Como pudo, y con mucho cuidado, sacó la mano de Omer de su cintura, y luego se arrastró de a poco hasta que sus pies tocaron el piso de la habitación, por fin logró salir de la cama sin que él se diera cuenta.
Una vez fuera de la cama, observó a su jefe, su rostro se notaba tranquilo, seguramente estaría profundamente dormido, sin duda era un hombre muy guapo, incluso más que guapo, rosaba la perfección, sus pestañas serian la envidia de cualquier mujer y sus labios… se detuvo en ellos por un instante, ¿Qué se sentiría ser besada por ellos?
– ¿Quizás lo averigüe antes de irme? – susurró, al tiempo que una pícara sonrisa se asomaba a su rostro
Tomó su bolso y se dirigió al baño, ahí se lavó los dientes y arregló su cabello, al salir Omer aun dormía, sin cambiarse de ropa bajó, la verdad estaba necesitando una taza de té acompañada de algo para comer, el día anterior solo había comido la cena que le sirvieron en la habitación.
Cerró la puerta con mucho cuidado, solo había dado un par de pasos, cuando escuchó.
– ¿Qué haces saliendo de la habitación de Omer?, y ¿con su ropa?
– ¿Qué?, ¿no sabía?, anoche dormí con el señor, y él mismo me prestó esta ropa… como fue que me dijo, ah, sí, para que me sintiera… más cómoda – termina de decir.
-Apenas te vi intuí la clase de mujer que eras, enseguida se nota lo resbalosa.
-Que coincidencia, apenas la vi supe el tipo de mujer que eres – le respondió – te haces pasar por amiga, esperando el momento en el que él se dé cuenta de que te necesita y te pida matrimonio, te tengo noticias, por lo que pude notar, eso jamás sucederá.
– ¿No estés tan segura?, o acaso piensas que, porque te acostaste con él, Omer quiere algo serio contigo, no eres más que un juguete, del que se aburrirá en una o dos semanas, he visto muchas mujeres como tú pasar por su vida y ninguna se queda…
– ¿Como lo haces tú?, sabes – dice Defne acercándose a la mujer – ¿Quién sabe?, ¿talvez sea yo quien este jugando?, ¿por qué debe ser siempre el hombre que juegue con nosotras?, ¿acaso no puede ser al revés?, pero no te preocupes, me voy en una semana y volverá a ser todo tuyo, ahora si me disculpas, desperté con apetito, debe ser que anoche gasté mucha energía.
Comienza a caminar dejando a la mujer sola en medio del pasillo, cuando llegó a la cocina entró riendo.
-Buenos días señorita – le dijeron las mujeres.
-Buenos días – respondió ella
-Se despertó de buen humor hoy.
-Algo así – les dice riendo – me regalan una taza de té y algo para comer, tengo un poco de apetito.
-Por supuesto
-Muchas gracias.
Las mujeres pusieron sobre la mesa una taza grande con té recién preparado, además de pan tostado y queso fresco.
-Por Dios, si me siguen alimentando de esta manera voy a engordar.
-Esperamos le guste.
-Sin duda alguna, ¿les puedo hacer una pregunta?
-Claro
-La señorita Iz, ¿qué hace en esta casa?
-Aquí entre nosotras, nadie lo sabe, llegó hace seis meses, supuestamente venía de vacaciones, pero aún está aquí, y por lo que se ve, no tiene intenciones de irse.
-¿Ella está en algún tipo de relación con el señor Omer?.
-No!, qué más quisiera ella, es solo su amiga, se convirtió en algo como administradora del rancho, aunque el señor Omer hace casi todo el trabajo.
-Y déjeme adivinar, espanta a cada mujer que se acerca al señor.
-Así mismo es, por favor no le vaya a decir a nadie que nosotras le contamos todo esto.
-No se preocupen, seré una tumba.
-Ahora desayune tranquila, el señor ya debe estar por levantarse.
-Sí, lo sé, debo ayudarlo.
Omer, se levantó, apenas sintió que Defne cerró la puerta de la habitación, se metió a la ducha y bajo del agua soltó la carcajada que debió contener al sentir todos los movimientos que hizo para salir de la cama.
Luego de que salió del baño, miró la cama, debió reconocer que dormir abrazado a ella había sido una experiencia deliciosa, una experiencia que quería repetir, de ser posible cada noche por el resto de su vida.
Cuando llegó a la cocina, ahí la encontró comiendo, parecía muy a gusto conversando con las señoras de la cocina, eso le llamó la atención, para ser una mujer de ciudad y por lo que se veía, tener dinero, no tenía ningún tipo de problema para relacionarse con la servidumbre de la casa.
-Buenos días – saluda
-Buenos días señor Omer – responden a coro.
-Por favor, sírvanme un desayuno contundente, hoy desperté con mucho apetito.
Defne se acercó hasta donde estaba y se puso a su lado, le pasó un brazo por su cintura, mientras, él hizo lo mismo, pero por su hombro, así lo llevó hasta la mesa, le acomodó la silla y luego lo ayudó a sentar.
-Gracias – le dice – ¿desayunaste?
-En eso estoy – le dice con una sonrisa – ¿Qué tengo que hacer hoy?
– ¿Qué te parece si primero comemos y luego lo conversamos?
-Muy bien.
-Defne, ¿recuerdas lo que sucedió anoche? – pregunta Omer, lo que hace que Defne se atragante con lo que tenía en la boca – ey!. Ey!, cuidado
-Nada, no pasó nada
El solo sonrió, mientras le pasaba un vaso con agua.
– ¿Cómo que nada?, ¿de verdad no lo recuerdas?
Estaba roja como un tomate, incapaz de mirarlo a la cara solo dice.
-No, yo solo recuerdo que me acosté, y leía un libro, después de eso creo que me dormí.
-Efectivamente te dormiste, tuve que quitarte el libro de las manos y acomodarte en la cama y después me dormí a tu lado.
-No lo diga de esa manera, que van a creer que dormimos juntos.
-Pero si dormimos juntos – dice él alzando la voz – o acaso lo vas a negar.
-No, no lo voy a negar, pero no pasó nada entre nosotros.
-Eso no lo sé, porque los medicamentos que me recetó el doctor hicieron que me durmiera profundamente.
-Le aseguro que solo compartimos la misma cama, no sucedió nada más.
-Que lástima, digo si hubiera sucedido algo y yo no recordara.
-Podemos cambiar de tema, por favor – dice ella al borde de perder la paciencia – mejor dígame qué planes tiene para hoy.
-Lo mismo que hago cada día, pero esta vez tendrás que llevarme tú.
-Y ¿Cómo?, en silla de ruedas.
-Defne, una silla de ruedas no nos serviría, usaré muletas, pero eso no significa que tú estás libre, vendrás conmigo a todos los lugares que vaya, ¿entendido?
-Sí, lo tengo claro, solo tengo un problema.
– ¿Cual?
-Ropa no tengo o por lo menos ropa adecuada para usar en un rancho.
-Ah, no, no te preocupes ya pensé en eso, luego del desayuno te mostraré tu habitación…
– ¿Mi habitación?, ¿dormiré sola? – las palabras salieron antes de darse cuenta de su significado.
-A menos claro que quieras seguir durmiendo conmigo, yo no me opongo.
-Usted sabe que no lo dije por eso.
-Una vez más me desilusiono, – le dice y luego de un momento continúa – la habitación donde dormirás es la de mi prima, ella vive en América, puedes tomar de su ropa todo lo que te sirva.
– ¿Ella no se molestará?
-No, cuando venga, le explicaré todo.
-Muchas gracias
-En todo caso, esa habitación queda al lado de la mía. – termina de decir al momento que se levanta de la silla.
-Espere que le ayudo
-Sabes creo que me voy a acostumbrar a caminar de esta forma.
– ¿Cómo?, ¿con la pierna enyesada?
-No, abrazado a ti
Esta vez sí lo miró y en lugar de encontrar su sonrisa picarona, ve su rostro serio, como si lo que acabara de decir fuera completamente cierto, pero ella no fue capaz de decir nada.
¿Qué se podía responder a lo que él acababa de decir?
Omer la llevó hasta su nueva habitación y efectivamente estaba al lado de la de él, ahí la dejó sola, Defne abrió la puerta y entró, estaba decorada con mucho gusto, y sin duda era una habitación femenina, buscó entre la ropa que había en el closet, pero al parecer a la prima le gustaba usar ropa sexi, los pantalones, o eran en extremo ajustados al cuerpo o eran demasiado corto para el gusto de ella.
Al final se decidió por usar un pantalón que le quedaba como guante y la blusa más larga que encontró.
-Ay Dios, si Iz creía que ella era una mujer fácil, con esta ropa se lo voy a confirmar – se dijo al mirarse al espejo – bueno y que me importa, dentro de una semana ya no volveré a saber nada de este lugar.
Por último, se puso unas botas que le quedaban un poco grande, pero eran más adecuadas que las suyas para un rancho.
-Lista – dijo cuando llegó al lado de Omer
-Por Dios mujer, quieres volver locos a mis hombres.
– ¿Por qué dice eso?
-Al verte con esa ropa, no creo que quieran seguir trabajando.
-No entiendo muy bien, pero la ropa de su prima es un poco sexi para mi gusto, además de que me queda un poco ajustada.
-Si, ha pasado bastante tiempo desde que vino, digamos que era una adolescente.
-Con razón – dice ella tratando de despegar el pantalón de sus piernas.
-Ahora ya no estoy seguro de llevarte conmigo
– ¿Por qué?
-Serás solo una distracción para los muchachos y estoy seguro que más de alguno querrá invitarte al baile de este fin de semana.
– ¿Qué baile?, un baile, como esos que he visto en las películas, donde los vaqueros van con sus sombreros y bailan todos la misma coreografía.
– ¿Eso es solo una caricatura? – dijo Iz a sus espaldas – nosotros no hacemos ese tipo de cosas.
-Entonces, que hacen, ¿podré ir yo igual? – dijo ella feliz mirando a Omer, una vez que este asiente con la cabeza ella prosigue– que emoción mi primer baile en un rancho.
-Tendrás que buscarte un acompañante para que no te aburras. – le dice la mujer
– ¿Por qué?, Defne tiene que ir conmigo, ella es mi compañera por todo el tiempo que este aquí.
-Pero yo creí que iríamos juntos.
-Eso era antes de que me pasara lo de mi accidente y llegara Defne
Luego de mirar a Defne como si quisiera asesinarla, la mujer da media vuelta se fue casi corriendo.
-Creo que se enojó – dice Defne
– ¿Iz?, no, además no creo que le cueste mucho encontrar un compañero, es una mujer muy hermosa.
-Pero está enamorada de ti
-No, ella es solo mi amiga, siempre lo hemos sido.
-Sería bueno que se lo aclararas – le dice
Omer, no le dio mucha importancia a lo que había sucedido, pero Defne sabía que ella sería la que terminaría recibiendo el enojo de la mujer.
Tal como lo temía, Iz decidió vengarse de ella, aprovechando un momento en el que estaba descuidada, para empujarla contra una pared, con tan mala suerte para Defne, que terminó cayendo de bruces contra el suelo, sintiendo un fuerte dolor en su nariz
AYYY!—gritó.
—Dios mío —exclamó uno de los trabajadores
— ¿Por qué lo hiciste? – le preguntó a la mujer, otro de los trabajadores que había visto todo
—Yo no he hecho nada — dijo Iz, fingiendo inocencia—simplemente no la vi
A través de las lágrimas que le nublaban la vista, Defne vio, como Omer le dio la mano y la ayudó a ponerse de pie, sintió su brazo, suave y protector, que la condujo a la casa, cuando estuvieron dentro, la sentó en el mismo sillón donde él descansó el día del accidente del caballo, encendió la lámpara y apuntó la luz a su cara para mirarle la cara.
—¿Qué tal? —preguntó ella.
—No muy bien —contestó — se te va a poner morado uno o los dos ojos.
—Madre mía, no puede ser… —contestó pensando tontamente en el baile.
—Se te quitará en unos días —aseguró Omer.
-Pero así no podré ir al baile – le dice con un puchero
—¿Estás segura?, a mí no me importa que mi compañera tenga un ojo morado
—Por ahora solo quiero algo para calmar el dolor y de preferencia que impida que se me hinche la cara
Defne recostó la cabeza en el sofá y cerró los ojos tratando de detener las lágrimas que amenazaban con salir.
-Ten – escucha que le dice Omer, ella abrió los ojos y lo vio con un trozo de carne en la mano
Ella no supo qué contestar, así que tomó el filete, echó la cabeza hacia atrás nuevamente y se lo puso sobre la cara, lo fresco la hizo sentir mejor.
—No creo que esto haga que se me quite el moretón antes del sábado, ¿verdad?
—Defne, no te preocupes, con ojo morado o sin él, vendrás conmigo al baile, a menos claro que tú no quieras – le dice Omer
Ella lo miró con ojos tiernos y le sonrió, Omer observó el gesto con fascinación.
—¿En qué piensas? —le preguntó en voz baja.
—En qué tipo de hombre es usted —susurró ella.
—¿Por qué? —preguntó él sorprendido.
—Porque me han dado un golpe en la cabeza y estoy un poco mal — sonrió ella.
—¿Qué tipo de hombre crees que soy?
—Un hombre sincero.
—Eso espero. ¿Algo más?
—Creo que le gusta la vida que lleva aquí.
—Muy bien, dígame más.
En ese momento Defne alcanzó a mirar de reojo que Iz venía entrando a la habitación, y decidió que era el momento exacto para devolverle el golpe.
Tomando una súbita decisión, levantó la cabeza y se acercó tanto a la cara de Omer, que quedó a unos centímetros de su boca.
Luego levantó la mano y le acarició el pelo.
Intrigado, lo único que Omer pudo hacer fue quedarse mirando, el color de sus mejillas, y sus húmedos labios rojos.
– ¿Qué haces? – le pregunta.
Ella esbozó una media sonrisa.
-Lo que he querido hacer desde esta mañana.
Antes de que él pudiese formular otra pregunta, ella se levantó hasta apretar sus labios contra los de él. Cálidos, abiertos y entregados.
Omer se quedó tan aturdido ante su inesperado gesto, que lo único que pudo hacer fue aferrarse a su cintura.
Sus labios se fundieron en un beso, lentamente se deslizaron en el sillón y él gimió de desilusión cuando ella se apartó.
-Oh, Dios esto es mejor de lo que imaginé -le dice él con ronca voz y luego le aplastó los labios con los suyos.
Como la detonación de una bomba, un fuego explotó dentro de Defne. Se extendió hasta la punta de los dedos de los pies y de las manos. Una cosa era besarlo porque a ella le daba la gana, y otra muy distinta era sentir que él era quien llevaba la batuta y ceder a la erótica magia que sus labios creaban.
El lento ceder de su cuerpo y la separación de sus labios eran la invitación que Omer necesitaba. La apretó aún más y le metió la lengua en la boca.
Defne lanzó un leve gemido y luego ambos comenzaron una batalla donde los dos eran ganadores, el beso se tornó más profundo y parecía que no tenía fin, solo la necesidad desesperada de oxígeno los forzó a separarse.
Defne aprovechó de empujarlo y salir de debajo de Omer y comenzó a correr por el pasillo.
– ¿Adónde vas? -le gritó él.
Incapaz de mirarlo, ella solo dijo.
-Afuera, necesito tomar aire.
Omer la miró alejarse.
Un deseo cálido y fiero latió dentro de su cuerpo, y tuvo que aceptar que esa mujer lo había vuelto loco, no era como ninguna de las chicas con las que había flirteado y jugueteado con anterioridad.
Era algo totalmente distinto. Y si pensaba que él había quedado satisfecho, estaba muy equivocada, tomó sus muletas y siguió el mismo camino por donde salió ella, pasó por el lado de Iz, sin siquiera notar su presencia, sus pensamientos estaban en seguir saboreando los labios de Defne.
CONTINUARÁ
