MI MUNDO A TUS PIES. CAPITULO 8

    CAPITULO 8

    ¿Qué me respondes? – dice Omer

    -No sé, no creo que sea correcto, los dos solos en esta casa.

    -¿Cuál es el problema?, esta casa lo que más tiene son habitaciones, elije las más alejada a la mía si no confías en mí.

    -No yo no quise decir, perdón si te ofendí, no fue mi intención.

    -Está bien, no te preocupes, te voy a dejar entonces, así de paso llevo al maestro con su familia.

    Defne sabía que a Omer le había dolido sus palabras, porque a oídos de él se escucharon como que ella desconfiaba de que estuvieran a solas.

    -Sabes, lo pensé mejor, y si me voy a quedar aquí contigo – le dijo mientras los tres iban de camino al auto – claro que no estoy preparada para quedarme, me refiero a que no tengo mis artículos personales.

    -Por eso no te preocupes, dejamos a Husta en la casa de su hijo y luego te llevo a comprar lo que necesites – le responde él.

    -Perfecto entonces – una vez estando en el auto, se dirige a Husta – me presentaras a tu hijo maestro.

    -Por supuesto que si mi niña, tienes que ver como esta mi nieto y que dulce es, espera déjame mostrarte una foto.

    Defne recibe lo que el maestro le entrega, era el retrato de un pequeño de no más de tres años.

    -Déjeme decirle que es un niño muy hermoso, se parece a usted, ¿se lo habían dicho?

    .-No, la verdad no, soy muy feliz con él, lamentablemente solo me quedare unos días.

    -¿Y eso? – pregunta ella

    -Debo volver a mi trabajo, aun no te lo he dicho, pero ahora trabajo con el abuelo de Omer. Cuando nos fuimos del país él nos acogió, nos dio un trabajo y así que debo volver.

    -Entonces disfrute todo el tiempo que pueda con ellos.

    Llevaron al maestro hasta la casa de su hijo, donde compartieron un café con ellos y conocieron a su nieto un adorable pequeño, después de un grato momento emprendieron el viaje de vuelta a la casa.

    –Primero pararemos para comprar –comentó él.

    –Muchas gracias.

    Cuando Omer detuvo el auto frente a una gran tienda donde ella solo podía soñar comprar ella solo le dice.

    -Omer, yo no voy a comprar en esta tienda, es muy costosa para mí.

    –No tienes que pagarla tú, los gastos corren de mi cuenta.

    -No te puedo permitir hacer eso.

    -¿Por qué no?

    -Bueno porque no es correcto

    -Otra vez con que no es correcto, antes cuando éramos novios me dejabas comprarte acma, y con aceitunas que era aún más costosas que las normales. ¿y ahora no me dejas que te compre lo que necesitas?

    -Pero era muy diferente

    -¿Por qué?

    -Bueno, porque

    -Defne, en ese tiempo era lo único que podía comprarte, te amaba tanto que, si hubiese tenido más, más te hubiera dado.

    -¿Me amabas? – le pregunta ella

    -Aun te amo, quizás hasta más aun, por eso te pido, déjame darte lo que no pude antes, al perderte no me quedaba nada en la vida y he vivido estos últimos años solo para trabajar, he ahorrado lo suficiente como para comprarte todos los acma que quieras.

    –Tienes que ser muy rico –afirmó ella sonriendo.

    –Mucho, y desde hoy pongo todo mi mundo a tus pies.

    En aquel momento, sentada cómodamente en ese lujoso auto, al lado de Omer, ella sintió por primera vez en mucho tiempo que ya no todo dependía de ella, que esta vez iba a dejar que alguien más tomara el control de la situación y ella solo dejarse llevar.

    –¿No te he dicho que era obstinado? – le dice ella

    –En efecto –dijo él para luego bajarse del auto y ayudarle a ella a hacer lo mismo.

    Entraron a la tienda de un elegante diseñador, en una de las zonas más caras de la ciudad, Omer se volvió hacia ella.

    –¿Quieres que te dé mi tarjeta de crédito y comprar sola?

    –Preferiría que no – fue su respuesta

    –Entremos entonces – llevándola de la mano

    Parecía casi alegre y ella lo fulminó con la mirada.

    –¿Esto te divierte?

    –No, me hace feliz que es muy diferente, no creí que la vida me diera este regalo.

    –¿Qué cosa?

    -Venir de compras con mi chica, ¿Quieres que te ayude a elegir o prefieres hacerlo sola?

    –Puede que me echen si entro sola –respiró hondo abrió la puerta.

    Omer se sentó mientras ella se probaba ropa.

    Desde el momento en que habían entrado, el encargado y los dependientes dieron por sentado que, por su aspecto y la ropa que llevaba, sería él quien pagaría, y ella se sintió como Julia de la película mujer bonita.

    -Señores – les dijo Omer – ella es mi novia y si ella quiere, puede llevarse todo lo que, de esta tienda, así que quiero que la atiendan como lo que es una reina.

    -Estás loco – le dice ella.

    El encargado sonrió, le indicó una silla y Defne se metió en el probador y cada vez que salía lo hacía con un atuendo diferente, al final termino comprando ropa para todo un año. Desde luego, Omer asentía a cada conjunto que ella le mostraba.

    El encargado solo sonreía.

    Defne se miró en el espejo de cuerpo entero y soltó una

    risita.

    –Me falta el collar de perlas.

    Omer estuvo de acuerdo.

    –Enseguida lo arreglaremos –apuntó el encargado volviéndose hacia una de las dependientas.

    –Pero no he dicho que lo quiera, a este conjunto le vendría bien, pero no he dicho que quiera el conjunto –se volvió hacia Omer–. ¿Crees que esta soy yo?

    –¿Qué quieres decir?

    –Que cuando me miro al espejo me siento otra persona.

    El encargado parecía tan confuso.

    –Tú sigues siendo la misma que conocí hace años, no has cambiado y uses la ropa que uses eso no cambiara, ¿Me entiendes?

    Ella asintió y luego le dijo

    –Y tú sigues siendo el mismo, sabes perfectamente que decir y en qué momento decirlo.

    –¿Te gusta esta ropa?

    –Si, mucho

    –Entonces, o hay nada más que decir, ¿qué haces?, le pregunta él viendo que se dirigía al probador.

    –Me voy a cambiar la ropa…

    -Y ¿Por qué?

    -Bueno porque si nos vamos a la casa, prefiero andar cómoda.

    –Quiero llevarte a cenar, voy a presumir a mi hermosa novia– le dijo al tiempo que estrechaba la mano del encargado.

    Un momento después, estaban entrando a un restaurant tomados de la mano, Defne llevaba uno vestido negro, unas botas del mismo color que le llegaban a la altura de la rodilla, un precioso jersey rojo y una boina del mismo color que combinaba muy bien con su cabello.

    El portaequipaje del auto de Omer estaba completamente lleno con la ropa que había comprado para ella, Defne parecía un gato que, por fin, hubiera podido comerse al canario.

    -¿Estas feliz?

    –Mis botas son maravillosas –afirmó –. Gracias.

    –¿Solo por eso?

    –Bueno si también me gusto la demás ropa – le dice riendo.

    –No es eso lo que quiero escuchar.

    –¿En serio? Y ¿Qué sería entonces?

    –No sé, por ejemplo, que estas feliz de ser mi novia, que estas feliz que estemos juntos, y si dices que me amas, me harías feliz a mí.

    –Señor Omer Iplikci, estoy muy feliz de estar con usted y la verdad no sé si debo decirle que lo amo, porque asuma que yo aceptaré ser su novia, sin

    siquiera haberlo preguntado.

    –Defne, – le dice serio, – desde hace cinco años que somos novios.

    –Le debo recordar que cuando te vi estabas a punto de casarte y no sé si esa relación aún existe –dijo mientras tomaba un pedazo de pan y se lo llevaba a la boca.

    –¿Acaso podría estar con otra mujer?, ella no existe en mi vida Defne, no podría siquiera pensar en estar con otra mujer teniéndote a ti, tú eres la única y si no te lo he dicho aun, te amo, alguna otra excusa.

    –Aun no escucho que me pidas ser tu novia.

    _ ¿Defne?… ¿de verdad?

    -Por supuesto, te he esperado durante cinco años aun creyéndote muerto, creo que merezco ese gesto.

    -Sí, tienes razón

    Omer se levanta de su silla, se para frente a ella, saca del bolsillo de su chaqueta una caja, se arrodilla, le muestra el anillo y le dice

    -Defne, ¿quieres ser mi esposa?

    -¿Qué haces?, solo estaba bromeando.

    -Pero yo, he querido hacer esto por mucho tiempo, claro que, en mis pensamientos, te vi llorando, y diciendo, sí.

    Recién cuando él dijo esas palabras Defne entendió lo que de verdad estaba sucediendo, Omer estaba hablando completamente en serio, verdad le estaba pidiendo que se casara con él.

    -Yo… – le dice mientras los ojos se le llenaban de lágrimas – yo… por supuesto que acepto.

    Esperó mientras Omer deslizaba el anillo por su mano, luego él la levanta y a vista de todos los que estaban en el restaurant la besa en la boca.

    Luego llegó el mesero con una botella de champaña y dos copas, las que le sirvió a los novios y todos brindaron por ellos.

    Defne no puedo probar bocado, ver el anillo en su dedo era tan emocionante que le quitó el apetito, por eso cuando Omer le dijo si se quería ir, ella feliz le respondió que sí.

    Ya en el auto camino a la casa, ella aun no podía creer todo lo que había pasado en un solo día, como le había cambiado la vida..

    Una vez en la casa, Defne le dice mirando nuevamente el anillo

    -Es hermoso.

    -Fue de mi madre, – le responde él – te lo iba a dar para nuestro matrimonio hace cinco años y lo mantuve guardado todo este tiempo.

    -¿También esperabas por mí?

    -Aunque mi mente me decía que era casi imposible, mi corazón me gritaba que ese anillo era solo para ti.

    -Omer, te amo tanto y soy tan feliz de tenerte a mi lado.

    Luego ella se tiró a sus brazos y le dio un beso, pero Omer sabía que debía mantenerse lejos de ella, o de lo contrario terminaría cometiendo un error y tal vez eso arruinaría todo.

    -¿Te cansaste, te ves acalorada? ¿Quieres algo para tomar? – pregunta él

    -Un té sería agradable

    -Está bien enseguida, ¿te gusta la casa?, si no te gusta cuando nos casemos compramos otra.

    -¿Gustarme? me encanta, además no importa donde vivamos mientras estemos juntos…

    -¿Quieres tomar un té? – le pregunto él

    -La verdad estoy agotada, te molesta si me voy a acostar

    -No para nada, ven te voy a mostrar tu habitación.

    Omer le mostró la habitación donde dormiría esa noche y luego se retito dejándola sola.

    Defne se puso el pijama que compró horas antes, el que consistió de una blusa y un pequeño pantalón corto. Acostada y sin poder dormir, pensando en que este había sido el mejor día de su vida. Se había acostado temprano y probablemente ya estaría dormido, que era como debiera estar ella, estaba contenta, pero agotada.

    Pero… ¿Pero ¿qué? Pero nada, se levantó y se acercó a la ventana. La luna jugaba en la nieve. A lo lejos divisó las luces del pueblo. La conducta de Omer ese día la había dejado encantada, Omer…

    El estar a solas en la casa, ella se sintió consciente de cuanto había cambiado Omer, su pelo negro, esa piel color aceituna, su físico, esos labios que aun la llamaban a besarlos con locura, aunque en el fondo seguía siendo el mismo joven del cual se enamoró locamente.

     ¿En qué estaba pensando cuando aceptó pasar la noche en esa casa a solas con él?, sabía que Omer había tenido otras mujeres y seguramente con ellas había intimado, seria ella lo suficiente mujer para hacerlo olvidar a las demás y si esta noche le dijera que hicieran el amor, ¿qué pensaría de ella?

    Estaba desesperada por no poder conciliar el sueño y porque sus pensamientos los ocupara únicamente Omer y la posibilidad de hacer el amor con él.

    Se puso la bata, bajo a la cocina para tomar un vaso de leche tibia, para combatir el insomnio. Pero Omer estaba en el vestíbulo, de espaldas a la chimenea. Alzó la vista cuando ella bajaba, pero no sonrió. Era como si la hubiera estado esperando.

    –Voy a tomar un vaso de leche.

    –Deja que te lo sirva – le dice él, yendo a la cocina y volviendo con un vaso de leche en su mano.

    –Gracias. – le responde recibiendo el vaso, entonces, me vuelvo a la cama.

    –Defne… –dijo él avanzando hacia el pie de la escalera.

    Ella hubiera tenido que darse la vuelta y seguir caminando, pero no lo hizo en aquella noche mágica, cuando Omer estaba frente a ella y la miraba como…

    La cabeza le decía que fuera razonable, pero había algo tan profundo y primitivo en su interior que la razón no tenía posibilidad alguna de ser escuchada.

    –Omer –dijo ella. Él sonrió, la tomó de las manos y la atrajo hacia sí.

    –Defne –repitió él, y fue como si esa palabra contuviera todos los votos matrimoniales: amor, honor, compromiso… Ella los oyó todos. Aquel era su hombre y la abrazaba y la deseaba; y ella lo deseaba como no había deseado nada en su vida.

    –Vente a mi cama –dijo él, le besó el cabello y la atrajo más hacia sí.

    Ella se había quedado sin armas para luchar; además, no quería hacerlo, Omer era el dueño de su amor, y la deseaba tanto como ella a él. Y lo demás no importaba.

    –Ya llevas mi anillo –observó él–. Y me encanta, pero implica una promesa, ya eres mi prometida, la mujer que deseo más que nada en el mundo, te daría mi castillo, mi reino, si los tuviera, pero eres la absoluta dueña de mi corazón, te amo, Defne, y te quiero en mi cama para el resto de mi vida. Aceptaré que me rechaces, pero si pudieras imaginarte…

    –Creo que puedo hacerlo –consiguió articular ella–. Estoy segura de que puedo, ser la reina de tu castillo y de tu reino, pero lo que más me gusta es ser la dueña de tu corazón. Lo abrazó y echó la cabeza hacia atrás, para que sus bocas se unieran mientras él la abrazaba, la levantaba y subía con ella en brazos las escaleras hacia su dormitorio, al llegar a la habitación la dejó suavemente de pie al lado de la cama.

    -¿Defne? – se acercó a ella lentamente, toma su cara entre sus manos y la besó tan delicada y deliciosamente que ella se dejó llevar por las sensaciones que esto le provocaba, cuando él hizo el beso más profundo, ella le respondió de una manera descarada pegando su cuerpo al de él, no pensaba solo sentía, tal parecía que a él le pasaba exactamente lo mismo

    Omer metió su mano por el pijama y comenzó recorrer, desde su cadera, cubriendo toda su espalda y luego comenzó a acariciar el costado de su seno, como esperando a que ella se opusiera, como no fue así, tomo uno de ellos por completo y comenzó a jugar con su pezón, Defne suspiró de placer mientras aún seguía explorando esos deliciosos labios.

    -Omer…

    -Te amo como jamás he amado a alguna otra mujer.

    Luego lentamente la acostó sobre la cama, tomo los pezones con sus labios y comenzó a jugar con uno primero y luego con el otro, ella solo podía gemir ante las emociones que esto le hacía sentir, Omer se deshizo de su propia ropa y Defne de su pantalón para así quedar completamente desnudos.

    Omer, y sus labios recorrieron todo su cuerpo y lo que no lo hizo con ellos lo hizo con sus manos, por otro lado, ella hacia lo mismo, sentir ese cuerpo sobre el suyo, tocarlo como jamás había tocado a un hombre antes, sin sentir vergüenza ni culpa por lo que estaba haciendo era grandioso.

    Por fin Omer la tomó delicadamente, introduciéndose dentro de ella, con movimientos suaves y lentos, hasta lograr llegar hasta lo más profundo de su cuerpo, viendo como ella se retorcía de placer pidiendo y exigiendo con su cuerpo que le diera más placer, cosa que él estaba dispuesto a hacer, sus movimientos fueron más rítmicos, entrando saliendo de ella, provocando oleadas de placer que los consumía a ambos.

    Mientras él se movía dentro de ella, besaba sus pechos, luego sus labios hasta que con un grito ambos llegaron a lo más alto del placer, quedando completamente agotados abrazados en la cama.

    -Eres increíble. – le escuchó decir a Omer, mientras ella cerraba sus ojos y se dormía.

    Omer despertó de madrugada, no podía creer lo que había pasado esa noche, parecía que su deseo en lugar de calmarse aumentaba, la despertó a media noche para hacer el amor y ahora que la veía desnuda acostada a su lado volvía a sentir lo mismo.

    Ella abrió los ojos en forma lenta y pesada, y vio a Omer a su lado, después de recordar todo lo que sucedió entre ellos la noche anterior, se estiró como una gatita en la cama, suavemente se levantó de la cama y se fue a la cocina para preparar el desayuno. ¿Cuántas veces soñó con hacer esto, después de una noche de pasión, comer en la cama con su marido?

    CONTINUARÁ

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