«DULCE DESPERTAR CAPITULO 9»

-Escuché lo que conversaste con Feryal – dice Defne

-Lo… ¿escuchaste? – le pregunta tenso

-Sí, escuché cuando esa mujer se te insinuaba y no quiero que la lleves a tu casa, seguramente ella querrá seducirte

– ¿Y tú no quieres que eso suceda?

-Por supuesto que no

-Entonces ven a casa conmigo.

– ¿Para la entrevista?, no se vería bien – le dice

-No, me entendiste mal, vente a vivir conmigo, seamos desde ya una familia con Ruya.

-No lo sé, esto ha sido tan rápido, me da miedo.

– ¿Miedo?, ¿miedo a qué?

-Miedo a que después te arrepientas.

-Jamás lo haría, te amo y eso nadie lo podrá cambiar nunca, tú eres y serás siempre la mujer de mi vida, ¿lo entiendes?

-Sí – fue su respuesta

Él levantó la mano, la tomó de la barbilla y le dio un beso en los labios

-Ahora será mejor que eche a andar el yate y volvamos al puerto.

-No quiero irme– le dice

Omer la miró sin decir nada, una expectación vibrante sacudía a Defne por dentro.

Contuvo la respiración, mientras la mano de Omer se deslizaba por su nuca, para atraerla hacia él, y cubrió su boca con sus labios, ligeramente al principio, pero cuando le apretó la cintura con sus brazos, ella comenzó a arder, y Omer intensificó el beso, mientras la moldeaba a su cuerpo.

-Me gusta tu pelo suelto – le dice soltándole la moña.

Su pelo largo se precipitó sobre sus hombros de repente como una cascada de seda de color rojo.

-Mucho mejor

Defne no recordaba haber hecho el amor, para ella era como su primera vez, pero no se sentía nerviosa, había algo en Omer que la hacía sentir segura, como si lo que iba a suceder fuera algo completamente normal entre ellos.

Tomó uno de los botones de la camisa en sus dedos y lo desabrochó, continuó con el siguiente, hasta tener suficiente espacio para poder tocar la piel del torso de Omer, le puso una mano sobre el pecho y los latidos de su corazón iban a la par con los de ella.

Envalentonada, terminó por desabrochar toda la camisa y luego de quitarle la chaqueta prosiguió con ella, dejando el torso de Omer completamente desnudo.

-Yo también quiero disfrutar – le dijo él, y le sacó la estola, dejando sus hombros a la vista, para luego bajar la cabeza y comenzar a besar el área descubierta.

Defne cerró los ojos, para disfrutar de sus caricias, el calor de sus labios sobre la piel desnuda la hacía temblar de placer.

-Eres preciosa – le susurró

Quería más de él, lo quería todo, la respiración se le quedaba atascada en los pulmones mientras sentía sus besos sobre la curva de sus pechos.

-Ten paciencia – decía él, aunque no sabía si se lo dijo a ella o a él mismo.

Defne sintió el aire fresco, cuando él le desabrochó el vestido y le comenzó a acariciar la espalda desnuda, el vestido cayó al suelo dejándola solo con el sujetador y las bragas.

Sin dejar de besarla, Omer, introdujo su mano por dentro del fino encaje del sujetador, le tomó uno de sus pechos sin llegar a tocar el pezón cada vez más sensible y excitado.

Sabía que todo eso la volvía loca, cuando él dosificaba el placer y fingía sorprenderse, al ver su respuesta desenfrenada cuando por fin le daba lo que pedía.

Recorrió con sus manos cada parte de su cuerpo reconociendo, recordando como le gustaba a ella que la tocara, cuáles eran sus áreas más sensibles y al mismo tiempo disfrutando de poder tocar su cuerpo una vez más.

Cuanto había extrañado sentir su piel bajo sus dedos, cuantas veces había soñado con hacerle el amor, besarla como lo estaba haciendo ahora, hacerla gemir como la escuchaba hacerlo ahora, ella era su mujer y eso nada ni nadie lo cambiaría, ni el tiempo, ni la distancia, ellos se pertenecían y él se lo demostraría no solo esta noche, sino cada día del resto de sus vidas.

Cada fibra del cuerpo de ella le gritaba, que ya antes había traspasado el último lumbral del éxtasis al lado de Omer, sabía que le había dejado llevarla a un sitio al que ningún otro hombre la había llevado.

Pero antes de seguir ahondando en ese pensamiento, él la levantó del suelo y la llevó hasta la cama.

Su cuerpo seguía siendo tan suave como la recordaba, Omer se acostó a su lado en la cama, ella podía haber olvidado muchas cosas, pero sin duda recordaba cómo responder a sus caricias, su cuerpo respondía con gemidos y se movía bajo sus manos pidiendo más.

Le quitó el sujetador y las bragas e hizo lo mismo con las sandalias, pero cuando llegó el momento de quitarle las medias, se tomó su tiempo.

Estaba ahí acostada, con los brazos por encima de su cabeza esperándolo, necesitaba hacer acopio de todo su autocontrol, para no adentrarse inmediatamente en ella, no quería sucumbir a ese deseo incontrolable.

Merecía la pena esperar y ver como se oscurecían sus ojos mientras le descubría las piernas. Con un movimiento sutil de la mano, rozó un instante el centro de su femineidad y entonces comenzó a quitarle las medias.

Defne, estaba muy húmeda, él pudo sentir el calor de su sexo en la mano, mientras con sus dedos jugaba con el clítoris

-Omer…- la escuchó decir

– ¿Qué pasa cariño? – estaba tan excitado que apenas podía hablar mientras la sentía retorcerse contra él, necesitaba estar desnudo junto a ella, sentir todo su cuerpo junto al de él.

Omer se quitó la ropa rápidamente y volvió junto a ella a seguir jugando con su sexo caliente y suave.

Defne contuvo el aliento y tiró de él para que entrara más adentro. Era un placer sentir sus manos sobre la piel, un placer del que podía disfrutar como si fuera la primera vez.

Omer la deseaba como nunca había deseado a otra mujer en toda su vida, por lo que se tomó su tiempo, se familiarizó una vez con todos los rincones y caminos secretos que le ofrecía su exquisito cuerpo, Recordó sus gustos, lo que la volvía loca… era como si esos tres años jamás hubieran pasado.

Defne necesitaba desesperadamente tocarlo, complacerlo y le tomó la erección con sus manos, para comenzar a masajearlos, como él había hecho con su femineidad, sentía como Omer gemía y perdía la fuerza en sus caricias para poder disfrutar de lo que ella estaba haciendo.

Se disfrutaron mutuamente solo con sus manos, hasta que él ahogó un suspiro y la detuvo.

-Si sigues así me vas a matar – le dijo

-Entonces démonos prisa – fue su respuesta

-Como usted mande señorita Topal – le dice él y comienza a recorrer su cuerpo, acariciándola, lamiéndola, la estaba volviendo loca y la hacía sentir viva, como no recordaba haberlo sido.

La lengua de él llegó a las braguitas, ella sabía lo que quería hacer, pero ya no podía soportarlo más

-Te necesito – le dice – te deseo dentro de mi

– ¿Estás segura?

-Completamente

Los ojos de Defne ardían de pasión y su mirada era una viva imagen de honestidad y entrega.

Nunca había creído que los ojos eran la ventana del alma hasta que conoció a Defne, era una mujer embriagadora y única.

Omer, quería verla arder de placer, y para lograrlo le introdujo un dedo en su zona íntima, ella se retorció de placer, gimiendo, acuciándolo a que no se detuviera, que continuara

-Por favor – la súplica brotó de su garganta en un grito de deseo y agonía, él respondió, tomándola de las nalgas y le alzó las caderas para penetrarla.

Defne dejó escapar un suspiro tembloroso cuando él empujó con fuerza, era el sonido inconfundible del placer, después de la incomodidad.

-¿Te estoy haciendo daño – le preguntó con la respiración entrecortada, estaba a punto de perder el control.

Ella negó con la cabeza y comenzó a moverse debajo de él.

La tensión de los cuerpos sudorosos, aumentaba en cada embestida de Omer.

-Déjate llevar – le dice él

Era maravilloso tenerlo dentro de ella, levantó las caderas y él empujó más y más adentro hasta llenarla por completo, de repente todo se desvaneció a su alrededor, lo único que existía era el placer de sus cuerpos juntos y sincronizados.

Omer comenzó a moverse y ella le seguía el ritmo, era tan natural como respirar, con cada embestida, se la llevaba con él, hacia adentro, hacia afuera, la hizo alcanzar tal abandono que jamás había creído posible, se sentía completa por primera vez y se aferraba a él como si no hubiera mañana.

Ondas de placer la sacudían una y otra vez, y la hacían gemir sin control.

Sus miradas se encontraron y se mantuvieron así, hasta que ambos supieron exactamente el momento en el que alcanzaron el clímax.

Durante unos momentos permanecieron así, Omer sobre ella, abrazados, luego él salió de ella y se recostó a su lado.

-Ha sido increíble – le dice tratando de recuperar el aire.

-Lo fue – fue la respuesta de ella.

Luego, él abre las ropas de cama y le dice

-Ven, quiero esta noche dormir abrazado a ti, y cuando despierte, que sea tu rostro lo primero que vea.

Ella sonrió e hizo lo que él le pidió

Sus ojos se abrieron sorprendidos y se encontró con la cara dormida de Omer. ¡Era tan atractivo!, pensó, mientras lo observaba. Tenía los labios entreabiertos. Si se movía un poco, podía rozar sus labios y….

¿Omer?, pensó sin poder creerlo, reprimió una exclamación al sentir una sensación de vértigo, una sensación de desconcierto, que le anunciaba que estaba cayendo en la realidad. Se quedó helada al sentir una oleada confusa de desordenados recuerdos.

Sintió náuseas. Después de unos segundos la sensación de no tener el control sobre sus pensamientos se le pasó, e intentó darle sentido a lo que había sucedido.

Recordó…

El beso robado en el restaurant, la señora Neriman, ese era el comienzo, recordaba el primer beso, cuando lo abandonó en la casa de la montaña, los días posteriores, cuando le pidió matrimonio, sintió la angustia al no poder decir que si y la felicidad cuando corrió hasta su casa para responder con todo su corazón y en un grito, que sí.

Cuando la dejó en la caleta, cuando vivieron juntos… todo, todo lo recordaba todo.

Hizo una mueca de dolor cuando a su mente acudió una imagen del día de la boda y la forma en la que Omer la había mirado, cuando le dijo que se iba y que su matrimonio seria anulado, los terribles días que vivió después, el dolor, la angustia, la desesperación, hasta aquel día en el que cayó en los brazos de su amigo Iso.

Había borrado todos esos recuerdos, porque eran demasiado doloroso para ella.

CONTINUARÁ.

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