Mia, no dejó de hablar de Omer, durante todo el día viernes, cuando Defne le contó que él las acompañaría a acampar, una enorme sonrisa cubrió su pequeño rostro.
Luego de preparar sus mochilas y de insistirle muchas veces a Nihan que las acompañara, Mia se fue a la cama.-
¿Por qué no quieres venir con nosotras?, – le dice Defne a su amiga.-
Porque es el primer día, que Mia pasará tiempo con su papá, y es bueno que estén solos el mayor tiempo posible.-
Viéndolo de ese modo, tampoco debería ir yo-
Tú sabes que no es así, tú debes acompañar a tu hija, además tengo planes para este fin de semana.
-De verdad ? y ¿con quién si se puede saber?
-No, no se puede saber, por lo menos aun no, ahora como te conozco y me vas a llenar de preguntas, mejor vete a acostar, mañana debes madrugar.-
Sí, ya voy, pero Omer aún no ha llamado, no me mires así, solo es para decirle en qué lugar estaremos mañana con Mia.-
Bien, bien no digo nada, me voy a dormir, buenas noches.-
Buenas noches amiga.
A la mañana siguiente no hubo necesidad de despertar a Mia, pues antes de las seis ya estaba en la habitación de su madre.-Mamá, despierta, tenemos que ir a la playa.-
Mia, es muy temprano, aun no amanece.-
No importa, así es mejor, tenemos que armar la carpa y esperar a Omer, voy a llevar mis lápices para que pintemos juntos – dice y se vuelve corriendo a su habitación.
Defne se rindió, estaba claro que iba a tener que levantarse y prepararse para ir a la playa, con pocas ganas salió de la cama, se duchó, se puso la ropa adecuada para el viaje y luego hizo lo mismo con Mia, prepararon el desayuno y lo comieron, luego ambas sacaron sus bolsos y los metieron al maletero del auto.
Luego de hacer un repaso de lo que llevaban y de aquello que podrían necesitar, Defne ayudó a Mia a sentarse en su silla y le abrochó el cinturón, y luego ella se sentó detrás del volante e iniciaron el viaje a Esmirna.
Llevaban la mitad del camino recorrido, cuando les llegó un mensaje de Omer, Defne se detuvo y lo leyó, eran simplemente unas coordenadas, por lo que las introdujo en el GPS del auto y siguió el camino. Al llegar a Manisa se dejó guiar por el GPS, y este la llevó al puerto, ahí detuvo el auto, llamó a Omer y este le contestó enseguida.-Omer, llegamos al lugar que nos indicó el GPS, ¿Dónde estás?-
Voy enseguida -le dijo Diez minutos después lo vieron aparecer, vestía un pantalón corto de color verde y una camiseta blanca.-Buenos días – las saluda-
Buenos días -responde Defne-
Hola Omer -le dice la pequeña – traje lápices para que dibujemos juntos-
Pues yo he hecho lo mismo, vengan – dice .Toma el bolso de la pequeña y se lo acomoda en el hombro, mientras levanta a Mia y la lleva en brazos, se detiene delante de un yate y les dice-Este será nuestro hogar por el fin de semana, ¿Qué les parece?-
Omer, me encanta – le dice la pequeña, dándole un beso en la mejilla – mamá, ¿verdad que te gusta a ti también?-
No lo sabría, nunca me he subido a uno de estos.-
Entonces que les parece si entramos y se acomodan, tenemos una habitación para cada uno, así que a elegir cual les guste más.
Fue solo decirle eso a Mia, que se dejó caer de los brazos de Omer y corrió, uno de los hombres que estaba arriba del yate la ayudó a subir para que pudiera seguir con su carrera.-
No me digas nada, – le dice Omer al ver el rostro de Defne – para mi hija todo lo mejor, ahora porque no sigues su ejemplo y subes a elegir la habitación que te guste.-
Muy bien.
Para cuando estuvieron dentro, Mia ya había hecho su elección, luego pusieron en marcha el yate y lo anclaron en medio del mar, ahí en la proa almorzaron un sabroso Salmón, acompañado con ensaladas y vino blanco para los adultos y zumo de naranja para la pequeña.
En la tarde Mia y su padre se bañaron en la piscina, mientras ella tomaba el sol, hacía mucho tiempo que no disfrutaba de un tiempo para ella sola, siempre que venía a la playa, debía estar pendiente de su hija.
Luego de disfrutar en la piscina, Mia se durmió y Defne aprovechó para hacer lo mismo, cuando despertaron era casi la hora de la cena.–
¿Por qué no subimos a la cubierta con unos cojines y nos tumbamos un rato a mirar las estrellas? Omer miró a Defne esperando ver su reacción.–
Me parece una buena idea –dijo ella. Fueron por los cojines, luego los tres se dejaron caer sobre ellos.
El cielo estaba despejado, no se veía ninguna nube. Solo muchas estrellas rutilantes. El mar estaba sereno y el yate se mecía suavemente sobre las olas. –
Estoy viendo la Vía Láctea –dijo Mia alegremente–. Y la Osa Mayor.–
¿A que no eres capaz de ver dónde está la Osa Menor? – exclamó Omer, mientras la pequeña se acomodaba junto a ellos entre los cojines.–Sí, allí está.–
¿Y Pegaso?–
¡Allí, allí! –dijo muy orgullosa–
Estoy impresionado, pocos niños de tu edad conocen tantas constelaciones.–
Mi mamá me las enseñó.
Defne pasó el brazo alrededor del hombro de su hija. Estaba orgullosa de ella. Le había enseñado todo lo que sabía, si había algo que le gustaban eran las estrellas y trató de transmitirle su amor por ellas a su hija.–¿Podrías ver dónde están las Pléyades?–
Sí, son aquellas estrellas –dijo Mia señalando con el dedo–. Se las conoce también como las Siete Hermanas. A mí también me gustaría tener una hermana –añadió ella con gesto somnoliento–.
Si uno se queda hasta el amanecer puede ver Júpiter. Es el planeta más grande… Hay muchas estrellas… Omer miró a su hija y vio que tenía los ojos cerrados y que estaba profundamente dormida. Luego se quedó mirando al cielo y cuando volvió la vista de nuevo hacia Defne vio que tenía también los ojos cerrados.
Se preguntó qué pasaría si se acercara y le pasara un dedo por los labios y luego le acariciara el pelo. ¿Abriría los ojos asustada y se pondría a gritar? ¿O le correspondería como cuando estaban juntos?
Volvió a mirar al cielo, Defne se movió ligeramente y ronroneó como una gatita. Abrió los ojos sorprendida y lo miró fijamente durante unos segundos. Luego se levantó bruscamente.–
Creo que me quede dormida–
No fuiste la única.–Es hora de que Mia vaya a la cama.–¿Puedo llevarla?, es una niña maravillosa.–
Lo sé –dijo, mirando a la pequeña con mucha dulzura.–Cambie de opinión – le dice ella, luego que Omer dejara a la pequeña en la cama. –
¿Sobre qué? – le dice él un poco nervioso-
Sobre contarle la verdad, eres el mejor padre que Mia pudiera tener, creo que deberíamos decirle la verdad.-
Muchas gracias, es todo un halago, pero ¿estás segura?-
Creo que es lo mejor, basta mirarla para saber que te convertiste en alguien importante en su vida y si no le contamos corremos el riesgo que piense que la hemos engañado.
Omer, se quedó con la mirada fija en ella, Defne, incómoda por la forma en que la miraba, le dice.-Buenas noches –
Buenas noches -le responde, dejándola en la habitación con su hija.
Ella miró a su pequeña y se le llenó el corazón de ternura, al recordar como miraba a Omer, mientras le nombraba las constelaciones. Sabía muy bien como era esa sensación, ella lo vivía cada día cuando estaba con él, saber que la persona que amas y admiras te presta toda su atención mientras tú hablas de lo que te apasiona, es maravilloso.
Desde la pequeña ventana de la habitación, se podía apreciar las estrellas, era una hermosa noche. Sabía que una oportunidad como esta no la tendría dos veces, por lo que se puso una manta sobre los hombros y salió de la habitación. Se sentó en una de las butacas que estaban cerca de la piscina. y se dispuso a mirar el hermoso cielo estrellado-
¿Sucede algo? -Escucha decir a Omer-
Me asustaste-
Lo siento mucho, pero no deberías estar aquí sola-
¿Por qué?, ¿no está permitido?-
No, no es eso, si te sucediera algo, nadie se daría cuenta a tiempo para ayudarte.
– Lo siento no lo pensé, solo que no tenía sueño, la noche esta tan hermosa y dudo que tenga la oportunidad de navegar en un yate nuevamente.
-Recuerdas que este era uno de nuestros sueños ?-
Si, lo recuerdo,.-Viviríamos en el invierno en nuestra casa y en el verano en un yate como este, recorreríamos muchas ciudades, las islas griegas, incluso Italia – le dice él-
Tú llegaste a Italia-.
Si, pero sin ti.
-Eso ya no importa. El silencio se apoderó de ellos, y fue Omer quien lo rompió.
-Si prestas atención podrás escuchar la melodía que entona el mar al chocar las olas entre sí.
Defne hizo lo que le sugirió Omer y efectivamente parecía como si se escuchara una melodía de ritmo lento. -Parece que has viajado mucho por el mar, nunca había escuchado esta teoría antes.
-Solo algunos tienen el privilegio de escucharlo-Ven le dice él.
-¿Cómo?-
Dame tu mano te voy a enseñar algo más-
Muy bien
-Pero tendrás que confiar en mí, como lo hacías antes, aunque sea un breve instante. Omer, le tomó una de las manos y se la puso en su hombro, luego le puso la suya en la cintura de ella y luego junto las manos que quedaron libres–Recuerdas cuando hacíamos esto en nuestro departamento – susurró Omer en su oído.–
Ya no suelo bailar – le dijo ella.–
No creo que no recuerdes… como hacerlo –dijo él comenzando a mover los pies con ella.
Sin saber cómo, Defne se dejó llevar y apoyó la mejilla sobre su pecho. El suave movimiento del yate, y la cercanía de Omer, despertaron en ella recuerdos de la época en la que vivieron juntos. Sintió nostalgia pensando en aquel amor perdido y en aquellas emociones que no había vuelto a vivir. Fue una sensación agridulce que olvidó de inmediato al sentir que él le acariciaba la espalda mientras bailaban.
Omer la acercó más a su cuerpo y ella se amoldó al ritmo algo más lento con el que él la guiaba. Era una noche clara. La luna y las estrellas brillaban radiantes en el cielo, reflejando su luz en las aguas y abriendo ante ellos todo un abanico de esperanzas.
Defne pensó que no le importaría que la besara. Y la besó, lentamente, sensualmente, con consumada habilidad. Los labios de Omer eran suaves, apenas presionaron los suyos, pero todo su cuerpo estaba atento al contacto. No pudo evitar un escalofrío al notar cómo los labios masculinos abandonaban su boca y recorrían su garganta. Sintió la caricia de su lengua, una caricia muy dulce, pero no por ello menos devastadora. Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás con un gemido.
Él la abrazó y ella se dejó llevar. Omer murmuró algo en voz apenas audible, pero a ella le pareció un idioma desconocido.
Defne se arqueó para recibir un contacto más profundo y, por un momento, él se quedó inmóvil, como si lo hubiera sorprendido. ella abrió los ojos. La estaba mirando a los labios con unos ojos impenetrables, negros como el carbón. Era una mirada ciega y llena de deseo. Bajo otras circunstancias aquella mirada la habría alarmado, pero en aquel momento la hizo sentir triunfal.
Luego la miró a los ojos. Era evidente que entre los dos había pasión. De pronto lo sintió muy cerca, tanto que su rostro era una mancha borrosa, y sus sospechas le parecieron totalmente irrelevantes. Cerró los ojos.
Omer introdujo sus dedos en el pelo de Defne y le sujetó la cabeza en el ángulo perfecto para poder besarla mejor. Definitivamente no era el beso de un hombre que no sintiera nada por ella.
Defne olvidó donde estaba, olvidó que pronto se casaría, incluso olvidó que a unos pasos estaba su hija acostada, olvidó la prudencia y el sentido común. Lo único que sabía era que muy dentro de ella reconocía el beso de Omer y se entregaba a él. Durante unos segundos de locura le respondió con el mismo deseo.
Mientras las manos de Omer recorrían el cuerpo femenino con suprema maestría. Apenas consciente de lo que hacía, Defne se arqueó todavía más para ir a su encuentro. El beso de Omer se hizo más salvaje y ella no protestó. Al contrario, lo rodeó con sus brazos tan deseosa como él.
Cuando Omer descendió por sus caderas hasta llegar a la cara interna de los muslos, ella notó que toda la precaución que la había mantenido en guardia había desaparecido. No se le pasaba por la cabeza negarse a él.
Entonces, Omer dijo algo indescifrable y se retiró de ella. Le costaba respirar, la miró a la cara. Parecía atónito.–
Creo que… –dijo ella–, es mejor que me vaya, antes de que..
.–Antes de que hagas algo de lo que luego puedas arrepentirte, ¿verdad?
–Sí –susurró ella. Se separó de él y camino deprisa a su habitación.
CONTINUARA

