LA CHICA DE PELO ROJO. Capitulo 2

Defne, miró confundida por encima del capó del auto, llevaba horas siguiendo el camino por las montañas, pero le habían parecido días.
No había visto nada más que árboles.
Suspiró, tomó el volante, y avanzó.
Cuando había dejado la autopista y se había metido por aquella carretera secundaria todo parecía ir bien, estaba segura de que lo único que tenía que hacer era seguirla hasta el final.
Todo iría bien, cuándo lograra encontrar a alguien a quien preguntarle dónde diablos estaba
Entrecerró los ojos e intentó divisar algo, una señal, una casa, una persona, lo que fuera, pero solo veía árboles a lo lejos y muchas, pero muchas montañas
Había pasado un buen rato desde que había dejado la ciudad y no quería dar la vuelta, no sabía exactamente dónde estaba, pero seguramente estaba muy lejos de su abuela.
Tomó el volante nuevamente y se levantó para ver más allá del capó
No se explicaba, cómo le podía haber ocurrido aquello, rara vez se perdía, no podía llamar para pedir ayuda, la única persona con la que podría contar seria su abuela, o hermano, pero si lo hacía, su abuela seguramente la estaría esperando, para enviarla a un lugar para personas con su tipo de adicción, como le llamaba ella.
Solo contaba con Siri, si le daba las instrucciones precisas, ella la guiaría hasta un lugar donde hubiera personas
Aún con ayuda de la computadora, tuvo que haberse equivocado en algún punto, porque la carretera había desaparecido y se había convertido en un camino de tierra que no tenía fin
-Maldición -gruñó
Suspiró, desesperada dejó caer la cabeza sobre el volante y cerró los ojos, aquel día había sido el más largo y complicado de su vida y todavía no se había terminado, al parecer
Exhausta recordó cómo había llegado hasta allí.
Como cada día desde que sus padres la abandonaron, Defne se levantó, desayunó y salió a recrearse a las tiendas con sus amigas.
Luego de recorrer los locales de las mejores marcas, volvió a su auto llena de bolsos con ropa nueva, sabía que alguna de ellas ni siquiera las usaría, pero en un arranque de locura las compró de igual forma.
A las cuatro de la tarde, llegó hasta la mansión donde la recibió el mayordomo y con una sonrisa le dice
-Buenas tardes señorita Defne
-Buenas tardes, mi abuela llegó.
-Sí, esta en el despacho, pero al parecer no se encuentra de buen humor.
– ¿Sucedió algo? – preguntó ella preocupada.
-Hoy es el día de pagar las cuentas y ella pidió insistentemente la cartola de su tarjeta de crédito.
El mayordomo aun no había terminado de decir la frase cuando se escuchó
– ¡Defne¡
-Creo que su abuela necesita hablar con usted
-Por favor no le digas que vine.
– ¿Por qué?
-Creo que se acaba de enterar que volví a reventar la tarjeta y no quiero que me envié a rehabilitación como lo prometió.
-Como usted guste, – le responde el hombre.
Defne volvió a su auto, llevando aun los bolsos con las compras, los tiró dentro del todoterreno, regalo de su abuela, se sentó frente al volante y salió apresuradamente del lugar, a lo lejos alcanzó a divisar a su abuela, moviendo unos papeles que traía en la mano.
Y ahora estaba aquí, frente a un completo desconocido que la estaba amenazando con enviarla a la cárcel si ella no hacia lo que él le pedía.
Se sentía entre la espada y la pared, entre la clínica de rehabilitación y la cárcel, no sabía cual le gustaba menos.
-Bien – responde – lo haré, pero le advierto que no sé como cuidar a un enfermo
-No te preocupes tendré mucho tiempo para enseñarte – fue la respuesta del hombre.
-Si te vas a quedar cuidando a Omer, tráenos unas bebidas – le ordenó la mujer
Defne la miró y sin decir nada comenzó a caminar donde sabía estaba la cocina.
-Un momento – escucha que dice el hombre – no te equivoques Iz, Defne solo cuidará de mí, eso significa que solo yo puedo decirle que hacer, si quieres una bebida, pídeles a las señoras de la cocina que te la sirvan o puedes ir tu misma.
Defne miró a la mujer y se sonrió.
-Bueno señorita, esta noche tendrá que tener mucho cuidado con Omer, si tiene náuseas o mareos, debe llamarme enseguida, y tendrá que despertarlo si nota que el deja de respirar.
– ¿Qué?, ¡no¡, pero si es así de grave, ¿no sería mejor llevarlo a una clínica?
– ¿Clínica?, ¿de donde vienes niñita?, nosotros no contamos más que con un hospital y este tampoco cuenta con área de hospitalizados.
Si a Defne le quedaban dudas de que le desagradaba a la mujer, esas habían desaparecido, al escuchar la manera tan dura en la que le habló.
-Perdón, pero ya les dije que vengo de Estambul, ni siquiera sé dónde estoy – dice ella como excusa.
-Será mejor que me vaya, debo ir a atender a otros pacientes, señorita, le encargo mucho a este muchacho, es un poco terco, pero es amable y tiene un buen corazón.
Ella solo atinó a asentir con la cabeza.
El doctor salió de la habitación, siendo acompañado por la mujer.
-Entonces señor, ¿Qué puedo hacer por usted? – le dice al hombre.
-Primero, no me digas señor, soy Omer, y yo te llamaré Defne, ¿está bien?
-Muy bien, Omer
-Ahora que ya nos llamamos por nuestros nombres, podrías sentarte y contarme un poco de ti.
– ¿De… mi?
-Claro, ¿podrías ser una delincuente?
– ¿Yo?, ¿una delincuente? – ella se echó a reír – no he matado ni una mosca, si mi abuela lo escuchara diría que soy asesina de tarjetas de créditos.
– ¿Cómo así?
-No, no importa.
-Así que tienes abuela, ¿padre?, ¿madre?, ¿hermanos?
-Solo un hermano… en cuanto a mis padres, nos abandonaron cuando cumplimos 17 años y desde esa fecha no hemos sabido nada de ellos, esa es mi historia, le puedo preguntar algo.
-Dime
– ¿Dónde estamos?
-Todo a su tiempo – fue su respuesta – ahora me podrías ayudar a llegar a mi habitación.
-¿A su habitación?
-Sí, ¿tienes algún problema con eso?, ¿Dónde creías que tendrías que cuidarme esta noche?
-No lo pensé en verdad, le ayudo a levantarse y usted me indica donde está su habitación, por favor no me diga que está en el segundo piso.
-No te preocupes, ¿ves esa puerta?, ahí duermo yo, también lo harás tú – luego de una pausa añade – esta noche.
Ella abrió la boca como para decir algo, pero la volvió a cerrar, Omer era todo un caballero y ella esperaba que lo siguiera siendo.
Luego de levantarlo con demasiada facilidad para su sorpresa, él la abrazó por los hombros y ella lo tomó de la cintura y así lo llevó hasta la puerta que él le indicó.
Luego de abrir la puerta lo llevó hasta la gran cama que estaba en medio de la habitación y allí lo sentó, luego le subió la pierna enyesada a la cama, le puso unos cojines en la espalda.
– ¿Está bien ahí?
-Sí, muy bien, ahora puedes ir a la cocina y ordenar que nos traigan la cena a la habitación.
-Pero, ¿Cómo les voy a ordenar yo que traigan la cena?, sino me conocen.
-Pues te presentas.
-Señor Omer, ¿de verdad tendré que pasar la noche con usted en esta habitación?
-Pues sí.
-Pero solo hay una cama, ¿Dónde se supone que me voy a recostar para descansar?
-Aquí – le dice él muy natural – esta cama es muy amplia, además créeme que no estoy en condiciones de tratar de hacerte algo, si es ese tu miedo.
-Yo… no, no se me ocurrió eso.
-Vamos!, me vas a decir que nunca has dormido con un hombre.
-Ese no es asunto suyo – le dice alejándose de su lado y yendo a la ventana que daba a la parte de atrás de la casa.
-¿Qué edad tienes Defne?
-26 años- le respondió mientras miraba por la ventana y quedaba absorta y sorprendida con lo que vio. Prados verdes con ganado, pinos, álamos y abetos cubrían las colinas y había también orquídeas.
Era un paisaje maravilloso.
Él la observó tan fijamente que parecía hipnotizado, sonrió al pensar que solo le quedaba ponerse a babear, no era para menos porque la verdad es que era una mujer muy hermosa.
El pelo, ondulado y rojo, le caía sobre los hombros, tenía un rostro perfecto, unos ojos verdes en forma de almendra y unos labios tan apetitosos como un melocotón.
Defne sin poder evitarlo bostezó, miró el reloj, recordó que solo había dormido unas pocas horas, sumado al agotador viaje en el auto, se sentía exhausta.
-Será mejor que pida la cena – le dijo y salió de la habitación.
Cuando llegó a la cocina, encontró a tres señoras.
-Buenas tardes – las saludó
-Buenas tardes – le respondieron
-Omer pide que por favor nos lleven la cena a su habitación, ¿puede ser?
-Por supuesto – le responde la mujer mayor con una sonrisa.
-Perdón, no me presenté, soy Defne, por una semana estaré cuidando al señor.
-Algo nos habían comentado, usted desea algo especial para cenar.
-¿Yo?, no, no soy regodeona, ¿la verdad?, soy muy buena para comer – les dice con una gran sonrisa.
-No se nota es usted delgada.
-Las apariencias engañan, pero ya tendrán tiempo de conocerme, ahora las dejo mi jefe me espera.
-Dígale al señor que la comida esta casi lista, en media hora le llevaremos la cena.
-Así lo hare, muchas gracias.
Mientras caminaba de vuelta a la habitación, pensó que por lo menos las señoras eras simpáticas, no como la pesada de Iz.
Cuando entró a la habitación, Omer no estaba en la cama.
-Omer, ¿Dónde está? – preguntó
-En el baño – fue la respuesta.
-Está usted bien o necesita ayuda.
-Estoy bien, además no creo que usted quiera ponerme el pijama.
-No, está usted en lo correcto – su respuesta fue dicha en un susurro.
Para cuando trajeron la cena, Omer estaba ya en la cama, las mujeres trajeron una pequeña mesa adecuada para que él comiera sentado en la cama, en cambio a ella le trajeron una bandeja que dejaron en la mesa que estaba al lado de la ventana.
Cenaron tranquilamente y en silencio, para cuando terminaron, la noche ya había caído sobre el rancho, y por la ventana se podían ver las estrellas tan claramente como jamás las había visto.
– ¿Defne? – escucha que le dice Omer
-Perdón.
– ¿Dónde estaban tus pensamientos?
-Solo estaba mirando las estrellas.
-Bien, me quiero dormir, pero me gusta leer antes de hacerlo, ¿me puedes alcanzar uno de esos libros?, por favor
-Sí claro.
Ella hizo lo que él le pidió.
– ¿Vas a usar esa ropa para dormir?
-No tengo ropa mas cómoda, no tenia intensiones de quedarme, no sé si lo recuerda.
-Sí lo recuerdo, busca en el closet, ahí debe haber un pantalón y una polera, así estarás más cómoda.
-No, no es necesario.
-Por favor, nadie puede estar cómodo todo el día con la ropa que traes, si quieres puedes bañarte, yo estaré bien, voy a leer y luego trataré de dormir.
-Está bien – le dice, busca en el closet y encontró un pantalón y una polera, luego se dirigió al baño.
La verdad era que, si necesitaba una buena ducha, el agua estaba exquisita, no supo en realidad cuanto tiempo estuvo bajo el agua, pero cuando salió del baño, Omer ya estaba dormido con el libro aun en sus manos, con mucho cuidado se lo quitó y lo dejó en la mesa de noche.
Durante unos minutos estuvo deliberando entre dormir en el suelo o aceptar la invitación de dormir en la misma cama con el hombre.
Pero pensar en pasar toda la noche acostada en el piso duro y frio no le hizo gracia, además se suponía que ella no debía dormir, estaba ahí para cuidar que a Omer no le pasara nada mientras él dormía.
Tomó un libro de la pequeña biblioteca y se metió a la cama, lo más lejos que pudo del cuerpo de Omer.
El libro era muy entretenido, pero llegó un momento en el que los ojos se le cerraron solos.
En qué momento se quedó dormida no lo supo, tampoco sintió el instante en el que Omer le quitó el libro de las manos y la acomodó en la cama, solo sintió algo pesado sobre ella cuando al día siguiente abrió los ojos, aun confundida, giró la cabeza para mirar qué era lo que la aplastaba y vio la cara de Omer sobre su cabello, además una de sus manos le rodeaba la cintura y una pierna estaba sobre las suyas.
CONTINUARÁ 

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