Y así como dejó Estambul un día sin mirar atrás, lo hacía hoy, pero esta vez había dejado su vida en Roma, si a eso se le podía llamar vida.
Estaba optimista, aunque sabía que le quedaba mucho por hacer, no solo debía recuperar el amor de Defne, si no el de su hija y de paso recuperar la confianza de todas aquellas personas a las que defraudó.
Cuando se bajó del avión, la ciudad le dio la bienvenida con un aire fresco que rozó su rostro y él lo aspiró hasta que sus pulmones se llenaron.
Su fiel amigo y casi padre, Ustá, lo esperaba en el aeropuerto para llevarlo a un hotel.
Ya instalado en su habitación, la conversación de los amigos se centró en la información que Ustá podía darle y así trazar un plan en su reconquista.
-En estos momentos, Defne, su madre y su hija, están de vacaciones, regresan la próxima semana – le dice el maestro.
– ¿Pudiste averiguar dónde vive? o ¿si trabaja?
-Solo donde trabaja, Iso no me dijo dónde está viviendo ella, creo que sospecha que estoy en contacto contigo.
-Lo siento maestro, no quise ponerte en esta situación, pero estoy solo y necesito ayuda.
-No lo sientas, tú eres mi hijo, y por ti haría lo que fuera, además debo reconocer, que esperaba que reaccionaras hace mucho tiempo.
-Gracias
-Y, ¿Cuáles son tus planes?
-Una vez que sepa el lugar donde trabaja Defne, buscar la manera de acercarme a ella
-No se te hará difícil
– ¿Por qué?
-Porque su madre levanto una empresa de diseño, aunque Defne no recuerda cómo aprendió, pero sabe dibujar y es muy buena diseñando zapatos femeninos.
-Siempre lo fue, – dice él con una sonrisa – puso su alma en cada diseño… ¡ay! maestro, nunca dejaré de recriminarme el haberla abandonado.
-Omer, en ese momento tenías tus razones, equivocadas talvez, pero…
– No maestro, no tenía la razón, llevo pensando en ello por mucho tiempo y siempre llego a la misma conclusión, me equivoqué, me obligué a elegir entre el orgullo y el amor, y elegí el orgullo, debí haber elegido el amor, debí haberla elegido a ella, lo entendí estando lejos, el peor error que he cometido fue dejarla. Las reglas que me había impuesto en mi vida, son absurdas. nada importa tanto como el amor, sobre todo después de haberme enamorado, debería haberme analizado bien para encontrar nuevas verdades, pienso en ello a veces, de hecho, lo pienso mucho, a diario, y cuantas más veces lo pienso, más duro me resulta admitirlo, de haber sido yo, quien mintió solo para estar cerca de ella, Defne no me habría dejado, porque su corazón es mucho más grande que el mío, más libre, sin tantas normas, ni ataduras, pero ya no importa, ahora ya es tarde, y no puedo volver el tiempo atrás.
-Pero puedes crear una nueva vida y hacerlo mejor que antes, solo tú sabes lo qué debes hacer para volver a enamorarla, y sobre todo sabes cómo hacer la feliz.
-Si, maestro, crearé mi nueva oportunidad, voy a recuperar a mi familia y nunca más las voy a dejar, lo prometo.
-Me parece perfecto.
-Ahora, me queda saber quién compró mi casa, para intentar recuperarla.
-Tu abuelo.
– ¿Cómo?
-Tu abuelo, Ulusi, él compró la casa, dijo que en algún momento querrías volver y necesitarías tu hogar, así que solo debes ir hasta su casa y buscar las llaves.
-No lo puedo creer, el abuelo hizo eso.
-Por supuesto, él te quiere mucho, y creo que llegó la hora de reconciliarte con tu pasado, solo así podrás crearte un futuro, si buscas el perdón, hijo mío, primero debes perdonar, comienza por tu abuelo, eso lo hará muy feliz a él y de paso a mí.
-Está bien Usta, esta misma tarde iré a su casa, ahora solo me queda saber, si en la empresa de Defne necesitan un diseñador.
-Creo que ahora deberías descansar, luego con la cabeza más despejada, piensas en cómo hacerlo, además aún no sabemos si la madre de Defne sabe cómo te llamas.
-No había pensado en eso.
– Ves, mejor descansa, después vas a la casa de tu abuelo y ya mañana comenzamos con todo lo demás.
-Muy bien Usta, haré lo que me dices, ¿nos veremos entonces?.
-Si, mañana, me llamas para decirme si aun estas aquí o ya te instalaste en tu casa.
-Así lo hare amigo, nos vemos entonces.
-Nos vemos – le dice y los amigos se dan un abrazo, luego el anciano sale de la habitación.
Los días se le hicieron cortos para todo lo que tuvo que hacer, lo primero fue recuperar su casa, la casa de la puerta roja, estaba vacía cuando llegó, pero no tardaron en ponerla tal como él la había dejado, hacía tres años.
Tal como le sugirió el maestro, Omer se reconcilió con su abuelo y se ganó un aliado para sus planes.
De alguna manera que el abuelo no le quiso contar, consiguió averiguar que en la empresa de Defne, buscaban un diseñador junior, así que no le quedó de otra que postularse para la vacante.
El día de la entrevista final, Omer ya sabía que historia iba a contar, para explicar por qué, con toda su experiencia se postulaba para diseñador junior.
La empresa estaba ubicada en el centro de la ciudad, hasta ahí llegó puntual a las 8 de la mañana, fue recibido por una mujer que lo llevó hasta una oficina, donde espero con otros jóvenes, que se postulaban para ser parte de la empresa.
-Omer Iplikci -escucha que dicen.
Se levanta y camina hacia la sala que le indican, ahí estaba ella, Defne, con la misma mujer que vio en Roma, su madre.
-Señor Iplikci – le dice la mujer – por favor tome asiento.
Así que no sabía quién era él, suspiró aliviado.
-Por favor tome asiento. Hemos leído su curriculum y es impresionante, no sé en realidad por qué usted postula a ser diseñador junior, cuando por lo que nos cuenta es un diseñador profesional, me lo podría explicar.
-Estuve viviendo en Roma durante tres años, decidí volver a mi país a iniciar una nueva vida y quiero comenzar desde cero.
-Y ¿Por qué eligió nuestra empresa?
–Me dieron muy buenas referencias de ustedes como empresa y creo que es un buen lugar donde comenzar.
¿Por qué Defne no decía nada?, la tranquilidad que sintió al saber que su madre no lo reconoció, la perdió al ver que ella no participaba de la entrevista, además lo miraba tan extraño, seguramente eso sería lo más difícil de todo esto, no ver que esos hermosos ojos lo miraran con amor, pero es solo por un poco tiempo, se obligó a pensar.
Primer día de vuelta a la oficina y le tocaba la tediosa tarea de entrevistar a los postulantes a diseñadores junior, cuando ella preferiría estar en su despacho trabajando, si había algo que le gustaba era dibujar, siempre fue así, pero desde que despertó en el hospital descubrió que sabía diseñar, ahora no solo ropa sino zapatos.
Y ahí estaba en compañía de su madre, la mañana avanzaba lenta, cuando llamaron al cuarto postulante, ella esperó sentada a que entrara, mientras releía su curriculum, era impresionante, había sido elegido dos veces seguidas el mejor diseñador de Turquía, pero ¿Por qué quería un puesto tan bajo?
Cuando escuchó que se abrió la puerta, levantó la cabeza y ahí lo vio, ¿estaba perdiendo la cabeza? o ¿era el mismo hombre que vio en el hotel en Roma?
Pero se veía impresionante con ese traje azul rey que le quedaba como si lo hubieran cocido en su cuerpo, era sin duda una de las creaciones mejor logradas del Todopoderoso, una mata de pelo negro y con risos, acompañado de una piel bronceada y remataba con unos hermosos ojos negros, ¿su barba?, ¿Por qué sentía deseos de pasar sus dedos sobre ella?, y ese cuerpo, sin duda era un hombre al que le gustaba el deporte, a través de la camisa se podía ver la forma de los pectorales, era sencillamente hermoso.
Se quedó helada y con la boca tan seca que le impidió emitir alguna palabra, ningún hombre la había impresionado tanto, bueno por lo menos que ella recordara.
Como si estuvieran lejos, escuchaba que su madre y él conversaban, pero ella no lograba concentrase en lo que decían.
-Defne – le dice su madre – Defne – repite
-Perdón – se disculpa cuando por fin logra reaccionar
-Te preguntaba si estás de acuerdo en que el señor Iplikci sea el nuevo diseñador junior
-Seriamos pésimas empresarias si lo dejáramos ir – fue su respuesta.
-Perfecto entonces, bienvenido señor – dice la mujer
–Omer, solo Omer, muchas gracias por esta oportunidad y no sé preocupe no las voy a decepcionar.
-Llamaré a la secretaria para que te muestre cuál será tu lugar de trabajo.
-No, – dice Defne – déjame yo lo hago, así aprovecho de contarle algunos detalles al señor
Una vez afuera de la oficina ella le dice
–Encantada de conocerlo, señor Iplikci, aunque creo que nosotros ya nos habíamos visto o ¿estoy equivocada?
–Nos vimos en Roma, así que se puede decir que me vine buscándola, un placer volver a verla señorita Defne– fue su respuesta.
CONTINUARÁ.

