POR UNA NOCHE DE PASIÓN CAPITULO 3

CAPITULO 3

–¿Qué te parece? –preguntó Defne dándose una vuelta delante de su amiga.

Llevaba el típico uniforme de secretaria, falda corta negra, con un bléiser del mismo color y unos zapatos de taco bajo.

–En serio creo que estás loca.

–¿Por qué? ¿No me queda bien? ¿Me hace ver gorda?

Sude levantó los ojos al cielo.

–Sí, claro, como que algo te puede hacer ver gorda. Por favor.

Defne se sentó a su lado.

–Seguramente tienes razón, ¿sabes?, estoy loca, pero ésta es mi decisión y lo menos que podías hacer es apoyarme.

Sude le pasó un brazo por los hombros.

–¿Quién ha sido tu mayor fan durante estos años?

–Sí, es verdad, no olvido que gracias a ti conseguí este trabajo, algún día te devolveré todo lo que has hecho por mi

–Ya lo sé, además nunca te he cobrado nada, de eso se trata la amistad, sé muy bien que tú harías lo mismo por mí, ya te he dicho eres más que mi amiga, eres como mi hermana, la que nunca tuve.

–Estoy nerviosa, casi paralizada, me dijeron que mi jefe es muy exigente, y por esa razón cambia de asistente tan seguido.

–¿Desde cuándo te asusta un hombre? Super Defo, capaz de dominar a cualquier hombre…

–Agradezco tus palabras, pero bien sabes que no es verdad, solo espero que no sea tan complicado trabajar con el director creativo.

Su amiga soltó una risita.

–Bueno, –Sude miró su reloj–, tienes que irte, no querrás llegar tarde el primer día.

Defne hizo una mueca al comprobar la hora que era.

–Deséame suerte. Me va a hacer falta.

Su amiga le dio un abrazo.

–Todo irá bien, recuerda hoy comienza una nueva vida para ti.

–Eso es lo que espero.

–Buena suerte, cariño. Si necesitas algo, llámame

Defne le tiró un beso mientras salía por la puerta. Esperaba que su amiga tuviera razón.

Todo iría sobre ruedas mientras hiciera bien su trabajo…

Y aquí estaba, con su nuevo jefe mirándola como si quisiera encontrar respuesta hurgando en su cuerpo, cómo pudo, se sobrepuso al nerviosismo.

– ¿Terminó señor? – le pregunta

– ¿Cómo?

-Le pregunto si terminó de examinarme

-. Yo… lo siento no fue mi intensión incomodarla.

-No lo hizo, solo espero que lo que pudo ver lo haya dejado satisfecho – le dice muy seria

-No la entiendo señorita.

-Le digo que, si lo que vio lo dejó satisfecho, así ya no tendrá que mirarme de esa manera nuevamente.

Por un leve instante al escucharla decir lo siento, Omer creyó ver en su asistente a la mujer de aquella noche, pero al mirar sus ojos y ver la expresión tan dura en ellos, le hizo cambiar de parecer inmediatamente, pero, aun así, siguió observando atónito los rizos rojos que caían por encima de los hombros, sus ojos, había algo en esos ojos, algo que no podía definir.

–¿Así que usted es mi nueva asistente? – dice por fin

Ella le hizo una pequeña reverencia.

–A su servicio.

Omer se percató de que, en ese gesto, y en el brillo de sus ojos, había cierta ironía.

–Llámeme Señor Omer, aunque esto no va a durar mucho tiempo.

–¿Por qué?

–Porque está despedida –contestó él, volviéndose hacia el escritorio.

–Si me permite le voy a leer su agenda para el día de hoy.

Omer se volvió, sorprendido, no parecía haberle afectado nada el despido. De hecho, no parecía en absoluto preocupada… a pesar de su mal genio.

–¿Acaso no me escuchó?

Ella se encogió de hombros.

–¿Se puede saber qué hace?, acabo de despedirla.

–No pienso ir a ningún sitio.

Omer miró a la colorina que, en lugar de sentirse intimidada, lo miraba a los ojos directamente.

–¿Le importaría repetir eso?

Defne se irguió todo lo que pudo, no era fácil parecer decidida cuando tenía que levantar la cabeza para mirarlo a los ojos… aunque, al menos, era una buena excusa para dejar de mirar su cuerpo. Necesitaba distraerse con algo, porque las imágenes de la noche de pasión estaban apareciendo en su mente.

–No puede despedirme, firmé un contrato por tres meses.

Él la miró, con un brillo burlón en sus ojos de color negro.

–Los contratos se pueden romper –murmuró, dando un paso adelante.

Defne carraspeó.

–Hice una entrevista intensiva con el jefe de personal, él podrá decirle que poseo la experiencia necesaria para hacer mi trabajo.

Omer la miró de arriba abajo, dejando claro lo que pensaba sobre su experiencia profesional.

–¿Cree que tiene lo que hace falta para ser mi asistente? – preguntó, levantando una ceja.

–Si está buscando a alguien con experiencia le digo enseguida que no la tengo, pero si busca a alguien con auténtico amor por su trabajo, ésa soy yo.

Al verlo sonreír se le encogió el estómago.

–Muy bien, señorita Defne, considérese a prueba durante los próximos tres meses –dijo él por fin, acariciando su mejilla con un dedo–. Pero si comete un error, está despedida.

Defne estuvo a punto de cerrar los ojos para bloquear los recuerdos, al ver la intensa mirada masculina, sentir el aroma de su colonia, sacudió la cabeza, deseando que sus traicioneros sentidos se comportaran.

–Por supuesto, lo entiendo, ¿con que comienzo?

Él se quedó mirándola durante un buen rato antes de contestar:

–Vaya a su oficina, acomódese y nos veremos aquí dentro de quince minutos para hablar de la agenda diaria.

–Muy bien.

–Ah, una cosa más –dijo él entonces–. Quítate ese uniforme.

–¿Ahora mismo? –replicó ella, irónica.

Estaba tan acostumbrada a bromear con su hermano y sus amigos que olvidó que él era su jefe.

Y la respuesta del hombre no fue muy amistosa, se acercó a ella y puso las dos manos en el marco de la puerta, impidiéndole el paso.

–¿Desde cuándo una asistente es tan provocativa? –preguntó en voz baja.

–¿Desde cuándo un jefe puede hacer preguntas de ese estilo?

–¿Tu madre no te ha enseñado que no se contesta a una pregunta con otra?

–No, ella no me enseño nada, pero aprendí a alejarme de los hombres como usted –replicó ella, levantando la barbilla.

–¿Los hombres como yo? –repitió él, cruzándose de brazos.

–Ya sabe, seguros de sí mismos, acostumbrados a salirse siempre con la suya…

–No sabía que fuera tan transparente, es una suerte que mi asistente tenga, además, un título en Psicología. ¿Qué otro talento esconde señorita Defne Topal?

–Eso lo descubrirá a medida que vea mi trabajo… señor, si no le importa, quiero empezar a trabajar.

Debía escapar y pronto. Tener a su jefe tan cerca la estaba poniendo muy, pero muy nerviosa.

–Muy bien. Nos vemos.

Defne salió de la oficina, entró a la suya y se apoyó en la puerta, suspirando. Qué mala suerte que su nuevo jefe fuera el hombre de la otra noche.

Se mantuvo así solo unos segundos, no tenía tiempo para eso, porque había un gran ventanal que daba directo a la oficina de su jefe, y él veía todo lo que ella hacía, así que dejó su bolso sobre el escritorio y…

–Una cosa más, –dijo él de improviso, abriendo la puerta de golpe.

–¿Sí?

–Bienvenida a mi mundo.

Antes de que ella pudiera responder, él cerró la puerta, dejándola con la impresión de que, aunque le había dado la bienvenida a su mundo, acababa de poner el suyo patas arriba.

CONTINUARÁ

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