LA CHICA DE EL PELO ROJO CAPITULO 10

CAPÍTULO 10

Terminada la ceremonia, todos los presentes se acercaron para felicitar a los recién casados.

Serdar fue el último en acercarse a los esposos, primero se dirigió a Omer.

-Después de hoy, sé que no es necesario que te pida que cuides de mi hermana, lo que hiciste solo lo hace un hombre que ama a su mujer.

-Tienes razón, amo a tu hermana, y como ya se lo he dicho a ella, soy capaz de todo, mientras eso signifique tenerla a mi lado.

-Con eso ya me puedo ir más tranquilo.

-¿Cómo que te vas? ¿Adónde te vas? – le pregunta Defne

-Aún no lo tengo claro, todo esto fue tan repentino, que no alcancé a hacer planes, pero estoy seguro de que mi abuela no me perdonará lo que hice, así que debo buscar otro lugar para vivir. Pero no te preocupes por mí, esta noche, la importante eres tú, así que ven, y déjame darte un abrazo, estoy tan feliz por ti. – le dice al tiempo que la acerca y la rodea con sus brazos.

-Y entonces. ¿Cuándo nos volveremos a ver?

-No lo sé. Pero es seguro que nos volveremos a ver – le dice el hermano.

-¿Por qué no te quedas en el rancho? – le ofrece Omer. –  mañana me voy a quedar sin la persona que era como mi mano derecha, y voy a necesitar alguien de mi entera confianza. Te estoy ofreciendo un empleo, y claro está, una casa para que vivas cerca de tu hermana.

-¿Estas consiente de que le estas ofreciendo un empleo a alguien que jamás había pisado un rancho hasta el día de ayer…?

-No eres el primero – le dice mirando a su mujer – sé que Defne estaría muy feliz si te quedas y para mí, su felicidad es lo primero. Todo lo relacionado con el rancho, lo puedes aprender. ¿Qué te parece?

-No sé qué responder…

-Di que sí – exclamó Defne.

-Podrías probar – dice Omer, – quédate con nosotros unas semanas, y aprovechas de ver si te gusta el trabajo.

-Está bien, lo voy a intentar. Veré si puedo ser un ranchero

Luego de eso, los dos hombres se dan la mano.

-Señores – dice Omer para llamar la atención – esta noche se van a sus casas con normalidad, como si nada hubiera pasado. Por favor – le dice al capataz. – lleva a mi cuñado a tu casa, y mañana mandas a que le habiliten una de las cabañas para que él la habite

-Muy bien, señor Omer

-Doctor, aquí está el certificado de matrimonio. – le Omer a su amigo. – ¿Podría usted llevárselo al abogado? Lo está esperando para comenzar con el papeleo, para ir a la corte mañana temprano.

-No te preocupes, hijo, cuenta conmigo.

-Si alguien pregunta por mí en el rancho, ustedes no saben dónde estoy. Ya mañana cuando el abogado me llame, volveremos al rancho, como marido y mujer.

Cada uno de los presentes, se dirigió a hacer lo que Omer les pidió.

-Y ¿nosotros? – pregunta Defne.

-Ya somos marido y mujer, ¿qué crees que haremos esta noche?

Ella solo le sonrió, y aceptó la mano que él le había dado.

El pequeño hotel al que la llevó, estaba solo a pocos metros de la capilla donde se casaron, por lo que se fueron caminando.

Omer pidió las llaves, y la llevó hasta la habitación que había reservado. Cuando abrió la puerta, le permitió a ella entrar primero. La habitación constaba, de una gran cama, cubierta con un edredón blanco, además de eso, había una mesita y sobre ella, la cena ya servida, y en la mesa de noche estaba una pequeña canasta con fresas y una botella de champaña.

– ¿Tienes hambre? – le pregunto a Defne

Ella lo miró, y trago saliva, sabía muy bien lo que Omer le estaba preguntando, y en definitiva no hablaba de comida.

Sus ojos negros se fundieron con los de ella, durante un largo rato, mientras esperaba a que ella le diera la más pequeña de las señales.

Ella tenía claro lo que quería, quería que Omer le hiciera el amor, y sabía que para que eso sucediera debía hacer algún movimiento que no dejara lugar a dudas de cuáles eran sus intenciones, lentamente dio lo pasos que los separaban, acercó su boca a la de él y pasó su lengua por sobre sus labios, luego se apartó, lo miro esperando que sus ojos reflejaran lo mucho que lo deseaba, y que Omer comprendiera…

-¿Defne?…

Ahí estaba lo que él necesitaba, pero aun después de eso, siguió mirándola.

– ¿Qué sucede? -preguntó ella, sin aliento.

-Te estoy apreciando

Defne apenas podía esperar a sentir de nuevo sus labios en los de ella.

– ¿Te gusta lo que ves?

-Mucho… -dijo Omer con voz ronca.

Un poco avergonzada, Defne bajó la mirada.

-Esta noche mandas tú princesa. Llegaré hasta donde me lo permitas. ¿Está bien?

Ella asintió y luego dijo

-Quiero ser tu mujer

Él deslizó los dedos por su cabello.

-Lo primero que me enamoró de ti fue tu pelo, mi chica de pelo rojo.

-Es demasiado … – lo que fuera a decir se perdió en el hipnótico brillo de los ojos de Omer, que la tenía paralizada. Apenas podía respirar, y el corazón le latía como si acabara de correr la maratón. Notaba los pechos tensos y una líquida sensación de calor se había apoderado de sus partes más íntimas.

-Me encantas… -Omer deslizó las manos hasta sus caderas y la alzó hacia sí-. Te prometo que te haré feliz.

A continuación, capturó sus labios con una firme lentitud que hizo que todos sus sentidos enloquecieran. Todo pensamiento racional la abandonó, dando paso al placer que le producía lo que le estaba haciendo Omer.

Este exploró el interior de su boca con seductora experiencia y ella clavó los dedos en sus hombros mientras pequeños estremecimientos de placer recorrían su cuerpo.

Omer alzó su oscura cabeza y antes de que ella tuviera tiempo de reaccionar, la tomó en brazos. Ella lo miró, confundida.

-¿Qué haces…

-Me gusta llevarte en brazos -contestó él, y sonrió.

El corazón de Defne latió más deprisa ante el atractivo de aquella sonrisa.

-Voy a llevarte a la cama de esta manera, si no te gusta la idea…

Algo parecido al pánico se apoderó inicialmente de ella, pero no iba a rechazar al único hombre que había deseado en su vida, apartó los nervios y la timidez, si era sincera consigo misma, la sola idea de descubrir la pasión entre sus brazos la hacía sentirse débil de deseo.

-¿Defne…? -dijo Omer con gesto interrogante.

Ella lo miró a los ojos y sintió que un montón de mariposas se ponían a revolotear en su estómago. A modo de respuesta, se irguió y lo besó en los labios.

El sucumbió con un ronco gemido.

Pasó al menos un minuto antes de que el cerebro de ella comenzara a funcionar de nuevo, y para entonces Omer la estaba dejando sobre una enorme cama.

Luego él se apartó para disfrutar de la magnífica visión que tenía ante sí, el pelo de Defne extendido sobre la colcha como el de una princesa de cuento.

-No puedo apartar los ojos de ti… -confesó.

Defne miró cómo se quitaba la corbata y su tensión aumentó. Ella tampoco podía apartar los ojos de él, y apenas podía creer que estuviera ahí los dos, se sentía terriblemente tímida, pero le parecía totalmente natural estar con él, a fin de cuentas, ya eran marido y mujer.

Sin vacilación alguna, Omer comenzó a quitarse la camisa, ella notó cómo se le secaba la boca mientras contemplaba sus poderosos músculos y su piel bronceada, era un hombre magnífico.

Una mata de pelo oscuro enmarcaba su hermoso rostro.

Cuando empezó a quitarse los pantalones, Defne temió sufrir un ataque al corazón.

Un instante después, sintió que el colchón se hundía a su lado y que él la rodeaba con un brazo.

-Eres tan sexy… -murmuró él con voz ronca mientras empezaba a bajarle la cremallera del vestido que llevaba puesto.

-¿De verdad? -susurró ella.

-Por supuesto, porque crees que me tres loquito – la besó en un hombro a la vez que deslizaba los dedos por su espalda.

Mientras ella temblaba de excitación, él tomó su sensual boca con hambrienta urgencia y, una vez más, todo pensamiento abandonó su mente. Él le quito la ropa sin que se diera cuenta.

Cuando le hizo entreabrir los labios e invadió su boca con la lengua, sintió que cada centímetro de su piel palpitaba de anticipación. Nada más existía para ella en aquellos momentos, nada más importaba, y hundió los dedos en los oscuros cabellos de su esposo, para retenerlo contra sí.

Entonces él comenzó a besar su cuello, le mordisqueo el lóbulo de la oreja hasta que noto que comenzaba a respirar agitadamente, entonces le robo el aliento besándola apasionadamente.

Cualquier pensamiento desapareció al calor del deseo, las manos de Omer estaban en todas partes deslizándose por el cuerpo de ella, sus pechos, el trasero, entre sus muslos.

-Eres preciosa -dijo con evidente convicción mientras contemplaba sus labios enrojecidos por los besos, su magnífica melena, que cubría a medias sus pechos

Defne sintió que el corazón iba a estallarle, cuando vio el deseo que brillaba en los ojos de Omer.

Una sensación dulce como la miel recorrió sus venas, cuando él le acarició los pechos, y apenas pudo contener un gemido cuando tomó entre los labios uno de sus excitados pezones. Había empezado a sentir una insistente palpitación entre las piernas y, de pronto, notó que su cuerpo la controlaba, desesperado y hambriento por seguir experimentando aquel torturante placer.

-Nunca he deseado a una mujer como te deseo a ti ahora, te amo tanto -admitió, con la respiración agitada.

Aquella confesión la emocionó.

-También te amo y te deseo -susurró a la vez que lo miraba con completa confianza, cada célula de su cuerpo se puso en alerta roja ante la renovada fuerza del deseo que la poseyó.

Sintió que se perdía en una impotente mezcla de nervios y anticipación al notar la palpable, dura y ardiente evidencia de la excitación de Omer contra su vientre.

Entonces, él empezó a acariciarla con su lengua y a mordisquear sus pezones hasta que la hizo retorcerse y perderse en un mundo de maravillosas sensaciones antes de que él buscara con la mano la deslizante humedad que rezumaba entre sus muslos.

Cuando sintió cómo acariciaba con un dedo la parte más sensible de su cuerpo, un prolongado gemido escapó de su garganta. La intensidad del placer fue creciendo hasta dejarla sin aliento.

-Omer… -jadeó, y ni siquiera sabía lo que quería decir, solo que su deseo era casi insoportable, y que el exquisito dolor que la consumía se estaba convirtiendo en una tortura.

Los ojos de Omer parecían un incendio cuando se apartó un momento, luego hundió las manos bajo las caderas de Defne y la penetró de un suave y experto empujón. Unos pequeños temblores de placer asaltaron a Defne ante la sensación inicial de su miembro ensanchándola.

Entonces, él volvió a alzar sus caderas para penetrarla más profundamente. Una aguda punzada de dolor sacudió a Defne y, por un instante, se puso rígida y fue incapaz de contener, un sorprendido gritito de queja.

Omer sintió la resistencia demasiado tarde. Se quedó paralizado, como si de pronto hubiera empezado a sonar una alarma, pero el impulso de su movimiento ya le había hecho penetrar la delicada barrera.

-¿Defne…? -empezó, y la voz le falló por primera vez en su vida. .

-No pasa nada -murmuró ella, aturdida, adaptándose con admirable rapidez a una categoría de sensaciones que ni siquiera había soñado que existieran-. Me estoy acostumbrando… oh… oh, sí…

Con los ojos firmemente cerrados, rodeó a Omer con los brazos, movió cuidadosamente las caderas y fue recompensada con una oleada de placer tan delicioso que se quedó sin aliento, anhelando más.

A pesar de su deseo, él hizo amago de retirarse, pero ella se arqueó hacia él para que no la dejara, y sucumbió hundiéndose de nuevo en ella con un ronco gemido. La excitación de ella fue creciendo en intensidad con cada fluida penetración del cuerpo de Omer en el suyo, hasta que alcanzaron la gloriosa cima y pareció estallar en un millón de diminutos fragmentos de éxtasis.

Omer se retiró y miró el feliz e inocente rostro de su esposa, se acostó a su lado, Defne se acurrucó contra él, lo besó en un hombro Y suspiró con satisfacción, él pasó un brazo por sus hombros Y la atrajo hacia sí.

-Me siento tan… feliz -le dijo ella.

Estaba entre sus brazos, lo amaba. Finalmente habían hecho el amor, valió la pena esperar porque había sido recompensada mucho más allá de sus más locos sueños.

-Yo… lo siento, ¿Por qué no me dijiste que eras virgen? -murmuró.

-No lo sé, no es un tema que surgió entre nosotros.

-Pero mi amor, te lastime.

-No, me has hecho feliz, tal como me lo dijiste. – fue su respuesta.

-Te lo voy a compensar, lo prometo – lo prometo le dice él con voz compungida.

-Promesas, promesas, promesas – le dice ella coqueteándole – siempre quedan en nada

-Mis promesas, amada esposa yo las cumplo.

Pasó una mano tras la nuca de ella, la atrajo hacia sí y devoró su boca con una pasión demoledora.

-¿Podría hacerte cambiar de opinión? -preguntó él roncamente.

Sin siquiera pensarlo, Defne se deslizó en la cama hasta adoptar una posición más adecuada y, diez segundos más tarde, Omer se había fundido con ella como una segunda piel.

Si la primera vez le había parecido increíble, la segunda tuvo que calificarla de salvaje.

Después, se quedó dormida en brazos de su esposo, flotando muy alto por encima del planeta Tierra.

El sol ya había salido cuando los esposos despertaron, Omer la beso en los labios y le dijo

-Buenos días señora Iplikci.

-Buenos días señor Iplikci.

Sin ganas de salir de la cama, Omer, debió levantarse para contestar una llamada.

Defne se sentía como una mujer perdida en un sueño erótico, se sentía sublime, Omer la hacía sentirse amada… como si fuera una gatita se estiro en la cama y recordó las palabras de su amado… eres exquisita, le había dicho. Eres perfecta para mí. Me pareces irresistible…

-Lamento tener que hacer esto – le dice Omer – pero tenemos que volver al rancho.

-¿Sucede algo malo?

-Tu abuela llegó a buscarte. Está en el rancho, con la policía.

CONTINUARÁ

3 comentarios sobre “LA CHICA DE EL PELO ROJO CAPITULO 10

  1. MARAVILLO MARTA , ME HA ENCANTADO LA FORMA EN QUE OMER HA TRATADO A DEFNE EN SU PRIMERA NOCHE DE AMOR. COMO VOY A DISFRUTAR CUANDO IZ Y LA ABUELA SE ENTEREN QUE ESTAN CASADOS. GRACIAS AMIGA ❤

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