LA CHICA DE PELO ROJO. Capitulo 4

¿Con que aquí te escondes? – le dice Omer mientras se acerca a ella, Defne trató de escapar nuevamente, pero él le cortó el camino con una de sus muletas.
– ¿Por qué huiste?
-Ya le dije, necesitaba tomar aire
-¿Por qué razón? – le dice acercándose y comenzando a besarle las mejillas – ¿qué es lo que te dejó sin aliento?, ¿acaso soy yo?
-No, por supuesto que no, es solo que…
-¿Qué es entonces?
—Omer, yo…
—Mmmm, dime Defne.
Defne lo miró, lívida ante aquel tono tan seductor. Se acababa de quedar sin palabras.
—Yo solo…- lo que fuera a decir quedo en su mente, porque Omer aprovechó que ella abrió la boca para contestar, para besarla.
Fue su beso el más intenso, que había recibido hasta aquel momento, ella no intentó resistirse. No hubiera tenido sentido. Lo deseaba tanto como él a ella.
Una mano de Omer acarició el muslo de Defne y la otra se deslizó hasta llegar al pecho. Ella soltó un gemido de placer.
—Vamos a casa —sugirió él con la voz teñida de deseo, pero ella se separó de él y cerró los ojos.
—No puedo —contestó confusa—. Por favor, solo bésame una vez más.
Él obedeció.
Al sentir sus labios, Defne sonrió, lo abrazó, se puso de puntillas y le devolvió el beso, lo que empezó por un beso dulce y tierno, pronto se convirtió en algo frenético y apasionado, Omer, le comenzó a desabrochar la blusa y cuando lo consiguió, introdujo su mano y atrapó uno de sus senos.
—Me volviste loco desde la primera vez que te vi – le dice mientras comenzaba un recorrido de besos por su cuello
—No sé qué me sucede contigo, Dios creo que estoy loca igual, nunca le he permitido a un hombre llegar tan lejos.
Omer comenzó a bajar, quería saborear con su boca y lengua lo que sus manos estaban tocando.
-No, por favor…
– ¿Por qué me pides que me detenga, si ambos lo estamos disfrutando?

-Porque… yo… no he estado con ningún hombre.
– ¿Cómo?, pero yo creí…
-Sé lo que pensaste y sé que tienes motivos para hacerlo, pero lo creas o no, esto no lo había vivido antes, mi cuerpo parece reaccionar solo, ante tus besos y tus caricias.
-Me parece perfecto que sea así – le dice aun jugando con su pezón.
-Pero a mí no, no quiero hacer hoy, algo de lo que me voy a arrepentir mañana.
Esa frase fue como el balde de agua helada que Omer necesitaba, se frenó enseguida, la miró, retiró la mano de su pecho, le acomodó el brasier y comenzó a abrochar los botones de su blusa.
-Perdón – le dice ella
-Perdón ¿Por qué? – le dice al tiempo que termina de abrochar su blusa.
-Por hacerte creer, lo que no soy
—No pasa nada —le dijo tocándole el ojo— iremos más despacio, ¿te parece?
Ella asintió, Omer la miró, tenía las mejillas totalmente enrojecidas, sin contar su ojo que se estaba comenzando a amoratar, y sintió la más infinita de las ternuras, por la mujer que tenía frente a él, la mujer que quería, de la cual estaba enamorado como un loco

—Perdóname tú a mí —dijo finalmente —. Me he dejado llevar, como te dije me volviste loco y no medí las consecuencias de lo que pudo pasar entre nosotros
—No ha sido completamente tu culpa
—No es culpa de ninguno en realidad, creo que esto es nuevo para ambos, me gustas Defne – le dice así de improviso – incluso creo que, es algo más que eso, si me lo permites quisiera pasar tiempo contigo, conocerte y que tú me conozcas a mí, ¿puede ser?
Defne le acarició la mejilla, él giró la cabeza y le besó la mano.
—¿Me estás pidiendo que salgamos juntos? —preguntó ella encantada.
—Sí, creo que sí —contestó él – ¿Qué dices?
—Sí, – fue su respuesta -, me encantaría, pero y ¿tu pierna?
-No te preocupes, lo haremos cuando el doctor me quite el yeso, ahora volvamos a la casa, es hora de cenar y quiero comer contigo.
Ella le sonrió y Omer le tomó la mano y así llegaron a la casa, sin que les importara las miradas de los demás.
Los siguientes días fueron ajetreados para Defne, primero porque Omer no le permitía alejarse de él en ningún minuto, estaba sola únicamente en la noche, cuando llegaba a su habitación, eso sí, debía agradecer que él ya no hubiera intentado hacerle el amor.
Por otro lado, estaba Iz, sabía muy bien que la mujer estaba celosa y con justa razón, Omer demostraba mucho el interés que tenía en ella.
Iz era una mujer peligrosa eso lo sabía de sobra, por lo que evitaba estar cerca de ella y mucho más a solas
En las noches antes de dormir, miraba al techo y pensaba en su familia, en lo que estarían pensando de su desaparición, pensaba en que, si la abuela habría hecho algo o solo estaría esperando a que ella regresara sola, en todo caso ya faltaba muy poco para eso, Omer le había dicho una semana y por lo que podía observar él estaba mucho mejor.
Aunque ella, aun no lograba entender que le había pasado con Omer, tenía 26 años y en sus planes no estaba compartir su vida con algún hombre, de hecho, no creía que algún día formara una familia, no con el ejemplo que le dieron sus padres.

Pero algo pasó cuando besó a ese hombre, algo dentro de ella cambió, ahora si podía verse en una relación, pero solo con él, se imaginaba lo que sería ser siempre tratada como lo hacia él, la hacia sentir querida, respetada, valorada, única.
Los momentos en los que ella le hablaba, él solo prestaba atención a sus palabras, parecía como si no hubiera nadie más en la tierra que ellos dos, como si lo que ella le contaba para él era valioso, ¿cómo no sentirse bien con un hombre así?, imposible no enamorarse de Omer.
Tras ese pensamiento, de un solo movimiento se sentó en la cama.
-Yo… enamorarme de Omer… – luego de unos minutos se dejó caer en la cama, cerró los ojos fuertemente, para sacar de su mente ese pensamiento, pero algo le dijo que era demasiado tarde, porque ya había llegado a su corazón.
Al día siguiente Omer debía acudir a la consulta del doctor, como no quería que Defne lo acompañara, se levantó de madrugada y salió de la casa, le pidió a uno de sus trabajadores que lo llevara hasta el lugar.
Llegó a la consulta incluso antes que todos.

-Joven, buenos días – lo saluda el doctor – madrugaste, por favor pasa.
-Buenos días doctor – le responde él, entrando a la consulta y tomando asiento en la camilla que el hombre le indicó.
-Y ¿Cómo va la vida en el rancho?, ¿ya conquistaste a tu amada?
-Estoy en eso, es una mujer extraordinaria, juro que nunca me había sucedido algo parecido.
-Eso te lo creo, porque hasta ahora no te habías referido a ninguna mujer como extraordinaria.
-Es exactamente eso, con usted puedo ser completamente sincero, a sido mi confidente desde que tengo memoria, no solo eso, lo considero mi mejor amigo.
-Y yo pienso lo mismo, de otra manera no me prestaría para ser cómplice de esta locura, a propósito, déjame ver tu pierna, ¿Cómo te has sentido?
-De la pierna bien, podría sacarme esta cosa, ahora solo me estorba.
– ¿Ahora te estorba?
-Sí, porque invité a Defne a una cita.
Omer, miró al doctor por lo que estaba a punto de hacer.
-Ya sé que parece que se la
he robado a un carpintero, pero, créeme, si quieres que te quite el yeso lo antes posible, tendrás que confiar en mí. De lo contrario, habrá que recurrir a un serrucho y eso es mucho más lento – luego apretó el gatillo de la sierra eléctrica que tenía en la mano y la hoja comenzó a vibrar con un fuerte zumbido

¿No hay nada con que ablandarla? ¿Agua?, ¿Acidó? – preguntó él con los ojos clavados en la hoja en forma de zigzag.
El doctor tomó su pie enyesado y lo puso en su muslo. Omer se aferró con las manos al borde de la camilla y se preparó para lo que se aproximaba.
-Quiero llevarla a recorrer el rancho… -se interrumpió de golpe cuando el doctor comenzó a cortar el yeso. Una nube blanca se levantó cuando la hoja se hundió en el material que le cubría el pie.

Haber, entiendo bien cuando me dices que la vas a llevar a recorrer el rancho, sabes que para eso solo puedes ir cabalgando.
-Sí, claro que sí.
Una vez que cortó el yeso de un extremo al otro, dejó la sierra eléctrica y separó las dos mitades con delicadeza. Omer sintió alivio al ver que su pierna estaba en perfectas condiciones después de una semana de inmovilización.
El doctor le revisó la herida.

Te has preguntado si a ella le gustan los caballos o si ella sabe cabalgar
Miedo no les tiene, la he observado y parece disfrutar con la cercanía de los caballos.
-Tal vez, porque para ella todo esto es novedoso, pero de ahí a subirse a uno y cabalgar en él, hay una gran diferencia.
-Bueno si no sabe, le enseño, sería un placer hacerlo.
-Omer hijo, yo no quiero reventar la burbuja en la que estas ahora, pero has pensado que ustedes son de mundos muy distintos, ¿sabes realmente de que familia es ella?.
-No, la verdad no, solo sé lo que ella me ha contado, que vive con su abuela y su hermano y que sus padres los abandonaron.
-Yo si lo hice, Defne forma parte de una de las familias más distinguidas de Estambul y ella es reconocida por ser adicta a las compras.
– ¿Defne?
-Sí, ella, por eso te pregunto, estás seguro de que es ella la mujer adecuada para un vaquero como tú
CONTINUARÁ

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