Primero debo pasar a mi casa, no puedo ir a cenar así con la ropa mojada. – dice Defne, una vez que iban de vuelta a Estambul.-
Todo lo que ocurra este fin de semana será costeado por mí, te voy a llevar a un lugar donde te puedas comprar un hermoso vestido, adecuado para una cena de gala.-
¿Cena de gala?, ¿no me dijiste nada de una cena de gala?-
¿Cambia en algo la situación?
-Omer soy mujer, entre una cena normal y una cena de gala hay un mundo de diferencia, debería haber tenido tiempo para ir a la peluquería y hacerme un bonito peinado, haberme maquillado, comprar un vestido que haga juego con todo lo anterior.-
Por lo pronto el vestido lo compraremos, y si necesitas algún tipo de maquillaje o algún accesorio es solo que me digas.-
No lo sé, después de esta noche no nos volveremos a ver y no quiero quedarte debiendo nada.-
No lo harás, recuerda que hasta las 12 de la noche eres mi invitada.
—De acuerdo —dijo, pausadamente, —. Voy a aceptar tu oferta. Luego de meditarlo un buen rato ella solo dijo—¿No sé por qué tengo la sensación de que voy a arrepentirme de esto?Pero si era sincera consigo misma, no estaba arrepentida, nunca se había sentido tan viva, como en estos días, y era algo que no vivía desde hacía mucho tiempo. Amaba su trabajo y disfrutaba el vivir sola, pero tenía que reconocer que su vida era una completa rutina, todos los días se levantaba a la misma hora, llegaba a la oficina, a la misma hora en la tarde se iba de la oficina y llegaba a su casa, sola, comía algo y se iba a dormir y así transcurrían todos sus días.
Desde que Omer apareció en su camino, cambio todo, entre la adrenalina que le provocó el tratar de convencerlo para que participara en la subasta, el increíble viaje a Roma y la excitación que sintió cuando la besó, todo mezclado, garantizaba que ella jamás se fuera a olvidar de él.
Entraron a una elegante boutique, donde fueron recibidos por una de las vendedoras, quien los atendió muy amablemente.- ¿En qué les puedo ayudar? – preguntó mirando a Omer.-
Vamos a una cena y mi acompañante necesita un vestido.
-Claro, entiendo, busca algo en particular o puedo recomendarle algo.-
Creo que es mejor que se lo pregunte a ella.-
Señorita, usted me dirá si ve algo que le guste, tengo algunos vestidos que le quedarían hermosos. ¿Cuál es su color favorito?, por su tono de piel, creo que le irían muy bien los tonos fuertes.
La mujer seleccionó cuatro o cinco modelos y los llevó hasta el probador.–Pruébeselos y vea si le gustan.–
Y cuando los tengas puestos, sales y te paseas para que te veamos y opinemos –dijo Omer.
Defne lo miró con una sonrisa forzada, si creía que se pasearía delante de él como si fuera una modelo, estaba muy equivocado. Se desvistió sin prisas.–
¿Por qué tardas tanto? –preguntó Omer–. ¿Quieres que entre y te ayude?
Ella estaba segura de que lo haría, así que se terminó de quitar la ropa y se probó el primer vestido. No había espejos en el probador, así que tuvo que salir para verse.–
¡Vaya! –exclamó Omer, pero no dijo nada más.
–Le queda perfecto. Tiene fuerza, es femenino sin ser recargado –afirmó la vendedora. Era un vestido verde esmeralda de seda, con mucho movimiento, que resaltaba todo su cuerpo hasta la rodilla.–
Saca mucho partido a su figura, tiene un busto magnífico –aseguró la mujer.–
Estoy completamente de acuerdo –le respondió Omer.
Defne tocó la tela, era exquisita y delicada, un vestido precioso. El tono y las formas distaban mucho de su habitual atuendo.–No sé. ¿No es demasiado ajustado?–
¡No! –exclamó, luego aclarándose la garganta dice –No es ajustado en absoluto, ese vestido te sienta bien, dibuja tus curvas. Es un vestido que está hecho para tu cuerpo –¡Y qué cuerpo!, pensó él.
Defne miró a Omer y luego al espejo de nuevo.–Me lo llevo – dijo. Estuvieron una hora en la tienda. Se compró todo lo que la vendedora le dijo que quedaría bien al vestido. Intentó no inmutarse cuando la mujer fue sumando los precios de los artículos. La cuenta era escandalosa, a pesar de eso Omer entregó su tarjeta de crédito sin protestar.
La vendedora le dio las bolsas y se despidieron.–
Tenemos que hacer otra parada antes de la cena –anunció él.–
¿Adónde vamos?–
Un vestido tan bonito merece unos zapatos igualmente bonitos.–
Pero los míos están bien.–
Sí, están bien, pero no son perfectos. Mi trabajo es conocer a las mujeres y he aprendido que cada vestido especial, necesita un par de zapatos adecuados y que convine perfectamente.
Defne reconocía que, los zapatos que llevaba no resaltaban el precioso vestido verde esmeralda sin mangas que llevaría a la cena.
La sección de calzado de Passionis era impresionante. La variedad y cantidad eran inmensas y difíciles de abordar.–No sé ni por dónde empezar.–
Yo sí. Pruébate estos –dijo entregándole un par de sandalias negras.
Se probó las sandalias que le había recomendado.–¿Qué tal? Defne se puso de pie, dio unos pasos, eran cómodas, además de hermosas.
–Mírate en el espejo –le pidió Omer.
Se acercó al espejo con paso firme, le quedaban muy bien.
Omer, no le quitaba los ojos a sus piernas, tenía esa mirada de deseo que ya había visto con anterioridad.–Los tacones acentúan la esbeltez de tus tobillos y la curva de tus gemelos. -le dijo Hablaba con voz ronca. Igual que lo hizo, luego del beso.–
Parece que estás obsesionado con las piernas –comentó para aliviar la tensión que había surgido entre ellos.–
No lo sé, lo que, si sé, es que los zapatos de tacón pueden llegar a ser mágicos –respondió pasándose la mano por la cara.
Antes de salir del almacén compraron una maleta para meter todas sus compras, la vendedora le ayudó a acomodar el vestido de tal manera de que no se arrugara y la caja con las sandalias.
Omer llevó la maleta hasta el auto y luego le abrió la puerta para que ella subiera, una vez que lo echó a andar, Defne lo miró de reojo. Quería darle exactamente lo que le había pedido, pero él estaba en lo correcto, ella tenía miedo, sabía que cuando una relación acababa quedaban lágrimas y recuerdos. Ella no quería ser ese tipo de mujer.
Omer estaciona el auto, afuera de una gran casa, y ella entendió que habían llegado a su destino. Él se bajó del auto y como ya se había hecho costumbre la ayudó a bajar.—
Gracias —le sonrió—. ¿es tu casa?—
Mi refugio – fue su respuesta—¿entramos?-
Sí – dice ella ¿Refugio?, Defne se quedó sorprendida, al ver lo que había detrás de la muralla que rodeaba la casa, las plantas del jardín eran preciosas, y la puerta, la puerta era perfecta, estaba pintada con su color favorito y el mismo color de su cabello.
Entrar a la casa fue otra historia, todo estaba impregnado de Omer, la casa era elegante y sencilla a la vez y muy acogedora—¡Es hermosa! – dijo.
-¿Te gusta?-
Mucho—
Luego te llevaré a hacer un pequeño recorrido, creo que primero, deberías subir, ducharte y hacer todo lo que necesites, te esperaré con la cena preparada. Omer llevó la maleta hasta una habitación en el segundo piso de la casa.-Aquí te puedes vestir tranquila, esa puerta – le dijo – es el baño, puedes ducharte, dentro hay toallas, no te preocupes porque no volveré a subir, te espero abajo – y se fue dejándola sola.
Defne sacó el vestido de la maleta y la caja con las sandalias, las dejó encima de la cama, luego se fue al baño y se duchó. Cuando estuvo de vuelta en la habitación, se puso el hermoso vestido, se maquilló y cuando pensaba en cómo se iba a peinar, entendió que sus rebeldes risos, esa noche no le darían tregua, ¿Cómo se pudo olvidar del alisador?
Se tomó el cabello en un medio moño, aun así, se veía desordenado, pero no había nada que hacer con él, no, si no tenía un alisador a mano y no creía que Omer tuviera uno.
Rendida, se puso las sandalias, luego de dejar su ropa en la lavadora, fue al encuentro de Omer.
El comedor, estaba iluminado con velas, en medio había una mesa ya servida, Omer de pie al lado de ella vestido con un esmoquin, tal como lo vio en la subasta, pero por algún motivo esta vez estaba incluso más guapo, si eso era posible.-
Ven – le dice – estaba esperandote.
Ella caminó hacia donde él le indicaba y cuando estuvo a su lado, él le dice.-Estas increíblemente hermosa.-
Gracias, tú igual te ves muy bien.
La ayudó a sentarse y le acomodó la silla, luego se sentó frente a ella.-Tal vez te suene extraña la pregunta, pero ¿tú cabello es así?
-Ay! sí – le dice ella avergonzada – es mi cabello natural, generalmente lo aliso, pero hoy no tuve la oportunidad.-
Me gusta mucho más así – dice. Si sus recuerdos no lo traicionaban y no creía que fuera así, tenía frente a él a la joven que conoció hacía más de diez años, aquella con la que chocó, ella y su hermoso cabello rojo, lo encantó.
La vida o el destino estaban siendo muy bondadosos, pero ahora dependía de él jugarse todas las cartas, para que esta no fuera la última vez que estuvieran juntos.-
Debes estar bromeando, no me veo nada atractiva con mi cabello con rulos.-
Pues a mí no me lo parece, deberías usarlo así, o por lo menos algunas veces.-
Lo voy a pensar – dice por fin, dándose cuenta de que él lo decía completamente serio.
La cena, como todo lo que vivió ese fin de semana fue maravilloso, pero al igual que todo en la vida, eso debía terminar—Me has dado el mejor fin de semana —dice ella – nunca lo voy a olvidar.
La miró y le acarició la palma de la mano. —Soy yo quien debe agradecerte Defne, y cuando te marches, quiero que entiendas que hay un hombre que siempre te estará agradecido por haberle dado la oportunidad de conocerte durante este fin de semana.
Pensar en la idea de no volver a verlo le estaba resultando más difícil de lo que se imaginó, se le estaba haciendo un nudo en la garganta, pero sabía que una vez que empezara a llorar, Omer se daría cuenta de que sus sentimientos hacia él eran intensos. Respiró hondo y se obligó a calmarse.
Sabía que estaba manteniéndose a salvo, debía alejarse de él lo antes posible y no volver a verlo, porque se estaba enamorando y no quería terminar herida.
Los dedos de Omer no dejaban de acariciar la palma de su mano y ella sentía que la invadía un calor interno que amenazaba con explotar. Era humana y ese hombre, era maravilloso… asustada por la ruta de sus pensamientos, se levantó de la silla.-Sera mejor que me vaya – le dice, caminó de prisa, pero no lo suficiente porque él la alcanzó, antes de que llegara a la puerta.-
¿A que le tienes miedo? – le dice.
-Ya te dije que no tengo miedo.-
No te creo, sé que lo que sientes es tan intenso como lo que estoy sintiendo yo. -le dice mientras la toma por la cintura para moldearla a su cuerpo y acerca su rostro al de ella.-
Omer, por favor no.
-Por favor no, que cosa Defne-
No lo hagas, no puedo, no debo…-
Pero lo deseo tanto como tú, acaso no lo entiendes, Tomó posesión de sus labios, mientras le acariciaba la espalda. Ella puso sus manos en su nuca y la acariciaba, mientras él con destreza recorría su boca con su lengua causando que estremecimientos en su cuerpo.
Luego, le dice—Necesito estar a solas contigo, si no quieres venir, dilo. Te acompañaré a tu casa y fingiremos que nunca he pretendido hacerte el amor, aunque esté deseándolo…
—No, no quiero eso —fue su respuesta. Volvió a besarlo y él la llevó a su habitación, directa a la cama, y se tumbó a su lado. Por fin, por fin, iba a hacerla suya. La besó, tanto como quiso, y le desabrochó su bonito vestido para dejar al descubierto una piel color blanca que hacía un contraste perfecto con la ropa interior negra. La miró tanto como quiso. Y después tomó su boca, ella suspiró y lo besó mientras él le acariciaba las mejillas, la barbilla y el cuello. ella gimió y le quitó la chaqueta del traje de un solo movimiento.
Omer recorrió sus curvas, una a una, y se quitó la camisa que ella le había desabrochado. Terminó de desvestirse y mientras volvía a la cama, ella se incorporó y se quitó el vestido.—
Quiero verlo todo de ti —le dijo él quitándole la ropa y tendiéndola en la cama. —
Cuando esto termine, no quiero que lo lamentes —le dijo ella—
Eso debería haberlo dicho yo.—
Pues ahora lo digo yo.—
¿Crees que podría lamentar esto? —volvió a besarla y la acarició por todas partes mientras la hacía suspirar.
Cuando ella estuvo preparada y él se tendió sobre ella, lo miró con una expresión de cierta preocupación.—¿Te arrepentiste? -le pregunta él—
Estoy saboreando el momento y preparándome para lo que viene ahora —sus cuerpos se tocaron —Omer…
—Estoy intentando ir despacio para ti.
Ella deslizó las manos por su cuerpo.—
No lo intentes, solo ámame. Fue la última palabra que él recordó antes de sumirse en la sensación más maravillosa que había experimentado en toda su vida.
Cuando despertó, ya había oscurecido, busco en la cama el cuerpo de Defne, pero no estaba, se había ido y había dejado una nota junto a la cama.
Gracias por este fin de semana. Has hecho realidad todos mis sueños.
CONTINUARA

