
-Sin presiones. – le dice él, con voz ronca.
Había tanta dulzura en su voz, que el resto del muro que protegía el corazón de Defne, cayó por completo.
-Sin presiones. – repitió ella.
Los demás besos habían sido caricias suaves, juegos, pero aquel no, ella dejó escapar un gemido cuando Omer se apoderó de sus labios, mientras ella iba, enredando los brazos en su cuello.
Era como lanzar una cerilla sobre un montón de leña seca. Después de haberlo encendido, era imposible apagar el fuego.
-Eres tan hermosa. – fue lo único que logró decir él mientras la besaba con pasión y ella le respondía de la misma forma
Hacía mucho tiempo que nadie le decía que era hermosa. Aunque no lo quisiera reconocer, lo que había sucedido con su ex novio, llevó a su autoestima a tocar fondo. No se sentía hermosa, tampoco pensaba que podía despertar tanto deseo en un hombre, como el deseo que vio reflejado en los ojos de Omer. Se dejó llevar por las sensaciones que él le proporcionaba.
Sus manos fueron a su cabeza, enredó sus dedos en su cabello negro, y profundizó más, aquel beso, que se llevó su cordura. Metió la mano por debajo de la chaqueta y se la quitó, después le desabrochó los botones de la camisa y del pantalón, finalmente, fue por la cremallera,
Omer la levantó tomándola por las nalgas, para subirla a la cintura, y la besó con ardor. Entonces llegó su turno de quitarle la ropa a ella, cosa que hizo en un momento. Y se dio un festín con sus pechos succionando y mordisqueando.
La habitación, la cama, deseaba llegar allí, y hacerla suya. Mientras seguían besándose, y quitándose lo que le quedaba de ropa, se dirigieron a la habitación, se recostaron en la cama, y se buscaron,
Omer recorrió con su lengua desde su clavícula pasando por sus pezones, se entretuvo en esos pequeños, pero bien formados senos, luego dejó que su lengua continuará hasta su ombligo, donde jugó provocando gemidos incontrolables en ella. Sus manos recorrieron cuidadosamente su entrepierna hasta llegar a la cintura de unas preciosas, y blancas bragas
-Me estás enloqueciendo -le dijo él
Defne suspiró.
Él movió su experimentada lengua alrededor de su intimidad, haciéndomela estremecerse, debido al placer que la húmeda lengua le ofrecía
-Omer -el nombre se le escapó de sus labios cuando el succionó su clítoris
Defne tenía 27 años, y no tenía ninguna experiencia sexual, por lo que no estaba preparada para las emociones y sensaciones que la boca del hombre le estaba provocando.
Él sonrió cuando alejó su boca de aquella intimidad, estaba mojada por su lengua y sus jugos,
-Ah, por favor.
Defne no sabía lo que suplicaba, cuando uno de los dedos la invadió su intimidad, solo sabía que necesitaba sentir más Omer estaba haciendo estragos en su inexperto cuerpo
-Eres un pecado, hecho mujer. – le dice
Mientras regresaba a sus labios, y los tomaba nuevamente. El beso ardiente casi la distrae, cuando un segundo dedo entró a su intimidad, su gemido quedó atrapado entre los labios de Omer, quién aumentó la presión en su entrada, hasta que sintió como ella empezó a moverse buscando la penetración
Retiró sus dedos, dejando una sensación de vacío en ella.
Su virgen entrada estaba completamente mojada por saliva, él no necesito ninguna otra invitación y se posesionó para adentrarse en su cuerpo
El grito de Defne, lo hizo detenerse en seco, la había penetrado hasta el fondo de su cuerpo en una sola en embestida,
A Omer nunca se le ocurrió que ella fuera virgen, en su deseo por poseerla no pensó en esa posibilidad. Pero, ya era tarde, porque, ahora ella trataba de alejarlo de su cuerpo. Él le besó el rostro, y secó sus lágrimas con su lengua, mientras permanecían inmóvil en su interior, lo hizo hasta que sintió que ella si iba moviendo poco a poco
Embistió de nuevo suavemente, hasta que ella soltó un ronco gemido de placer y comenzó a moverse al ritmo que él marcaba.
Tanto tiempo perdido por culpa de un hombre que nunca la amo, fue lo único que alcanzó a pensar cuando su punto dulce, fue golpeado nuevamente
-Ah, ah, no te detengas por favor – le suplicó
Gimió mientras Omer se enterrada una, y otra vez en su cuerpo. Podía sentir la sensación de liberación desde su bajo vientre. Su pelvis se contrajo ante las sensaciones de ser invadido, pero era placentero, tanto, que no pudo evitar gemir
Cuando él se enterró nuevamente, no pudo contenerse más, estaba tan apretada que sentía la presión de su intimidad aferrada a su erección como un guante hecho a medida.
La empujó de sus caderas con fuerzas, cuando ella salió a son encuentro, aumento la velocidad de los embistes, antes de gritar y vaciarse en el interior de ella, gimiendo sin control. Sus respiraciones, estaban irregulares
-Eres maravillosa – fue lo último que él dijo, y una nube de placer los invadió
Cuando terminaron, él permaneció sobre ella, besándole la frente, después deslizo los labios por la mejilla hasta la boca suave, y carnosa, le dio un beso tan erótico, y electrizante, que casi la hizo llorar.
-No es justo. – murmuro ella, y lo empujó para que se acostara en la cama, después se subió encima de él
-Quieres jugar. – los ojos de él brillaron mientras ella se inclinaba para besarle el cuello
-Me toca a mí.
Quería saborearlo, absorber su esencia, pero sobre todo quería volverlo loco, loco de necesidad de pasión y de deseo por ella, solo por ella, y lo consiguió con cada aliento, con cada gemido. Había una tremenda sensación de poder en darle placer a un hombre, en llevarlo a un lugar donde él no pudiera tener ningún control sobre lo que estaba pasando. Donde estuviera a su completa merced, un hombre en su lado más vulnerable.
Le encantaba cómo le temblaba el estómago con sus caricias, como apretado los músculos cuando sus labios jugueteaban con ellos
Fue un banquete sensual, y delicioso, del que los dos salieron satisfechos, física, y emocionalmente.
Durmieron un rato, después se volvieron a despertar en mitad de la noche y se volvieron a buscar.
Unas horas más tarde, Defne estaba sentada en el auto, sintiendo que le ardía la cara.
-Quédate. – le había pedido Omer.
Y ella había estado a punto de decir que sí, pero algo más fuerte se lo había impedido. Aunque no había pensado en tener intimidad con ningún hombre, siempre creyó que, al hacerlo por primera vez, escucharía palabras de amor y con Omer no fue así. Se sintió deseada por él desde el momento en que sus ojos se posaron en ella, pero no escuchó un te quiero, o un te amo.
No lamentaba lo que había pasado, sabía que no debía esperar promesas, o declaraciones de amor, y no le importaba, en realidad, no las quería, las promesas rotas te destrozaban el corazón y el amor te hacía vulnerable, pero… eso fue el que le impidió quedarse con él, cuando se lo pidió.
No, no debía permitirse ser tan tonta como para creer que aquello había tenido algo que ver con el amor, aquella noche se había permitido a sí misma ser una mujer, nada más.
Al llegar al departamento, tomó una ducha, se vistió lo más rápido posible. El tiempo que tenía era el justo para llegar a la oficina, no alcanzó a tomar desayuno, pero se tomaría un café en el camino
Increíble, se dijo cuando salió a la calle, estaba lloviendo, el clima cambió de un momento a otro, pero así era Estambul, si esperabas cinco minutos, el tiempo cambiaba de repente.
No era una lluvia fuerte, pero las nubes ocultaban el sol, pero daba igual, nada cambiaría su buen humor.
No sabía cómo explicarlo, pero experimentaba una extraña euforia, se sentía de maravilla, emocionado como nunca.
Claro que tenía todo que ver con Defne, la dulce, y apasionada Defne.
Había estado con muchas mujeres, pero ella… no había palabras para describir la experiencia, era como si quisiera enterrarse en ella, ser parte de ella.
Omer sacudió la cabeza, perplejo, las ocho y media de la mañana y estaba como un adolescente…
El sonido del teléfono interrumpió sus pensamientos, y cuando vio el número contó hasta diez antes de responder.
-Buenos días, mi perdido amigo – soltó una carcajada.
-Buenos días. – respondió Sinan del otro lado de la línea -Pareces de muy buen humor esta mañana. Imagino que la crisis ha sido resuelta.
-La verdad, anoche dormí de maravilla – lo que poco que dormí, pensó Omer
-Buenos días Defne – saluda Daria
Ella había ido a la cafetería antes de comenzar con su rutina de trabajo.
-Buenos días, Daria.
-Qué bueno que te encuentro, porque necesito contarle a alguien lo que pasó, y tú eres la persona indicada.
-Daria si no te relajas, te va a dar un ataque. – le dijo ella divertida. – ¿Sucedió algo?
-Recuerdas el paquete que le llegó al señor Omer
-Si, aquel que era confidencial – recalca ella
– Sí, ese mismo ya supe de quien es
-Daria no te han enseñado que los asuntos de tu jefe son privados.
-Sí, lo sé, pero bueno soy así, que le vamos a hacer, ya deja que te cuente.
-Daria no me interesa saberlo…
-Es de su novia, de su verdadera novia
-¿Cómo?…
-Sí, bueno yo creía que ustedes eran algo más que compañeros de trabajo… bueno tú sabes, pero con lo que me enteré, ahora sé que es imposible.
Defne miraba a la mujer, mientras le contaba todo lo que había averiguada.
-Se llama Iz. Son novios desde hace años, por lo que me dijo la secretaria de contabilidad que es quien más sabe del tema, ellos estuvieron a punto de casarse, y nadie sabe que pasó, pero la boda no se realizó, el señor Omer se fue a vivir Dios sabe dónde, durante años, hasta que ella volvió, y se reconciliaron, por eso aceptó ser el director de la empresa.
-Daria ¿estás segura de lo que me cuentas?
-Pues claro que sí, tan segura como que dentro de ese paquete venia una barra de chocolate, de las que más le gustan al señor Omer, ella se los envió para avisarle que ya pronto vendrá a vivir con él. ¿No es linda la historia? El amor siempre triunfa, no importa lo que suceda, si dos personas se aman de verdad, y están destinados a estar juntos, no importa el tiempo que estén separados, siempre se vuelven a reencontrar.
Defne no podía dar crédito a lo que Daria le había contado, Omer no podía haberla usado de esa manera tan cruel, aunque para ser sinceras, en ningún momento él le habló de amor, tampoco le había hablado que tuviera una relación con otra persona. Antes de cualquier cosa, debía conversar con él, darle la oportunidad de que le explique lo que estaba sucediendo.
En la puerta del despacho de Omer, Defne tuvo que disimular un suspiro.
Desde el día que se hizo cargo de la empresa, había visto que se concentraba en el trabajo hasta el punto de olvidar todo lo demás, entró tras escuchar un pase, sonrió…
Pero la sonrisa desapareció de repente, Omer tenía en su escritorio, el chocolate del que había hablado Daria, no solo eso, se notaba que había estado comiendo de él. Entonces. ¿Era verdad todo lo que le conto la mujer?
-Hola- le dijo
Omer levantó la cabeza, sorprendido.
-Buenos días. -la saludó, con una sonrisa que aceleró su corazón. – ¿Cómo estás?
Genial. ¿Eso debía responder? ¿Cómo comenzaba la conversación? ¿Le preguntaba si era verdad lo que le habían contado? ¿Tenía algún derecho a reclamarle si él le había mentido?
-Muy bien. – mintió. – ¿Y tú?
-De maravilla —respondió, con esa voz tan masculina que le recordaba…
Defne tuvo que aclararse la garganta, mientras él se levantaba del sillón para cerrar la puerta.
-Buenos días. – repitió luego, tomándola por la cintura.
Un gemido escapó de su garganta cuando buscó sus labios. Y cuando dejaron de besarse, los dos estaban sin aliento.
-Esto es mucho mejor que un aburrido informe económico. – dijo él.
Y ella tuvo que hacer un esfuerzo para encontrar su voz.
-No podemos… -empezó a decir.
-¿Por qué no? Si te preocupa tener problemas con el jefe, prometo no quejarme.
Ella se apartó, aunque para ello tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano.
-No tiene nada que ver con el trabajo.
-¿Entonces?
-Estaba pensando en lo de anoche…
-Yo también. – la interrumpió él, acercándose de nuevo.
No estaba jugando limpio. ¿Cómo iba a pensar si le hablaba en voz baja, mirándola con esos ojos?
Díselo, Defne, debes ser tú quien…terminara algo que jamás tuvo un comienzo, no soportaría ser nuevamente la tercera en la historia.
-Seguro que los dos estamos de acuerdo en que lo que pasó anoche estuvo bien. – comenzó diciendo
-Bien. – dijo él, haciendo una mueca. – Yo habría elegido otro calificativo, explosivo, por ejemplo
Los dos sabían que ella también.
-A pesar de eso, dadas las circunstancias, creo que lo mejor sería que no volviera a pasar, al fin y al cabo, eres mi jefe.
Omer se cruzó de brazos entonces.
-Me temo que eso va a ser imposible. Es imposible desde que te di el primer beso.
Ella se ruborizó porque tenía razón.
-¿Ha ocurrido algo que yo no sepa? Porque anoche parecíamos estar de acuerdo en todo.
– He tenido tiempo para pensar. – dijo ella, apartándose el flequillo de la cara. – No sé si es buena idea que tengamos una aventura, Omer.
-No me has dicho por qué has cambiado de opinión de repente.
-Bueno yo. – dijo ella por fin, apartándose un poco, esto estaba siendo más difícil de lo que había imaginado. – Tengo que dar buen ejemplo y… los empleados han comenzado a murmurar acerca de nosotros
-Lo siento. – dijo él, poniendo las manos sobre sus hombros. – No pensé, que ocurriera algo así. ¿si gustas puedo hablar con ellos?
-Sí, claro, eso seguramente acallaría los rumores, explícales que tuvimos una aventura temporal y veras como ya no hablan de nosotros. – lo interrumpió ella, apartándose
-¿Por qué crees que lo nuestro es una aventura temporal?
No, no podía haber preguntado eso. ¿Pensaba que era tonta?
-Sé lo de Iz. ¿Acaso vas a negar que ese chocolate que estabas saboreando cuando entré, te los envió ella?
Su silencio fue respuesta suficiente.
-Lo de anoche fue maravilloso, pero los dos sabemos que no va a ningún sitio
Él solo asintió con la cabeza.
-Como guste. – le responde – apartir de ahora, nuestra relación será estrictamente profesional.
-Gracias. – dijo ella.
Eso era exactamente lo que quería y, sin embargo, la decepcionó que no hubiese tratado explicarle siquiera.
CONTINUARÁ
