Solo sí lograste el tan anhelado beso, y en él te diste cuenta que ella te abrió
su corazón, sigue leyendo, de lo contrario aun debes luchar para llegar hasta
aquí.
Dale tiempo para que se sienta cómoda y segura contigo, el que te haya
devuelto el beso, solo significa que ella te abrió su corazón, pero no que te lo
haya dado por completo, ya sé, te sientes en las nubes, pero aun te queda
mucho camino, hasta que tu princesa acepte entregarse por completo a ti.
Planea una cita que realmente la cautive, piensa en lo que ya sepas sobre
ella, para planear algo que disfrutaría, o simplemente puedes preguntarle
qué le gustaría hacer, es posible que aprecie tu consideración por sus
deseos, mientras planeas su primera cita.
Mostrar que su comodidad y felicidad están primeros en tu lista, hará que
sea más probable que quiera salir en más citas contigo.
Presta atención, para ver pequeñas formas, en las que puedes asegurar que
se divierta a lo largo de toda la cita.
Recuerda, cuando una mujer se enamora, generalmente tiene sentimientos a
largo plazo, por esto mismo es que debes tomar tu tiempo y no precipitarte,
todo depende de la reacción que vaya teniendo ella, las cosas que de verdad
valen la pena en la vida toman su tiempo, recuérdalo siempre.
—Buenos días, Defne.
La voz de Omer hizo que Defne sintiera un escalofrío.
Había pasado la noche en su cama luchando contra el recuerdo de sus ojos
negros y ahora, cuando por fin había conseguido controlarse un poco, una
sola frase la hacía perder el control.
—Buenos días —lo saludó, sin levantar la mirada—. El señor Mermek ha
traído las cifras de ventas del mes pasado. Las he dejado sobre tu mesa.
—Gracias —dijo él—. Y gracias otra vez por la cena.
—Gracias a ti por invitarme.
Como se negaba a mirarlo, porque si lo hacía se pondría colorada, no podía
ver su expresión, pero podía imaginar esa sonrisa torcida…
—¿Qué tal has dormido?
—Bien —respondió ella—. Han llamado del municipio para pedir una
reunión con nosotros —siguió, buscando entre sus papeles—. Les he dado
un par de fechas que…
—¿No vas a mirarme en todo el día? —la interrumpió él, poniendo una mano
sobre la suya.
No, solo hasta que pudiera poner los pies en la tierra y portarse de manera
normal.
Debería apartar la mano, el problema era que no quería hacerlo.
—Estaba buscando mi agenda para hoy.
—Ah, entonces no te importará levantar la mirada.
La levantó, porque no hacerlo sería infantil, pero en cuanto sus ojos se
encontraron se dio cuenta de que “infantil” podría haber sido una alternativa
mejor.
—Así me gusta —dijo él—. Si no te importa, quiero que hablemos en mi
despacho.—¿Sobre qué?
—En mi despacho, Defne, por favor.
Ella lo siguió, colocándose frente al escritorio mientras él colgaba la
chaqueta.
—Relájate, aquí no hay ningún escuadrón de fusilamiento —dijo el, estaba
tan cerca que sentía su aliento en la oreja.
—¿Siempre tienes que hacer eso?
—¿A qué te refieres?
—A acercarte a hurtadillas.
—Yo no me acerco a hurtadillas.
—Entonces es que te mueves tan silenciosamente como un felino.
—Me lo tomaré como un cumplido —dijo él.
—Tómatelo como quieras.
Estar frente a frente no era mucho mejor que estar de espaldas a él porque,
ahora no solo tenía que luchar contra el aroma de su perfume sino ver sus
ojos y su cara, su barba, esa barba que debía luchar con ella misma para no
tocar.
Lo bueno era que aquel día se había puesto zapatos de tacón… aunque Omer
seguía haciendo que se sintiera pequeña.
—Has dicho que querías hablar conmigo —le recordó—. ¿Sobre qué?
—Sobre esto —respondió él. Y entonces la besó.
No fue un beso apasionado sino un beso suave, tierno, apenas un roce de sus
labios. Pero cuando se apartó, Defne tenía las piernas temblorosas.
—¿Qué…? Omer sonrió.
—He estado toda la noche pensando en esto.
—Pero…Mil mariposas eligieron ese momento para revolotear en su estómago y
Defne puso una mano sobre su abdomen para controlarlas.
—¿Sueles besar a tus empleados?
—Solo a las altas y peleonas.
—Ya veo.
—No me crees.
Defne no sabía qué creer o qué pensar en ese momento. En parte era un
alivio saber que el beso de la noche anterior no lo había imaginado, pero que
la atracción fuese mutua no la calmaba en absoluto.
—Te creo —dijo por fin—. Pero me pregunto qué te ha hecho pensar que el
deseo es mutuo.
—Sé que es así. ¿O prefieres que sigamos fingiendo que no nos sentimos
atraídos el uno por el otro? —le preguntó él, poniendo las manos sobre sus
hombros—. Anoche no quise decir nada, pero al verte esta mañana… lo
siento, no he podido evitarlo.
Defne hizo un esfuerzo para contener el suspiro que amenazaba con escapar
de su garganta.
—No has podido evitarlo, ¿eh?
—No ha sido planeado, si eso es lo que quieres decir, anoche tampoco, no fui
a tu casa con ningún motivo oculto.
—¿Cómo sabes…?
—Anoche me di cuenta de que sentías cierta desconfianza. Y lo entiendo.
—Ah, ¿sí?
—La vida es injusta y uno debe protegerse.
Exactamente, pensó ella. Y Omer parecía saberlo por experiencia.
—¿Conoces esos ejercicios para crear confianza? ¿Esos en los que te echas
hacia atrás y esperas que otra persona te sujete?—Sí, claro —murmuró él, sorprendido.
—Yo nunca he podido hacerlos. — le dijo y se dirigió a la puerta, pero antes
de llegar él le dice
—Ya entiendo —le respondió, con voz de terciopelo—. Pero cuando estés
dispuesta a intentarlo, dímelo.
Durante las siguientes semanas, Omer y sus regalos se convirtieron en algo
fijo en su despacho.
A Defne no le sorprendía, cada día más, cuando quería, podía ser irresistible.
Había muchas cosas irresistibles en él, pensó, mientras miraba el ordenador
una mañana, varias semanas después. Aunque Omer no disimulaba la
atracción que sentía por ella, se portaba como un caballero.
En el trabajo, siempre mantenía las distancias. Sin embargo, cuando
quedaban solos solía robarle algún beso…
Nunca pedía más, dejando que ella marcase el ritmo. Estaban siendo
sensatos, pensó.
No, ella estaba siendo sensata. Ver a Omer había convertido en algo habitual
y tenía miedo de confiar porque sabía que no duraría.
La vida ya era bastante complicada y debía protegerse a sí misma.
—Ha llegado este paquete para el señor Omer, dije en recepción que te lo
traería yo —anunció la asistente de Omer, entrando en su despacho—. Tiene
un sello de “Confidencial”, qué interesante.
—Pues ve a entregárselo
—Por cierto… no sé qué le está haciendo a su novio, pero sigue
haciéndoselo. ¿Sabes que le ha dicho al jefe de contabilidad que no hay prisa
con el próximo informe de beneficios? ¡Que no hay prisa!
—Ya te he dicho que el señor Omer no es mi novio y no le estoy haciendo
nada—Ya, bueno, pues sigue no haciendo nada porque me gusta que esté de buen
humor.
Si Omer estuviera allí pondría los ojos en blanco y Defne estuvo a punto de
hacer lo mismo.
No sabía lo que había entre Omer y ella, pero estaba segura de que no tenía
ninguna influencia sobre su jefe, si había dicho en contabilidad que no había
prisa con los informes, debía haber una buena razón.
La asistente de Omer, Daria, no dejaba de conversar, su tema para esa
mañana era la cena de aniversario de la empresa que ya estaba muy cerca.
—¿Tú crees que el señor Omer ira?
—No sé si él piensa ir o no.
—¿Dónde pienso ir?
El protagonista de la conversación entró en el despacho en ese momento con
una expresión inusualmente alegre.
—¡Señor Omer! —exclamó Daria, levantándose del escritorio—.
Acabo de traer un paquete para usted.
Omer, se quedó mirándola a los ojos muy serio, hasta que Daria tuvo que
tragar saliva.
—En fin, me marcho. —dijo la mujer
—Buena idea. —le dijo él
—¿Por qué te has puesto tan antipático con ella? —le preguntó Defne
cuando se quedaron solos.
—Me gusta que la gente me tenga miedo.
Lo había dicho como si no tuviera importancia, pero parecía un poco
avergonzado. Y esa no era la reacción de un hombre que buscaba publicidad.
—Estoy impresionada.—Gracias, señorita Topal su aprobación significa mucho para mí.
Que su opinión le importase la emocionó, de repente, todo parecía diferente,
ella se sentía diferente, el muro que había levantado alrededor de su corazón
durante todos esos años empezaba a resquebrajarse.
Sin pensar, acarició su rostro con dedos temblorosos y Omer contuvo el
aliento mientras tomaba su mano.
—¿Tienes que llegar temprano a casa?
—No, ¿Por qué? — Él esbozó una sonrisa.
—¿Te gustaría cenar conmigo? Solo una cena tranquila, sin presiones.
Ella asintió con la cabeza, sin pensarlo dos veces.
—Sí, me gustaría mucho.
Lo que ella no tenia contemplado era la cena fuera en casa de Omer, algo
nerviosa entro al lugar, pero al verla todos sus miedos quedaron a un lado,
quedo impresionada, la casa de Omer era fabulosa, el sueño de cualquier
decorador.
En el salón, Defne vio un enorme sofá que ocupaba la mitad del espacio,
frente a una chimenea de gas, que él encendió presionando un botón en la
pared.
—Es increíble —murmuró, impresionada.
—Ven —dijo él, llevándola a una cocina dos veces más grande que la suya.
—Aquí no me chocaría con Nihan todo el tiempo —comentó Defne. Omer
abrió la puerta del horno y volvió a cerrarla de golpe.
—Hamburguesas —dijo, suspirando—. Ya te conté que mi ama de llaves
tiene obsesión por la carne picada.
—Ah, qué horror —bromeó ella, mientras él sacaba dos copas y una
coctelera del armario.
—¿Te he dicho que hace falta un artista para hacer un buen martini?—¿Y tú eres un artista?
—No, en absoluto —respondió —. Pero he practicado lo suficiente como
para estar cerca. Lo más importante es cómo se hace la mezcla.
—A ver si me acuerdo: “agitado, no revuelto” —dijo ella, burlona—. ¿No era
eso lo que decía James Bond?
—Eso es. Si lo revuelves, la ginebra sufre.
—Ah, claro, y no queremos que eso ocurra.
—No, no —asintió él—. La clave está en el equilibrio. Necesitas suficiente
vermouth para destacar el sabor de la ginebra, pero no tanto como para que
ahogue el vermouth.
Apoyando la barbilla en la mano, Defne observó fascinada cómo mezclaba
uno y otro en la coctelera.
—No sabía que la coctelería fuese una ciencia tan complicada. Y yo pensando
que los camareros sencillamente echaban licores en un vaso…
—No, es mucho más que eso —Omer sirvió la mezcla en dos copas y le
ofreció una—. Pruébalo.
Ella lo hizo y sintió que la ginebra quemaba su lengua.
—Ahora es cuando tienes que decir que es perfecto.
—Muy bien —murmuró ella, probándolo de nuevo—. Es perfecto.
—Ya te lo dije.
La sonrisa de Omer hacía que Defne se derritiera y, nerviosa, se dirigió al
salón con la copa en la mano para quedarse frente a la invitadora chimenea.
—¿En qué piensas?, ahora que has visto la casa, ¿Qué opinas?
—Se sabe mucho sobre una persona por el sitio en el que vive, la decoración,
las cosas que deja a la vista… sin embargo, contigo es imposible saber nada,
tú casa se parece a ti, tú tienes un lado que ocultas, en la oficina y los negocios…eres un Omer frio y sin sentimientos, pero al conocerte eres un
Omer completamente diferente.
—¿Mejor o peor?
—Mejor
—Ven, quiero enseñarte algo —dijo entonces, tomando su mano.
Al ver que la llevaba hacia la escalera, que debía dar a las habitaciones, Defne
vaciló.
—No sé…
—No es lo que crees, ven —insistió él.
Cuando llegaron arriba, ella dejó escapar una exclamación, él la llevo hasta
una habitación que seguramente usaba como sala de trabajo, en ella tenía
muchas pinturas… y en medio, se vio ella dibujada, todavía el cuadro no
había sido terminado, pero era claro que la mujer de la pintura era ella.
—Dios mío —Defne tuvo que contener las lágrimas —. Es… maravilloso
—Sí, —asintió él — pero solo porque estas en ella.
—No sé qué decir…
—Aún no está completa, comencé a dibujarlo cuando te vi por primera vez,
imaginaba que eras mi novia, para mi eras mi sueño más hermoso.
—Tú… lo comenzaste a pintar cuando me conociste — le dice ella
emocionada
Él se acercó para tomarle las manos y besarlas
—Pero ahora estas aquí conmigo y soy muy feliz
Ver aquella habitación la hacía pensar, en el hombre que era en realidad.
Y que hubiese querido compartir aquella habitación con ella la emocionó.
Se dejó llevar y se acercó para ser ella, por primera vez, quién tomara la
iniciativa y besarlo.
CONTINUARA

