La reunión del lunes se le estaba haciendo eterna. Defne no podía concentrarse en los aburridos informes, no podía dejar de pensar en el beso.
Mientras un ejecutivo hablaba monótonamente sobre las ventas previstas, ella cerró los ojos y recreó el beso en su cabeza. Todo había sido tan rápido… Estaban hablando y, de repente, Omer la estaba besando. Había pasado de una manera muy natural. No lo esperaba, pero sintió que era lo que tenía que pasar.
Pasó la lengua por los labios intentando recordar el beso. Omer sabía muy dulce, sus labios eran cálidos y firmes. ¿Desde cuándo se volvió tan cursi?, la verdad era que su beso la impactó, porque algo le decía que no era la primera vez que los había saboreado.
Pero ¿qué estoy haciendo?, se preguntó, abriendo los ojos rápidamente. No tenía tiempo de pensar en esas cosas. Tenía asuntos mucho más urgentes que resolver. Por ejemplo, averiguar por qué las palabras que le dijo Omer trajeron a su mente los fragmentos de su pasado, y aunque no recordaba el rostro del hombre que vio en las imágenes, algo le decía que no podía ser otro sino él.
Estaba tan metida en sus pensamientos que no oyó cuando su madre la estaba llamando.
–Defne, Defne, ¿Puedes acercarte, por favor?
Un poco avergonzada, se levantó y se acercó a donde se encontraban la mujer.
-Dime
-Esta semana hemos recibido la solicitud de un nuevo cliente, al parecer haber conservado a Burak nos creó una muy buena fama, así que felicidades hija, también las felicitaciones son para Omer.
-Muchas gracias – dice él, sin quitarle los ojos de encima a Defne.
Durante toda la reunión la observó, parecía distraída, como si sus pensamientos estuvieran muy lejos de la reunión, solo esperaba no haber ido demasiado rápido, necesitaba aún más tiempo para enamorarla.
. Bien – escucha que dice la mujer – si no hay nada más, la reunión llegó a su fin, que tengan un buen día laboral.
Cada una de las personas fueron abandonando la sala de reunión, incluido Omer, quedando solo Defne y su madre.
-Si me disculpas tengo algo que hacer – dice Defne
– ¿Adónde vas?, tenemos que hablar
-Prometo que lo que tengo que hacer no me llevará mucho tiempo.
-Bien, te esperaré.
Caminó decidida hasta la oficina que era de Omer, dio unos pequeños golpes en la puerta y escucha que desde dentro dicen
-Pase
-Disculpa, ¿tienes tiempo?, Quiero hablar contigo
-Para ti, siempre tengo tiempo, siéntate, quieres un té.
-No gracias, además, ¿Cómo sabes que prefiero el té, por sobre el café?
-Todo lo que te gusta es de mi interés, creí que ya te lo había demostrado.
-De eso mismo quiero hablar.
– ¿De por qué sé que te gusta el té?
-El otro día, lo que dijiste, siento que ya lo había escuchado en alguna parte
Omer, se mantuvo en silencio, ella siguió.
-Y la frase con la que te despediste, ni siquiera sé lo que significa, pero ahí está, grabada en mi mente, como si fuera algo muy importante para mí. ¿Omer?, ¿tú me conocías de antes?
-Si, ya te lo dije, de Roma
-No, yo digo de antes.
Él no contestó
-Olvídalo, -le dice – no es realmente importante, mejor vuelvo al trabajo
Se dirige a la puerta con la intención de salir, pero al llegar a ella escucha a Omer decir.
-Detente
Se gira y ve que Omer se acerca a ella, acorralándola entre la pared y su cuerpo.
Otra vez estaba ahí la sensación de que esta no era la primera vez que sucedía esto, solo por instinto cerró los ojos, y los mantuvo así mientras escuchaba que él decía.
-No te he dicho que todo lo que esté relacionado contigo me importa y mucho, abre los ojos Defne – le ordena
Los abre y se encuentra con los ojos de Omer, mirándola fijamente.
-Es tan hermosa, la forma en la que me miras – dice mientras con su dedo recorre el contorno de sus ojos – eres hermosa – y sigue su recorrido esta vez por su nariz, hasta llegar a sus labios, – y tu boca, tu boca me enloquece – termina de decir al tiempo que baja la cabeza.
– ¿Qué estás haciendo?, -preguntó ella, pero era evidente, iba a besarla.
Sintió los largos dedos de Omer en su cabello tomándole la cabeza para besarla y con la otra mano la tomó por la cintura, para acomodarla a su cuerpo.
Ella se estremeció, y miró fijamente sus labios.
¿Deseaba hacer aquello?
Cuando sintió esos labios sobre los suyos, dejó de pensar, y se entregó a las sensaciones.
La boca de Omer, jugaba con la de ella, provocándola y exigiendo una respuesta.
Defne no podía creer como su cuerpo respondía, parecía mandarse solo, inconscientemente, subió sus brazos hasta dejarlos cómodos en la nuca de él y se dejó besar, pero también besó, era algo delicioso estar en sus brazos, sentirse deseada, como Omer se lo estaba demostrando.
Dejó escapar un leve gemido de placer. Entonces sintió que él hacía más fuerte su abrazo.
Volvió a cerrar los ojos, ahí comenzó todo otra vez, ella se vio siendo arrinconada, no una, sino muchas veces, ¿por quién?… por fin pudo ver el rostro del hombre, no era otro sino Omer, se soltó de inmediato.
Hizo un esfuerzo por recuperar el control de su cuerpo. Tuvo que respirar profundamente varias veces hasta que pudo formar algún pensamiento coherente Y luego, cuando recuperó el sentido, no supo qué decir
Aún turbada, y sin que Omer se lo impidiera, abrió la puerta y se dirigió corriendo al baño, ahí se mojó la cara y la nuca, de repente sintió náuseas, y se quedó dónde estaba, inclinada sobre el lavamanos, esperando a que cesara el ataque de arcadas, tratando de organizar sus pensamientos erráticos, y las imágenes que bombardeaban su cerebro
Según los médicos no debía forzar las cosas, y con el paso de los años, habían llegado a decirle que los recuerdos que había perdido, tal vez no volverían jamás, pero si volvieran, reaparecerían como las piezas de un puzle distorsionado.
Y era eso exactamente lo que le estaba sucediendo, una tras otra, volvían las imágenes a su mente, y en todas ellas estaba Omer.
Omer besándola, Omer abrazándola, caminando de la mano, Omer, Omer, Omer… en todo estaba él.
Se había reído con él, había llorado por él, había hecho el amor con él, ¿Dónde?, no tenía importancia, se restregó los ojos con la base de las manos, un deseo inesperado se apoderaba de su mente obligándola a contener el aliento, sacudió la cabeza y trató de recordar más cosas, tenía que recordar.
Pero cuando creía que las imágenes lograban tomar formas, la neblina cubría todo nuevamente
Incapaz de rellenar las lagunas, finalmente se rindió, abrió los ojos y se encontró con su reflejo en la ventana.
– ¿Él es el padre de Raya?, pero si fuera así, ¿por qué no ha dicho nada?
Salió tan apresurada del lugar que no notó que Omer la esperaba a fuera y chocó con él
-Lo siento – dice
-Está bien, ¿podemos conversar?
-La verdad ahora solo quiero salir de este lugar
-Entonces vayamos a algún lugar donde podamos conversar tranquilamente.
-En este momento no sería una buena compañía, necesito aclarar mi mente.
-Tal vez yo te pueda ayudar en eso.
Si sus pensamientos estaban correctos, él era la persona indicada para aclarar no solo su mente, sino también algunas de sus dudas.
-Está bien – le dice
Fueron a un pequeño café a las afueras de Estambul, un lugar agradable y con poca gente, luego de que le sirvieran lo que ellos pidieron Omer comienza la conversación
-Cuéntame – le dice
– ¿Qué quieres que te cuente?
– ¿Qué fue lo que sucedió?
-Tú… ¿sabías que tengo amnesia?
-Sí, alguien me lo contó, pero si no te molesta o incomoda, me gustaría escuchar de ti, lo que de verdad sucedió.
-Los médicos no encontraron una explicación para mi amnesia por lo que, solo dijeron, que mi cerebro se quiso proteger ante un dolor demasiado fuerte
Omer se movió en su silla, preparándose mentalmente para lo que tendría que escuchar.
– ¿Qué es lo último que recuerdas? – le pregunta
-Esa mañana, me desperté e hice todo lo que hacía normalmente antes de ir a trabajar, trabajaba en un restaurant, salí de mi casa preocupada, porque el dueño vino a cobrar el arriendo y recién ahí me enteré que mi hermano no había pagado los últimos 3 meses.
Omer la miraba sin decir ninguna palabra, lo que la animó a seguir con su relato
-Cuando desperté en el hospital, creí que había tenido un accidente, el doctor me hizo algunas preguntas, luego me corrigió la fecha en la que yo creía que estábamos, y el psicólogo me explicó que en alguna parte de mi cerebro se escondieron 3 años de mi vida, mi primera reacción fue no creer, ¿cómo iba a tener Amnesia si sabía exactamente quién era? recordaba mi nombre, mi número de teléfono a la perfección. Así que cómo podía ser posible que hubiera olvidado cosas importantes, como, por ejemplo, ¿Cómo se puede olvidar que estabas embarazada? O ¿si estabas casada o comprometida? y ¿con quién?
Mientras hablaba no pudo evitar sentir una ola de pánico que la recorría por dentro, recordar esos primeros días luego de despertar del coma, no eran para nada agradable, además de que no había vuelto a hablar del tema con nadie más.
-Pero había visto esa marca en el dedo anular de mi mano izquierda, – le dice – por lo que deduje que estuve casada o por lo menos comprometida, con quien o cuando había ocurrido eso, lo olvidé por completo
-Hice preguntas, pero nadie me dijo nada, mi familia y quienes estuvieron conmigo durante todos esos años, hicieron un pacto, para no contarme nada de mi pasado.
-Cuándo supiste que estabas embarazada, ¿qué hiciste?, ¿Cómo te sentiste?
-Yo no supe que estaba embarazada, solo supe que tenía una hija de meses de vida, pero cuando la vi, sentí una conexión maravillosa con ella, cuando mi abuela la puso en mi regazo, yo solo lloré de sentirla así tan cerca de mí.
-Lo siento Defne
-¿Por qué lo sientes?, tú no eres responsable de nada, no estabas ahí en ese momento.
-Por eso mismo, porque no estaba ahí, lo siento mucho.
-Ahora que ya conoces mi historia – le dice ella para cambiar el tema – cuéntame la tuya, ¿Qué sucedió que te fuiste a Roma? y ¿por qué estas de vuelta?
-Todo lo que he vivido en estos últimos años, son consecuencia de haber tomado una mala decisión, me fui creyendo que mi amor no era tan fuerte, creí que podía vivir sin la mujer que amaba.
-Y ¿Qué sucedió?
-Me equivoqué, solo podía ser feliz con ella.
– Sufriste mucho, me imagino
-Sí, pero me sirvió para darme cuenta que ella ocupaba un gran espacio en mi corazón, sin ella no podía vivir, solo podía sobrevivir.
-Triste – logra decir ella
-Me resultaba completamente familiar, verla en todas partes, cada mujer con el cabello de su color era ella, un toque de su perfume en mitad de la calle, sus delicados rasgos en un vagón de tren abarrotado, su risa en un restaurante, siempre la veía durante un breve instante de esperanza, en más de una ocasión llegué a seguir a una mujer por las calles de Roma, antes de darme cuenta que no era ella, de que no podía ser ella.
Que podía decir, ante tal declaración, podría algún día ser amada de esa manera.
-Y eso fue hasta que te vi, ahí todo cambió, me diste el motivo para volver y rehacer mi vida.
– ¿Yo? – exclama ella – ¿Qué tengo que ver yo?
-Defne, ¿me vas a decir que aún no sabes que estoy enamorado de ti?
CONTINUARA.

