LA PRINCESA DE MIS SUEÑOS. Capitulo 8

-Creo, que al final, el cuento de la cenicienta, si se hizo realidad. – le dice Defne.

-Y al igual que en el cuento, cenicienta estará siempre con su príncipe. ¿verdad?

-No lo dejará ni a sol ni a sombra -aseguró Defne.

Omer volvió a besarla, pronto llegaría el momento de las explicaciones, pero en aquel instante, solo quería estar así con su princesa.

-Si no llegabas esta noche, mañana iría por ti. – le susurra al oído. – incluso compré el boleto de avión.

-Pero… ¿y tu familia?

-Por ti hubiese renunciado a todo, incluido el trono. Te casarías conmigo, sea, o no un príncipe. ¿verdad?

-Por supuesto que sí. – responde ella. – aunque el que seas un príncipe, y futuro rey, te hace ver aún más guapo…

Omer largó una fuerte carcajada, que retumbó por todo el salón.

-En ese caso, ya no hay ningún obstáculo para que nos casemos.

-Yo no he dicho…

-Después de todo lo que hemos pasado no pienso perderte de vista, tienes que casarte conmigo enseguida. – la interrumpe

-¿Enseguida? -Defne miró a Omer-. ¿No se supone que los príncipes se casan en ceremonias donde participa todo el pueblo?

-Si, pero esa ceremonia puede esperar, casémonos esta misma noche.

-¿No sabía que podías ser tan loco?

-Tú me vuelves loco, ¿Qué? – le dice él poniendo una mano en su oreja simulando escuchar.

-Yo no he dicho nada. – dice ella

– ¿Qué no puedes vivir sin mí? ¿Qué te mueres si no me caso contigo de inmediato? Mis oídos solo escuchan esas palabras.

-Ni en sueños. -exclamó Defne.

-Pero tú ya colmas mis sueños, y siempre será así. ¿Y qué puede hacer un pobre tonto al respecto?

Defne no pudo evitar reír ante la expresión suplicante que tenía el rostro de Omer.

-No te preocupes -dijo él-. Estoy dispuesto a casarme contigo para salvarte de la decadencia. No hagas eso. tengo cosquillas…

-Eso te enseñará a no hacerte el gracioso conmigo -murmuró Defne junto a su oído, la caricia de su aliento hizo que Omer se estremeciera.

-Querida -dijo, extasiado-, ¿te puedo hacer mi esposa esta noche?

-¿Quién soy yo para no cumplir el deseo del futuro rey? – le responde ella con una dulce sonrisa en los labios

-Te adoro.

Omer y Defne se escabulleron de la fiesta, sin que nadie se diera cuenta, y en compañía de sus amigos se dirigieron a la capilla más cercana. En una ceremonia en la que Nihan y Sinan fueron los testigos ellos se casaron.

A esa hora, en ese lugar, solo existía Omer, el hombre enamorado que quería unir su vida a la mujer de sus sueños, y solo existía, Defne, la mujer que se había enamorado de un extraño que con su ternura y cuidados le había robado el corazón, ya habría tiempo y lugar para la ceremonia donde el futuro rey se casara con una plebeya.

Luego de la ceremonia los cuatro fueron a festejar a un pequeño restaurant, hasta que por fin los esposos quedaron solos.

Omer llevó a Defne a su casa, a las afueras de la ciudad.

-Por estos días quiero tenerte solo para mí. – le dijo mientras iban de camino

Sukru su chofer, y amigo, sonreía al ver la felicidad reflejada en el rostro del príncipe. Desde la muerte de sus padres no había visto en sus ojos el brillo con el que miraba a su esposa.

Al llegar el lugar estaba oscuro, Omer encendió la luz, luego la chimenea, y finalmente le ofreció una copa de vino la que ella aceptó. Bebieron en silencio, luego él se acercó, le quitó la copa de las manos, y la puso sobre la mesa.

Ella se quedó quieta y se lamio el labio que sabía a vino, pero el zumbido de su cabeza nada tenía que ver con el alcohol, Omer deslizó sus manos por su cabello, y se encontró con una barrera de horquillas se las quitó una, a una, y las dejó caer al suelo.

Defne tragó saliva y cerró los ojos, sabiendo muy bien lo que estaba sucediendo, o mejor comenzando a suceder.

-Yo no he tenido intimidad con ningún hombre. – comienza a explicar apresuradamente. – Siempre creí que cuando tuviera relaciones sexuales con un hombre, seria con quien realmente amara.

-Me alegra saber que me amas. – le dice él, deslizándole con mucha delicadeza, un dedo por su oreja. – Te voy a tratar como lo que eres… mi princesa.

Defne abrió los ojos para mirar a Omer, y supo que había cometido un error, la manera en que él la miraba, le causó un estremecimiento en todo su cuerpo, por lo que los volvió a cerrar.

Él se acercó, tomó el rostro de su amada, entre sus manos, y disfrutó de ver, como la melena roja caía sobre sus hombros cuando terminó de quitar las orquídeas.

La respiración jadeante de Omer, la obligó a abrir los ojos nuevamente, sentía los parpados pesado, pero ella se sentía liviana, como si estuviera flotando.

-Esto es muy raro. – le dijo ella.

-Se supone que debe ser placentero. – le responde él.

Ella abrió los ojos de par en par

-Y lo es le responde.

Entonces él la besó, lenta, y profundamente, sosteniéndole la cara, ella entre abrió sus labios bajo su presión, y Omer se hundió aún más en su boca, tomándose su tiempo, devorándola, saboreándola. El posesivo embate de la lengua de su esposo, provocó que la chispa se convirtiera en fuegos artificiales.

Defne se apegó más a él, y cegada por el deseo que había despertado en ella, se puso de puntillas para tener mejor acceso a su boca.

Tú no eres asi Defne, le gritaba su mente, sin embargo, era ella la que lo besaba con pasión, y ferocidad. Omer enredo su mano en el pelo, la otra la puso en la cintura y como una banda de hierro la levantó del suelo, mientras le hundía la lengua más profundamente en la boca, provocando gemidos suaves en ella.

Defne apenas era consciente de que se habían estado moviendo todo el rato, caminando, tambaleándose, besándose, la boca de Omer en la suya, cuando chocaron un pedestal en el que había una vasija, la pieza de porcelana salió volando.

Un dedo en la mejilla impidió que ella girara la cabeza hacia la vajilla rota.

-No pasa nada. – jadeo Omer desesperado por no romper la atmosfera.

Ella lo miró, y dejó de pensar en la porcelana rota, dejó de pensar en nada que no fuera el aquí, y ahora, todo su mundo estaba allí en el rostro de Omer, su calor y aunque el techo se hubiera caído encima de su cabeza no se habría dado cuenta, quería tocarlo, saborearlo… estaba temblando de deseo de pies a cabeza.

-No pasa nada, – murmuro Omer rozándole la nariz con la suya. – me encanta tu boca. – le deslizo la lengua por el contorno de los labios hasta que ella los abrió, invitándolo a profundizar en su erótica invasión.

Cuando llegaron a la puerta del dormitorio, los botones de la camisa de Omer ya habían cedido ante la presión de sus dedos, se tambaleó, pero antes de que perdiera el equilibrio, Omer la tomó en brazos, y entró al dormitorio, la impaciente con la que abrió la puerta, hizo que esta, chocara contra la pared, pero Omer no se fijó en como tembló el cuadro que había colgado en la pared, y volvió a cerrarla con el pie.

Nunca antes se había dado cuenta de lo fácil que perdía el control, dejando que su cuerpo pensara por ella, cerró los ojos, y sintió cómo que el viento le revolvía el cabello. mientras el corazón le latía poderosamente en el pecho. Omer sentía la sangre arder por el deseo, parecía estar preso de una peligrosa fiebre que subía poco a poco. en lo único que podía pensar era en desnudarla y unir su cuerpo al de ella.

Ella lo miraba de tal manera, que parecía lo estuviera acariciando íntimamente. Omer ansiaba poseerla, pero juró que se controlaría, quería que la experiencia fuera placentera para ella.

Bajó la cabeza lentamente, y comenzó a besarla suavemente, mientras le bajaba la cremallera del vestido, entonces rompió momentáneamente el beso solo para bajarle el vestido.

Ella lo miró con tanto deseo reflejado en sus ojos, que estuvo a punto de perder el control, la abrazó para desabrocharle el sujetador, cuando sus senos quedaron al descubierto, se tomó unos segundos, solo a observarla, gozando la maravillosa imagen que tenía delante, sin poder creer su buena fortuna, entonces bajó la cabeza y le susurró.

-Eres tan hermosa que me quitas el aliento.

Lentamente la acostó sobre la cama, tomo los pezones con sus labios y comenzó a jugar con uno primero y luego con el otro, ella solo podía gemir ante las emociones que esto le hacía sentir. Él se deshizo de su propia ropa, y luego, sus labios se dedicaron a recorrer todo el cuerpo de su amada, y lo que no lo hizo con labios, lo hizo con sus manos, por otro lado, ella hacia lo mismo, sentir ese cuerpo sobre el suyo, tocarlo como jamás había tocado a un hombre antes, sin sentir vergüenza ni culpa por lo que estaba haciendo, era grandioso.

Por fin Omer la tomó delicadamente, introduciéndose dentro de ella, con movimientos suaves y lentos, hasta lograr llegar a lo más profundo de su cuerpo, viendo como ella se retorcía de placer pidiendo y exigiendo con su cuerpo que le diera más placer, cosa que él estaba dispuesto a hacer. Sus movimientos fueron más rítmicos, entrando saliendo de ella, provocando oleadas de placer que los consumía a ambos.

Mientras él se movía dentro de ella, besaba sus pechos, luego sus labios, hasta que, con un grito, ambos llegaron a lo más alto del placer, quedando completamente agotados abrazados en la cama.

-Eres increíble. – le escucho decir a Omer, mientras ella cerraba sus ojos y se dormía.

Omer despertó de madrugada, no podía creer lo que había pasado esa noche, había creído perdida a la mujer de sus sueños y ahora estaba ahí a su lado, siendo su esposa. Tendría que contarle a su tío. Ya se imaginaba la cara que pondría de solo pensarlo sonrió.

CONTINUARÁ

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