Si acaso existía la felicidad plena, seguramente se sentía así, pensaba Defne, mientras se miraba al espejo luego de salir de la ducha, la sonrisa tonta que se asomaba en su boca delataba sus emociones, no entendía que había sucedido, pero todo era diferente, se sentía como si estuviera balanceándose dulce y bellamente de una nube a otra, si hasta el clima parecía que acompañaba su estado de ánimo.
– ¿Mira cómo estás?, ¿Qué es lo que cambió en ti?, la vida te ha sorprendido de una forma en la que no te lo esperabas – se dijo y suspiró.
Cuando salió del baño ya estaba preparada para salir, entró a la cocina y saludó a la señora Emine, pero no fue capaz de mirar a los ojos de Omer, se disculpó y se dirigió a la puerta.
– ¿Defne? – escucha que le dice Omer – ¿estás bien?
-Sí, – fue su escueta respuesta.
-Entonces, ¿por qué no me miras a los ojos?
-Es solo que… me siento extraña, no puedo creer lo que sucedió
– ¿Te arrepientes?
-No, claro que no… si te soy sincera, siento que estoy soñando
-Ya somos dos. – le dice él
-Pero al mismo tiempo tengo miedo
– ¿Miedo?, ¿miedo de mí?
-Miedo de lo que siento, en este momento no soy yo misma, lo peor es que me gusta, me gusta lo que siento cuando estoy contigo y seguramente hoy no lograré concentrarme en nada, porque estaré todo el día pendiente de la hora.
-Sí te sirve de algo, yo siento lo mismo, todo esto me tomó por sorpresa, pero no lo cambiaría, me gustas, me gustas mucho.
-Me tengo que ir, pero llegaré temprano, tengo que prepararme para la cena.
-Está bien, pero antes déjame robarte un beso – le dice
Ella sonríe y con los ojos cerrados le ofrece sus labios, saboreando el beso que Omer le dio.
Recorrió las tiendas buscando el vestido adecuado para la noche, lo único que tenía claro, es que debía ser verde, para que hiciera juego con el anillo que la señora Emine le había regalado, lo otro es que debía ser un vestido fácil de quitar, para que a Omer no le costara desnudarla al momento de hacer el amor.
Después de horas, por fin lo encontró, era un vestido verde esmeralda, con un hermoso diseño en el frente, se sujetaba a sus hombros con unos diminutos tirantes, desde el momento que lo vio supo que era el adecuado, no necesitaba absolutamente nada más, porque esa noche no usaría brasier, solo unas pequeñas braguitas, todo sea por facilitarle las cosas a su esposo.
Se fue directo a la peluquería, allí la peinaron y maquillaron, por lo que solo debía vestirse y estaría completamente preparada para la cena.
A las cuatro de la tarde, estaba de vuelta en el departamento, con tiempo suficiente para terminar de prepararse.
Una vez vestida, sale de la habitación y se encuentra con Omer.
– ¿Qué sucede? – le pregunta viéndolo luchar con la corbata de lazo de su esmoquin.
-No puedo, lo he intentado muchas veces, pero no me resulta
-Haber déjame a mi
Ella le acomoda la corbata de lazo y luego la camisa.
-Ya está, te ves muy guapo.
-Y tú, luces… hermosa.
-Muchas gracias caballero, es usted muy amable
-Créeme que en este momento me gustaría dejar de ser un caballero amable y secuestrarte para así estar solos.
-Bueno puede ser que sea yo quien te secuestre – le dice ella muy coqueta.
– ¿De verdad?
-Sí, pero no ahora, después de la cena, cuando todos hayan visto al increíble hombre con el que me casé.
-Pues entonces que esperamos.
-Perdón – escuchan a sus espaldas, – la señora Emine dice si pueden ir a su habitación antes de irse.
-Por supuesto, dígale que vamos enseguida – le responde Defne a la enfermera
-Muy bien, se lo diré.
Ambos fueron hasta la habitación de la señora
-Madre, nos venimos a despedir, ya nos vamos a la cena.
-Pero que elegantes están los dos, mi hijo se ve muy guapo y mi hija la más hermosa, antes de que se vayan, les voy a dar mi bendición.
Ambos se acercan y reciben de la mujer la bendición y luego ella besa las mejillas de ambos.
-Que Dios los cuide esta noche y aleje todo lo malo de ustedes.
-Así será madre, por favor no nos esperes despierta, no sabemos a qué hora llegaremos.
Al llegar al lugar donde se llevaría a cabo la cena, solo se encontraba Yasemin, la que le dio las últimas indicaciones.
En un salón, ya preparado para la rueda de prensa, Defne y Omer tomados de la mano, procedieron a contestar las preguntas.
-Nuestro encuentro fue un poco accidentado, – comienza diciendo ella, – mi chofer casi atropella al hombre que tengo a mi lado, lo trasladamos al hospital y fue allí, donde me enamoré de él.
-En ese entonces usted estaba comprometida – le dice uno de los periodistas.
-Sí, lo estaba y fue lo único que me impidió declararme a quien hoy es mi esposo, pero la vida fue buena conmigo, porqué ese mismo día salieron a la luz pública las fotos de su engaño, lo que me permitió terminar el noviazgo y cancelar el matrimonio.
-Señora Defne, ¿no será acaso que usted se casó apresurada para no perder la herencia de su abuela?
– ¿Qué clase de pregunta es esa? – dice Omer – está usted dudando de la palabra de mi esposa y eso no se lo permito
-Y usted, por lo que hemos sabido, era guardia en un bar y los fines de semana trabajaba como jardinero, por lo que supongo no es una persona de muchos recursos económicos, digamos que… no era el ex novio multimillonario del que se nos habló antes.
-Tiene usted razón, no soy millonario, trabajo para vivir, así como lo hacen millones de personas, pero si con todo esto, trata de insinuar que me casé por interés, déjeme decirle que, si usted cree que el único atributo que tiene Defne para conquistar a un hombre es su dinero, o es usted ciego o estúpido, solo basta con mirar a la mujer que tengo a mi lado para saber que, lo último que miraría en ella es su billetera.
Los periodistas que estaban en la sala largaron una risotada, lo que impidió que el hombre siguiera preguntando.
Las demás preguntas fueron fáciles de contestar, y ellos respondieron a todas y cada una de ellas, luego de eso se les invitó a pasar al comedor donde podrían disfrutar de la cena.
-Señora Defne – le dice uno de los camareros – perdón, pero hay un caballero que pide hablar con usted.
– ¿Dijo quién era?
-No señora, solo dijo que era su amigo y que quería felicitarla por su matrimonio.
-¿Sucede algo? – le pregunta Omer
-Nada importante, vuelvo enseguida –
-Muy bien
-Con su permiso, – dice y se levanta de la mesa para seguir al camarero.
Cuando llegaron a la recepción del hotel, Defne se detuvo en seco y exclamó
– ¿Es en serio?
-Qué gracioso, fue lo primero que pensé cuando vi la noticia de tu matrimonio
Defne se quedó mirándolo, él exhibía una de aquellas sonrisas de machito arrogante que tanto le solía gustar y ahora solo le causaba fastidio
-¿Qué haces aquí?
-Ven y te lo explicaré, pero no con palabras, sino como lo hacía antes, ¿recuerdas?
Tras exhalar un suspiro de resignación, ella dijo
-¿De veras crees que verte nuevamente hará que corra a tus brazos?, que pensabas, ¿qué saltaría sobre ti, incapaz de reprimir mis ansias de besarte?
-Teniendo en cuenta que solo hace unos meses jurabas que me amabas, no me parecía tan absurdo.
-¿No te lo dije la última vez que nos vimos?, tu traición mató el amor que creí tener por ti, ¿y que sucedió?, mi amiga no te fue suficiente.
-Tenemos mucho de qué hablar, por ejemplo, de lo absurdo de tu matrimonio, si necesitabas casarte para recibir la herencia de tu abuela, solo debías decírmelo y yo encantado en ser tu marido.
Defne no podía creer la desfachatez de su exnovio, aparecer después de todo este tiempo y así como si nada hubiera sucedido.
-Podemos ir a un lugar donde estemos más cómodos.
-Esto debe ser una broma, no tengo tiempo para perder contigo.
Defne caminó por el pasillo y él la siguió, trató de tomarle la mano, pero ella lo impidió.
-No te atrevas – le dice deteniéndose – no vuelvas a tratar de tocarme, no te lo permito, ahora ¿te vas por las buenas? o ¿te mando sacar por las malas?
-No me voy hasta que conversemos, yo aun te quiero y tengo motivos para pensar que tú igual
-Creo que no escuchó o no entendió lo que dijo mi esposa – le dijo Omer desde el final del pasillo – entonces se lo voy a repetir, usted no es bienvenido en este lugar, haga el favor de irse… ¡ahora!
-Y este, ¿Quién se cree?
-No me creo, soy el esposo de Defne.
-Así que, este fue el tipo, – le dice sarcástico – no creas que no me enteré que para poder casarte debiste comprar a un hombre, por supuesto no me esperaba otra cosa, si la orgullosa Defne Topal no es capaz de mantener a un hombre a su lado, menos será capaz de enamorarlo.
Esas palabras penetraron lo más profundo de su corazón, tanto así que no pudo responder.
CONTINUARÁ

