LA PRINCESA DE MIS SUEÑOS. Capitulo 3

Se enamoró, se comprometió y decidió una fecha para su boda, su familia
y amigos se sintieron fascinados por el cambio que experimentó, por la
calidez que asomaba a sus ojos cada vez que veía a su amada.
Pero todo acabó de repente, sin explicaciones, un día eran la pareja más
feliz del mundo y al siguiente habían roto su compromiso de mutuo
acuerdo.
Aquello había sucedido hacía cuatro años, y el único comentario que
había hecho Sinan al respecto había sido que aquellas cosas sucedían y
que él y su prometida habían resultado ser incompatibles.


Nunca quiso hablar de la cancelación de su boda, era difícil que Sinan
hubiera llegado a confesar que poseía un corazón, roto o no, casi nunca se
le veía sin una bella mujer del brazo, aunque ninguna de sus relaciones
duraba demasiado tiempo.
Pese a ella lograba entender a la perfección la naturaleza romántica de su
amigo y era capaz de ir con él hasta el fin del mundo si fuera necesario
solo para que verlo feliz, como lo había visto las últimas horas, desde la
muerte de sus padres no había visto ese brillo en los ojos del príncipe
.


-Rápido -dijo Omer a la vez que tomaba de la mano a Defne-. El chofer
acaba de llegar.
En cuanto el vehículo se estaciono afuera de la casa Defne noto que
casualmente era el mismo chofer de la noche anterior, la hizo subir al auto
como si temiera que fuera a cambiar de opinión, siendo seguidos por
Sinan y Nihan.
Defne apenas podía creer que estuviera allí, de camino a la playa en
compañía de unos casi desconocidos. Mientras guardaba su biquini negro se lo había dicho y se había repetido lo mismo mientras se ponía un vestido de verano rojo, pero, a
continuación, sus pies la habían guiado hasta el auto.
Y allí estaba, sentada junto a él mientras observaba el paisaje, la cálida
brisa que soplaba pareció llevarse todas sus preocupaciones.


Desde donde los dejo el chofer hasta la playa había solo un breve paseo, y
enseguida se encontró contemplando una gran extensión de mar y arena
dorada que le sentó muy bien.
Los hombres alquilaron una gran sombrilla que clavaron en la arena.
Cuando Defne y Nihan salieron de la cabina con los biquinis puestos, ellos
ya habían extendido las toallas sobre la arena y las estaban esperando.
Omer, no apartó los ojos de ella mientras se acercaba y se quitaba la
blusa, dejando al descubierto un cuerpo esbelto, elegante y bello
Sin poder creerlo ella contuvo el aliento en espera de su reacción.

  • ¿Dónde está tu protector solar? —preguntó él, tuteándola sin
    preámbulos.
  • ¿Mi qué?
    -Con esa piel tan blanca lo necesitarás.
    -Pero nunca me pongo morena -protestó.
    -Nadie se pone moreno si no viene a la playa, aquí necesitas protector
    solar, vamos a la tienda.
    «Estupendo», pensó Defne, exasperada, mientras avanzaban por la arena,
    al parecer, aquella era toda la reacción que iba a obtener, pero que le
    pasaba ¿desde cuándo le importaba la opinión de Omer?
    Nihan y Sinan apenas hubieron llegado corrieron al mar, ahí se les podía
    ver jugando en el agua, como si fueran verdaderos niños a los que por
    primera vez se le ha traído a la playa.
    En la tienda, Omer compró crema y un gran sombrero de paja. Defne protestó hasta que él dejó zanjado el asunto plantándoselo en la cabeza.
    Solo cuando estuvieron de vuelta bajo la sombrilla le dejó quitarse la
    blusa y el sombrero para que pudiera aplicarse la crema.
    -Por todo el cuerpo —dijo.
  • ¿No vas a ayudarme?
    -Por supuesto. Date la vuelta y me ocuparé de tu espalda y tus hombros. Hizo exactamente lo que había dicho sin aprovecharse de ello. Su espalda
    y sus hombros. A continuación, se sentó a esperar mientras ella seguía. Ni
    siquiera se ofreció a darle crema en las piernas.
    -Ahora podemos ir a nadar -dijo Omer-. Solo un pequeño remojón al
    principio, mientras te acostumbras al sol.
  • ¡Esto es como salir con mi padre! -dijo Defne, indignada.
  • ¿Así eran las cosas cuando te sacaba?
    -La verdad es que no, nunca me llevó a la playa… bueno, él se divorció de
    mi madre y formo otra familia en la que yo no cabía.
    Omer parecía entender su dolor y por primera vez ella sintió que existía
    una conexión entre ellos.
    -Después de eso mi madre hizo lo mismo, termine viviendo con mi abuela y
    no hubo tiempo para diversiones, solo era estudio y trabajo.
    -Pues hoy te vas a divertir -declaró él-. Voy a ser tu papá y voy a darte
    todos los caprichos que te apetezcan. Nadaremos, jugaremos a la pelota
    en la playa, comeremos helados… haremos de todo.
    -Oh, sí, sí, por favor -fue todo lo que dijo ella.
    Omer la tomó de la mano y corrió por la playa hasta que llegaron a la
    orilla, donde se puso a dar saltos para salpicarla, Defne lo imitó pensando
    que no podía haber nadie menos parecido a un «papá».
    Después caminaron tomados de la mano junto a la orilla, para lo que
    Omer le hizo ponerse el sombrero de nuevo, se detuvieron a descansar
    junto a un pequeño charco entre las rocas y Defne jugueteó con el agua y
    disfrutó de la cálida brisa marina mientras se preguntaba cómo había
    podido vivir hasta entonces sin hacer aquello.

    -Cuidado con los cangrejos -advirtió Omer en tono despreocupado.
  • ¡Aaah! -el grito de ella desgarró el aire a la vez que salía a toda prisa del
    agua, Omer rompió a reír y parecía incapaz de parar-
    . Eres un… -ella no dejó de darle empujones mientras él trataba de
    defenderse, aunque no con demasiada efectividad, pues la risa lo había
    debilitado. En algún momento del revuelo, el sombrero de Defne salió
    volando y, llevado por el viento, acabó en el mar.
  • ¿De verdad hay cangrejos? -preguntó.
    -Por supuesto que no. De lo contrario no te habría dejado meter los pies
    ahí.
    -Haré que te arrepientas de esto -dijo Defne mientras aceptaba la mano
    que le ofreció él para hacer el camino de vuelta. Fueron a un restaurante de la playa y allí se juntaron nuevamente con
    Sinan y Nihan quienes al parecer se había hecho amigos, aunque las
    miradas que existía entre ellos decían otra cosa.

  • No creo les moleste si los dejamos solos les pregunta Sinan en algún
    momento durante el almuerzo.
    _ ¿Por qué? _ dice Defne mirando a su amiga

    Tú sabes _le responde ella me aburro fácilmente, además le prometí a
    Sinan que lo llevaría a recorrer la ciudad.
    Por mí no se hagan problema, ¿no sé tú Defne? pregunta Omer
    Ya, está bien dice resignada ella
    Los ahora amigos, no hicieron más que recibir el consentimiento de Defne
    y Omer para irse del lugar.
    Después de comer, se sentaron un buen rato a la sombra antes de entrar
    en el agua.
    Una vez dentro, Defne no pudo evitar ponerse a nadar hacia el interior,
    era una buena nadadora e ignoró los gritos de protesta de Omer, al que no
    le quedó más remedio que seguirla unos segundos después.
    Para cuando la alcanzó se encontraban en aguas profundas y Defne se
    sentía de maravilla.
    -Estás loca -dijo él-. ¡Hacer algo así en aguas desconocidas!, no sabes
    cómo son las corrientes de esta zona.
    -Siempre podrías acudir a rescatarme -bromeó ella.
  • ¿Y si no supiera nadar?
  • ¡Si, claro! ¿ya te vi nadar!
    -Soy mucho más débil de lo que parezco -protestó Omer.
    -Ya.
    -Tengo mal la espalda, y todo lo demás -insistió él.
    Defne observó su bronceado pecho y sus fuertes brazos con evidente
    placer.
    -A mí me parece que estás en perfecta forma.
    -Es solo una ilusión, bajo este joven exterior se oculta un viejo decrépito,

    lo juro, de hecho… ¡aaarg!
    Con un teatral grito y agitando los brazos, Omer desapareció bajo el agua,
    divertida, Defne observó el lugar en que había se había sumergido y
    calculó lo que podría tardar en reaparecer.
    -He dicho que me vengaría, y ha llegado la hora -murmuró. Cuando vio la forma de Omer bajo la superficie a punto de reaparecer, se
    sumergió bajo al agua lo suficientemente cerca como para oírle decir:
  • ¿Defne? ¡Defne! ¡Oh mio Dio!
    Ella reapareció enseguida a su lado.
    -Te he engañado, ¿eh?
    -Tú… tú…
    -Vamos, solo te he hecho lo mismo que tú a mí.
    -Tú sabías que yo estaba jugando, pensaba que te habías hundido, has
    desaparecido y.… y… ¡ven aquí!
    -Ni hablar -dijo Defne al notar por la expresión de Omer que lo había

    presionado demasiado. Se dio la vuelta y se puso a nadar todo lo rápido
    que pudo.
    En cuanto alcanzó la playa corrió hacia la sombrilla, pero Omer la alcanzó
    antes de que llegara y la sujetó por un brazo.
  • ¡Ay! -exclamó ella, pues sintió una mezcla de dolor y picor donde la
    había tocado.
    Él la soltó de inmediato.
    -Me temo que has estado demasiado tiempo al sol.
    Pasó un brazo por encima de los hombros de Defne sin llegar a tocarla y
    fueron hasta la sombrilla.
    Ella empezó a notar un comienzo de dolor en la parte trasera de su cabeza
    y comprendió que la diversión había acabado por el día.
    -Siento haberte preocupado -dijo.
    -No te preocupes, mi venganza llegará pronto -bromeó él. Defne se tumbó
    bajo la sombrilla mientras él iba por una bebida.
    Esta sirvió para que se refrescara un poco, pero cuando Omer sugirió que
    dieran por terminado el día de playa, ella aceptó, gustosa, empezaba a
    notar cierta sensación de adormecimiento, cosa que le hizo sentirse
    molesta consigo misma.

    El dolor de cabeza ya se había adueñado por completo de ella, sentía el
    cuerpo caliente, incómodo, y el embrujo del día se estaba disolviendo
    rápidamente en una sensación muy prosaica de sentirse mal.
    -He pensado que… -empezó a decir Omer, pero se interrumpió al mirarla-
    . ¿Qué te pasa?
    Ella trató de reír.
    -Solo me duele un poco la cabeza. -Deja que te mire bien -Omer la tomó por los hombros y le hizo volverse-.
    ¡Mi pobre niña!
  • ¿Qué sucede? -Defne se sentía cada vez más enferma.
    -A pesar de nuestras precauciones, has tomado demasiado sol, una piel
    tan blanca no puede asimilar este calor, debería haberte comprado una
    crema más fuerte. ¿Te sientes mal?
    -Sí, me duele mucho la cabeza.

    -Nos vamos a casa enseguida, quédate aquí.
    Omer hizo que se sentara en un murete bajo de piedra y se marchó, Defne
    sentía que el mundo estaba estallando en el interior de su cerebro. Apenas
    fue consciente de la vuelta de Omer.
    Sukrut, ¿hiciste lo que te pedí? _Si mi príncipe se escucha del otro lado de la línea
    Perfecto, necesito que me escuches con mucha atención, estaré ahí en unos minutos, encárgate de que un doctor nos este esperando _Príncipe, ¿está usted bien?, ¿no prefiere que vaya por usted? _No, espéranos ahí, el doctor no es para mí, ah Sukrut ¿Sí?
    No me llames príncipe, por lo menos no mientras estamos en este país
    termina de hablar y guarda su teléfono
    -Aquí estoy, fui a llamar un taxi -dijo-. tomate de mí, en casa te estará
    esperando la doctora ya arreglé todo.
    Defne sintió la vibración del auto cuando el motor se puso en marcha, su

    movimiento… y el inexpresable consuelo de los brazos de Omer a su
    alrededor.
    El dolor de cabeza era terrible, pero tenía la confusa sensación de que
    podría seguir así para siempre mientras él la abrazara de aquel modo.
    El auto se detuvo poco después y Omer la ayudó a bajar.
    -Ya casi estamos -dijo-. El resto del camino será más cómodo – añadió a la
    vez que la tomaba en brazos.
    Defne se sentía demasiado débil como para protestar. Oyó puertas
    abriéndose y cerrándose a sus espaldas y enseguida, con gran alivio, notó
    que estaba a la sombra.
    -Gracias -murmuró-. Me imagino lo que habrán pensado de nosotros.
  • ¿Quienes?
    -Mis vecinas. -No estamos en tu casa. Defne.

  • CONTINUARA

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