
CAPITULO 8
Sin previo aviso, él la tomó en sus brazos y le buscó los labios ansiosamente.
Defne estaba disfrutando de aquel beso, de las manos de Omer recorriéndole el cuerpo, haciéndola sentir la mujer más deseada. El pulso de ambos latía acompasado. Cuando notó que el beso llegaba a su fin, ella lo sujetó contra sí, necesitaba aquel contacto como el aire para respirar.
Para Omer besar a su mujer, era como una dulce droga a la que se sentía cada vez más adicto. Llevaba luchando contra su instinto desde el beso que le dio aquella noche en el restaurant hace más de tres años, por eso para él besarla era como estar en el cielo. Exploró la boca de ella con su lengua, pero no era suficiente, con un hábil movimiento le soltó lo cabello, algo con lo que había soñado muchas veces estando en Roma.
Omer nunca se había sentido tan excitado con otra mujer como lo hacía con Defne, tanto así que, por un momento estuvo tentado de poseerla de inmediato, pero esa noche era para hacerla disfrutar, antes de tomarla para sí.
-Defne…
Ella respondió con un gemido, él la entendió porque él consiguió hablar a duras penas, a causa de la respiración entrecortada.
-Siempre serás la única mujer a la que ame. – le dijo. – En mi corazón, no existe, ni existió nadie más que tú.
Entonces inclinó nuevamente lentamente la cabeza, y la besó
Se le escapó un gemido, mientras él le abría la boca con los labios. Saboreándola, la estrecha entre sus brazos, y aplastó sus senos contra los músculos de su pecho. Movió las manos por la espalda, descendiendo hasta que la tomó por las nalgas, y la ciñó contra sí, fuertemente. Por su parte, a ella le comenzaron a temblar las piernas, al notar las palpitaciones de su miembro excitado contra su vientre.
Omer comenzó a besarla con más pasión con más necesidad. Entonces ella le clavó las yemas de los dedos en los hombros, para sostenerse, mientras él la besaba en la garganta con los labios calientes, instintivamente Defne arqueó el cuello para facilitarle el acceso a sus ardientes labios. Le temblaban tanto las piernas, que tuvo que aferrarse a él para no caer al suelo.
Sentía que el calor, y la fuerza abrumadora de Omer le habían asaltado todos los sentidos, al mismo tiempo, quería quitarle la camisa para poder acariciarle la piel, besarlo, saborearlo.
Sin tiempo para pensar, comenzó a desabotonarle la camisa, y se la abrió, hambrienta miró el torso desnudo, y lo comenzó a acariciar suavemente con los dedos. Él emitió un gruñido bajo, mientras ella lo exploraba, pasaba el dedo pulgar por su piel con mucha delicadeza, para saborear el efecto que tenía sobre Omer, luego le sacó la camisa pasando sus dedos por sus musculosos brazos para luego dejarla caer al suelo.
A continuación, bajó la cabeza, y posó los labios en la piel desnuda, y lo rozó con la lengua. Aquel pequeño contacto, lanzo ráfagas de placer por todo el cuerpo de Omer. Mientras comenzaba a friccionarse contra el punto más sensible de ella.
Mientras bailaban, Omer había sentido el deseo de tocarla como lo estaba haciendo ahora. Había sido seducido por su calor, y por el olor a flores de su perfume, después de probar sus labios nuevamente, quería más. Maldijo la ropa que los separaba, supo que, de no existir, él no habría nada que lo detuviera, y no podría evitar hundirse en el interior de ella. Por eso, lentamente se deshizo del vestido que llevaba Defne aquella noche, cuando había cumplido su cometido, su mirada quedó fija en sus pechos, en sus pezones rosados, erectos, y endurecidos. Quería probarlos. Necesitaba probarlos.
A Defne se le escapó un jadeo, y el jadeo se convirtió en un gimoteo cuando él atrapó con los labios, uno de los pezones y comenzó a succionar. Al principio lo hizo con delicadeza, pero después aumentó la fuerza, y lo tomó hambrientamente con la boca abierta. Ella enterró los dedos en su pelo oscuro, y espeso, lo sujeto contra su pecho, completamente perdida en el placer que se había adueñado de ella
Hubo un suave sonido, cuando él libero el pezón, y tomó el pecho con una de sus manos, y lo pellizco, tirando rítmicamente de él, mientras degustaba con la boca el otro pecho, el rose de su lengua en el pezón, y juguetones pellizcos en el otro, hizo que Defne sintiera un calor intenso, y doloroso entre sus muslos. En su cuerpo se estaban acumulando, oleadas, y oleadas de placer, hasta que ella creyó que iba a estallar en pedazos.
-Acaríciame. – le pidió él, después de soltar su pezón con un gruñido, ella notó el calor de su aliento. – Defne por Dios, necesito que me acaricies. – le rogó, luego tomó una de sus manos, y se la puso sobre su pantalón encima de su erección
Inmediatamente ella sintió como latía y se hinchaba, aún más, al apretarlo con las palmas de la mano, y acariciarlos rítmicamente, su propio placer creció como un tornado y se descontroló al ver que él se inclinaba, y aprisionaba nuevamente su pezón entre sus labios, en aquella ocasión lo mordisqueo sensualmente
Tal como lo recordaba, resultaba muy erótico el contraste entre la piel de Omer, mucho más oscura, y la suya muy pálida. Las pestañas de él eran como una sombra oscura, y el pelo revuelto le caía sobre la frente
Mientras ella continuaba acariciando su miembro erecto sobre el pantalón, se irguió para quedar de frente a ella.
-Eres tan bella mi amor. – murmuro él, y se inclinó para darles besos suaves en el hombro, en la curva del cuello. – Tienes la piel delicada como el terciopelo. Sabes a miel, y a sensualidad pura.
Emitió un gemido mientras seguía con los labios el contorno delicado de su oreja, notó su temblor, y la oyó jadear cuando mordió el lóbulo suavemente, y después se lo lamió, al mismo tiempo le rodeó la cintura con los brazos para acercarla a su cuerpo. La besó, y al instante ella separó sus labios dándole permiso a su lengua para entrar a su boca, para que así, el beso se convirtiera en algo más profundo. Necesitaba estar tan cerca de él como fuera posible.
Interrumpiendo el beso, la tomó, y la llevó hasta la enorme cama, donde la depositó entre cojines. Después, lentamente él se irguió junto a la cama, sin dejar de mirarla a los ojos, y se quitó la ropa, seguida teniendo la piel bronceada pensó Defne. Jadeó cuando vio su cuerpo completamente desnudo, se acercó al borde de la cama a gatas sin poder contener el impulso de saborearlo comenzó a lamer el pene de su marido, mientras lo sujetaba con delicadeza
-Dios mío. – murmuro él.
Sin poder evitarlo un suspiro de placer se le escapó de entre sus labios, y entrelazó sus manos en su pelo para tenerla lo más cerca de su cuerpo como le fuera posible, y que ella pudiera tomarlo completamente con su boca. Por un momento creyó que iba a explotar a causa de aquella caricia. La sangre le ardía en las venas
Apretó los dientes al sentir el placer inimaginable que ella le estaba dando, era casi insoportable.
-Suficiente Defne. Suficiente. – suplicó, mientras se apartaba suavemente de ella. – Si seguimos así, en minutos más… no, segundos, las cosas van a terminar antes de comenzar
Defne no ofreció resistencia cuando él la despojó por completo del vestido y la tendió sobre la cama para quitarle la ropa interior y los zapatos.
-Eres bellísima. – exclamó él con la voz entrecortada, devorando su desnudes con la mirada ardiente. – Eres perfecta
Entonces se acomodó entre sus piernas, entró en su cuerpo, suavemente, comenzando a moverse con lentitud al principio, después, fue incrementando el ritmo. Murmurando palabras en italiano contra la garganta, besándola, y acariciándola, llevándola de esa manera hasta el orgasmo.
En aquella ocasión, Defne pensó que el placer salió desde lo más profundo de su ser, y se aferró ciegamente a los hombros de Omer mientras llegaba a lo más alto del placer. Viendo luego como su hombre, con un gruñido la alcanzaba en la cima.
Aquella noche se durmió abrazado a su amor.
Omer despertó lenta, y plácidamente, percibiendo la luz del sol que entraba por la ventana. Estaba tendido junto a Defne, abrazado a ella, que seguía durmiendo. Su pelo era como una cortina de seda color rojo sobre su piel, él le tenía uno de los brazos alrededor de su cintura y con la otra mano cubría uno de sus pechos.
Defne la hermosísima Defne.
Pese a que la había despertado a la madrugada para hacer el amor, Omer la deseaba de nuevo. Y como si fuera consciente de su necesidad, ella comenzó a moverse entre sus brazos.
Defne se estiró un poco perezosa, con un movimiento puramente felino, y frotó el pie contra una pierna dura y musculosa. Durante un segundo quedó helada, después recordó lo que había pasado, y abrió los ojos
-¿Despertó mi amor? – le preguntó el hombre a su lado.
Omer levantó una mano, y con suavidad infinita le acarició la mejilla, ella dibujo una sonrisa cálida y sensual en su boca.
-Buenos días. – le respondió.
-Te ves hermosa durmiendo. No me canso de mirarte, y si esto es un sueño, no quiero despertar.
Él solo sintió el pellizco que Defne le dio
-Ves. – le dice ella riendo. – No es un sueño.
Omer la toma, y la aprisiona en entre la cama y su cuerpo
-Por esto tendrás que ser castigada lo sabes.
-Castigada y ¿Por qué? ¿Acaso no quería saber si era un sueño?
-Eres tan hermosa. – dice él mirándola a los ojos.
-Ahora yo solo me siento hambrienta.
-Me pregunto por qué. – dice soltándolo y girando sobre si para quedar de espaldas riendo. – Bueno tendré que prepararle algo de comer a mi esposa para que recupere las fuerzas.
-Si, por favor. y prepara mucha, porque hoy comeré doble porción.
-Muy bien, como lo desee la dama. ¿Desayunamos en la cama? – le dice él guiñándole un ojo.
-Aunque me encanta la idea, debo decir que no. Me ducho y bajo a desayunar.
-Muy bien, aguafiestas. – Omer le da un beso en los labios y se dirige a la ducha.
Cuando Defne llega a la cocina, el desayuno estaba servido al ver lo que había preparado, supo que Omer recordaba todo lo que le gustaba. Como si el tiempo no hubiera transcurrido, lo miró mientras él le preparaba su té. Sonrió cuando le echó el terrón de azúcar, y lo revolvió, para luego entregárselo a ella.
-Te extrañé. – le dice ella de repente. – Te extrañé en esta casa. Extrañé tus comidas. Extrañé lo bien que me siento cuando estoy contigo.
Omer la miraba, y con ternura acaricia la mano que ella tenía sobre la mesa.
-Yo te extrañé tanto que me dolía el alma. Ya había perdido toda esperanza de volver a sentirme vivo. Lejos de ti, me cuesta hasta respirar. Mi amor, nunca más nos volveremos a separar. Sé que aún faltan cosa por aclarar, pero tenemos tiempo, hoy nos dedicaremos solo a nosotros. ¿Te parece?
-Lo siento. – dice ella con una mueca en la cara. – Pero debo ir donde Yasemin, ayer no la encontré, y no la invité para esta noche.
-La cena. – exclamó Omer. – Se me había olvidado completamente. Pero puedes llamarla por teléfono.
-Lo que tengo que hablar con ella debo hacerlo en persona.
-¿Qué pasa Defne? ¿Es algo malo?
-No te lo puedo decir ahora, pero quizás en la noche te enteres, en todo caso no es nada malo.
-¿Tiene relación con Sinan?
-Si. Pero no me preguntes, porque no te puedo contar nada más.
-Solo espero que no sean malas noticias para Sinan.
Ella no negó, ni afirmó.
-Mi amor. – le dice una vez que comió lo que él le preparó. – todo estuvo delicioso
-Dilo de nuevo
-¿Qué cosa?, la comida estuvo deliciosa
-No lo otro. Mi amor. Cuando estaba lejos, te imaginaba a mi lado, y que me llamabas así. Por favor, dímelo muchas veces. Necesito escucharlo.
Defne creyó imaginar que la voz de Omer se quebraba al punto de querer llorar, pero se repuso enseguida.
-¿Qué pasa Omer? ¿Qué fue lo que pasó allá qué te afecta de esa manera?
-Ya te lo contaré. Ahora solo quiero escuchar que me llamas, mi amor.
Ella se levantó, se sentó sobre las piernas de él
-Mi amor, mi amor. – repite mientras le cubre la cara con pequeños besos, hasta llegar a su boca, donde se detuvo dándole un profundo beso. De esa manera, intentaba borrar la tristeza que vio en sus ojos.
-Te amo. – le dice él al momento que la abrazaba fuerte.
Intranquila, diez minutos después, salió de la casa. Luego de haber visto a Omer reaccionar de esa manera, trataba de imaginar que podría haber sucedido durante el tiempo que estuvo en Roma, quería preguntarle, pero necesita hablar con su amiga antes de la cena de esa noche.
-Buenos días. – saluda a Yasemin, cuando esta le abrió la puerta de su casa.
-¿Defne?, que sorpresa más agradable. Ven pasa ¿quieres tomar algo?
-No. Muchas gracias. Vine por poco tiempo. Quiero hablar algo puntual contigo.
-Dime. Íbamos de camino al parque, ¿quieres venir?
En ese momento se escuchan los pasos de alguien que venía corriendo
-Tía. – grita un pequeño, y se tira a los brazos de Defne.
-Sinan. Que grande estás. – dice mientras tomaba en brazos al pequeño. – Dame un besito aquí. – e indica la mejilla. El niño, sonriendo, hace lo que ella le pide, luego se va a los brazos de su madre.
-Yasemin. – dice Defne. – ¿has hablado con Sinan?
-No. – le responde mientras se deja caer en el sillón con el niño en los brazos. -Yo esperaba que él tratara de contactarme, pero no lo ha hecho.
-Tienes claro que él tiene derecho a saberlo. ¿Verdad?
-Lo sé. Tú mejor que nadie sabe que no planeé que esto sucediera así.
-Lo sé, lo sé amiga, pero las cosas han cambiado. Él está en Estambul. Tienes la oportunidad perfecta para contarle todo.
-Sé que tengo que contarle, pero por más que lo pienso, no sé cómo podría hacerlo después de que nos divorciamos porque yo no quería tener hijos. ¿Ahora como voy y le digo que tengo un hijo, y que él es el padre?
-Así, como me lo acabas de decir. Esta noche te espero a las ocho en mi casa. Sinan estará ahí, tienes la oportunidad perfecta para contarle la verdad.
Yasemin se queda en silencio sin saber que responderle a su amiga…
En la casa de Defne estaba todo preparado para la cena. Durante la tarde, Omer y ella fueron a comprar todo lo necesario para tener una rica y abundante comida.
Omer caminaba feliz por los pasillos del supermercado llevándola de la mano, luego cocinaron entre risas, y besos. A las ocho en punto, se escuchó el timbre de la casa, llegó el primer invitado: Sinan.
-Defne, ¿cómo estás? – la saluda dándole un beso en la mejilla.
-Bien y ¿usted?
-Aquí, luchando con la vida. Veo que ya tienen todo listo. – les dice al mirar la mesa ya preparada para esa noche. – ¿Esperan a alguien más?
-Bueno, sí, tenemos otra invitada. Debe de estar por llegar.
En ese momento se escucha el timbre nuevamente, Omer va a la puerta, y la abre.
-Buenas noches. – saluda Yasemin
Los hombres la miran sorprendidos por el pequeño que tenía en los brazos
-Lo siento. Debí avisarles que no vendría sola. Les presento a Sinan, él es mi hijo. Nuestro hijo. – termina de decir mirando directamente a Sinan.
CONTINUARÁ
