-Y ¿Por qué no preguntar, si soy yo el hombre adecuado para ella?
– ¿Entonces?, ¿eres el hombre adecuado para ella?
-No lo sé, solo sé que ella se robó mi corazón, y con respecto a que ella es adicta a las compras, ha estado cinco días con nosotros y en ningún momento la he visto con un teléfono en las manos.
-Una adicta, siempre es adicta Omer, puede dejar de serlo por un tiempo, pero al final siempre vuelve a su adicción.
-Una adicta, puede dejar su adicción cuando encuentra una razón para hacerlo, y creo que Defne encontró la suya.
-Y ¿Cuál crees tú que es?
-Sentirse valorada, saberse útil y sobre todo saberse amada, quizás en Estambul no se sentía así y en el rancho encontró lo que necesitaba.
-Espero que tengas razón, muchacho.
-La tengo doctor, estoy seguro de eso.
Un par de horas después Omer estaba de vuelta en el rancho, lo primero que hizo al llegar fue buscar a Defne.
-Toma – le dice cuando la ve, entregándole unas bolsas.
-Y ¿esto?
-Lo compré para ti, espero que te gusten.
-Pero, no entiendo, ¿para qué?
– ¿Sabes montar? – le pregunta Omer
-¿Por qué me preguntas?.
-Porque quiero llevarte a conocer el rancho, pero solo lo podemos hacer a caballo.
-Si es un animal dócil, creo que sí
-Probablemente pueda encontrar alguno.
-Entonces, ¿quieres que use esto para salir a cabalgar contigo?
-Sí, porque si subes al caballo con los pantalones de mi prima, seguramente se romperán, por eso te compre, unos nuevos, creo que son de tu talla y unas botas para que puedas sentirte cómoda.
Ella miró las bolsas y no solo venía unos pantalones vaqueros y las botas de las que él habló, también una camisa del mismo modelo de las que usaba Omer, claro que hecha para mujer.
-No sé qué decir.
-Con un gracias me conformo.
-Muchas gracias.
-Tienes solo media hora para ir a tu habitación y cambiarte ropa, mientras busco un caballo adecuado para ti.
-Muy bien – le responde, mientras corre al interior de la casa.
-Vaya, vaya – dice Iz al verla entrar acelerada a la casa – creo que te subestimé, eres más astuta de lo que parecías.
-Me puedes dejar tranquila, no quiero discutir contigo, ahora sal de mi camino que estoy apurada.
-Te cansaste de revolcarte con Omer en la cama y las caballerizas, ahora lo harás al aire libre.
Sin siquiera proponérselo, Defne levantó la mano y le dio una sonora bofetada.
-No le permito a nadie, pero a nadie, que me hable de esa manera, menos a ti, entiendo que estes molesta porque estoy ocupando el lugar que crees te pertenece, pero no voy a dejar que me ofendas, ahora déjame pasar – termina de decir mientras empuja a la mujer y corre sin detenerse hasta llegar a su habitación.
Al entrar cerró la puerta y se sentó en la cama.
-Cálmate Defne, cálmate, no dejes que esa mujer arruine tu cita con Omer, sabes que todo lo que dijo es mentira, tú no eres así.
Luego de unos minutos donde logró calmarse por fin, sacó la ropa de las bolsas y se vistió para cabalgar, luego se miró al espejo y dibujó una gran sonrisa en su rostro y salió de la habitación.
– ¿Dónde iremos? -le preguntó a Omer cuando llegó a su lado
-Podemos montar al sur de las montañas, me gustaría mostrarte el rancho, hasta ahora, lo único que has visto es la casa y el patio.
Después del mal rato que vivió por causa de Iz, será agradable salir y disfrutar del tibio aire de la tarde y aún más agradable será estar en su compañía.
-De acuerdo -dijo -, pero no pretenda que monte como una vaquera.
Él esbozó una sonrisa torcida que le descubrió los blancos dientes.
-No pretendo que seas nada más que tú misma.
El manso caballo que él le eligió resultó ser un gris pintado.
Omer le ajustó la cincha al vientre de la cabalgadura, le había acomodado una montura más pequeña, hecha especialmente para mujeres, le explicó
-Ya está listo. ¿Te doy una mano?
-Me parece que puedo arreglármelas sola-dijo ella, acercándose al caballo y levantando el pie hacia el estribo- creo que este caballo creció, porque denante lo vi más pequeño.
Él solo sonrió y luego, sin molestarse en pedirle permiso, le apoyó la mano en el trasero y le dio un empujón.
Ella lanzó un chillido y se tomó a la montura, ya que la fuerza de su inesperado empujón casi la envió del otro lado del caballo.
-¿Qué habrías hecho si me hubiese caído del otro lado? -le preguntó.
Él la miró, el pecho se le agitaba y parte del desordenado cabello le cubría la cara, se veía tan sexi que a Omer le dieron ganas de llevarla nuevamente a los establos y seguir con lo que dejaron a medias, pero debía controlarse…
-Te habría levantado, quitado el polvo y vuelto a subir al caballo – ella puso los ojos en blanco.
– ¿Así tratas a todas las mujeres cuando tienes una cita? -preguntó.
Riendo de buena gana, él tomó las riendas del caballo que lo esperaba a unos pasos y se subió sin dificultad a la montura.
-No sabía que las chicas de ciudad fueran bromistas, debes ser una excepción.
-Cuando me conozcas sabrás que no hay nadie como yo, soy única
– Es una promesa interesante, pero eso ya lo sé desde que te vi, eres única Defne Topal y por eso me gustas
Los vaqueros estaban ocupados con sus tareas vespertinas cuando ellos atravesaron el patio, varios de ellos levantaron la mano y los saludaron.
Omer tomó por una senda que se dirigía a las montañas del sur.
Mientras cabalgaban, la dorada luz del ocaso causaba un efecto hermoso en el cabello y rostro de Defne, y al mirarla, Omer pensó que nunca había visto una mujer más sensual, estaba hecha para ser amada, entonces, ¿por qué a su edad estaba sola?
Lo que lo llevó a pensar, que hubiese pasado si ella no se perdía ese día, seguramente sus vidas seguirían su curso normal ¿y ella?, ¿terminaría casada con otro hombre?, seguramente con algún gerente de alguna empresa importante de Estambul,
Eso no iba a suceder, haría todo lo posible para que ella se quedara en el rancho con él, pero, ¿querría ella dejar su vida en la ciudad para vivir en un rancho?
Cabalgaron en silencio, Omer la guiaba por un sendero, que los llevó directo a un bosque, siguieron el camino que dejaban los árboles, a medida que avanzaban, el bosque se hacía más tupido, se podía ver a las ardillas correr por las ramas de los árboles y más de una vez un ciervo apareció entre las sombras para luego desaparecer.
Defne disfrutó de la serena belleza del lugar, y pensó qué maravilloso que era poder ver todos esos hermosos paisajes.
Una luz les indicaba que estaban llegando al final del bosque, y por fin salieron de él, solo para tener frente a ellos la más hermosas de las vistas.
Ella exclamó ante el súbito esplendor que se extendía, un maravilloso atardecer, él sol cubriendo las montañas con un rojo manto que dejaba a la vista una innumerable cantidad de colores que hacían del paisaje algo único.
Él se dio vuelta en la montura y le sonrió.
-Hermoso, ¿verdad?
-Tanto, que quita el aliento.
– ¿Te gustaría bajar y estirar las piernas?
Defne sentía tal rigidez que no sabía si podría bajarse de la montura.
-Y yo que pensaba que estaba en forma… -dijo, intentando sacar el pie del estribo.
-Montar te hace usar músculos que ni siquiera sabías que tenías, espera un momento que te ayude a bajar.
Ella se quedó dónde estaba mientras él desmontaba y guiaba al caballo a un arbusto cercano, cuando él volvió, no tuvo más remedio que pasar el pie por encima de la montura y deslizarse a sus brazos extendidos.
Defne apoyó las manos firmemente en los hombros, mientras él, la sujetaba de la cintura para recibir su peso y luego la dejaba con delicadeza en el suelo.
-¿Qué tal están esas piernas? -le preguntó sin quitarle las manos de la cintura.
-Como dos trozos de goma -reconoció ella -, pero me las ingeniaré.
Cuando él estuvo seguro de que ella podía permanecer de pie, ató su caballo a un tronco y volvió a donde ella se encontraba.
-Ven -le dijo-, caminemos hasta el borde del acantilado, el ejercicio te ayudará a recobrar la movilidad de las piernas.
Ella asintió y luego, con la mano de él apoyada en el nacimiento de la espalda, caminaron lentamente por el suelo desparejo. No estaba segura de si él usaba la excusa de sus piernas débiles para tocarla, pero la tarde que estaban pasando juntos era tan agradable que decidió no hacer ningún comentario, además no podía negar que el contacto de su mano era delicioso.
-Hasta aquí está bien -advirtió cuando estuvieron a varios metros del borde del acantilado- no queremos tener un accidente ¿verdad?
Luego, empujándola levemente con la mano, la guio hacia un saliente en una roca, Defne se sentó y esperó a que él hiciera lo mismo.
Omer se sentó y estiró las largas piernas frente a sí, luego, se quitó el sombrero y se pasó los dedos por el pelo.
-Ven – le dice – acércate quiero abrazarte, déjame disfrutar de esta puesta de sol a tu lado.
Ella hizo lo que él le pidió y se acomodó en sus brazos.
– ¿Porque eres así? – le pregunta ella
– ¿Cómo así?
-Tan tierno, te preocupas tanto por mí, no digo que no me gusta, es solo que es nuevo para mí y quiero saber la razón.
-Eso es porque te quiero y me gustaría mucho que tú sintieras lo mismo por mí, y así te quedes en mi vida.
-Y ¿cuándo ya no me quieras en tu vida?
– ¿Por qué me dices eso?, ¿Por qué no te querría en mi vida?
-No te preocupes no es nuevo para mí, sé que el amor se acaba, que luego de mi vendrá alguien y se adueñara de tu corazón y ya no querrás que yo forme parte de tu vida.
-No sé qué fue lo que pasó para que me digas esto, pero de algo estoy seguro, lo que siento por ti es para siempre, nunca te voy a dejar, ni siquiera si tú me lo pides, ¿lo entiendes?
Ella asiente con la cabeza.
-Mis padres se amaron desde que se conocieron y lo hicieron hasta el día de su muerte, siempre esperé un amor así, quería saber lo que era amar a una mujer apenas la miras y que ella me amara de la misma manera, la mujer que he esperaba eres tú, la mujer que quiero amar hasta el último día de mi vida eres tú, quiero formar una familia contigo, tener hijos contigo, envejecer contigo, nunca pienses que te voy a dejar o cambiar por alguien más, eso jamás sucederá, porque estoy enamorado de ti y te voy a amar siempre.
CONTINUARA.

