SE SUBASTA MI AMOR. Capitulo 4

Visiblemente afectada, Yasemin se dirigió a Omer.-Entonces señor Iplikci, por favor, tome su lugar al lado de la persona que hizo la mayor oferta.

Omer bajó de la plataforma y se dirigió donde estaba Defne, mientras caminaba era iluminado por los flashes de las fotos y era seguido por los periodistas. Cuando llegó al lado de Defne, él no pudo identificar lo que expresaba su rostro.-

¿Acaso sabes en el problema en que me has metido? – fue lo primero que le dice cuando llega a su lado.

-Yo, ¿por qué?-

¿Me va a negar acaso que fue usted quien hizo todo esto?-

¿Creí que habías sido tú? – fue su respuesta.-

Yo no lo hice.-

Y ¿entonces?-Pensé que había sido usted, jugándome una broma, por lo que le dije.-

No, no fui yo, además no creo valer tanto dinero. – le dijo sin entender.-

Después lo aclaramos, – dice Defne – ahora debemos mostrar nuestra mejor sonrisa, ahí vienen los periodistas.-

Señor Iplikci, ¿qué le parece que la afortunada ganadora haya sido una de las organizadoras de la subasta?-

Me parece perfecto, seguramente pasaremos un maravilloso fin de semana.-

¿Adónde la llevará? – preguntó otro periodista.-

Eso lo mantendré en secreto.

En medio del tumulto de periodistas que los rodeaban, Defne alcanzó a notar que Yasemin se bajaba del escenario y caminaba molesta a la salida del hotel.-Si me disculpan, el señor Iplikci responderá sus preguntas, tengo algo urgente que hacer. Caminó lo mas de prisa que pudo hasta que logró alcanzar a su socia.-Yasemin – le dice.

La mujer se gira con una sonrisa sarcástica en su cara.-Vaya sorpresa que te tenías guardada, socia – le dice-

Yo no hice nada de lo que te imaginas, no sé qué fue lo que sucedió ahí dentro.-

Claro, seguramente alguien puso todo ese dinero en el sobre, solo para que pudieras salir con el hombre que yo había elegido.-Es la única razón que encuentro para todo esto.

Yasemin… yo no voy a ir con el señor Iplikci, puedes tomar mi lugar si quieres.-

Imposible, ¿qué dirán los periodistas?, nuestra credibilidad quedará por el suelo, la fundación y los niños sufrirían las consecuencias… de todo esto.-

Pero yo no…-

Vas a ir a ese viaje Defne, eso no se discute, y cuando vuelvas aclararemos la razón por la que no me dijiste que te gustaba Omer.-

Eso no es así, él no me gusta, de verdad no sé qué sucedió.-

Ahora no estoy en condiciones de escuchar razones, mañana irás a ese viaje y el lunes cuando estés de vuelta, conversaremos las dos.

-Está bien, pero por favor no pienses que te traicioné.-

Nos vemos el lunes, ahora necesito estar sola.

Al llegar a su casa, Defne se quitó el vestido de la fiesta y se puso el pijama. Sentada con un café en la mano intentaba comprender lo que había sucedido, si el señor Iplikci decía la verdad, ¿Quién había hecho la apuesta en su nombre? No había hecho nada malo… ¿por qué, se sentía culpable ante Yasemin?, si acaso, ella era la víctima y no la culpable. Si al menos su socia le hubiera permitido explicarle que había habido un error, que ella no había apostado nada, que… -No, esto debió ser obra de ese hombre – se dijo – no hay otra explicación.

Eso era obra de Omer Iplikci, él tenía los medios para hacer una tontería tan grande, no sabía cómo lo había conseguido, pero no le quedaba ni la más mínima duda de que él era el culpable, tenía que serlo, no había otra explicación. —Hablando del demonio…- dijo al mirar el nombre de la persona que la estaba llamando – buenas noches – saludó.

-Buenas noches, solo la llamaba para decirle que pasaré por usted, temprano en la mañana.-

¿Qué tan temprano?, también necesito que me diga adónde vamos-

Muy temprano, a las seis de la mañana estaré en su casa.

Y¿adónde te llevaré?, ya lo verás, por ahora te deseo buenas noches Defne – le dice sin esperar a que ella diga nada, solo cortó la llamada.-

Pero que hombre más arrogante – dijo Defne, terminó su café y se fue directo a su habitación. Preparó una maleta con lo necesario para estar en cualquier parte del mundo adonde la llevara, luego se acostó sin tener muchas esperanzas de poder dormir.

Al día siguiente, cuando salió de la ducha estaba tan dormida como cuando entró. Miró al reloj en su mesilla de noche, Omer llegaría a buscarla en media hora, se vistió, maquilló y peinó. Se estaba poniendo los zapatos cuando sonó el timbre de la puerta.–

Buenos días –la saludó con una sonrisa. Madrugar le sentaba bien, estaba muy guapo, Defne sintió su pulso acelerarse.

–Buenos días –contestó ella–. ¿Quiere tomar un café?–

No tenemos tiempo, podrías comenzar a llamarme por mi nombre o de otra manera todos pensarán que eres mi asistente, no mi compañera de viaje.

Ella no contestó, solo abrió más la puerta y tiró de su maleta, Omer se la quitó y la llevó hasta el auto negro que los esperaba afuera, Defne notó que llevaba chofer–¿Adónde vamos?–

No te lo puedo decir, no quiero estropear la sorpresa –contestó él, disfrutando claramente con la situación.–

¿De verdad no me dirá nada? –insistió.-

Solo si me llamas por mi nombre y dejas de decirme usted.-

Muy bien, Omer, me puedes decir ¿adónde vamos?–

Bueno, supongo que te puedo dar una pista –contestó –. Saldremos de Estambul y de Turquía.–

Estás bromeando, ¿verdad? –preguntó, y tras reflexionar un momento–. Porque no traigo mi pasaporte.–

No lo necesitarás–

Pero si me acabas de decir que saldremos del país.–

Defne, ten paciencia –dijo él – Ya tendrás todas las respuestas.–

Perfecto – le dice, el resto del viaje se dedicó a mirar el paisaje, – ¿falta mucho? –preguntó más tarde.–

Más o menos. Obviamente, él no iba a decir nada más sobre el viaje, así que Defne se contuvo y decidió no volver a abrir la boca. Pero su decisión flaqueó cuando vio que entraban a un hangar privado.–¿Qué hacemos aquí?

–Tenemos que tomar un avión.–

Me estás tomando el pelo ?. Pero no bromeaba, el chofer detuvo el auto, Omer bajó y luego le abrió la puerta para que ella hiciera lo mismo, Defne se quedó boquiabierta.–¿Adónde vamos? –preguntó.–

A pasar el día a Italia, recorreremos Roma, cenaremos allí y nos volvemos. –

¿A Italia? ¿a pasar el día?, ¿Haces esto muy a menudo?–

Nunca lo había hecho, pero necesitaba algo especial para una mujer especial.

-Dime la verdad, ¿tú pusiste el dinero en el sobre con mi nombre?-

Ya te lo dije, no fui yo, no niego que la idea también se me ocurrió, porque hice los planes de este viaje, pensando que vendrías conmigo.

Lo que dijo causo un estremecimiento en su corazón, no supo si fueron sus palabras o el que se haya esmerado tanto, pero su estado de ánimo mejoró.–No lo puedo creer – exclama ella al ver el avión que los esperaba solo a ellos, – esto sin duda, es algo que nunca olvidaré.–

Yo tampoco –contestó, mirándola disfrutar del momento.

Defne había volado antes, pero nunca de esta manera, el avión era increíble, se sentía como en una película. Se olvidó del sueño que tenía y de las pocas horas dormidas. Se sentaron en los amplios y cómodos sillones y ella se dispuso a disfrutar del vuelo.–Aún no me lo creo –aseguró mientras disfrutaba de una exquisita taza de café–. difícil que alguien me crea si les cuento que volé a Italia solo a pasar el día.–

¿Nunca has estado en Italia? –preguntó Omer.–

No, pero estaba en mis planes ir.–

Creo que te va a gustar. La ciudad eterna como la suelen llamar, es un verdadero paraíso para todo viajero, y es que en Roma los atractivos son tantos, que uno está en continuo deleite de sus sentidos. No tendremos mucho tiempo, pero intentaremos aprovecharlo. Un par de horas mas tarde ya estaban recorriendo las calles de Roma, Omer la llevó primero, hasta un hotel donde tenía una habitación reservada, le dio tiempo para que se pusiera ropa adecuada y lo mas importante zapatos cómodos, porque caminarían mucho ese día, eso fue lo que le dijo.

Mientras paseaban por sus callejuelas, visitaban sus innumerables monumentos y bebían sus frescas aguas de sus abundantes fuentes, ella se emocionó al saber que caminaba por lugares donde hubo acontecido miles de historias, y eso la hacía sentir más especial aún. –

Ven – dice Omer – te llevaré a comer al Ristorante Il Corallo, hacen unas exquisitas pizzas romanas en horno de leña, te encantará la de Scamorza.-

¿Qué es eso?, ¿lo que dijiste? – le pregunta-

¿Scamorza?, es un queso italiano ahumado o si prefieres puedes pedir pasta, es fresca y también muy rica.-

Y si pido ambas, hemos caminado tanto, que la verdad tengo mucho apetito.-

Entonces pediremos pizza y pasta – le dice él.

Sentados en un restaurant comieron tranquilamente, el viaje estaba resultando, aunque agotador, muy entretenido, y aun le quedaba mucho día para seguir recorriendo-Ahora iremos por el postre – dice Omer una vez que su plato está vacío.-

¿Qué comeremos?-

En Italia el helado es todo un mundo por descubrir, te llevaré a una heladería y te aseguro que no sabrás que sabores pedir.

Tal como lo había dicho Omer, era impresionante la cantidad de sabores distintos, le tomó casi diez minutos decidirse. Después de caminar casi toda la tarde, estaban sentados en un pequeño café, observando a las personas mientras se paseaban por la ciudad y se tomaban fotos, Omer se levantó de improviso.–

¿Adónde vamos ahora? -Tenemos más o menos una hora para cenar, te voy a llevar a un pequeño restaurante que conocí cuando viví aquí.–

No tengo nada que ponerme –le dijo ella.–

Estás bien así, vamos – le dice tomándola de la mano. Tomaron un taxi y llegaron a un lugar con una puerta con toldo.

Un conserje uniformado los condujo al interior–Bienvenido, señor, ya tenemos preparada su mesa. Por aquí, por favor –anunció el hombre.

En cuanto se sentaron a la mesa, cubierta de un fino mantel de lino, se acercó el garzón.–¿Van a tomar vino?–

No. Hoy es una noche especial. Mi bella acompañante y yo tomaremos champán.

El garzón volvió con el champán y dos copas. Abrió la botella y les sirvió con tanta ceremonia como si se tratase de un rito sagrado. Omer esperó a que el hombre se fuera para proponer un brindis.–Por ti, por este, nuestro primer viaje juntos. – dijo–

Por ti, por ser el responsable del mejor día de mi vida – fue su brindis.–

Por nosotros –contestó él.

La cena fue deliciosa, no podía creer lo que estaba viviendo, todo había sido como un sueño o un maravilloso cuento de hadas, estaba en Italia, en un elegante restaurante iluminado con velas y en compañía de un hombre guapo, ¿Qué más podía pedir?

Luego de cenar, tomaron un taxi que los llevó de vuelta al Hangar, ya era de noche cuando llegaron, aunque estaba muy cansada y los ojos se le cerraban solos, no se habría perdido por nada del mundo hacer aquel recorrido por la ciudad de Roma, El Coliseo, la Fontana de Trevi, la Plaza de España y el Circo Máximo, todo era impresionante.-

¿Estás bien? – le pregunta Omer.-

¿Qué si estoy bien?, me siento de maravilla, no sé cómo podría pagarte lo que hiciste hoy, ha sido un viaje maravilloso.-

Me alegro que te guste, pero recuerda que esto no ha terminado.

Cerca de la media noche, ella ya estaba en la puerta de su casa.-Muchas gracias por este hermoso día – le dice antes de abrir la puerta.-

De nada, – le responde con una leve sonrisa – ¿cómo te sientes?—

Cansada— fue su respuesta.—

Bueno, me voy, pero mañana paso por ti nuevamente-

¿Adónde iremos esta vez?, a ¿Paris? –

No, te llevaré a un lugar más especial aun.

-Ok, esperaré ansiosa – dice y luego de que las palabras salieran de su boca, se percató de que las había dicho – digo… hoy fue un día perfecto, entonces por eso …yo…—

¿Perfecto?, solo falta esto para que el día sea aun mejor. Se inclinó y la atrapó entre la puerta y su cuerpo, acercó la cara a la de ella, puso su boca sobre sus labios entreabiertos.

Quizás bebió demasiado champaña, pensó Defne después, porque no se resistió, al contrario, sus brazos lo rodearon y sus dedos apretaron los firmes músculos de su espalda, él la besaba con ansia y con su aliento le quemaba la mejilla.

Cuando por fin la soltó, no pudo contener un suspiro. Suaves o exigentes, los besos de Omer eran celestiales.

Él le acarició su oreja, susurrando:—Sera mejor que me vaya, nos vemos mañana.—

Nos vemos —dijo ella, dando gracias porque él pudo poner fin al beso, porque ella no habría podido.

CONTINUARA

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