PARA ENAMORARTE DE MI. Capitulo 9

Ahora soy yo, quien debo pedir perdón – le dice Defne
Él solo la mira con un signo de interrogación en su rostro.
-Hoy hice algo que me da mucha vergüenza, pero que debo confesar
Ella se suelta de las manos y se dirige al lugar donde estaba su bolso y
saca de su interior el cuaderno.
-Tomé esto de tu oficina, lo siento mucho, pero… debo confesar que lo leí
por completo, no solo una si no varias veces, ¿me perdonas?


-Defne, este cuaderno lo escribió mi madre
-Lo sé y lo siento, pero hay algo que debo preguntarte, ¿los consejos que
tu madre te dejó, para conquistar a tu princesa, ¿los usaste conmigo?
-Sí, – le dice él al mismo tiempo que mueve con energía su cabeza – todos
los pasos a excepción del último, porque no pude esperar a que tú

decidieras volver a mí, para decirte que te amo, ¿espero no te sientas
ofendida con eso?
-Yo no sé… creo que decir que… me siento halagada es poco, no puedo
creer, que hicieras todo esto por mi… ¿entonces Iz?
-Iz no existe para mí, desde que te vi por primera vez, solo existes tú y
nadie más, pero ¿qué te parece si vamos a almorzar y respondo todas tus
preguntas?
-No puedo, tengo una cita para almorzar con mi nuevo jefe
-Pero si ya te dije que no iba a dejar que renunciaras a la empresa
-Es tarde para eso, ya di mi palabra y cuando terminen mis vacaciones
comenzaré a trabajar con ellos.- ¿Y nosotros?
-Nosotros existiremos, aun si trabajamos en empresas diferentes
-Lo prometes
-Te lo prometo

Muy bien te creo, pero con la condición de que salgas a cenar conmigo
hoy
—Por Dios, ¿es que nunca te das por vencido – le responde ella riendo —
acepto encantada, ¿alguna otra condición?
Omer asintió en silencio. Inesperadamente, estiró la mano, la tomó del
cuello y la empujó delicadamente contra él, para atrapar sus labios en un
beso ardiente y demandante, ella abrió los labios en respuesta y él
profundizó su beso, saboreándola y acariciando su lengua, el tiempo
pareció detenerse en ese instante.
En el interior de Defne se produjo una explosión de sensaciones, la
sorpresa fue inmediatamente sustituida por un inmenso deseo, quería
más, mucho más, pero antes de que hubiera tenido tiempo de formular

cualquier tipo de pensamiento, Omer retrocedió.
—Eso es para que pienses en mí mientras tanto —dijo y rozó sus labios
una vez más, giró sobre sus talones y se dirigió hacia la puerta.
Defne permaneció mirándolo sorprendida.
Se pasó la lengua por los labios, disfrutando del sabor que el beso de
Omer había dejado, todo había sido demasiado rápido.
Acudió al almuerzo de trabajo, tal como lo tenía dispuesto para ese día,
conversaron de todo lo relacionado con su puesto en la empresa, mientras
más se interiorizaba de cuáles serían sus responsabilidades, más le
agradaba su nuevo trabajo.
Con una idea en mente, condujo hasta el edificio en el que Omer debía
estar trabajando, estacionó el auto, tomó su bolso y se aseguró por última
vez de que todo estuviera en su lugar, tomó aire, salió del coche y entró en
el edificio.
La excitación bullía en su interior, estaba deseando ver la reacción de

Omer, al ver la sorpresa que le tenía preparada.
Daria la recibió con una amistosa sonrisa.
—El señor Omer está en una reunión, pero supongo que pronto
terminará.
—No importa, en realidad vine porque quiero darle una sorpresa y voy a
necesitar tu ayuda —se inclinó hacia ella, miró a su alrededor para asegurarse de que nadie la estaba escuchando y le puso al corriente de su
plan.
Al oírla reír, le preguntó
—¿Entonces puedo contar contigo?
—¡Desde luego! No me perdería esto por nada del mundo.
La asistente le señaló la puerta de su despacho y esbozó una sonrisa de

oreja a oreja.
—Buena suerte. -le dijo mientras la dejaba sola
Defne se dirigió hacia el despacho de Omer deseando que funcionara. Una
vez allí, dejó la puerta entreabierta y mantuvo la mirada fija en el
ascensor, mientras esperaba con impaciencia. A los pocos minutos, la
puerta del ascensor se abrió y salió él, se dirigió hacia su despacho.
Ella esperó tras la puerta, con un pañuelo de seda en la mano. Omer entró
y le tapó los ojos con el pañuelo y lo anudó rápidamente.
—¿Qué demonios…? —empezó a decir Omer, intentando quitarse el
pañuelo.
—Las manos quietas, señor —dijo Defne, intentando que la risa no la
traicionara, tomó aire—. Esto es un secuestro.
Él vaciló, dejó caer las manos y se volvió hacia ella.
—¿Un secuestro?
—Aja. Y no me obligue a utilizar la violencia.

¿Violencia? Mmm, esto es fascinante.
Defne se acercó, para reforzar el nudo del pañuelo y él aprovechó para
abrazarla y estrecharla.
—Esto está teniendo un desarrollo interesante —murmuró suavemente.
—¿Inesperado quizá? —preguntó ella, consciente de los fuertes y duros
músculos de Omer contra su cuerpo.
—Desde luego. Y tengo que reconocer que jamás me habían secuestrado.
—Siempre hay una primera vez —contestó, fascinada por las sensaciones
que en ella estaba despertando.
Y entonces fue él que la sorprendió con un beso.
—¿Es éste el rescate que tengo que pagar? —preguntó
—¿Qué?
—¿Mi liberación depende de un beso?—No
Ella lo empujó suavemente y le tomó una mano y dijo:
—Compórtate adecuadamente.

¿Y si no?
—Yo que tú procuraría no tener que averiguarlo.
Abrió la puerta y lo condujo hacia fuera, Daria tuvo que taparse la boca
para ocultar su risa, mientras la miraba llevando a Omer hasta el
ascensor.
No había demasiada gente, pero no hubo una sola persona de las que allí
estaba que no se detuviera para contemplar sonriente la escena.
—Vamos —lo apresuró cuando el ascensor llegó a la planta baja.
Intentando evitar miradas y risas, llevó a su cautivo a través del vestíbulo
del edificio hasta la calle.
Salió dando gracias al cielo por haber podido estacionar el auto cerca de
allí, porque los pocos minutos que tardaron en llegar hasta él le
parecieron interminables.
—¿Tengo derecho a preguntar a dónde vamos? —preguntó él, cuando
estuvo instalado en el auto.

Ya lo verás.
—¿Entonces en algún momento voy a poder quitarme el pañuelo de los
ojos?
Defne no contestó, se limitó a seguir conduciendo hasta el restaurant
donde había hecho la reservación.
Estacionó el auto, ayudó a salir a Omer, cuando estuvo fuera, se acercó a
él y le quitó el pañuelo
Él no se movió, pestañeó varias veces y fijó la mirada en ella.
-Espero te guste la sorpresa, – dijo ella sonriendo
-Me encanta, – le dice robándole otro pequeño beso
Las mariposas volvieron a volar en su estómago, sentía una emoción tan
grande que no podía dejar de sonreír, si algo tenía claro es que disfrutaría
al máximo del amor que tenía frente a ella

Omer la llevó de la mano hasta el restaurant y se sentaron en la terraza,
donde ella había reservado.
—Y dime, ¿me extrañaste? —preguntó él, cuando ambos estaban
revisando los menús.
—No para nada—contestó ella.—¿Nada? – le dice él desilusionado – y yo que no te pude sacar de mi mente durante todo el día.
Ella lo miró con expresión de inocencia, casi a punto de soltar una
carcajada.
—No entendí nada de lo que dijo mi jefe, todo el tiempo estaba pensando
en ti – le dice después

Solo por lo que acabas de decir te voy a perdonar, por haberme
secuestrado y por haber preferido a tu jefe.
—Lo lamento, pero tendrás que hacerte a la idea, seguramente en el
futuro volverá a ocurrir, hablo del almuerzo con mi jefe.
-Lo sé, me conformo con ocupar el primer lugar en tu corazón.
-De eso no debes tener ninguna duda
—¿Te he dicho hoy que estoy enamorado de ti?
—No desde que llegamos a este lugar.
—Entonces déjeme decirle señorita Defne Topal, que la amo mucho
—Yo también lo amo, señor Iplikci

El mesero llego a recoger su orden, cuando los dejó solos nuevamente
Omer tomó la palabra
—¿Qué querías preguntar? Defne, quiero que salgamos de todas nuestras
dudas, porque después quiero llevarte a la pista a bailar y luego a mi casa
para amarte, te he extrañado mucho – le dice él, provocando que ella casi
soltara la copa de vino que le había servido el mesero.
—Vaya, no quería tanta información
.

  • ¿Por qué?, ¿tú no quieres?
    Defne bajó la mirada, sintiéndose un poco abrumada, pero era absurdo, al
    fin y al cabo, ya debían considerarse una pareja formal.
    —Sí —contestó, —, sí quiero, yo también te he extrañado.
    —Perdón si fui muy directo, pero simplemente no tengo la intención de
    dejarte escapar esta vez.
    Defne soltó una carcajada, luego se puso seria y lo miro directo a los ojos
    —Por cierto, todavía no me has hablado nada de tu relación con Iz.
    —¿Y qué te gustaría saber?
    —Todo, todo lo que quieras contarme.
    Omer vaciló un momento, como si no estuviera muy seguro de lo que ella
    esperaba, pero después comenzó a hablar lentamente.-Iz fue mi novia, durante casi dos años, nos íbamos a casar, pero un día

    mientras cenábamos como hoy, ella rompió conmigo, me dijo que no me
    quería, que además de no quererme no me soportaba, al final resultó que
    mi dinero era mucho mas atractivo que yo, eso es todo lo que te puedo
    decir.
  • ¿Qué hiciste?, ¿me imagino te dolió mucho su rechazo?
    -Bueno si, era lógico me imagino, un poco por el dolor y un poco por la
    vergüenza. me fui a vivir a la casa que heredé de mi madre y estuve ahí
    aislado por casi dos años, hasta que mi tío me convenció de venir a
    trabajar en la empresa y ahí te conocí y todo lo demás quedo en el olvido,
    me perdí en tus ojos y en tu cabello.
  • ¿Dónde aprendiste a hablar tan hermoso?, ¿tu madre te enseño que
    decirle a una mujer?

    No, esto te lo digo porque es verdad, porque, aunque tú no sentiste lo
    mismo, yo me enamoré desde que te vi… ahora tú, cuéntame de ti, de tu
    vida.
    -Bueno lo mío se asemeja a tu historia en muchas formas, estuve de novia
    por cinco años, nos íbamos a casar y lo encontré engañándome con mi
    mejor amiga.
    La música comenzó a sonar justo cuando ella terminó su relato, acarició el
    borde de su copa con expresión pensativa.
    —Si no quieres que pidamos ya el postre, podemos salir a bailar.
    —Claro.
    La música era lenta, la luz tenue y la brisa cálida, Omer la llevó de la mano
    hasta la pista, la rodeó con sus brazos y la estrechó contra su pecho antes
    de tomar su mano y comenzar a moverse al ritmo de la música, ella le
    rodeó el cuello con los brazos y apoyó la frente contra su mejilla,
    disfrutando de su fragancia masculina.
    Se sentía femenina, joven y soñadora como una niña. ¿Cuántas veces
    ,
    cuando era una adolescente, se había imaginado a sí misma bailando de
    aquella forma, con el hombre que amara y que también la amara a ella?
    Y por fin se habían hecho sus sueños realidad, sabía que Omer era el
    hombre de su vida.
    Se mecían lentamente, sin hablar, limitándose a disfrutar de la melodía y
    de la noche, la canción terminó y comenzó otra y continuaron girando por
    la pista de baile, perfectamente sincronizados, como si no fuera aquélla la
    primera vez que bailaban.
    Cuando la música terminó, Omer salió con ella de la pista de baile.
    —Ve a buscar el bolso, nos vamos ya.—¿Tan pronto? —preguntó Defne en tono burlón.
    —¿No crees que he esperado mucho? —preguntó mirándola a los ojos.
    —Si quieres postre te preparo uno en casa —le dijo él.

    Perfecto, – le responde ella
    —¿Nos vamos?
    Defne asintió.

  • CONTINUARA

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