DULCE DESPERTAR. Capitulo 3

Bueno, hemos llegado, aquí esta su lugar de trabajo – le dice Defne
Omer, miró el pequeño escritorio, solo recordaba haber trabajado en algo tan pequeño estando en la universidad, pero por Defne era capaz de trabajar sentado en el suelo de ser necesario.
-Tal vez estaba acostumbrado a trabajar en un espacio mas amplio, pero por el momento es lo único que tenemos, además si le damos a usted una oficina, los demás diseñadores pensarán que tiene muchos privilegios para ser un novato, espero lo entienda.
-No, tranquila, este lugar me parece perfecto.
-Buena actitud, de todas maneras, algo me dice que muy pronto dejará de ser diseñador junior.
-Eso espero, trabajaré duro para lograr todo lo que me he propuesto.
-Bien, me parece muy bien, ahora le diré que estamos trabajando en la colección de la próxima temporada, así que si tiene algún diseño que quiera mostrarnos, dependiendo de la calidad obviamente lo podemos incluir en la colección.
-Ya que lo menciona, si tengo uno – le dice, deja su portafolio en el escritorio y saca de su interior un dibujo de un zapato de mujer.
-Vaya – le dice ella – es usted muy bueno
-Por favor llámame Omer.
-Bueno Omer, esto es realmente hermoso, hábleme de él.
– ¿Perdón?
-No sé por qué, pero cuando dibujo algo, siempre se viene a mi mente que todo lo que diseñamos tiene que ver con las emociones que vivimos en ese momento, cuénteme, ¿desde qué emoción dibujó esto tan hermoso?
-Del amor – fue su respuesta – es un zapato delicado y elegante, como la mujer que los inspiró, se pueden usar en el día, como también en la noche, porque iluminarán cualquier prenda de vestir como las estrellas iluminan el cielo.
– ¿Le gustan las estrellas?
-Sí, me gusta mucho observarlas, por ejemplo, cuando acampo, en las noches me gusta mirar las estrellas por horas.
– ¿De verdad?, yo hago lo mismo, bueno lo hacía, cuando vivía en Manisa.
-Me dijeron que aquí hay un observatorio, muy cerca de acá, ha ido alguna vez
-La verdad, no – fue su respuesta.
-Tampoco yo, pero me gustaría ir, seguramente no será como verlas directamente en la playa, pero debe verse hermoso.
– ¿Me estás invitando? – le dice ella
-Y ¿Por qué no?, no creo que seas de aquellas jefas que hace diferencia con sus trabajadores.
-No, por supuesto, porque no, es…
– Entonces vamos juntos el fin de semana
-Lo siento no puedo, tengo una hija y el fin de semana lo paso con ella.
-Pues tráela, también se puede divertir viendo las estrellas y los planetas.
-Mira, déjame pensarlo, no te puedo dar una respuesta, no me esperaba esta invitación.
-Bien, piénsalo, y el viernes me das la respuesta
-Ahora, lo mejor es que se dirija a firmar el contrato, así podremos usar su diseño como parte de nuestra colección.
-Señorita Defne, su oficina ¿dónde está ubicada?
-Al otro extremo del pasillo, le informo que una vez a la semana tenemos reunión, generalmente los días lunes, ahí se plantean todas las dudas.
-¿Eso significa que los demás días no puedo ir a su oficina?
-No, por supuesto que no, solo se lo digo para que sepa cuál es la manera que tenemos de trabajar, me permite que le diga algo
-Claro
-No sé por qué, pero siento como que nosotros nos conociéramos de antes.
-Puede ser de Roma, cuando nos vimos en el hotel, ¿se acuerda?
-No, ahí ya tuve la sensación- le dice mirándolo fijamente – pero bueno, me imagino que si usted me conociera ya me lo hubiera dicho.
Omer no respondió, para que aumentar otra mentira a todas las que sabía tendría que decir.
-A que oficina debo dirigirme para firmar el contrato – prefiere decir
-Siga por el pasillo la tercera puerta a la izquierda
-Muchas gracias, entonces, nos vemos más tarde
Ella solo hace un movimiento con su cabeza, luego de observar un instante al hombre, se dirige a la oficina donde estaba su madre
– ¿Qué sucedió que traes esa expresión en el rostro?
-Me acaban de invitar a ver las estrellas
-Y ¿eso? – le dice su madre riendo
-No sé cómo, pero resulta que, a Omer, el nuevo diseñador, le gusta mirar las estrellas y me acaba de invitar a ir al observatorio el sábado.
-Pero que te extraña, eres una mujer hermosa, lo extraño es que tú no aceptes las invitaciones que te han hecho.
-Tú sabes porque no lo hago
-Conozco la razón, pero no lo entiendo, eres madre soltera, eso no es nada raro en estos días.
-Sí lo es, como le explico a Omer que desconozco quien es el padre de Ruya
-Y ¿Qué, se la presentarás en la primera cita?
-Él me dijo que la puedo llevar.
-Dios esto es realmente interesante, diría que él puede ir detrás de tu dinero, sino fuera porque es nieto de Ulusi Iplikci, uno de los diez hombres con más dinero de Turquía, entonces solo queda pensar, que realmente le gustas y mucho, ¿Qué piensas?, ¿vas a aceptar la invitación?
-Aún no lo sé, tengo hasta el viernes para pensarlo.
-Si no le dijiste no enseguida, es porque iras, te conozco o mejor dicho he aprendido a conocerte y si ese hombre te fuera indiferente, le habrías dicho enseguida que no.
Acercarse a Defne no había sido tan fácil como lo pensó al comienzo, porque, aunque estaban trabajando en la misma empresa, eran muy pocas las ocasiones en la que podía verla.
Había escuchado solo elogios a su trabajo, no era raro en todo caso, Defne siempre fue una maravillosa diseñadora y una gran profesional.
Ya era miércoles y aún no había podido pasar ni un momento con ella, y peor aún no tenía respuesta a su invitación, la ida al observatorio no solo significaba pasar tiempo a solas con Defne, sino también poder conocer a su hija, por esa razón debía encontrar la manera de conversar con ella y convencerla que lo acompañara.
-Vamos a comer – le dice su madre.
-No, hoy comeré aquí.
– ¿Aquí donde?
-En el comedor con los demás empleados
-Y ¿eso por qué?
-Porque creo que es bueno compartir con ellos de vez en cuando.
-¿Eso no tendrá nada que ver con cierto joven que quiere llevarte a ver las estrellas?
-Madre! – le reclama, entendiendo el doble sentido de sus palabras.
-Está bien, está bien, ve a comer con tu diseñador junior, nos vemos después.
Lo que le pareció un abuena idea hace un momento, ahora no lo parecía tanto, porque al entrar al comedor y al verla los empleados, se acallaron todas las conversaciones y reinó un silencio demasiado incómodo para ella, pero de igual forma los saludó.
-Buenas tardes – les dijo
-Buenas tardes – le respondieron todos a la vez
-Espero no les moleste si los acompaño a comer.
Los empleados se miraron unos a otros sin decir ninguna palabra, solo había caminado unos pasos y ya sentía como su rostro se acaloraba, lo que de seguro significaba que estaba roja, no quería ponerse en evidencia, así que decidió retirarse. La mala suerte quiso que su pierna tropezara con una silla abandonada en medio del pasillo. Perdió el equilibrio y supo que iba a caerse, una caída que aumentaría su humillación.
–¡Cuidado! –dijo una enérgica voz cerca de su oído.
Dos brazos fuertes la sujetaron desde atrás y evitaron la vergonzosa caída. Casi se le detuvo el corazón. Tardó un par de segundos en reaccionar y darse cuenta de que no iba caerse. La habían salvado.
Con el equilibrio recuperado, se volvió para dar las gracias a su salvador. Se encontró con dos preciosos ojos negros, que la miraban divertidos.
–¿Estás bien? –le preguntó Omer.
-Estoy bien. Y es gracias a ti –le dijo ella con la voz aún temblorosa por el susto– Debí haber prestado más atención.
-No fue tu culpa, fue la silla
-¿No sé por qué, pero siento que acabo de vivir un deja vu.
-¿Cómo es eso?
-Estoy segura de que esta escena la he vivido antes, pero no recuerdo dónde o con quién.
–Puede ser, eso sucede de vez en cuando. ¿Quieres sentarte? –le preguntó mientras señalaba una mesa desocupada
–Gracias. – y Omer le sonrió
La escoltó hasta la mesa, luego acercó la silla y esperó a que se sentara para sentarse también frente a ella.
Había extrañado tanto esto, escucharla hablar, ver como movía sus manos tratando de explicar su punto de vista ante cualquier tema, su voz seguía siendo tan melodiosa como la recordaba, mientras estaba en Roma, solo la escuchaba en sus sueños, cuando lo llamaba por su nombre.
Los minutos se pasaron muy rápido, tanto así que ninguno se percató de que no habían pedido nada para comer.
El teléfono de Defne comenzó a timbrar.
-Permiso – le dice
-Por supuesto
-Dime… si… ¿Quién?, ¿Iso?… sí, sí, dile que venga a la cafetería aquí lo espero – luego termina la llamada
Demonios Iso y ahora ¿qué debía hacer?, por mucho que le molestara, solo le quedaba inventar una excusa e irse y rogar que Defne no lo nombrara frente a su amigo
Miró su reloj, y se levantó.
–Tengo que volver a la oficina –anunció – me queda mucho trabajo aun, además creo que tendrás compañía.
-Sí, viene un amigo, en realidad mi mejor amigo – le dice, ¿por qué sintió que le estaba dando una explicación?
–Ha sido un placer compartir este momento contigo –le dice él.
–Para mí también ha sido agradable –reconoció ella
Omer iba de camino, cuando se acordó de algo.
–Pensaste en lo que te dije el otro día –dijo con voz susurrante, inaudible para los otros comensales – lo de ir al planetario.
-Sí
-Y, ¿me vas a acompañar?
-Sí, lo haré, pero llevaré a mi hija, ¿no te importa?
-Por supuesto que no, encantado de pasar la tarde con ustedes dos, nos vemos entonces – le dice feliz
-Nos vemos – le responde ella
CONTINUARA 

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