Esa noche, Defne había dado vueltas y vueltas en la cama, sin poder
conciliar el sueño, tenía miedo de lo atraída que se sentía por Omer, cada
vez que lo miraba, su corazón daba una vuelta de campana, sin contar que
ya no lograba recordar al hombre, del que creía estar enamorada y con
quien hace solo unos meses se iba a casar.
Selim, cuyos delicados modales y amable naturaleza tanto apreciaba,
quería simplemente un hombre en cuya firmeza pudiera apoyarse, y él
satisfacía ese requisito, el tranquilo y amable Selim jamás había intentado
apresurarla, nunca le había exigido nada, hubo momentos en los que ella
hubiera querido que fuera más apasionado y le demostrara un poco si la
deseaba y por otro lado estaba Omer, quien irrumpió en su vida y la
cambió por completo, tanto así que no lo pensaría dos veces, para decirle
que sí, si le volviera a insinuar hacer el amor.
La noche anterior, se perdió en las sensaciones de aquel beso y su cuerpo
exigía más y ella estaba dispuesta a complacerlo.
Salió de la cama preguntándose qué hacer, tenía la esperanza de que
Omer no estuviera en la casa. Cuando lo veía, su mente se convertía en un
torbellino de imágenes románticas, por mucho que se disparara la alarma
de su sentido común.
Se vistió y bajó las escaleras y todo estaba en silencio, suspiró con alivio al
comprender que podría disfrutar de unos minutos a solas para ordenar
sus pensamientos.
Al entrar en la cocina se sintió como si le hubieran dado un puñetazo en el
estómago, Omer estaba sentado a la mesa, con el periódico abierto, cuando alzó sus seductores ojos negros hacia ella, su corazón aleteó como
una mariposa.
—Buenos días—dijo él con ternura.
Luego dobló el periódico, lo colocó al borde de la mesa y estiró las piernas,
colocando un píe junto al de ella, Defne dio un paso atrás, él uno adelante.
—¿Dormiste bien?
—Yo… sí… gracias—le respondió.
Los ojos de Defne se clavaron en sus labios seductores. Tragó saliva y se
agarró al borde de la mesa para no lanzarse sobre él. ¡Para! Se oyó gritar
en silencio, pero no supo si se lo decía a ella misma o a él.
—y ¿tú? —dijo con voz temblorosa. Se esforzó por recuperar el control
—No como quisiera, pero tendré paciencia
Él le acarició la muñeca con la suavidad de una pluma, excitando cada
uno de sus nervios
—Disfruto estando contigo, así debería ser siempre —dijo él —Tengo que
confesarte algo, estoy loco por ti—deslizó la palma de la mano bajo la suya
y puso la otra encima
—No digas eso. Intentas avergonzarme —dijo ella.
—Lo digo en serio…
—Buenos días —la voz de un hombre interrumpió sus palabras.
—Perdón, pero toqué la puerta y como no escuché respuesta solo entre –
les dijo desde el umbral.
—No hay problema—respondió ella, ruborizaba.
-Defne déjame presentarte a quien será la persona que te ayudará a llevar
a cabo el diseño del jardín.
-Mucho gusto – le dice ella
-El gusto es mío señorita.
Luego de una taza de café y con la idea de alejarse de Omer se fue con el
hombre, allí estuvo compartiendo sus ideas, con el que ahora sabía, era el
responsable de la mantención del jardín.
Durante los siguientes días, se mantuvo ocupada con el rediseño del
jardín, durante el día prácticamente no pasaba tiempo con Omer, eso le
ayudaba a tener su mente en calma.
Por las noches, luego de cenar, a ella le gustaba sentarse en el suelo,
mientras él, le leía uno de los tantos libros que tenía en la biblioteca, una o dos noches despertó, cuando él la depositaba en la cama, pero no volvió
a intentar hacerle el amor o a insinuar esa posibilidad.
El jueves en la mañana, mientras ella desayunaba, Omer apareció en la
cocina.
- ¿Puedes venir un momento? – le dice – quiero mostrarte algo
Ella se levantó y lo siguió.
-Entra – le dice cuando llegan a una de las habitaciones de la casa –
tranquila estas a salvo
-Yo no he dicho nada
-Eso quiere decir que, si quisiera hacerte algo, no te opondrías
-Omer…
-Defne ven, quiero mostrarte la colección que acabo de terminar, serás la
primera persona en verla.
La llevó hasta el escritorio, la ayudó a sentarse y abrió frente a ella los
dibujos de zapatos de mujer, cada uno de ellos una maravilla, Defne
estaba encantada mirándolos.
-Son… hermosos, Omer
-Los hice pensando en ti
Ella levanta la cabeza para mirarlo a los ojos - ¿Cómo?…
-Los dibujé, pensando en que tú los llevarías puesto, esta colección es
inspirada en ti, por eso debías ser la primera en verla.
-Es lo más hermoso que alguien ha hecho por mi -le dice y la emoción del
momento la llevó a ponerse de pies y tirarse en sus brazos, para luego
depositar un beso en sus labios.
-De haber sabido que esta seria tu reacción, te la habría mostrado mucho
antes.
-Lo siento… me dejé llevar – le dice completamente colorada.
-Mírame – le responde levantándole el rostro – nunca te avergüences de
lo que haces, no conmigo, no al demostrar lo que sientes, eres una mujer
maravillosa y apasionada, pero debes dejar de reprimir tus sentimientos,
¿comprendes lo que te digo?
-Sí, – le responde – gracias
-Nada de gracias, ahora ve a terminar de desayunar, lamentablemente voy
a tener que salir a comprar al pueblo
-Muy bien- ¿Te gustaría venir conmigo?
-No puedo, tenemos que terminar hoy con el trabajo, para así mañana
seguir con los pequeños detalles, que son los que más cuestan.
-Vale, ya no me des tantas explicaciones, pero la próxima vez vendrás
conmigo, ¿te parece? - ¿Próxima vez?, Omer yo me voy mañana a la ciudad.
-No hablemos de eso ahora, me voy enseguida, ¿me extrañarás?, dime que
sí, así vuelvo mucho más rápido.
-Sí – le responde ella desde la puerta, – te extrañaré.
Al llegar a la cocina aun continuaba con la sonrisa en los labios. - ¿Le preparo otro café? – le dice la señora
-Por favor – le responde Defne
-Usted debe ser muy especial para el señor Omer – le dice la mujer
mientras le entregaba la taza. - ¿Por qué lo dice?
-Primero me llamó la atención que le permitiera quedarse en esta casa,
este lugar es su refugio, no permite que nadie se quede en las noches, los
empleados, solo venimos de día y hacer lo justo y necesario, para así
dejarlo solo el mayor tiempo posible.
-Lo que sucede, es que yo soy de Estambul y no podría viajar todos los
días, esto es solo por trabajo
-Se lo creería, si no hubiese visto que la dejó entrar a su sala de trabajo - ¿Cómo?
-Al lugar donde él la llevó, ese era el lugar que su madre usaba para pintar
y luego de su muerte, él la usa como sala de trabajo, es prácticamente un
santuario, no nos permite entrar ni siquiera para hacer el aseo, con eso se
lo digo todo.
-No sé qué responderle.
-El señor Omer, es un hombre muy especial y merece ser feliz, si él se
enamora será para siempre, ¿entiende lo que le digo?
-Sí lo entiendo, muchas gracias por la confianza al decirme todo esto.
-De nada señorita, espero verla muchas veces por este lugar.
Defne no respondió a esa pregunta, solo se sirvió un poco de café
Terminó de desayunar y se fue a trabajar al jardín, casi al medio día, llegó
la señora de la cocina con su teléfono-Señorita Defne, alguien la ha llamado insistentemente.
-Gracias – le dice al momento de recibir el teléfono.
—Habla Defne Topal.
—Hola, soy Selim
—Reconocí tu voz, ¿Ocurre algo?
—Necesito verte, ¿Dónde estás? —dijo con tono ligero, que no logró
disimular cierta irritación.
—Estoy fuera de la ciudad.
—Pensé que tal vez podríamos conversar.
-Como te dije estoy fuera de la ciudad y no regreso hasta mañana en la
noche.
-Lo sé, tu secretaria me dijo dónde encontrarte, y ya estoy cerca del lugar - ¿Vienes para acá?
Sintió que el corazón le daba un vuelco.
—Claro que sí, lo nuestro no puede terminar así, pero lo conversaremos
cuando este allá, espérame por favor.
—Está bien – dice ella sin saber que más responder.
Una hora después Defne ve el auto de Selim, sabía perfectamente a lo que
venía, quería volver con ella.
Él le sonrió al verla, se bajó del auto y se acercó adonde ella estaba con
aquella triste mirada, que siempre la conmovía tanto.
Hablaron durante unos minutos, evitando cualquier referencia a su
último encuentro.
Al fin Selim le dijo:
—Gracias por recibirme, temía que no quisieras hablarme, hice unas
cuantas cosas absolutamente fuera de lugar.
—Dejemos eso en el pasado —le dice ella.
—¿De verdad, puede quedar en el pasado? ¿No será esa la razón por la
que escapaste hasta este lugar tan aislado?
—Ya te dije que estaba trabajando.
—¿Seguro que no se trataba de una excusa para evitarme? —le preguntó él
con tono suave.
—Esto no tiene nada que ver contigo. Selim le dio una sonrisa irónica, desconfiada, y por primera vez Defne
descubrió que podía llegar a irritarse mucho con él.
—Supongo que ahora debo de resultarte un estorbo, una vez que ya has
encontrado a otro.
—Debo recordarte que eres tú quien ha encontrado a otra persona—
replicó con tono burlón.
—¿Elif? Es mi secretaria.
-No fue eso lo que me pareció, pero como te dije eso quedo en el pasado,
¿a qué viniste?
-Defne, no podemos tirar a la basura, todos los años que estuvimos
juntos.
-No fui yo quien lo hizo.
-Sí, sé que soy el responsable, pero no porque te fuera infiel, como tú lo
crees.
–Eso lo dudo, pero como ya te dije, eso ya es pasado.
Selim le tomó una mano, y sus miradas se encontraron, se dispuso a
besarla, ¿Cuántas veces durante los últimos meses había soñado con
volver a sentirlo?
Mientras él la besaba, Defne experimentó una extraña sensación de
pérdida, como de algo que debería haber ocurrido y que no llegó a
suceder. Pero era una locura comparar los besos de Selim con los de
Omer. Ningún hombre besaba igual que otro, y aquel era el hombre al que
amaba, ¿Amaba?
Se esforzó por recuperarse de la sorpresa, al darse cuenta que ya no sentía
absolutamente nada por Selim, sus besos no le provocaban nada, su
contacto era hasta desagradable y con esa sensación lo separó de ella.
-Lo siento Selim, pero como te dije, esto quedo en el pasado - ¿Es por él?, ¿verdad?, por el hombre con el que fuiste a la cena de gala.
-Esto no tiene nada que ver con otra persona, como bien tú dices, lo
nuestro no funcionó, ya no te amo, y acabo de comprobarlo con el beso
que me acabas de dar.
-No me puedes decir eso, después que viajé hasta acá, solo para pedirte
que vuelvas conmigo.
-Lamento que hayas perdido el viaje, pero esta es mi respuesta, ya no
siento nada por ti.
-Escúchame, – le dice él acercándose a ella – no voy a aceptar un no como
respuesta, tú no me puedes dejar a mí.- - Lo siento, pero es lo que acabo de hacer, además deberías ser sincero y
reconocer que me fuiste infiel con tu secretaria. - ¿Qué le pasó a la Defne que fue mi novia?, no te reconozco, jamás me
habías hablado de esta manera.
-Cambié, me enseñaron a no temer al expresar lo que siento y es eso lo
que estoy haciendo, ya no te quiero, no voy a volver contigo ni ahora ni
nunca y ahora por favor vete de aquí.
—¡Cállate! —le gritó.
—¿Por qué tengo que callarme?, ya te lo dije es demasiado tarde.
—Nunca será demasiado tarde mientras siga existiendo esto entre
nosotros —le dice, y la estrechó en sus brazos.
Fue un beso exento de ternura, la expresión del puro poder de su
voluntad, la estaba tratando sin ningún respeto o cortesía, forzándola.
La besaba precipitadamente, sembrando senderos de besos a lo largo de
sus mejillas, hasta sus labios, descendiendo luego por el cuello hasta la
garganta.
—Siempre he querido hacer esto —murmuraba—. Y hemos tardado
demasiado tiempo…
—Selim… —le dice, frenética.
—Ninguna mujer me ha hecho lo que tú.
—Defne…
Y ella aprovecho el momento para empujar a Selim y darle una sonora
bofetada.
Selim se quedó rígido y pálido al escuchar la voz de hombre, pudo sentir
cómo se tensaba de sorpresa. Lentamente se fue apartando de ella, con los
ojos fijos en Omer.
Durante unos segundos fue como si el mundo se hubiera detenido.
Al fin Selim dejó caer la mano, los miró fijamente a los dos por un
momento, y luego cerro los ojos, moviendo la cabeza como tratando de
entender lo que estaba sucediendo.
—Maldita mentirosa —pronunció lentamente, estaba blanco de furia.
Defne intentó ordenar sus ideas, apenas podía disimular los efectos de lo
que había sucedido.
—Selim, te doy un minuto para que salgas de mi propiedad… – dice Omer
al llegar al lado de Defne – o de lo contrario no respondo de mis acciones.
—¿Qué es lo que harás?, vine a buscar a mi novia, o acaso me lo impedirás— - Ya no soy tu novia —le gritó ella — entiéndelo por Dios…
—¿Ahora me dirás que no me estabas besando hace un minuto?
—¿Eso no es verdad? —replicó furiosa— tú me forzaste.
Ella miró a Omer, ¿Cómo saber lo que él había visto? Y peor aún ¿Cómo lo
habría interpretado?, al parecer él leyó sus pensamientos porque le
respondió a Selim.
—Desde donde yo estaba vi a un hombre besando a una mujer a la fuerza,
así que tú elijes o te vas por las buenas o me das el placer de sacarte a la
fuerza.
—Esto no se quedará así —grita—. ¿te aseguro que volverás llorando
pidiendo que te perdone.
Por fin Selim entro a su auto y ya no pudo seguir maldiciendo en contra
de ellos.
—¿Estas bien? —susurró Omer al momento en que la abraza.
—Sí, te prometo que yo no lo besé, fue él…
—Nunca podría pensar que fue de esa manera, además la bofetada que le
diste, fue suficiente prueba si es que hubiera necesitado una— le
respondió.
Su respuesta la conmovió profundamente, y más todavía al ver su
expresión,
—¿Nos vamos a casa? – le dice ofreciéndole su mano, la que ella toma sin
temor y comienzan juntos a caminar…
CONTINUAR

