-Con esos pantalones cortos, te pareces a Lara Croft, tienes unas piernas muy
bonitas.
-Muchas horas de caminata -le dijo ella
-Eso, porque tú quieres, deberías volver donde tu abuela, vivirías a lo
grande, no como lo hacemos ahora.
-Nihan, yo no te obligué a que vinieras conmigo, además prefiero vivir así,
que estar sometida a sus caprichos.
Habían pasado ya cinco años y aun no podía desligarse del lazo de su abuela,
aunque su amiga lo negaba, Defne sospechaba que era ella quien mantenía
informada a la mujer de todo lo que ella hacía.
Seis meses después de enterarse de la muerte de Omer, su abuela la
comprometió en matrimonio, sin que ella se enterara, por lo que informaban
se casaría en un mes con el hijo de un magnate comunicacional, la noticia fue
dada a todos los medios de comunicación, junto con su matrimonio se
llevaría a cabo la fusión de las empresas, así las dos familias dominarían
todo el mercado, como siempre la abuela creía que el dinero lo manejaba todo y eso ella no lo iba a permitir, si algo había aprendido de Omer, era a
luchar por lo que quería.
Esta vez no se dejó intimidar, se enfrentó a la mujer, le dio un rotundo no,
ante la noticia que acababa de saber, la respuesta de su abuela fue
amenazarla con quitarle toda su ayuda, fue en ese momento que Defne
decidió dejar la casa, a su abuela y todos los lujos que eso significaba.
Tomó un poco de ropa y algo del dinero que tenía guardado y se fue de la
casa y así por fin tomar las riendas de su vida.
Después de eso todo se complicó, pero hasta ahora se las había podido
arreglar sola, tenía dos trabajos, y con eso pagaba la mitad de la renta y lo
que no cubría la beca en la universidad, ya solo le quedaban seis meses, su
práctica y recibiría su título y por fin lograría optar a un buen empleo y a
una vida mejor, esos eran sus planes.
Omer le había hecho prometer, que incluso, después de casarse con él, ella
iba a estudiar y aunque ya no estaba, Defne pretendía cumplir esa promesa,
se negaba a creer que él la había abandonada, sabía que para lo que hizo
existía una buena explicación, pero ahora ya nunca la conocería, porque
Omer, su Omer, el joven del que ella se enamoró, no actuaria de esa forma.
-Escucha, – le dice su amiga – sacándola de sus pensamientos – ¿vamos a la
inauguración de un nuevo local de comida? y después nos vamos a bailar
-No puedo, la jefa me llamó esta mañana y me ofreció un trabajo para
limpiar una casa.
-No deberías aceptar esa clase de empleo
-Mi beca no cubre todo, y no quiero recurrir a un préstamo universitario, no
quiero tener deudas. Además, limpiar me relaja.
- ¿Te relaja limpiar? pareces de otro planeta.
-No hay nada más gratificante que dejar un lugar reluciente, aunque no sé
porque, preferiría no trabajar esta noche, pero van a pagarme una tarifa
especial, resulta que el dueño pasa casi todo el tiempo afuera y ha decidido venir, sin previo aviso. ¿te imaginas ser tan rica como para no poder decidir
en cual de tus casas vas a dormir?
-Pero si tú lo eres, solo si… - sí ya sé, no te voy a hablar de tu abuela, dime…
¿sabes cómo se llama el dueño?, para buscarlo en internet y ver que tal es.
-Ni idea, solo sé la dirección de la casa, y que una vez que termine, tendré
una bonita suma de dinero en mi cuenta bancaria.
-Y ¿si te acompaño? - ¿Por qué no?, o mejor aún ¿porque no vas en mi lugar?, así no me pierdo
una gran fiesta, por sacar brillo al piso de la casa, hoy no tengo ganas de ser
como Cenicienta. - Tú ¿qué me cuentas?, ¿vas a ir con alguien esta noche?,
para animar tu aburrida vida amorosa.
-Por suerte, mi vida amorosa no es nada aburrida.
Defne sintió una punzada de envidia.
Desde que sucedió lo de Omer, ella nunca más pudo siquiera pensar en estar
con un hombre, su corazón se murió junto con él, por lo menos eso era lo
que creía, a todos los hombres que había conocido les encontraba algún
defecto, claro al compararlo con su primer amor, todos eran inferiores.
Llegó al lugar, a la hora acordada, el guardia le dio acceso a la villa y otro la
llevó hasta la casa, cuando le abrió la puerta de esta, ella no pudo evitar
quedarse con la boca abierta, la casa tenía una impresionante vista,
representaba el lujo máximo, siguió caminando hacia el jardín, era
maravilloso, lleno de flores de diferentes colores, vivir ahí debía ser un
sueño, y no entendía porque el dueño solo la ocupaba de vez en cuando, ella
encantada viviría siempre ahí, pero eran los lujos que se podían dar ciertas
personas.
Resignada a que le faltaba mucho para tener una casa como esa, se puso a
trabajar, eligió música de Rossini, se puso los auriculares y tarareó el
barbero de Sevilla, mientras limpiaba el suelo del salón. Quien fuera que viviese allí, no tenía hijos, pensó limpiando el polvo de la
mesa de cristal, todo era sofisticado y discreto..
Subió cantando por la escalera, hasta el dormitorio principal y se quedó ahí
hasta dejarlo completamente limpio y ordenado.
Echó un último vistazo a la habitación antes de dirigirse al cuarto de baño,
había una gran bañera junto a una pared de cristal, la única manera de
limpiar algo tan grande era metiéndose dentro, así que lo hizo con mucho
cuidado de no resbalarse.
Casi terminaba con todo lo que debía hacer, cuando escuchó un ruido en el
dormitorio, pensando que sería alguien de seguridad se sobresaltó.
-Hola, si hay alguien ahí, espere un minuto antes de entrar porque acabo
de…
Se quedó de piedra al ver a una mujer aparecer en la puerta,
impecablemente arreglada con un vestido de seda en color coral,
envolviendo su esbelto cuerpo y los labios perfectamente pintados, ella
nunca se había sentido más fuera de lugar en toda su vida.- ¿Puedes venir? – dijo la mujer con tono gélido.
- ¿Qué sucede? – la voz masculina provenía del dormitorio, era profunda y
por un instante a ella le pareció reconocible, cerró los ojos y volvió a ver a
Omer en su mente.
Un instante después apareció el dueño, un hombre tan atractivo y tan
familiar que ella sintió que el estómago le daba un vuelco, era moreno, de
ojos y pelo negro, su cara estaba cubierta por una espesa barba igual que su
pelo, debía tener unos 30 años calculó.
Cuando la vio, su rostro reflejó sorpresa, para luego volverse inexpresivo,
preparada para una explosión de proporciones volcánicas, ella tragó saliva.
-Puedo explicarme – dijo, sabiendo de ante mano que una de las reglas para
trabajar en la empresa, era no tener contacto con los dueños de las casas.-- Eso espero -dijo la mujer golpeando rítmicamente el suelo con la punta del
pie -estoy deseando escucharla.
-Soy la persona que hace el aseo. - ¡Eso no explica el que se encuentre aquí!, ¿acaso no le explicaron que el
personal de aseo no debe estar en el mismo lugar que los dueños de las
casas.
-Si lo sé – le responde ella, ya con ganas de tomarla por el pelo y arrastrarla
por el piso que antes había limpiado.
¿Que se creía?, al parecer su pensamiento se reflejó en su cara, porque la
mujer se dirigió al hombre, exigiéndole le dijera algo, pero la única respuesta
del hombre, fue entornar sus espectaculares ojos negros.
-Y, ¿no le vas a decir nada?
-No veo la razón para reclamarle algo.
La mujer lo miró como si quisiera matarlo, y así sin más salió de la
habitación.
Defne se quedó en silencio y con la sensación de conocer al hombre que
tenía frente a ella.
-Lo siento mucho.
-No lo sienta, no ha sido culpa suya.
-Como ya terminé, me retiro, buenas noches.
-Espera, ¿Qué hacías aquí?
-Ya le dije soy la persona del aseo. - – Luego de un momento donde él se dedicó
a mirarla de arriba abajo Defne le dice – si no confía en lo que le digo, puede llamar
a la empresa y pedir mis datos.
-Dame un segundo, exactamente eso haré- le responde él.
Estos ricos son todos iguales, todos piensan que las personas les quieren
robar, pensó Defne, y en ese instante desaparecieron todas las sensaciones de que el extraño se parecía a Omer, él nunca hacia distinción de personas y
siempre pensaba lo mejor de los demás.
Unos minutos después el hombre volvió a la habitación.
-Bien, Zeynep Tung – le dice – su historia es cierta, hablé con su jefa y la
confirmó. - ¿Me puedo ir entonces?, y solo para que lo sepa, nunca miento.
-No estaría tan seguro de que no miente, señora o señorita - ¿Tiene alguna importancia?
-Eso lo decido yo…, ¿entonces? - ¿Por qué no se lo preguntó a mi jefa?
Ella solo quería irse de esa casa, esto ya se estaba tornando extraño y le
estaba dando miedo, pero entendió que mientras más rápido respondiera
las preguntas, más pronto estaría en la seguridad de su pequeño pero
tranquilo departamento.
-Se lo pregunto a usted – escucha que le dice.
-No señor, no estoy casada, ¿satisfecho?, ¿ahora si me puedo ir?
-Una última pregunta, ¿sabes quién soy yo?
-No, lo siento, pero como también lo sabrá, la política de la empresa, es no
decirles a los empleados los nombres de los dueños de las casas que van a
limpiar. - ¿Señorita? – le pregunta cuando ella ya iba de camino a la salida.
-Si- responde deteniéndose en la puerta de entrada. - ¿Sera usted, la encargada de venir a esta casa nuevamente?
-La verdad no lo sé, eso lo decide mi jefa… ahora si me permite, quiero irme,
buenas noches. - Cuando ella llego a la soledad de su departamento, se dejó caer en su cama y
mirando al techo pensó, que el tiempo había ido cicatrizando las heridas,
pensaba que ya se había sobrepuesto a su dolorosa experiencia, pero ahora,
se daba cuenta de que no todo estaba muerto y enterrado, ella, simplemente
lo había arrinconado en su mente, y ahora sus sentimientos afloraban de
nuevo.
Al ver y al escuchar a aquel hombre trajo a su mente todos los recuerdos que
tenía guardados, todo el amor que sentía por Omer y las lágrimas
comenzaron a rodar por sus mejillas al pensar que nunca más volvería a ver
al hombre que le había robado y destrozado el corazón.
Después de que ella, se fuera de su casa, los pensamientos de Omer, eran un
torbellino, ver a Defne era algo con lo que no había contado, aunque ella
había cambiado su nombre, él la pudo reconocer su cabello, esa manera
única de mirar, aun estando enojada como ahora, todavía tenía el poder de
perturbarlo emocionalmente, y esto lo ponía furioso.
Después de todo, él había conocido durante estos años a muchas mujeres
más atractivas, ¿Qué tenía ella de especial para trastornarlo de esa manera?
Es verdad que, con el tiempo, él se había olvidado o guardado en alguna
parte lo que había sucedido o lo que ella le había hecho, pero reconocía que,
al verla de nuevo, el encuentro surtió un efecto devastador sobre él.
CONTINUARA

