suplicante voz tocó una fibra en su interior.

¡Por Dios!, habían sido novios durante tres años, ella lo amaba, ¿por qué no podría darle una segunda oportunidad?, ¿por qué no podrían darse una segunda oportunidad?, no serían la primera pareja que se sobreponía a una ruptura.

Ese pensamiento fue el último antes de dormirse.

A la mañana siguiente sentía que se le partía la cabeza, pero de igual manera llegó temprano a la oficina.

Estaba tan absorta en su trabajo que, cuando el teléfono comenzó a sonar sintió que era una distracción que no se podía dar, no en ese momento, pero este continúo sonando, por lo que no le quedó de otra que contestar.

-Hola – dijo

-Hola, Defne soy yo.

¡Ay!, por que no miró la pantalla del teléfono, así se habría evitado la conversación con su cuñada.

-Hola, Nihan

-Solo llamaba porque supe que Feud, está de vuelta en la ciudad, y llamaba para saber cómo estás.

Defne sintió una punzada en su estómago, nunca le gustó que las personas sintieran lástima por ella, y en la voz de su cuñada se escuchaba justamente eso.

-Lo siento cuñada – le sigue diciendo la mujer – me imagino como debes sentirte, destrozada.

-La verdad es que no -le dice.

Justo en ese momento su jefe entra a la oficina.

-Hacia tiempo que las cosas no marchaban bien.

-Aun así, es duro cuando una relación se acaba, mira porque no nos juntamos para tomar un café, así conversamos.

-Te lo agradezco, pero estoy muy ocupada, estoy trabajando y eso no me deja mucho tiempo libre.

Después de decir eso, estaba segura de que su madre se enteraría de que ella trabajaba, su cuñada era una persona un poco chismosa, por no decir muy chismosa.

En lugar de dejarla sola en la oficina, su jefe se sentó en el borde del escritorio

-Mira, Nihan, la verdad es que ya estoy saliendo con alguien

-Ah! – exclamó su cuñada

Defne notó que hasta su jefe estaba sorprendido, ya que enarcó ligeramente sus oscuras cejas

-Eso si que es rapidez, desde luego no pierdes el tiempo.

-Bueno ya hace un mes que Feud desapareció, no iba a llorar toda la vida, ¿verdad?, voy a tener que dejarte Nihan, mi jefe me necesita, hasta luego – y cortó la llamada

-Lo siento – se disculpó con Omer – ya tengo los datos sobre los últimos diseños y debo decir que, todo marcha según los tiempos previstos.

-No sabía que estuviera saliendo con alguien – dice él

Otra vez la trataba de usted, este hombre era de marte, los de la nasa deberían venir e investigarlo, tal vez ellos pudieran entenderlo, porque ella no podía. Se vio tentada a mentirle, pero después se dijo que ¿para qué?

-No estoy saliendo con nadie – dijo sin levantar la vista de los papeles que le tenía que entregar.

-¿Entonces, porque le dijiste eso a la persona con la que hablabas?

-Por que era mi cuñada y es muy chismosa, no quiero que se entere que lo mas emocionante que he hecho últimamente fue….

Se calló arrepentida de lo que casi se le sale sin darse cuenta, además de que le extrañó la reacción de su jefe, porque parecía que se relajó con su respuesta e incluso parecía divertido

-Continúa, que es lo mas emocionante que has hecho.

-No, nada…

-Y ¿Qué hay de tu ex novio?, ¿piensas darle una segunda oportunidad.

-Creo que ese no es asunto suyo, además ¿Qué sabe usted de eso?

-Lo que me contó Sude, que el bueno para nada te dejó sin darte ninguna explicación, y aun así piensas darle otra oportunidad.

-Ya le dije que ese no es asunto suyo.

Por alguna razón su jefe se mostraba muy enojado con el tema.

-Ven a mi oficina enseguida – le dice

Por lo que no le quedó de otra que seguirlo.

-Usted me dirá – le dice cuando estuvo frente a él.

-Tengo una misión especial para ti

-Claro dígame – dice dispuesta a escribir lo que él le iba a dictar.

– ¿Quiero qué me digas, si sabes quién es la mujer de este retrato?

Levantó la cabeza y se encontró con su retrato, pero del look que llevaba aquella noche.

-Pero… – dice sobreponiéndose – necesito mas datos que solo un retrato.

-Podría decirte, por ejemplo, que su pelo era negro, pero ya no lo es…- con cada palabra que decía daba un paso para estar más cerca de ella, pero Defne no se movió del lugar donde estaba y fingió seguir tomando nota – es de piel blanca…  su cabello natural es de color rojo y tiene rizos.

Al decir la última palabra comienza a jugar con sus rizos.

Ella se puso nerviosa, pero de igual forma ríe, tratando de ser sarcástica.

– ¿No me diga que usted piensa que yo puedo ser esa mujer?

-No lo creo Defne, estoy seguro.

-No, – dice moviendo enérgicamente la cabeza – usted está equivocado.

– ¿De verdad?, entonces déjame ver tu tobillo derecho, estoy seguro que allí encontraré un lunar en forma de corazón.

– ¿Cómo sabe que yo? … dice y se tapa la boca con una mano y comienza a retroceder hasta que quedó contra la pared y el cuerpo de su jefe.

– ¿Vas a seguir negándolo?

Ella hizo un amago de querer apartarse, pero él se lo impidió.

Sus ojos negros la miraban molestos y desafiantes, como exigiendo que ella reconociera quien era.

De repente la idea de levantar la mano, acariciar nuevamente su rostro y besar esos labios, la hizo arder de pasión.

-Esto no es buena idea – se lo dijo a ella misma, pero también lo escuchó él

-Sabes, aun te deseo

Esas palabras susurradas al oído, fueron gasolina para sus sentidos, al igual que el rose de su mano, cuando le apartó un mechón de cabello de la cara.

-Pero estoy intrigado, ¿sentirás tú lo mismo?

La voz de su jefe sonaba ronca y juguetona.

-Pues que espera para salir de dudas – le dice y le ofrece sus labios.

Omer aceptó la oferta y la besó, la besó con tanta pasión que ella creyó que su deseo por él, explotaría por dentro, pero estaba decidida a no corresponder ese beso, se mantuvo quieta con las manos a los lados.

Entonces él, suavizó sus besos, la besó lenta y seductoramente y sin darse cuenta ella pasó sus brazos por sus hombros para corresponder el beso.

-Sí, eres tú – le dice con la voz ronca y llena de satisfacción.

Ella en lugar de aprovechar ese momento para apartarse de él, hizo todo lo contrario, se acercó más a su cuerpo y recibió con placer los besos que vinieron después.

De repente él se apartó y con una leve sonrisa la miró y le puso 50 dólares en su escote.

-El placer fue mutuo – le dice – no necesitas pagarme por hacerte el amor, cuando quieras volvemos a repetir la experiencia y para ti… es completamente gratis.

CONTINUARÁ

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