¿Cómo has podido ponerte esa cosa?
Defne se hizo a un lado para invitar a su hermano a entrar en su casa.
Ya estaba bastante nerviosa por la tarde que se avecinaba, y la irritación de Serdar no hacía más que empeorar las cosas.—
Creí que te pondrías el vestido nuevo que te compraste ayer — le dice—
Lo siento, —respondió—, pero simplemente no podía ponerme ese vestido, es demasiado atrevido.—
No pensabas eso cuando te lo compraste.
—Sí, es cierto, pero también dejé que me convencieras de que era mi deber ir a esa cena, cuando en realidad eres tú el indicado para ir.
—Si pudiera iría, pero Nihan esta insoportable con el embarazo, es la entrega del premio de la abuela, me encantaría estar ahí, como yo no puedo debes hacerlo tú.
—Me gustaría haber ido con Selim.—
Y ahora él terminó contigo…
—No terminó conmigo simplemente no vamos… a vernos durante una temporada.—
Lo que sea, el asunto es que no puedes evadir tus responsabilidades y tampoco puedes aparecer sola, él estará ahí, tienes que demostrarle que no te importa.
—Pero me importa…Ella había previsto asistir a aquella cena en compañía de su ahora ex prometido, el hombre al que amaba y con el que había esperado casarse. Pero él no había vuelto a llamarla desde la discusión que tuvieron dos meses atrás, y aquello le había destrozado el corazón. Lo que verdaderamente quería hacer era quedarse toda la tarde llorando. Y en lugar de eso, estaba vestida y preparada para salir con un desconocido.
—Odio las mentiras —rezongó—. Siempre las he odiado.—Nunca dejes que tu enemigo te vea debilitado —le dijo, citando su regla favorita de conducta.
—Pero Selim no es mi enemigo.—
Vamos, ya es hora de que salgas a divertirte y esta es una buena excusa para hacerlo, la abuela estaría feliz de verte disfrutar la vida.
Los dos hermanos trabajaban para la empresa que había fundado su abuela, “Beyaz gül”, ella personalmente eligió el nombre y el logo de la empresa, “cuando las flores hablan”, porque decían que las flores tenían el poder de hablar por quienes no se atrevían.
La empresa abastecía de flores a buena parte de Estambul, y al mismo tiempo contaba con su local, donde Defne ponía en práctica su amor por el diseño.
—Vamos hermana —exclamó, —. Esta noche será una gran oportunidad para que conozcas nuevas amistades, te lo pasas mucho tiempo encerrada, entre la casa y la floristería tu vida social está muriendo… además con tu belleza, serás el centro de la fiesta.
—Debí de estar loca para dejarme convencer de contratar a un acompañante, aunque sea de una agencia de tan gran reputación…
Pagar a un hombre para que me acompañe ?
—Ya te lo dije: la cosa no es realmente así —replicó impaciente— es un buen cliente nuestro, y su nieto es actor fracasado, al parecer, puesto que se dedica a trabajar de acompañante.—Y antes de que me lo preguntes, sí, al hablar con él, tuve mucho cuidado en ocultarle que conocía a su abuelo.
—Bien, ¿qué razón le diste para solicitar sus servicios?—
Le dije que alguien me había dicho que era muy atractivo, y que eso era lo que necesitaba.
—Muy bien. No tendrás nada que temer, me aseguraron que es un hombre muy discreto.
—Todo esto es una locura.—¡Tonterías! Mira, tengo que irme. ¡Ánimo! —Serdar le dio un beso en la mejilla y se marchó.
Una vez sola, suspiró profundamente, allí estaba, dispuesta a representar una farsa que no le interesaba.
Reacia, se puso el vestido, que le pareció todavía más atrevido que cuando se lo compró. La prenda se ajustaba a su cintura y a su vientre plano como si fuera una segunda piel, mientras que el escote era bajo, muy pronunciado. Se había recogido el cabello de una manera muy sofisticada, y haciendo juego con el vestido lucía un collar y pendientes de diamante. En aquel momento parecía una joven mundana capaz de enfrentarse a cualquier problema o adversidad. Deseaba sinceramente poder sentirse así. Terminó justo a tiempo, precisamente cuando estaba sonando el timbre. Y tan pronto como abrió la puerta, comprendió que había cometido el gran error de su vida.
El hombre que tenía delante era sencillamente impresionante, irradiaba un aura de arrogancia y de implacable voluntad. Desde el primer momento, mientras se miraban fijamente a los ojos, ella comprendió que él, por su parte, se sentía igualmente atraído por su aspecto. Y de pronto empezó a ser consciente del aspecto que presentaba con aquel vestido.
Su mirada la hacía sentirse como si estuviera desnuda, y evidentemente aquel hombre estaba disfrutando a placer del espectáculo, lo cual la indignó sobremanera. Después de todo, lo había contratado ella. Y lo que era aún peor: distinguió un brillo irónico en sus ojos, como si hubiera adivinado sus pensamientos y se estuviera divirtiendo aún más.
—Buenas tardes, señor, llegó un poco temprano, pero no importa.
Él la miró sorprendido, parecía como que no entendía lo que ella le acababa de decir, después de unos segundos respondió—Lo siento, pero no estaba seguro de la hora —añadió, levantando las manos.—
¡Oh, Dios mío! —exclamó Defne de repente—. ¡Vaya, vino sin corbata y tampoco trajo gemelos!—
Lo siento yo no sabía que debía vestir formal?
—Espere un momento. Corrió a su dormitorio y buscó los gemelos que le había comprado a Selim para su próximo cumpleaños, eran de plata con incrustaciones de diamantes, y le habían costado una fortuna y sacó una de las corbatas que usaba su hermano para ocasiones especiales. Su acompañante alzó las cejas, asombrado, cuando ella le pidió que extendiera las manos. Rápidamente le cambió los gemelos, y le acomodó la corbata, cuando levantó la mirada, lo sorprendió observándola con una expresión de tierna ironía que la hizo estremecerse de emoción.
Después de observar con atención los espléndidos gemelos, fijó sus ojos brillantes en el collar y en los pendientes que lucía.—Me alegro que hagan juego con sus joyas —murmuró.—Aquí tiene las llaves de mi auto —le dijo ella, ignorando su comentario—. ¿Nos vamos?.
Se dirigieron al garaje, pero cuando abrió, empezó a experimentar ciertas dudas, al fin de cuentas su auto era el último modelo y él quizás no había conducido uno así antes.
—Quizá sea mejor que conduzca yo —extendió la mano para recoger las llaves, pero él no se movió.
—Suba al auto —le dijo él con una tranquila firmeza que la sorprendió—. vine aquí para hacer de acompañante, y no se vería bien que usted condujera.
Defne se abstuvo de contestar y subió al auto. Él empezó metiendo la marcha atrás con soltura, como si condujera ese tipo de auto todos los días.—¿Adónde vamos?.
—Vamos al centro, yo le indicaré. Cuando ya estaban en la carretera, él le preguntó con naturalidad:—Bueno, ¿qué cuento vamos a contarle a la gente?—¿Cuento?—Acerca de nosotros. Si alguien nos pregunta, tendremos que responderles lo mismo.
¿Cuándo nos conocimos?—Oh… la semana pasada.—Eso es demasiado reciente. ¿Por qué no el mes pasado?—No !!—se apresuró a decir—. Eso es mucho tiempo.
—Entiendo. ¿Es que iba a salir con otro hombre? ¿Cómo es que le ha fallado en el último momento?
—Porque… porque tuvimos una discusión.
—¿Quién dejó a quién?—
Nos separamos por mutuo consentimiento —repuso tensa.
—¿Quiere decir que fue él quien la dejó plantada?
—Yo no he dicho tal cosa.—
¿Estará él allí esta noche?—
Puede que sí.—
Entonces será mejor que me diga su nombre, sólo por si acaso.
—Selim—respondió, incómoda.
—¿Ya ha decidido cómo nos conocimos usted y yo?—
No, no sé… ya se me ocurrirá algo —repuso distraída, ya que se estaba deprimiendo por momentos.
—¿Ya estamos cerca?
—Vamos a la Cámara de Comercio hoy celebra su cena de gala.
¡Cuidado!
—¡Perdón! Se me ha resbalado la mano del volante —se apresuró a decir, aunque en realidad se había llevado una desagradable sorpresa. Allí habría mucha gente que lo reconocería. Tomó una rápida decisión—: Será mejor que lo sepa.
—¿Qué cosa?—
Me llamo Omer Iplikci. Ya casi llegamos. Rápido, dígame algo sobre usted.
—Me llamo Defne Topal. Soy una de las dueñas de la distribuidora de flores, Beyaz gül.—¿Beyaz gül?? —repitió él—. rosa blanca en turco, ¿verdad?
—Sí —respondió, sorprendida—Gire por la siguiente calle a la derecha, y encontrará el estacionamiento.
Omer apagó el motor, pero cuando ella se disponía a salir, le ordenó que se detuviera:—Espere —salió él primero, rodeó el coche y le abrió la puerta—. Después de todo, es para esto para lo que he venido —le comentó con una sonrisa.—Gracias —le dijo, y aceptó su brazo.
Defne no pudo disimular un ligero temblor al sentir el contacto de sus dedos, y levantó involuntariamente la mirada hacia él: vio entonces que la estaba mirando con una expresión que la dejó sin habla.—Es preciosa —pronunció muy serio—. Y me sentiré muy orgulloso de entrar ahí con usted del brazo, se lo repito: ¡es usted maravillosamente hermosa!
—Gracias —balbuceó al fin —. Me alegro de que apruebe… mi aspecto.
—Yo no tengo que aprobar nada —repuso, irónico—. Y desde luego no apruebo esta situación. Una mujer como usted no debería contratar a ningún hombre, y si lo hace es que algo hay que marcha mal. Usted es esplendorosamente sexy, una tentación para que cualquier hombre—deslizó un dedo delicadamente a lo largo de su mejilla—. Creo que deberíamos entrar—
Sí —repuso ella, recordando con esfuerzo el motivo por el cual se encontraban allí–
.CONTINUARA.

