POR UNA NOCHE DE PASIÓN CAPITULO 10 Y FINAL

CAPITULO 10 Y FINAL

– ¿Quién es esa? -pregunta Sude cuando llega al lado de Sinan y Yasemin

-No lo sé – responde Sinan – pero creo que mi amigo ya encontró con quien pasar sus penas.

-Pobre Defne, cuando llegue se llevará muchas sorpresas.

-Bueno ella se lo buscó por engañarlo – dice la rubia, sin sacarle los ojos de encima a la pareja que ya estaba en la pista de baile – no creo que haya estado tan enamorado como ustedes dicen, solo basta mirarlo como baila con esa…

– ¿Sera una modelo? – la interrumpe Sinan, antes de que la rubia dijera una palabra obscena.

-No lo creo, ya la habría reconocido – responde la mujer

-El caso es que mi primo se le ve bastante bien al lado de esa desconocida – termina la frase con una leve sonrisa, que solo fue percibida por Sinan.

-Entonces, ¿vas a bailar conmigo – le pregunta a Sude.

-Por supuesto que sí.

Ambos se dirigen a la pista de baile quedando cerca de la pareja.

-Defne – dice Omer

-Shiii – ella lo silencia poniendo un dedo en los labios, lo que él aprovecha para besárselo – recuerda que Yasemin no debe saber que estoy aquí.

-Te ves hermosa esta noche

-Si sigues así, terminaré por creer que te enamoraste de la mujer de pelo negro – le dice ella coqueteándole.

– ¿La verdad?, ella me conquistó, pero la que me enamoró fue pelirroja maravillosa, que le gusta llevarme la contraria.

-Solo te decía lo que necesitabas escuchar

-No sabes cuanto te extrañé – le dice Omer al oído.

-Sí, lo noté, sobre todo estos dos últimos días.

-Sí, bueno tengo mucho que explicarte…

-No es necesario Sude ya me puso al tanto.

—¿Defne? – te das cuenta que me robaste un beso

-Sí—dijo ella, mirándolo a los ojos- y eso es solo el principio, he decidido aceptar tu invitación, esta noche tendrás el privilegio de hacerle el amor a una pelirroja.

-Por Dios!, no me digas eso, que te voy a llevar de inmediato a mi casa, pero ten presente que no te podrás escapar esta vez, no dejaré salir de mi casa nunca más.

Ella se acerca y al oído le susurra

– Lo sé, por eso ¿mi maleta ya está en tú auto – y se retira lentamente, al tiempo que el aire se cargaba de electricidad.

Omer, ascendió desde su cintura donde la tenía sujeta, recorriendo la espalda, logrando que ella se estremeciera, llegando a su cuello y ahí apretó la nuca levemente, pero lo bastante como para acercarla a él.

-Cuidado, es solo una peluca.

-Pero… la vez pasada.

-Lo siento no hubo tiempo para teñirlo y alisarlo esta vez, fue más fácil conseguir una peluca

—Eres increíble, pero me encantas – le dice sonriendo y luego la mira serio – quiero besarte.

– No podemos hacerlo aquí – pero sus sensuales y tentadores labios lo instigaron – ¿recuerdas, Yasemin?

Se miraron con pasión.

—Pero qué diablos, deseo besarte igual —dijo ella.

Omer dejó escapar un gemido y la atrajo hacia sí. Ya conocía su sabor y quería empacharse de él.

Sus cuerpos se fundieron como si fueran complementarios. Omer la apretó contra sí como si quisiera sentir cada milímetro de su piel en contacto con el de él, como si quisiera memorizarlo, dejarlo impreso en su cuerpo.

Ella le rodeo el cuello con un brazo mientras con el otro le acariciaba la nuca.

Él exploró con su lengua su boca, pero no era suficiente, parecía que al saber que ella seria suya nuevamente había despertado en él un deseo incontrolable.

Casi sin aliento él se apartó

-Por favor vámonos a casa – le dice él

-Pero y ¿la celebración?, ¿creí que debías estar aquí?

-El único lugar en el que debo y quiero estar es en mi cama contigo

Ella le sonríe y dice

-Y ¿Qué estamos esperando entonces?

Él no esperó a que ella dijera algo más, no quería que se arrepintiera y terminara convenciéndolo de que debía quedarse, por lo que la toma de la mano y la saca de la pista y luego del salón, todo esto bajo la mirada de odio de la rubia.

Omer no se detuvo hasta llegar a su auto, ahí la toma en brazos y la sienta, la acomoda y le abrocha el cinturón, luego da la vuelta y se sienta detrás del volante.

Echa a andar el auto y le toma la mano, cada cambio del vehículo lo hace con la mano de ella debajo de la de él.

Al llegar a la casa, la lleva enseguida a su habitación, y comienza a besarla, los labios, el rostro y el cuello, ella se estremecía en sus brazos.

El deseo lo consumía, ascendía por su columna vertebral, le agarrotaba la base de la nuca. Los quedos gemidos de Defne lo encendían. Recorrió con su mano su espalda, su cintura, sus caderas, hasta finalmente abarcar su seno a través del vestido.

Omer gimió y ella respondió a sus caricias, en una fracción de segundo, y sin que ninguno de los dos fuera consciente de la transición, estaban acostados en la cama, sus cuerpos entrelazados, con dedos temblorosos desabrochaban botones, emitían gemidos de placer, profundizaban sus besos…

Omer estaba encima de Defne con la mente cegada por el deseo de poseerla plenamente.

Los ojos marrones lo miraron anhelantes, dándole la bienvenida, entonces él la estrechó con fuerza contra sí, y la besó hasta dejarla sin aliento.

Se separaron, y recuperaron el aliento

Luego comenzó de nuevo, lentamente, a la vez que exploraba cada milímetro de su piel y le besaba el rostro, el cuello, los párpados, la miraba con adoración, le acarició la cara, trazó la línea de su hombro, bajó hasta uno de sus senos, luego al otro. Continuó hacia el hueco de su cintura y siguió la curva de su vientre hacia el ombligo. Sus ojos no dejaban los de ella, y le decían lo atractiva y deseable que la encontraba.

—Quiero sentir tu piel, —susurró.

Ella se estremeció y en cuestión de segundos él le había quitado la parte de arriba del vestido, dejando sus pechos al descubierto y al sentir el roce del pezón contra su piel, hizo que sintiera fuego en la base de su vientre.

Ella escuchó una maldición callada y Omer la tomó del cuello para acercar su boca a la suya.

A diferencia del beso suave de antes, el de ahora se convirtió en algo muy atrevido, y la lengua de él reclamó su territorio en la boca de ella.

Quizá hubiera suavizado sus modales últimamente, pero seguía siendo el mismo conquistador que conseguía todo lo que quería.

Pero eso estaba bien, porque ella se sentía libre para explorar su piel, su cuerpo era sorprendente, duro y firme, con una piel suave.

La necesidad que iba creciendo dentro de ella era cada vez más profunda, reclamando que él la saciara.

-Omer… ummm…

Sus palabras se perdieron cuando él le acarició los pechos, los dedos hábiles de Omer le frotaron y le acariciaron los pezones, hasta que ella no pudo evitar que un gemido escapara de su garganta, él, le mordisqueó suavemente el labio inferior antes de volver a meterle la lengua en la boca, ella notó que se excitaba un más, que sus pezones se endurecían y que tenía calor entre las piernas.

Él le levantó el dobladillo del vestido, le acarició la parte interior de los muslos, acercándose cada vez más al centro de su insoportable calor. Nunca había deseado tanto que la acariciasen.

Omer pasó un dedo por la tela de sus braguitas y ella notó todavía más calor, levantó las caderas y separó los muslos sin pensarlo.

–Haz… lo que tengas pensado hacer –murmuró temblorosa, porque sabía qué era lo que él tenía pensado hacer.

Omer estuvo a punto de echarse a reír al oírla, pero en vez de eso la miró con ternura, la besó al tiempo que le bajaba la ropa interior.

Por un instante, ella se sintió avergonzada al darse cuenta de lo húmeda que estaba, pero entonces, notó una suave caricia entre las piernas, y empezó a temblar, se quedó en blanco, él le acarició el clítoris, y ella sintió como si una corriente eléctrica la hubiese atravesado, arqueó la espalda y todos sus músculos se tensaron.

Él siguió acariciándola y Defne notó que ardía por dentro. La sensación era casi insoportable.

Mientras tanto, él siguió moviendo la lengua dentro de su boca, y ella dio un grito ahogado, al notar que le metía un dedo dentro, satisfaciendo un poco su necesidad. Poco a poco fue notando latidos de placer cada vez más fuertes, pero no pudo quedarse quieta, ni tampoco encontrar las palabras para decirle que necesitaba más, y más rápido. Y como si él supiese qué era lo que necesitaba, hundió todavía más los dedos en ella y le acarició el clítoris con mayor velocidad.

Después, nada de lo que ocurrió lo eligió ella, pues hacía un rato que era su cuerpo el que mandaba, fue como si explotase por dentro y una intensa oleada de placer la envolviese.

–Te amo tanto –le confesó él con voz ronca, abrazándola con firmeza.

–Yo también, aunque aún no puedo creer que esté aquí –le confesó ella con voz temblorosa.

–Yo tampoco, pero voy a disfrutarte como en uno de mis sueños – respondió él.

Y le dio un apasionado beso, ella se embriagó con su sabor y notó que se le ponía la piel de gallina y temblaba incontrolablemente contra él. Se aferró a sus fuertes hombros, sintió su erección y se estremeció al imaginárselo saciando el tormentoso anhelo que tenía en la pelvis.

Él, retrocedió para estudiar su rostro sonrojado, al tiempo que recorría sus curvas con las manos, le acariciaba los pechos y después volvió a capturar sus pezones endurecidos con los dedos y los apretó suavemente, provocándole un placer increíble.

–Omer… –balbució sin aliento, temblando, casi con miedo a la reacción de su cuerpo.

–Tus pechos son tan sensibles que quiero torturarte de placer –le dijo él.

Tomó una de sus puntas rosadas con la boca y ella dio un grito ahogado y arqueó la espalda, luego lo hizo con su lengua y con los dientes, mientras le quitaba completamente el vestido.

Cegada por semejante placer, lo miró, y se percató que la estaba observando.

–Me encanta verte disfrutar… –murmuró él.

A ella le ardió el rostro y se puso tensa al verlo incorporarse y colocarse entre sus piernas para penetrarla, él gimió de placer y a ella le encantó. Estaba muy tenso y eso quería decir que estaba intentando controlarse y tener cuidado, pero no pudo evitar hacerle daño un momento al intentar entrar un poco más.

–Lo siento –le dijo él con los ojos brillantes–. He intentado no hacerte daño.

–No pasa nada… –le respondió, levantando las caderas hacia él de manera instintiva y gimiendo con sus movimientos.

–Me gustas tanto que, creo que no voy a poder parar –le advirtió, saliendo de su cuerpo para volver a entrar otra vez.

Impuso su ritmo y ella no tardó en aprenderlo y empezar a moverse debajo de él.

El segundo orgasmo les llegó a la vez, y Omer se apretó contra ella con fuerza y no pudo contener un grito de satisfacción.

Defne tenía el corazón tan acelerado que, a pesar de estar acostada, se sentía aturdida y sin aliento, lo abrazó.

–¿Siempre será así de emocionante? –le susurró, y él la abrazó.

–Ha sido el mejor sexo de toda mi vida, ahora sé que prefiero hacer el amor con la pelirroja

Luego de un rato en el que se mantuvieron en silencio, disfrutando aun de las sensaciones que les provocó hacer el amor de aquella manera,

–Omer, ¿estás seguro de que podrás vivir conmigo? –murmuró ella.

–¿A qué te refieres?… –le dijo él

–Sude me dijo que esta casa era tu santuario de soledad, ¿y si te arrepientes de querer vivir conmigo?

–Yo quiero que te quedes –le aseguró Omer apretándola contra su cuerpo.

–Sé que te gusta tu intimidad –le recordó ella.

–Pero todavía me gusta más pensar que vas a estar en mi cama cuando me despierte por la mañana –le dijo él, mientras la besaba apasionadamente.

Prisionera de su cuerpo, Defne no tardó en darse cuenta de que volvía a desearlo con unas ansias que la sorprendieron.

–Ahora estás obligado a hacerme el amor nuevamente –le dice ella, demostrándole lo excitada que estaba.

–Sobreviviré –le dijo él, metiéndole la lengua en la boca y moviéndola al mismo ritmo con que le había hecho el amor.

Luego volvió a colocarse entre sus piernas y la penetró con un profundo suspiro de alivio.

–Oh, ¡Dios!, mañana no nos podremos levantar –le dijo, apretando los dientes al notar el primer espasmo de placer.

–Olvídate de mañana, solo disfruta el ahora –dijo él, intentando mantener el control mientras se movía contra ella.

Le acarició el clítoris al mismo tiempo y ella gimió y lo abrazó, le clavó las uñas en los hombros mientras él aumentaba el ritmo.

La amaba tanto como nunca pensó que fuera posible. Sus miradas se encontraron y pensó que podría seguir así el resto de su vida, con los brazos de Defne alrededor de su cuello, cada milímetro de su piel pegado al suyo.

Los gemidos de ella le llevaron al límite en varias ocasiones, pero aguantó, hasta que Defne se arqueó, y de su garganta escapó un prolongado gemido mezclado con su nombre, entonces, él se dejó ir.

Luego de salir de ella, se dejó caer de espaldas en la cama.

Dando un profundo suspiro, ella le rodeó la cintura con los brazos y se acurrucó en su pecho.

Omer le acarició el cabello mientras se decía cuanto la amaba.

—Eres preciosa —susurró.

— Te respondería algo inteligente, pero creo que me estoy quedando dormida.

Apenas terminó de pronunciar la última palabra, se durmió.

—Quiero abrazarte mientras duermes —susurró él. Y dando un suspiro, apoyó la cabeza de ella en su pecho y cobijó su cuerpo junto al de él, y así se quedó dormido acariciando el cabello de su amor.

Tal como lo había dicho ella, a la mañana siguiente se quedaron dormidos, y fue porque él la despertó al amanecer y volvieron a hacer el amor, y nuevamente se durmieron uno en brazos de otro.

Llegaron a la oficina a media mañana, Omer la llevaba de la mano cuando entraron al lugar.

-Por favor dígale al señor Sinan y a la señorita Yasemin que los espero en mi oficina – le ordena a la mujer que estaba como su asistente.

-Enseguida señor – le responde ella

Diez minutos más tarde, Sinan entraba a la oficina de su amigo.

-Buenos días – le dice – parece que hoy estas de buen humor.

-Pues sí, lo estoy, dormí muy bien.

– ¿Dormiste? – le pregunta su amigo riendo

-Sinan – le reclama su amigo al ver como Defne se sonrojaba.

-Lo siento, es solo que soy feliz al verlos así, juntos y felices.

Unos minutos más tarde hace el ingreso la señorita Yasemin.

-Buenos días – dice sin poder ocultar su sorpresa al ver a Defne.

-Pasa, Yasemin – le dice Omer – te estábamos esperando.

-En realidad no sabía que hoy tuviéramos una reunión, ¿Qué hace ella aquí?

-¿Defne?, ella está aquí, porque es la más interesada en el tema que vamos a tratar.

-No veo cual pueda ser ese tema.

Omer se levanta de la silla y camina en dirección a la mujer.

-No trates de fingir que no sabes lo que sucede, porque el periodista a quien le diste la foto de Defne y su ex novio en la playa, foto que debo decir es antigua, ya nos contó todo y delató el plan que tenías para desprestigiar a mi novia.

-No entiendo de qué me estás hablando

-Lo sabes perfectamente, y tenemos pruebas de lo que hiciste.

-Yasemin – le dice Sinan – en este sobre está tu carta de despido, puedes ir a contabilidad y te liquidarán todo lo que se te debe, no puedo decir que fue un placer trabajar contigo, porque la verdad, eres una mujer insoportable

Mientras Omer abre la puerta para que la rubia se vaya de su oficina, esta se dirige a Defne.

-No cantes victoria, porque tu distinguido novio, anoche te fue infiel, se fue de la fiesta con una morena muy coqueta.

-Lo sé – le responde Defne – era yo.

– ¿Qué?

-Sí, era yo, así que, como verás, tus artimañas no consiguieron nada, no, perdón, si consiguieron algo, te dejaron sin trabajo y con una reputación negativa, adiós Yasemin espero verte… nunca

Apenas la mujer cruzó la puerta, Omer la cerró detrás de ella.

Meses después.

Defne se echó un último vistazo en el espejo, su vestido era muy sencillo, una cascada de satén blanco que se le ajustaba a la cintura y le caía en pliegues graciosos desde las caderas. El único adorno que llevaba era un collar que Omer le había dado hacía unos días y un velo.

Había pensado que se iba a poner muy nerviosa, sin embargo, a pesar de la histeria del último minuto que invadía a todos, ella se sentía llena de paz.

Al casarse con Omer se cumplían todos sus sueños.

Cuando Yasemin se fue de Passionis, Omer y Sinan le pidieron que los ayudara con las relaciones públicas de la empresa, al final terminó aceptando, pero solo por un tiempo, tiempo que se había extendido ya por seis meses.

Su hermano estaba esperándola para acompañarla hasta el altar.

-Eres la novia más hermosa que he visto en la vida, pero no se lo digas a Nihan – le dijo sonriendo -. ¿Estás lista, cariño?

Ella asintió y se tomó del brazo de su hermano.

Aunque la iglesia estaba llena de familiares y amigos, Defne sólo vio a una persona, a Omer esperándola en el altar. Una sonrisa de felicidad la acompañó todo el camino.

Era difícil apartar los ojos de él, incluso para prestar atención a las palabras del ministro. Para lo bueno y para lo malo, en la pobreza y en la riqueza… amor para siempre. Él le deslizó el anillo en el dedo y ella se lo puso a él. Después, él la rodeo con sus brazos fuertes y cálidos y le dio un beso en los labios.

Durante un momento interminable, sus miradas permanecieron entrelazadas y los dos se repitieron los votos en silencio, las promesas que nunca romperían porque las llevaban escritas en el alma.

-Te amo -la boca de Omer formó las palabras que nadie más pudo oír, justo al mismo tiempo que ella.

Los dos se rieron, y él la abrazó para darle otro beso, que les llenó la cabeza de promesas secretas, y deseos que se cumplirían.

Enseguida, todos los invitados rodearon a la pareja, para besarlos y abrazarlos. Algunos se estaban secando las lágrimas, otros reían entusiasmados.

Después, todos se dirigieron hacia el salón donde se celebraría la fiesta.

-Por el novio y la novia -brindó Sinan, con una amplia sonrisa mientras levantaba la copa

-Amiga, estoy tan contenta -dijo Sude, dándole un beso en la mejilla- esto también es mi sueño cumplido.

-Gracias por todo amiga, – luego abre los brazos y grita – ya somos familia – y ambas mujeres saltan de alegría.

-Cualquiera podía ver que estabas hecha para mi primo, a veces los niños necesitan un pequeño empujón -dice su amiga mirando a Omer.

– ¿Y? – le pregunta Defne, mirando en dirección a Sinan – ¿sé te declaró?

-No…

-Pero que idiota

-Pero lo hice yo…

– ¿Qué? – dice Defne no pudiendo evitar reírse.

-Claro, sabes como soy, no iba a esperar a que él se decidiera, quizás moriría de vieja y soltera.

-Y ¿Qué te respondió?

-Que me ama, pero tenía miedo de la reacción de Omer, así que luego de su luna de miel, le contaremos a mi primo.

-No te preocupes, Omer ya lo sabe y está feliz con la idea.

– ¿De verdad?

-Claro, hace tiempo yo misma se lo dije – le responde.

-Pero…

-De nada, para eso están las amigas, para ayudarse

– ¿En qué estás pensando? -le susurró Defne, a Omer un momento después mientras bailaban juntos.

-Sólo en lo feliz que soy, eres lo que le faltaba a mi vida.

-Lo sé, porque siento lo mismo.

Los ojos marrones de ella brillaban de amor, él le sonrió, y le dio un beso, que estaba a la vez cargado de ternura y de pasión.

Se aman con todo su ser, y aquello no era más que el principio.

FIN

4 comentarios sobre “POR UNA NOCHE DE PASIÓN CAPITULO 10 Y FINAL

Deja un comentario