
CAPITULO 9
-Ven. – dijo él.
Entrelazando los dedos con los suyos, y la llevándola hacia la casa. La noche estaba fresca, Omer la atrajo hacia si, y acarició los brazos helados. Solos en la oscuridad, puso una mano bajo su barbilla, y alzó su rostro.
-¿Qué puedo decir que te convenza para te quedes aquí conmigo?
-Nada. Y tú lo sabes.
-Lo sé. Y voy a respetar tu decisión, pero promete, que cuando estés en la ciudad, me extrañarás.
-A cada hora. A cada instante. – le responde.
Sin dejarla terminar, él buscó sus labios y ella aceptó los suyos. Le acarició los brazos, y los hombros, después puso una mano en su espalda.
Ella dejó escapar un suspiro, y se preguntó, ¿por qué todo le parecía bien cuando estaba con Omer, a su lado? Se sentía segura, y protegida.
Entraron a la casa, y él la llevó hasta su habitación, donde nuevamente le hizo el amor.
Despertó, en medio de la noche, y Defne no estaba a su lado. En silencio, se levantó y fue hasta su habitación, allí la encontró dormida, la observó por un momento, aun sin convencerse de que ella lo amaba, y más aún, que era su mujer. Esa idea lo hizo sonreír feliz, aunque le hubiera gustado despertar al lado de ella, entendió que debía respetar su espacio, por lo que volvió a su habitación, y se durmió nuevamente.
Cuando despertó al día siguiente, se levantó apresurado, recordó que Defne se marcharía a la ciudad. Se duchó a toda prisa, y bajó.
-Buenos días señor Omer – lo saluda la señora de la cocina – si busca a la señorita, se acaba de ir
– ¿Sin despedirse? – le pregunto desilusionado.
-Fue hasta su habitación, pero usted aun dormía, así que prefirió dejarlo descansar. Dijo que lo esperaría en la ciudad.
-Bien – dice. Ahora solo quedaba esperar.
Al llegar a su casa, apenas si tuvo tiempo para cambiarse ropa e irse directo a la tienda. Una semana fuera de la ciudad, significaba mucho trabajo a atrasado. Tal como se lo imaginaba, se pasó toda la mañana metida entre los papeles que le entregó su secretaria.
De todas maneras, eso era bueno para ella, así no tenía a Omer metido en su mente todo el tiempo.
En el único momento que tuvo libre, junto con tomarse un café, analizó todo lo que le había sucedido en los últimos días. Todo era una locura, pero una tan hermosa que le había cambiado la vida para siempre. Pensar que ella creía que Selim sería el único hombre en su vida, ahora no solo había quedado en su pasado, sino que además lo conoció como realmente era.
Después del almuerzo pudo salir de la oficina, y atender a los clientes, cosa que a ella la hacía muy feliz.
Cuando llegó a su casa, era ya tarde, por lo que se fue directo a la cama. Estando ahí acostada, se dio cuenta de cuanto extrañaba a Omer. Él no la había llamado en todo el día, pero le hacía ilusión que mañana volvería a estar con él.
¿Cómo se fue enamoró tanto, y en tan poco tiempo? Esa fue la pregunta que rondaba su mente, hasta que se durmió.
A la mañana siguiente, contemplaba su reflejo en el espejo de la habitación. Llevaba un par de pantalones ceñidos, y una blusa transparente, que dejaba ver su sujetador, estaba ansiosa por ver a Omer. Él le había dicho que tenía curvas, unas curvas maravillosamente femeninas que despertaban su deseo, y eso era lo que quería lograr. Quería ver como sus ojos negros, se volvían aún más negros al mirarla llenos de deseo. Pensar en equello le provocó un nuevo cosquilleo en el estómago. ¿Estaría demasiado exagerada? ¿Demasiado sexy?
Le gustaba el aspecto que tenía, se dijo, se veía más joven y más libre, no tan madura como procuraba estar siempre con Selim. No quería pensar en él, ya había tenido bastante con la discusión en la casa de Omer. Su vida anterior parecía estar muy lejos, decidió concentrarse en su nueva yo, mirándose al espejo.
-Ni siquiera parecía tan joven, cuando era más joven. – le dijo a su reflejo.
Después de humedecerse el cabello, y ponerse un fijador para risos rebeldes, sacudió la cabeza. Por primera vez en mucho tiempo, dejó sus risos sueltos, eso era algo que molestaba a Selim, pero él ya no estaba en su vida.
Echándose el bolso al hombro, salió de la casa, y se fue caminando a la florería. Al llegar, comenzó a ordenar los arreglos florales, afuera de su local. En eso estaba concentrada, cuando escuchó una voz conocida.
– ¿Te volviste loca?
Ella se giró, y quedó de frente a Selim. Bien dicen que acordarse del diablo, es seguro que se presenta, pensó ella.
– ¿Qué quieres?
-Por Dios. Definitivamente enloqueciste. ¿Cómo te puedes presentar así a trabajar? ¿Cómo pudiste salir de tu casa vestida de esa manera? Mira tu cabello.
-No me volví loca, todo lo contrario, creo que recuperé la cordura en el mismo momento en que decidí que tú no eres parte de mi vida. Esta que ves aquí, soy yo.
-Pareces una… – él no terminó de decir la palabra que amenazo con salir como un insulto.
– ¿Una qué? Dilo o ¿quieres que termine por ti? Una mujer feliz, y libre, sin complejos porque ya no está a su lado él hombre que la criticaba por todo lo que ella hacía. Si tanto te escandaliza como me visto, te puedes ir, yo no te pedí que vinieras, y tampoco te pedí opinión sobre mi manera de vestir. – luego de terminar de decir aquello, entró a la tienda, y cerró la puerta detrás de ella.
Ninguno de los dos, notó a Omer que estaba en su auto, y había sido testigo de la discusión. Él observó a Selim alejarse, solo entonces salió del auto, y se encaminó hasta la tienda.
Al escuchar la puerta abrirse, ella se giró dispuesta a sacar a Selim a la fuerza si era necesario, pero al ver a Omer, la expresión de su rostro cambió enseguida, y corrió a abrazarse a él, para luego darle un beso, uno de esos que los dejaba sin aliento y con ganas de mucho más.
– Que bueno que llegaste. Te extrañe, ¿Por qué no me llamaste? – dice ella, luego de separarse.
-Primero, yo también te extrañé mucho, apenas llegué a la ciudad vine a verte. Si no te llamé, fue porque creí que tendrías muchas cosas que hacer, y no quería molestarte.
-¿Tú, molestarme? Jamás.
-Te ves radiante – le dice él
-Gracias. Cambié mi forma de vestir, además, este es mi cabello natural.
-A mí me gusta esta nueva Defne, sobre todo porque se ve feliz
-Y lo estoy, estoy muy feliz. Creo que estoy enamorada.
– ¿Crees? ¿Solo lo crees? Porque yo estoy completamente seguro de que te amo.
-Si. Estoy total, y absolutamente segura de que te amo.
– Eso me gusta más. ¿Quieres cenar conmigo esta noche?
-Si por supuesto, solo dime donde, y a qué hora.
-Sorpresa – le responde él – ¿te parece si paso por ti a las siete?
-Me parece maravilloso
-Lamentablemente, ahora debo irme, pero me tranquiliza saber que nos veremos en un par de horas.
Luego de darle un beso, le dice
– ¿Nos vemos más tarde?
-Sí – le responde ella
-Te amo
-Yo también te amo
Omer salió al exterior y tomó su teléfono.
– ¿La conseguiste? – dice
-Si, hermano – se escucha decir del otro lado.
-Bien, envíala a mi teléfono… y Sinan, muchas gracias – luego sube a su auto.
Mientras estuvo con Defne, debió contenerse. Ver a Selim molestándola nuevamente, lo había enfurecido, pero delante de ella no quiso hacer nada, sobre todo porque estaba en su florería.
-Buenos días. – dice al entrar a la clínica. – ¿Está el doctor?
-Sí. Acaba de llegar, pero aún no comienza a atender pacientes – le informa la mujer.
-No se preocupe no soy su paciente – se dirige a la puerta donde estaba escrito el nombre del ex novio de Defne.
Abrió la puerta de un golpe, lo ve detrás del escritorio, se acerca a él, lo toma de la solapa de su delantal, lo levanta de la silla, y le da un puñetazo.
-No te quiero volver a verte cerca de mi mujer – le dice – Soy un hombre tranquilo, pero cuando alguien se mete con lo que es mío, no tengo ningún problema en sacar la ira que llevo por dentro. ¿Quedó claro?
Selim solo mueve la cabeza afirmativamente, mientras se limpiaba la sangre que salía de su labio roto.
-Ahora si quieres puedes demandarme, pero esto es solo una advertencia.
Luego de eso salió de la consulta de Selim y se dirigió a su auto.
Al llegar a la oficina, citó a Sinan y al abogado de la empresa para prevenirlo sobre la posible demanda que presentaría el doctor en su contra, y las razones que había tenido para hacer lo que hizo.
-No se preocupe señor Omer. – le dijo el abogado. – estaré pendiente, y prepararé la defensa en el caso de que suceda algo. Me voy enseguida para comenzar a averiguar si algo sucede.
El abogado deja la oficina, y Sinan mira a su amigo sin poder creer lo que había escuchado.
– ¿Qué? – le dice Omer
-Nada, solo que me parece increíble, que el Omer estricto y disciplinado, pierda el control de esta manera. ¿De verdad Defne te hizo perder la cabeza?
-Bueno, tú eres el culpable
– ¿Yo?
-Claro. Tú me disté la oportunidad de pasar tiempo con ella y me enamoré aún más.
-Si claro. – le dice su amigo.
Por la tarde, a las siete en punto, Omer la recogió en su casa, y se fueron a cenar. En el restaurante, el jefe de camareros, vestido de esmoquin, los guio a una acogedora mesa junto a un ventanal.
Con una reverencia, le entregó una elegante carta a cada uno.
-Estás muy hermosa. – dijo él.
-Gracias, señor. -sonrió al hacer esa ambigua afirmación. – Es usted encantador. -bajó los ojos, y dejó la carta en la mesa. – pero… el placer es todo mío, me gusta mucho estar contigo.
Omer sonrió con placer.
Mientras comían, hablaron sobre sus vidas, lo que les gustaba y lo que no. Ella escuchaba atenta, cuando él hablaba, y él correspondía su atención cuando era ella, quien estaba hablando.
Cuando terminaron de cenar, los músicos subieron a una pequeña plataforma. Poco después, empezaron a oírse melodías románticas, Omer se puso en pie, y le ofreció la mano.
-¿Te gustaría bailar?
-Por supuesto. – responde ella tomando su mano.
Cuando llegaron a la pista de baile, las luces se atenuaron, y Defne disfrutó de estar entre sus brazos.
-Te extraño. – musitó él en su oído, apretándola contra sí.
-Yo también. – murmuró ella, sonrojándose al sentir la obvia excitación.
Él la apretó aún más, ella se rindió al contacto, deseando más. Omer la miró con los ojos nublados de emoción. Susurró su nombre, y sus labios rozaron el lóbulo de su oreja antes de deslizarse por su mejilla. Ella, se encendió con el contacto.
La música acabó y ellos regresaron a la mesa.
Omer luchó contra su deseo de pedirle a Defne que se fueran enseguida… quería hacerle el amor, su sentido común ganó la batalla contra sus deseos, eso, hasta que escuchó los labios ella decir:
-¿Te importaría que nos fuéramos?
-No, claro que no… bueno digo no hay problema. -luchó por escucharse tranquilo.
Ella sonrió, mientras él la guiaba hacia la puerta, sorprendido y emocionado por su consideración.
Cuando salieron, ella se detuvo, con el rostro arrebolado.
-Dímelo. – le dice él.
-¿Qué cosa?
-La razón por la que estas ruborizada. Ya sabes que conmigo no debes tener vergüenza.
-Yo, … ¿te gustaría ir a mi casa, y quedarte conmigo? – le preguntó con timidez.
-De verdad crees que esta noche voy a estar lejos de ti – le respondió de inmediato, tomándola de la mano y la llevándola hasta el auto.
Mientras buscaba las llaves, contempló a Defne, bañada por la luz plateada de la luna.
-Defne. – dijo, ella ladeó la cabeza, él le acarició su mejilla. – Eres una mujer fascinante.
Clavó la mirada en sus labios entreabiertos, y tentadores.
-¿Por qué me miras así? -preguntó ella.
Sin contestar, él besó sus labios. Incapaz de controlar el ritmo desbocado de su corazón, Omer, como un salvaje, deseaba arrancarle la ropa. Su boca la aprisionó con pasión y después con suavidad.
Ella se entregó con abandono, rodeando su cuello con los brazos, moviéndose con él, los labios firmes pero rendidos a los suyos. Omer la levantó en brazos, ella dejó escapar un grito que él silenció con su boca. La llevó hasta el auto, y la depositó en el asiento. Cuando se sentó al volante, tomó su mano y le besó los dedos, dejando escapar un gemido.
En tiempo récord él llegó a la casa de Defne, la ayudó a bajarse del auto, y así entraron.
No podía mirar los ojos de Omer, sabía que una vez que estuvieran en la habitación, le daría rienda suelta a todo lo que se había contenido en el trayecto, y las expectativas de la pasión que se desataría la estaba matando.
Tal como lo pensó, él la tomó, la llevó contra la pared, y la besó, le acarició los labios con la lengua antes de deslizarla dentro de su boca. Defne podía sentir su contacto ardiente, y suave contra la suya. Clavó los dedos en su hombro, mientras se dejaba llevar por aquellas sensaciones, Y se sumergió en ellas. Omer contrajo su lengua para introducirla nuevamente en su boca con mayor insistencia. Ella ansiaba apretarse contra él, con sus endurecidos pezones que necesitaban sus caricias.
Sin dejar de besarlo, ella se puso de puntillas, restregándose contra su duro pecho
-Dios eres tan bella. – le susurró. – te deseo tanto
Ella le acarició con los nudillos la barba, le causaba mucho placer hacerlo.
-Tómame entonces.
Omer se detuvo
-Desnúdame. – le ordenó él
Ella sonrió, y llevó sus dedos a los botones de la camisa. Podía sentir como el corazón le latía con mucha fuerza, le desabrochó todos los botones, y luego se la sacó, tirándola despreocupadamente a un lado
-Te gusta lo que ves. – Omer enarcó una ceja. – ¿quieres tocarme?
Ella asintió con una sonrisa de satisfacción. Experimentó una deliciosa sensación de poder conforme acercaba su boca al cuerpo de él, se detuvo solo a centímetros de distancia, para sentir el calor que emanaba de él, mientras aspiraba su aroma, se llevó los dedos a los botones de su blusa.
-Creí que querías tocarme.
-Y quiero hacerlo. -repuso ella, se deshizo de la blusa por los hombros dejándola caer sobre la alfombra. -quiero tocarte así. – y se acercó aún más.
El contacto de su piel, la quemó incluso a través del encaje del sujetador, perdió el aliento cuando sus pezones endurecieron sensibilizados tocaron el torso desnudo de Omer.
-Omer
-Bien. – dijo, había echado su cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. – me gusta tanto sentirte.
Una vez más, el impacto que sabía podía ejercer sobre él la animó a desinhibirse. Subiendo los brazos hasta el cuello se apretó contra él al tiempo que frotaba las copas de encaje contra su pecho.
-A mí también me gusta sentirte. – y le besó la barbilla.
Lo oyó gruñir, el sonido la hizo aumentar su confianza, la hizo, desearlo más aún. El deseo la atravesó de punta a punta. Sin pensarlo dos veces, se llevó las manos a la espalda, y se desabrochó el sujetador, enseguida los tirantes se deslizaron por los hombros, sus desnudos senos por fin hicieron contacto con el torso desnudo de Omer, ambos gruñeron a la vez, y el sonido quedó ahogado cuando sus bocas se encontraron.
Omer se mantuvo contenido en el beso, pero Defne se entregó a fondo, sabiendo que era él quien se encontraba bajo su control, podía sentirlo en su respiración entrecortada, en la tensión de sus duros músculos, sobre todo, cuando deslizó una mano por su pecho, para encontrar la dura punta de su pezón.
-Me estas matando. – se quejó él
Defne presionó sus labios justo en el lugar del corazón sintiendo su rápido pulso
-A mí me parece que te encuentras en muy buena forma. -le besó el pezón, y se animó a saborearlo con su boca
-Defne. – le gruñó de nuevo. – yo quería que llevaras la iniciativa, pero…
Ella volvió a saborear aquel delicioso lugar.
-Es difícil… – terminó de decir.
Defne sofocó una risita, apretando las caderas contra las de él
-Ya lo sé
-Muy graciosa. – dijo él, aunque no se estaba riendo para nada.
Pero de repente, ella también dejo de reír, la sensación de su miembro presionando contra su sexo, aumentó en varios grados su deseo. Ciertas zonas de su cuerpo, empezaron a latir dolorosamente con insistencia, sobresaltada por aquella rápida escalada de pasión, alzó la cabeza para mirarlo a los ojos
-¿Lo sientes ahora cariño? – preguntó él.
Ella asintió con la cabeza
Con un lento movimiento, él la tomó de la nuca, y la obligó suavemente a echar la cabeza hacia atrás, deslizó entonces los labios por su boca, ella intentó retenerlo allí, pero el continúo recorriendo la barbilla, el cuello
-Sabes delicioso. – murmuro mientras proseguía por la curva de su seno, llenándolo de besos, cuando llegó al pezón, empezó a lamerlo, y succionarlo con fuerza. Defne comenzó a jadear, se le doblaron las rodillas, y tuvo que tomarse de sus hombros para no caer. El dolorosos latido que sentía en su entrepierna, se redobló, exigente. Cuando él saboreó el otro pezón, suspiró, no había imaginado que todo podía llegar a ser tan delicioso. Bajó los dedos a lo largo de sus brazos, deteniéndose en el botón de su pantalón, Omer se detuvo, con el rostro enterrado en sus senos
-Soy la que estoy mando. ¿Recuerdas? – susurró. -ahora toca el pantalón. -lo escuchó soltar un tembloroso suspiro
-Como quieras. – se apartó de ella, con las manos en alto en señal de rendición
No dejaba de mirarla a los ojos, ella forcejeo con el botón, hasta que lo soltó, y desabrochó rápidamente el pantalón para luego bajar la cremallera. Tras una breve vacilación, le bajó los pantalones, y el bóxer a la vez.
Se tomó su tiempo para quitarle la ropa, y dejarlo completamente desnudo ante ella. Verlo así, le robó el aliento, Omer era hermoso, y no podía creer lo mucho que lo deseaba.
-¿Puedo desnudarte yo a ti ahora?
Defne bajó las manos, y se lo permitió. Los movimientos de Omer eran rápidos y seguros, en cuestión de segundos quedaron los dos completamente desnudos.
-Te he dicho que eres todo lo que siempre soñé. – le dijo él.
-Llévame. – tuvo que humedecerse los labios con la lengua para poder terminar la frase. – llévame a la cama
Sin dejar de mirarla la llevó hasta el borde de la cama, y se sentó en ella
-Ven aquí. – le ordenó
Ella aceptó la mano, y se colocó entre sus muslos, de pie ante él, tomo su cabeza entre sus manos la acerco, capturó un pezón entre los dientes, y tiró suavemente, ella gimió, derrumbándose, y sintiéndose caer. Él la sostuvo y se recostó en la cama, con ella encima.
Sus bocas se encontraron, y el beso fue una explosión de necesidad, y de lujuria, él la sujeto, tirando de ella para llevarse sus senos a la boca, y mantuvo en aquella postura.
-Omer. -gritó en un intento por advertirle que todo aquello no era suficiente. – Omer.
La giró de espaldas, y ella se entregó, separando sus muslos a manera de invitación, pero él aún no había acabado de tocarla, recorrió su torso con las manos, luego separó suavemente el pliegue de su sexo, y procedió a acariciarla. A punto de provocarle un orgasmo, y justo cuando ella había creído alcanzarlo, él se retiró, ella lo tomó del brazo y él se echó a reír, con una risa maliciosa y dulce a la vez
-Solo un segundo, princesa.
En seguida volvió para tocarla de nuevo allí. En el momento en que ella había empezado a temblar, la incorporó para posesionarla encima de su cuerpo, como había hecho antes, solo que esta vez, le alzó las rodillas de manera que quedara sentada sobre su regazo
-Oh, Oh Dios. – Omer entrecerró los ojos, y su duro miembro, presionó justo donde ella sentía aquel incesante latido.
-Levántate un poco cariño. – le pidió cerrando sus manos sobre sus caderas, acto seguido, situó su miembro justo debajo de su húmeda, y ardiente abertura. – ahora. – pronunció con voz gutural. – tú estás al mando
Omer alzó la mano, y le acarició el pezón con el pulgar, ella se sintió estallar, y se dejó caer para deslizarse sobre él, quedando sin aliento.
-Relájate cariño. – le dijo. – espera un momento. -su contacto era cálido. – solo un momento
Con la otra mano le acercó la cabeza, y la besó, fue un beso ardiente y apasionado. Defne se derritió por dentro y cuando Omer empezó a deslizar su lengua dentro y fuera de su boca, ella se encontró imitando con su cuerpo ese movimiento.
Omer la adoró con la boca, y las manos, lo siguiente que supo Defne, fue que lo estaba montando, poseyéndolo. El deseo se reflejaba en su cuerpo, ya no había control alguno. Nada más que Omer dentro de ella.
Sintió su mano introduciéndose entre sus cuerpos volvió a tocarla allí donde sentía los latidos, y se inflamó por dentro, tensa, echó la cabeza hacia atrás.
-Anda princesa. – murmuró Omer. – llévame contigo
Llegó el placer absoluto, y se apoderó de ella, no bien surgieron las olas de placer, se derrumbó sobre el pecho de Omer, y saboreó su piel, mientras él se vertía en su interior
Defne yacía sobre él como en un manto cálido de miel. Omer sentía, y escuchaba el regular ritmo de su respiración, probablemente estaría dormida, unidos como todavía estaban sus cuerpos, con la mayor suavidad posible, abandonó su húmedo calor, apretando los dientes conforme sus cuerpos separaban. La escuchó musitar una protesta, pero enseguida enterró su cabeza en la almohada.
A la mañana siguiente, Omer se levantó con la intensión de prepárale el desayuno, y llevarlo hasta su cama. Así, como estaba, desnudo, caminó hasta la cocina. Al pasar por la sala, le llamó la atención una foto. Era una mujer adulta, y por alguna razón le parecía haberla visto antes. Tomó el retrato, y lo observó detenidamente, hasta que por fin las nubes en su mente comenzaron a desvanecerse.
-No puede ser – dijo en voz alta – ella es la mujer que…
Sin poder dar crédito a lo que su mente estaba analizando, volvió a dejar el retrato en su lugar, justo en el momento en que Defne llegaba a su lado.
-Es mi abuela – le dice
– ¿Cómo?
-La mujer del retrato, es mi abuela. Te hubiera encantado, y te habría amado, pero falleció
-¿Murió… hace cuánto tiempo?
-En una semana se cumple su primer año de fallecida.
CONTINUARÁ
