SE SUBASTA MI AMOR. Capitulo 1

Defne iba de camino a su oficina, pero, antes de que llegara a la puerta, una voz la hizo detener, era su socia y amiga Yasemin Karakaya.
—Defne… tenemos un problema – dice muy agitada
Ella se toca la cara y suspira.
– ¿Qué sucede ahora?, ven, vamos a mi oficina, allí conversaremos más tranquilas.
-Todo parece apuntar a que no podremos llevar a cabo el campamento de verano, la fundación ya no cuenta con el dinero suficiente.
-Pero ¿cómo?
-No tenemos patrocinadores.
– ¿Como que no tenemos patrocinadores? Y ¿las personas que se comprometieron a apoyarnos?
-De los 10 empresarios que nos dieron su palabra, 8 nos enviaron una carta excusándose, todos aluden lo mismo, la crisis económica
-Está bien, pero los niños no entienden ese tema.

A menos de que se nos ocurra algo realmente bueno y que nos ayude a reunir la cantidad necesaria, tendremos que notificarles a los niños que este año no habrá campamento.
-No, eso es imposible, los niños están muy entusiasmados, ayer pasé por el hogar de acogida y todos hablaban del tema.
– ¿Qué hacemos?
-Pensemos en una manera rápida, solo nos queda un mes
-Y ¿si hacemos una subasta? – dice Yasemin muy entusiasmada
-Buena idea, pero de donde conseguiremos lo que vamos a subastar, para eso necesitamos más tiempo.
-Y… si subastamos… hombres solteros.
– ¿Cómo? – dice Defne riendo
-No te rías, se ha hecho antes, y no te imaginas la cantidad de mujeres que están dispuestas a pagar una muy buena cantidad de dinero, por tener una cita con un hombre guapo.
– ¿Quién pagaría por tener una cita con un completo desconocido?
-Muchas mujeres solteras que sueñan con su príncipe azul.
-No estoy convencida, pero confío en ti, así que trabajemos esa idea, ¿por dónde comenzamos?

Defne, ¿conoces a Omer Iplikci, o a Sinan kayalar?.
-La verdad, no
-En que mundo vives mujer por Dios, si logramos que uno de los dos, o los dos acepten, tendremos asegurada la ganancia suficiente para mantener la fundación por otro año.
-Pero y ellos ¿quiénes son? y ¿dónde podemos encontrarlos?
-Son dueños de la empresa Passionis, son socios y amigos.
-Bien, entonces habrá que conseguir que nos apoyen y sean parte de la subasta.
-Si lo consigues, yo me apunto para pujar por Omer Iplikci, ese hombre me encanta
-Muy bien, prepara tu billetera, porque te aseguro que estará en esa subasta.
Conseguir a Omer Iplikci no era el primer objetivo difícil del que se había encargado Defne.
El único problema sería, si el hombre no quisiera colaborar, pero quien se negaría a ayudar en una obra tan hermosa, como lo era mantener a los niños de la fundación y una vez al año pagar unas pequeñas vacaciones en un campamento de verano, no creía que hubiera un ser humano que se niegue.
Una semana les tomó conseguir a los primeros hombres para la subasta, todos empresarios reconocidos en Estambul, todos solteros y todos guapos.
Durante los siguientes diez días, Defne había estado llamando a las oficinas de Passionis y siempre les respondían con que no estaban disponible. Por esa razón se sorprendió de que le pasaran la llamada para hablar con uno de los socios.
—Soy Defne Topal. Gracias por aceptar mi llamada —comenzó
—No se preocupe —contestó el hombre cordialmente – habla usted con Omer Iplikci
Hablaron amablemente durante un par de minutos antes de que él preguntara:
—¿Y qué puedo hacer por usted, señorita Topal?
Sólo la voz había sido suficiente para ayudar a entender el fanático interés de Yasemin.
—Estoy reclutando participantes para la subasta de solteros de la fundación. Usted probablemente esté al tanto de que los beneficios de la subasta…
Un fuerte suspiro interrumpió su discurso.
—Señorita, siento que haya perdido su tiempo y el mío, pero yo no hago ese tipo de cosas. Buenos días —dijo colgando a continuación.
Defne se quedó mirando al auricular que, para entonces, ya estaba dando el tono de ocupado. Tuvo la tentación de volver a llamar para decirle lo que pensaba de sus modales,
pero reconoció con desgano que él tenía derecho a colgarle el teléfono. Pero, cielos, pensó. Tenía que conseguir a ese hombre y seguiría tras él hasta que aceptase. De alguna manera tenía que hacerle entender que la subasta era una eficaz manera de conseguir fondos para una causa digna.
A la mañana siguiente, llamó a la oficina de Sinan, el otro socio de la empresa. La secretaria le dijo que él estaba ocupado y que no podía hablar con ella.
Pasaron tres días y no obtuvo respuesta.
Optó por realizar otra llamada de teléfono y le informaron de que habían enviado un cheque por correo, el cheque, de una cuantiosa suma, llegó junto a una nota concisa en la que manifestaban que no estaban interesados en participar.
Después de haber intentado todo lo que se le ocurrió, Defne decidió ir a las oficinas de Passionis.
Si ella se presentaba en persona, podría atacar su lado sensible, suponiendo que lo tuvieran, y quizás persuadirlos para que reconsideraran la petición, en ese instante, se dio cuenta de que no sabía cómo era ninguno de los dos.
Por el camino vio una floristería en la esquina. “¿Flores? ¡Qué diablos!

Entró.
—Una docena de rosas blancas, por favor. Bueno, no… que sean dos docenas – una para cada uno, pensó
Quizás las flores ablandarían a los hombres…
—Soy Defne Topal. Quiero ver a los dueños de la empresa, por favor – le dijo a la recepcionista.
—Me temo que va a ser imposible, señorita. -Fue la respuesta de la mujer—Creo que el señor ha ido a…
—Daria…, oh, perdona. – dijo un hombre asomando la mitad del cuerpo por una puerta – No sabía que había alguien contigo, lo siento —dijo él centrando su atención en Defne.
-Señor Omer, la señorita desea hablar con alguno de los socios, – para ese momento el hombre ya había salido de su oficina y estaba de pie frente a Defne
Así que ése era Omer Iplikci. Estaba claro por qué Yasemin tenía tanto interés en tener una cita con él… su pelo oscuro, tan brillante como las alas de un cuervo, y la amplia sonrisa de disculpa que iba dedicada a ella, parecía capaz de iluminar una habitación, incluso del tamaño de un estadio de fútbol, y esa mirada…

Iba sin chaqueta, llevaba una camisa blanca almidonada arremangada hasta los codos, pantalones azul marino a rayas finitas y… Omer Iplikci era un diez, un diez en todo lo alto
Sabía que lo estaba mirando de forma impertinente, pero él también estaba dándole un buen repaso.
-Buenos días señor Omer, – le dice -estas flores son para usted, soy Defne Topal.
Obviamente sorprendido, tomó por instinto el ramo y se quedó mirándolo durante unos segundos.
—Supongo que puedo dedicarle unos minutos —dijo e hizo un gesto para que lo acompañara a su oficina.
Dentro le ofreció que se sentara, mientras él lo hacía detrás del escritorio, y dejó el ramo de flores encima
—Verá señor Iplikci — comenzó ella—, la fundación que presido no recibe ninguna ayuda gubernamental, depende por completo de la buena voluntad de gente como usted. La subasta de solteros es la mejor manera de obtener fondos.
Él tomó la chequera del otro lado del escritorio.
—No hay discusión. He leído mucho acerca de esa organización y estoy de acuerdo con que
realmente marca diferencias. Estaré encantado de…
—Usted ya nos ha enviado un cheque.
—Es evidente que necesitan más. Si no, usted no estaría aquí.
Sacó un bolígrafo de su estuche, comenzó a rellenar el cheque deprisa y lo firmó.
—No he venido por otro cheque —protestó ella—. He venido por lo de la subasta.
Él suspiró con impaciencia y dijo:
—¿Qué parte de mi negativa no ha entendido, señorita? Lamento decirle que el infierno se puede congelar antes de que yo desfile por delante de un público formado por mujeres, para que después con una paleta con numero comiencen a pujar por mí, como si estuviera a la venta
—dijo con brusquedad.
Defne movió su cabeza en forma negativa
—Me ha decepcionado —dijo ella.
—¿Por qué? ¿Porque no estoy dispuesto a tomar parte en su desfile de modelos?
—No, por lo mal informado que está, esto no se parece en nada a lo que usted acaba de describir, nadie pujara por usted levantando una paleta. Es una subasta a sobre cerrado.

No me importa qué tipo de acto esté promocionando porque no tengo intención de estar allí —se frotó la nuca lentamente—. Escuche señorita, como ya le he dicho, estoy encantado de contribuir… pero con mi dinero, no con mi cuerpo —separó el cheque que había rellenado y se lo tendió.
—No quiero su dinero, lo quiero a usted.
Omer dejó el cheque sobre la mesa y le dirigió una larga y minuciosa mirada lo suficientemente intensa para que a Defne se le erizara el cabello de la nuca.
—No me mal interprete, sabe que no quería decir eso, me… me estaba refiriendo a la subasta.
Sentía cómo su cara se acaloraba con el rubor que la cubría. Le hubiera gustado esconderse debajo del gran escritorio, o mejor aún, salir de allí corriendo.
Sonó el timbre del intercomunicador, obtuvo un momento de respiro.
—Tengo una llamada muy importante que atender —se puso en pie, indicándole con esto que la conversación estaba terminada.
—Únicamente para dejar las cosas claras, señor Iplikci, no soy yo la que lo quiere, mi socia está convencida de que la subasta estaría muerta sin usted. Yo quizás no esté de acuerdo… —la expresión de su cara sugería que para ella la participación de él era tan importante para el futuro bienestar de los niños como un virus estomacal.
Al parecer sus últimas palabras no le agradaron mucho al señor Iplikci, porque ella solo sintió como la puerta se azotó a sus espaldas
—¿Alguien está de mal humor? – escuchó decir.
—¿Perdón? —preguntó observando a un hombre joven.
—Nada… lo siento.
-La señorita Topal, vino a hablar con usted también, señor Sinan
– ¿Verdad?, pues que esperamos, acompáñeme a la oficina
Omer,
se levantó de su silla, para mirar el exterior, tal como lo hacía cada vez que no lograba entender o encontrar la razón de lo que le sucedía, durante la mañana había intentado concentrarse en lo que estaba haciendo, no podía impedir que sus pensamientos volvieran a la pelirroja que irrumpió en su oficina.

Hasta ahora solo una mujer había logrado impresionarlo, y eso fue cuando él era joven, antes de irse a estudiar a Italia.
Estaba claro que a él le atraían las mujeres cuyo color de pelo era rojizo, pero entre la joven que vio hace más de diez años, y la mujer que irrumpió en su oficina trayendo como regalo, flores y no cualquier flor, rosas blancas, las favoritas de su madre, existía un mundo de diferencia
La mayoría de las mujeres con las que él había salido a lo largo de todos estos años, eran guapas y sofisticadas, pero había algo en ella que lo cautivó, su naturalidad, su manera de hablar, lo hacía no solo con su boca, sino que todo su cuerpo expresaba lo que trataba de explicar.

Su cabello, la forma en que lo miraba, aun estando enojada, le transmitían tanto, que por esa razón dio por terminada la reunión, si no la sacaba de la oficina, terminaría cometiendo una locura, como por ejemplo besarla a la fuerza.
-Hermano – escucha que le dice Sinan – no creo que puedas imaginar lo que acabo de hacer
– ¿Qué hiciste ahora?
-Acepté participar en la subasta
– ¿Qué hiciste?, ¿qué?
-Pero dime, ¿quién le podría decir que no a esa belleza, amigo?

De verdad te volviste loco.
-Tal vez, porque Defne Topal tiene algo que volvería loco a cualquier hombre.
-No lo sé amigo, pero es tu decisión.
– ¿Por qué no te animas?, es para apoyar una buena causa, a ti siempre te ha gustado apoyar a los niños, sobre todo si son niños con algún grado de discapacidad, esta es una manera diferente de hacerlo, además de eso, nos divertiremos
-No lo sé, debo pensarlo más.
-Pues apúrate, porque ella me contó que tiene hasta este viernes para reunir a todos los solteros posibles, por esa razón vino personalmente.
Omer miró las rosas que
aún permanecían en el escritorio y dijo.
-Tienes razón, es solo otra de
tantas formas de ayudar a una fundación
Y de paso conocer aun mas a la señorita Topal, pensó Omer
CONTINUARÁ. 

Un comentario en “SE SUBASTA MI AMOR. Capitulo 1

  1. Ayyy Marta!!!! Me ha hecho mucha gracia lo de la subasta!!!! Al margen de admirar tu imaginación !!! No lo tomes a mal, lo comparé con uno de mis Juegos Favoritos los Mahjongs…..tantas combinaciones posibles y pensé que tus Novelas, combinan de tantas maneras posibles, la Historia de Defne y Omer!!!!….Me encantó. Gracias Marta…

    Me gusta

Deja un comentario