EL REGRESO. Capitulo 9

Señor Omer, alguien pide hablar con usted

  • ¿Quién es Daria?
    -Ismail, señor
  • ¿Iso?, está bien dile que pase.
    El amigo de Defne entró a la oficina y sin mediar saludo pregunta
  • ¿Dónde está?
    -Entonces tú también lo sabías? – pregunto Sinan
    _Que Defne es Rovens, por supuesto que sí, Omer, ¿Qué paso con ella
    -Se fue
    .
  • ¿Hacia dónde?, ¿algo malo pasó durante su conversación?
    -Nada malo, no, nada malo, yo… lo siento no sabía a lo que venia y… no la
    dejé que me contara nada.
    -Aposté por ti Omer, la convencí que lo mejor era que te contara la
    verdad, porque pensé que habías cambiado desde el día en que la echaste
    de tú lado, pero veo que me equivoqué, sigues siendo el mismo hombre
    orgulloso
    -No te permito…
  • ¿Qué no me vas a permitir?, ¿qué te diga lo que pienso?, ahora lamento
    haberle dicho a Defne que te contara la verdad, mejor la hubiera dejado
    que se fuera de vuelta a Paris.
    -No me puedes responsabilizar de todo, eso no es justo.
  • -Claro que puedo y lo hare, te lo dije, solo existe una segunda
    oportunidad, una tercera no lo creo, ahora me voy, tengo que buscar a mi
    amiga, que si la conozco bien ahora me debe necesitar, lo lamento por ti
    Omer, tuviste la oportunidad de tener una hermosa familia, pero te la
    perdiste.
    Luego de decir todo eso, Iso sale de la oficina marcando el número de
    Defne sin recibir respuesta.

  • -No me mires amigo, yo opino lo mismo que Iso, te entregamos la
    oportunidad de que arreglaras las cosas, solo debías escuchar y no lo
    hiciste.
    – Daria – grita Omer, una vez que la mujer estuvo en la oficina le dice –
    llama a la asistente de Rovans y dile que necesitamos una reunión
    urgente, que la esperamos en mi oficina ahora.
  • ¿Qué haces? – le pregunta Sinan
    -Necesito hablar con Defne, su asistente debe saber cómo encontrarla
    -Bueno espero que tengas razón hermano, de lo contrario te tocará viajar
    a Paris y ahí conocer a tu hijo.
    -Ya lo veremos.
    Omer estuvo toda la mañana esperando a la asistente de Rovens, hasta
    que por fin casi al llegar el medio día, esta llegó a su oficina
    -Señor Omer, me dijo su asistente que necesita hablar conmigo, ¿hay
    algún problema?
    -Si tenemos uno, pero necesitamos tratarlo directamente con Rovens y no
    hemos podido localizarla, ¿sabe dónde se encuentra ella?
    -Si claro que lo sé, en estos precisos momentos ella va viajando a Paris.
  • ¿Cómo así?
    -Surgió un problema en la empresa y ella debió viajar urgentemente –
    mintió la mujer – pero cualquier tema relacionado con el concurso lo
    pueden tratar conmigo.
    -Yo le agradezco mucho que haya acudido a mi llamado, pero el tema lo
    tenemos que tratar directamente con ella, ¿sabe si tiene planes de volver?
    -Según me dijo iba a tratar de llegar al desfile.
    -Para eso falta un mes.
    -Lo siento señor Omer, es todo lo que sé.
    -Muy bien muchas gracias
    La mujer se pone de pie y se despide de Omer, al salir de la oficina casi
  • choca con Sinan, quien venía a toda prisa.-
  • Lo siento – le dice él.
    -No hay problema, nos vemos – se despide ella
    .
  • ¿Qué pasó? – le pregunta a Omer
    -Se fue
  • ¿ Defne ?
    -Sí, se volvió a Paris
    -Y ¿Qué vas hacer?
  • ¿Qué puedo hacer, fue su decisión?
    -Y ¿con respecto a tu hijo?
    -Con respecto a él si tengo claro lo que quiero hacer, – levanta el
    intercomunicador – Daria, ¿puedes venir?
    -Enseguida señor Omer – le responde la mujer
  • Daria, quiero que me consigas un boleto, en el primero vuelo a Paris,
    además quiero la dirección de la empresa y la casa de Rovans… enseguida
    – le dice, cuando nota la manera en que ella se le había quedado mirando.

  • -Y ¿ahora cuáles son tus planes?
    -Ir por mi hijo por supuesto y si es posible traerlo a vivir conmigo.
    -Ay amigo, mejor bájate de esa nube, eso jamás lo lograrás.
    -Y, ¿Por qué no?
    -Bueno, puedes intentarlo, pero no digas que no te lo advertí.

  • El día que debió esperar para conseguir boletos para volar a Paris más las
    horas de vuelo no fueron suficiente para calmar a Omer, mientras mas le
    daba vueltas al asunto, menos razones encontraba para que Defne no le
    hubiera contado la verdad sobre su embarazo y su hijo, el cual
    seguramente ya debería tener un poco mas de dos años.
  • Llegó al aeropuerto, en su teléfono tenía la dirección de la empresa donde
    trabajaba Defne y se dirigió a ese lugar, le pidió al chofer que lo esperara,
    mientras él iba a tratar de obtener información del lugar donde vivía su
    hijo.
    Apenas se hubo bajado del auto, la vio salir del edificio en compañía de un
    hombre, este la acompañó hasta un auto negro, ahí le tomó la mano se la
    llevó a los labios y luego se acercó y le dio un suave beso en los labios, le
    abrió la puerta del auto y esperó hasta que ella se perdió para volver al
    edificio.
    Desde que se enteró que Defne le mintió sobre su identidad y además le
    ocultó la existencia de su hijo, tenía claro que solo quería conocer a Emir y
    recuperar el tiempo que había perdido con él, recuperar su relación con Defne no estaba en sus planes, pero darse cuenta que ella era la que no lo
    quería en su vida y no solo eso, sino que ya había encontrado quien
    ocupara su lugar, le dio una punzada directo a su corazón.

  • Nunca se le ocurrió que durante los años que estuvieron separados, ella
    había rehecho su vida con otro hombre, no sabia porque pensaba que para
    ella también se había detenido el tiempo, esperando a que él volviera a su
    vida.
    La siguieron en el auto, hasta llegar a una hermosa villa con enormes
    casas, el auto que llevaba Defne se detuvo frente a una de ellas y la vio
    bajar y luego entrar a la casa, así que supuso que su hijo debía estar en ese
    lugar, se bajó del auto, le canceló la carrera y se dirigió a la puerta para
    tocar el timbre.
    Había llegado el momento.
    En menos de treinta segundos, estaría viendo a su hijo por primera vez.
    –Llamaron a la puerta y Defne que solo había alcanzado a dejar su bolso y
    cartera en el vestíbulo, fue a abrir justo en el momento en el que Emir
    corría hacia la puerta.
    Defne se quedó mirando a su hijo, que se había quedado agarrado al
    pomo de la puerta, y se secó el sudor de las palmas de las manos en los
    pantalones.
    El niño se había quedado paralizado, mirando al desconocido que había
    en el umbral.
    Se trataba del mismo hombre que llevaba dos años sonriéndole desde una
    fotografía, la misma fotografía que besaba todas las noches antes de
    acostarse.
    Sí, el mismo hombre, en persona, estaba en la puerta de su casa, la única
    diferencia era que, en esta ocasión, estaba de pie en su puerta.
    –¡Papá!
    Aquel grito hizo que Omer dejara de mirar a Defne y se centrara en su
    hijo.
    Defne observó atentamente cómo reaccionaba Emir, la primera vez que
    veía a su padre, observó cómo se agarraba a los pantalones como si no se
    quisiera soltar jamás.
    –¿Omer … ?
    Él contó hasta cinco para no tomar a su hijo en brazos y apretarlo como a
    un limón.
    Llevaba un día esperando aquel momento o toda una vida… y ahora su
    hijo, que tenía el mismo pelo que él, estaba ahí delante suyo. Antes de que le diera tiempo a nada el niño se abalanzó y se abrazó con fuerza a sus piernas.
    –No eres tímido, ¿eh? –le preguntó al niño poniéndole la mano sobre la cabeza.
    Emir se echó atrás y saludó a su padre, con una gran sonrisa.
    Defne aún estaba en el vestíbulo, apoyada en la pared.
    De un momento a otro el niño se fue corriendo por el pasillo y desapareció
    de su vista.
    Omer aprovechó para entrar y cerrar la puerta tras él.
    –¿Qué haces aquí?
    Estaba con las manos metidas en los bolsillos, observando aquellos
    preciosos y enormes ojos negros, que la miraban fijamente.
    –Vine a conocer a mi hijo, porque me doy cuenta que él ya sabe de mi
    existencia
    –Y está muy contento de verte –comentó ella mientras se oían pasos de
    nuevo por el pasillo.
    Omer entendió que su hijo estaba encantado de verlo, pero su madre no
    sentía lo mismo.
    Sabía que se lo merecía, pero le dolió.
    –¿Por qué no me lo contaste? – alcanzó a preguntar, pero no recibió
    respuesta porque el pequeño regresó corriendo.
    –¡Ven! –exclamó el niño poniéndose junto a su madre y tomando su
    mano, luego la de Omer y los tiró a ambos para que fueran con él.
    Omer miró a Defne y luego a su hijo, y deseó que las cosas hubieran sido
    diferentes, deseó que su Defne lo siguiera queriendo, que esa fuera su
    familia, la familia que siempre había querido.
    –Ven, papá –le dijo tirando de él hacia el salón.
    Aquello estaba resultando más duro de lo que había previsto.
  • Había llegado hasta esa casa para conocer a su hijo, pero el estar ahí, le hizo
    comprender que tendría que haber actuado de otra manera con ella y
    deseó haberlo hecho mejor.
    Cuando Omer la miró y le sonrió de aquel modo tan particular suyo, con
    el que solía sonreírle, Defne estuvo a punto de derrumbarse, pero estaba
    decidida a no hacerlo.
    Tenía que ser fuerte por su hijo, que era el único que importaba en aquel
    instante. Después de haber pasado todo el día pensando en que prefería no volver a
    verlo jamás, ahora estaba allí y tenía que lidiar con ello.
    Defne avanzó hacia el salón y miró a su hijo, que estaba enseñándole
    todos sus juguetes a Omer, él se había quitado la chaqueta y se había
    tumbado en el suelo.
    Defne se moría por acercarse a él y tocarlo, aunque se hubiera odiado por
    ello, pero estaba tan guapo… era como si necesitara tocarlo para
    convencerse de que estaba allí.
    –¿Me dejarías hablar con tu madre? –le dijo Omer al pequeño, él asintió y
    corrió al jardín
    –¿Quieres tomar un café? –le preguntó ella dirigiéndose a la cocina a
    prepararlo.
    Él asintió y fue detrás ella, Defne sabía que la estaba mirando mientras
    ponía café en dos tazas y añadía azúcar en la suya.
    –Es hermoso, Defne ¿porque no me lo dijiste antes?
    Ella dejó una taza delante de él, mientras intentaba encontrar las
    palabras.
    –Lo intenté o acaso lo olvidaste.
    -Yo, lo lamento, estaba enojado, por eso no te di tiempo para que me lo
    contaras, es solo que…
    -Es solo que tú piensas que aun soy Defne, tu asistente y te sentiste con el
    derecho de sacarme de tu oficina, como me sacaste de tu vida hace tres
    años.
    -No, eso no es así…
    -Si lo piensas bien – lo interrumpe ella – ya conoces la razón por la que no
    te conté la existencia de Emir, hace tres años traté de explicarte lo que
    había sucedido y tampoco me dejaste.
    -No sabes cuantas veces he deseado volver a ese lugar en la costanera y no
    haberte dejado sola.
    -Eso ya es tiempo pasado, ya no sacamos nada con hablar de lo que pudo
    ser y no fue o lo que pudimos hacer y no hicimos.
    -Defne, podríamos ser una familia, si tú quisieras – cuando salieron esas
    palabras de su boca, él no se dio cuenta hasta que las había dicho, que eso
    era lo que realmente quería, si solo ella le diera la oportunidad.
    -No, yo he cambiado, la Defne que fue tu asistente ya no existe, la mujer
    que te amaba, esa Defne ya murió, ahora soy Rovans, tengo una nueva
    vida y tú no estás incluido en ella, y tú sigues siendo el mismo, no has
    cambiado nada en estos años, sigues siendo el hombre que cree estar siempre en lo correcto, la persona que necesitas a tu lado debe ser
    perfecta y no cometer ningún error, de lo contrario la terminarás sacando
    de tu vida y yo no estoy dispuesta pasar por eso otra vez.
    CONTINUARA

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