MI CORAZÓN TE LLAMA. CAPITULO 8

Aunque Omer se comportó de una manera cariñosa, Defne sabía que él no se había tranquilizado por completo. Tampoco ella quería agobiarlo con preguntas, por lo que decidió que el resto del día iría a su habitación, y se quedaría allí.

Casi al anochecer bajó, la casa estaba en completo silencio. La señora de la cocina ya se había ido, así que se dirigió hasta la sala de trabajo, sabía que, de seguro, encontraría a Omer en ese lugar.

Al momento de ella, abrir la puerta, él la recibió con una gran sonrisa.

-Despertó la bella durmiente. – le dijo él. – No quise molestarte, para que pudieras descansar.

– ¿Ya no estas molesto conmigo? – le preguntó ella.

-Pero… por supuesto que no estoy molesto contigo. – le respondió sorprendido. – sí, quizás con… pero no hablemos del tema. ¿Quieres cenar?, te estaba esperando.

-Si, por favor, tengo mucho apetito – le responde

Comieron tranquilos, conversaron sobre lo que ella hizo en el jardín, y él le contó que la colección la había enviado a Pasiones. Que una vez estando allí, comenzaba el proceso de fabricación. Lo que a ella le sorprendió, fue cuando Omer le dijo que, dentro de los diseños había uno hecho exclusivamente para ella.

– ¿Defne? – le dice él aprovechando el grato placer del regalo que le hizo. – ¿Por qué no te quedas hasta el lunes?

-No puedo. Tengo mucho trabajo atrasado.

-¿Y si insisto?

-Por favor, no. Recuerda que me enseñaste, que siempre hiciera lo que sintiera.

– ¿Por qué te lo habré dicho? – le dice él riendo.

-Omer, tenemos que ver si fuera de este lugar hermoso, lo nuestro tiene futuro.

-¿Entonces ya piensas en que tú y yo podemos ser nosotros?

-Si, y aunque parezca una locura, es así.

-Maravilloso. – dice él complacido. – Reserva tiempo mañana, te quiero llevar a un lugar especial para mí.

-Sí, por supuesto. ¿Te parece en la tarde? Puedo retrasar mi vuelta a la ciudad para el día siguiente.

-Prepararé todo para que almorcemos fuera. ¿Te gustaría almorzar al aire libre?

-Me encantaría

Luego de cenar, ella se disculpó, y se retiró a su habitación. Comenzó a ordenar sus cosas, para el día siguiente terminar su trabajo, y pasar la tarde con Omer.

A la mañana siguiente, se levantó de madrugada. Solo tomó un café, y comenzó a preparar todo para que, cuando llegara el jardinero, terminar con los pequeños detalles.

Quería que la hora avanzara rápido para estar a solas con Omer.

Finalmente lograron poner en orden hasta el más pequeño detalle. Su obra debería verse terminada, en una, o dos semanas. Era seguro que ella vendría a constatar que fuera así, claro, si la relación con Omer soportaba la rutina de los días en la ciudad.

Al medio día, entró a la casa, se fue directo a la ducha, se puso ropa adecuada para un picnic. Un pantalón de tela, y una blusa, luego de eso bajó. Omer ya la estaba esperando, con una canasta donde llevaba, según él, todo lo necesario para una buena tarde de picnic.

Se fueron caminando por el mismo sendero de la otra noche, hasta llegar a un bosque de álamos, rodeado por un sembradío de margaritas. Era un lugar maravilloso.

Omer extendió la manta en el suelo, y sacó desde la canasta una botella de vino, y una Tarta salada de tomates con crema de queso, y mostaza, pan de casa, además de uvas.

Ella no supo si fue el trabajo de la mañana, o el aire que se respiraba en aquel lugar, pero se comió todo lo que Omer le ofreció, por último, se tomó una copa de vino acompañada de uvas. La comida estuvo deliciosa, y la compañía aún mejor. Estar con Omer era un deleite, era un hombre maravilloso, cada día que pasaba con él descubría una nueva faceta de su personalidad, que la hacía sentirlo más cerca.

-Ven. -le dijo él, recuéstate sobre la manta.

Aunque ella no entendía la razón, lo hizo sin dudar.

-Ahora cierra los ojos, y en silencio escucha.

Volvió a hacer lo que Omer le pedía. Se quedaron en completo silencio, e increíblemente, parecía como que los árboles tenían su propia conversación. El viento que pasaba por sus hojas, lograba captar esas conversaciones, y las arrastraba hasta donde estaban ellos, luego de un momento ella dijo:

-Que hermoso, me encanta.

-Esto lo hacíamos con mi madre cuando era un niño.

Volvieron a quedar en silencio, para seguir escuchando al viento, mientras ella se imaginaba a Omer de pequeño con su madre haciendo lo mismo.

-Defne. – le preguntó Omer, después que había pasado un largo rato en el que ella no emitió palabra alguna.

No supo en qué momento se durmió, pero al abrir los ojos, encontró que su cabeza estaba sobre el torso de Omer, y este la miraba divertido.

-Vaya, vaya señorita Defne, no me había contado que le gustaba dormir abrazada a alguien.

-No… yo… lo siento… me quedé dormida – le dijo sin querer moverse del lugar donde estaba

Él le acarició la mejilla, y clavó los ojos en su boca. Ella se acomodó para recibir su beso. Sintió cómo si nadara en un mar de miel, todo parecía suceder a cámara lenta. Se entregó al beso, cómo sí llevará besándolo toda la vida.

El calor que se extendió en su interior, se convirtió en un volcán. Una parte de sí misma, hambrienta, largamente reprimida, se estaba expandiendo, creciendo.

La boca de Omer era dulce, y cálida, ella deseaba más. Se apretó contra su cuerpo, pasó los dedos por su espeso cabello, y lo atrajo hacia ella. Se sintió invadida por un ansia desconocida hasta entonces. Por un deseo irreprimible de fundirse con él, de tenerlo en su interior, lo deseaba, aquello era una novedad para ella.

Pero en lugar de experimentar miedo, estaba dispuesta a dejar de lado, cualquier precaución, y sumergirse en la experiencia.

Omer por su parte, fue consciente de lo que sentía Defne, y comprendió que podría poseerlas sí lo deseara. Era tan bella, estaba tan dispuesta. Notó el deseo que nacía en su interior, el instinto le indicaba que ella lo aceptaría, su libido le decía, adelante, que aprovechar el ofrecimiento y lo disfrutara, pero su conciencia le decía que sí le hacia el amor ahora, acabaría lamentándolo para siempre.

No obstante, se acercaban peligrosamente a un, sin retorno. Si no tenía cuidado, su cuerpo tomaría el control, y mandaría su paciencia al infierno. Intentó retirarse, pero ella metió las manos por debajo de su camisa, y la presionó contra los músculos de su pecho. Sus caricias eran agradables, y placenteras, él jadeó y luchó por mantener el control, pero cada vez le resultaba más difícil, tenía que hacer algo, tenía que poner fin a lo que estaba sucediendo.

-Debemos… detenernos… ahora, – le dijo con la voz entrecortada.

– ¿Por qué? – responde ella

-Por qué no quiero que te arrepientas después

-Te dije que solo haría el amor cuando me sintiera segura

-Y ¿ahora lo estás?

-Sí. Cuando me hablaste del amor a primera vista, no lo creí, porque para mí el amor es algo que debía cultivarse, pero ayer entendí que el amor es algo que llega cuando no lo esperas, y no necesita tiempo para crecer cuando llena de una vez el corazón. Te amo Omer, y quiero que esto sea para toda la vida.

-¿Estás segura?

-Sí y ¿tú?

Como respuesta, recibió silencio. Por un momento sintió miedo, el impulso de levantarse y echarse a correr, hasta llegar a la casa, pero él le acarició la mejilla con tanta ternura, que ella frotó la nariz contra su palma, besándola, y suspirando, como si fuera lo más natural del mundo, luego se acurrucó entre sus brazos, deseosa de sentir el calor de su piel, y la dureza de su cuerpo masculino, de saborear su deseo.

Él sondeó su boca, con labios deliciosamente temerosos cómo si buscará respuestas, y ella las mantuviera ocultas. Defne cerró los ojos, y dejó que indagara, “encuentra mis secretos” parecía decirle, y seré toda tuya.

Él se retiró de su boca, y le puso un rápido beso en la sien como si hubiera captado el mensaje silencioso.

-Defne. –  le susurró suavemente al oído. -Te amo. Una vez que seas mía, no te dejaré ir

-Lo sé. -contestó ella, enredando los dedos en su espeso cabello, el cuerpo le temblaba como nunca antes y sabía que era por él – lo sé – le volvió a repetir.

Cuando las manos de Omer comenzaron a acariciar su piel desnuda, todos los nervios de su cuerpo empezaron a fundirse lentamente. Cuando la rodeo con sus brazos, su cuerpo cobró una vida que jamás había experimentado anteriormente, sus sentidos parecían agudizarse y adquirir una nueva dimensión, absorbiendo la presencia de Omer y grabándola a fuego en su corazón, todas las dudas se evaporaron.

Omer introdujo las manos debajo de la blusa, y la abrió, de modo que sus pechos quedaron expuestos a la fría brisa de la tarde.

Ella arqueo la espalda, y chilló al sentir, como sus labios se cerraban en torno a su pezón. Una cascada de sensaciones le recorrió por dentro, y deseó cosas que nunca había deseado con un apremio, una ansiedad casi animal.

Casi sin saber cómo, ambos terminaron completamente desnudos, bañados solo por el resplandor de la luna que recién asomaba.

El recorrió cada centímetro de su piel desnuda, con sus labios, lamiendo, mordisqueando, saboreando, ella se arqueaba una y otra vez, pidiendo, exigiendo todo lo que él le quería dar. Luego fue el turno de ella, lo obligó a recostarse boca arriba, y desnuda, se subió sobre él. Con suaves besos, comenzó el recorrido, primero por su boca, introduciendo su lengua y jugando con la de él, luego su lengua llegó hasta el lóbulo de su oreja, y lo succionó. Le gustó escucharlo gemir, por lo que recorrió su pecho hasta llegar a sus pezones, y al igual que lo hizo con ella, los succionó y mordisqueó. Omer no la perdió de vista en ningún momento, mientras ella lo acariciaba, lo excitaba. Él recorría su cuerpo desnudo, con las manos, deteniéndose en sus pechos, jugando con ellos, haciéndola por momentos perder el control.

-Tengo que hacerte mía ahora – la urgió, y la bajó de él, acostándola en la manta

Omer jugueteó un poco más con sus pezones, mientras ella sentía el calor de su erección entre las piernas.

Comenzó a besarla, y acariciar sus pechos, una y otra vez, luego la acomodó, ella abrió las piernas en silenciosa invitación y cuando él se puso encima, alzó las caderas para abrirse más a él, y Omer la penetró.

El primer embate la dejó sin aliento, pero cuando comenzó a moverse, se dio cuenta de que había aún más, él siguió hundiéndose en ella repetidas veces, besándola para acallar los gemidos que no podían controlar ninguno de los dos.

Omer sintió tensarse los muslos de ella, las contracciones de su clímax, aquello era demasiado bueno y ya no podría soportar por más tiempo, iba a llegar y nadie lo podría detener, se hundió profundamente en ella por última vez, de pronto la sensación se hizo más fuerte, perfecta, una sensación como no había otra. Permitió que su propio clímax estallara, mientras ella gritaba su nombre, y él reclamaba su boca en un apasionado, y dulce beso.

Durante los minutos que siguieron, disfrutaron de la intimidad de ser solo uno. Omer le besó la frente deseando que esto nunca acabara.

Tras saborear cada ápice de aquellas sensaciones únicas, permanecieron acostados con los ojos cerrados, y muy quietos, flotando a la deriva en una galaxia de ternura. Nunca habían sentido nada parecido.

-Una estrella fugaz. -susurró ella riéndose suavemente

-¿Qué? – Omer se incorporó sobre un codo para mirarla, sus ojos brillaban como si estuvieran llenos de estrellas.

-Nada -respondió ella para qué molestarse en hablar, se acurrucó en sus brazos.

-Sabes – le dijo él – Podría pasarme toda la noche así haciéndote el amor una, y otra vez.

 -Yo igual. – respondió ella. – Te amo

-Te amo – fue la respuesta de él.

CONTINUARÁ.

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