
Defne, estaba a punto de decidir que aquello era una completa locura, cuando lo vio, había planeado marcharse del baile benéfico, pero algo la hizo volver, debía comprobar si su instinto le mentía y la verdad era que Omer no sabía quién era ella.
De pronto la multitud que la rodeaba se apartó ligeramente, formando un pasillo que llevaba directamente desde donde estaba ella, hasta el hombre alto y moreno que se hallaba en el lado opuesto del salón.
Se quedó sin aliento y fue consciente de que había abierto los ojos de par en par mientras apartaba un mechón de su pelo, sin duda alguna Omer era un hombre…
-Perfecto -la palabra escapó involuntariamente de entre sus labios
Parecía tan diferente, que casi resultaba extraño, sobresalía entre los asistentes como una especie de gran Águila negra en medio de un montón de coloridos pavos reales que pertenecían a la misma especie. Pero él, era completamente distinto a los demás y aquella diferencia, era lo que la atraía como un irresistible imán, incluso la copa de champagne que estaba a punto de llevarse a los labios quedo paralizada a escasos centímetros.
Era un hombre deslumbrante, no había otra palabra para describirlo, alto y fuerte, su esbelto y poderoso físico hacía que pareciera un ser peligrosamente indomable en contraste con la elegante tela de su traje y el inmaculado blanco de su camisa. En algún momento, se había aflojado la corbata y se había desabrochado el botón superior de la camisa, como si necesitara más espacio para respirar, en aquel abarrotado entorno, sus largas y oscuras pestañas ocultaban el fuego de su mirada, la leve sonrisa de sus labios resultaba mucho más desdeñosa que cálida y era precisamente aquello lo que lo hacía perfecto, el suave pero evidente indicio de que como ella no quería estar en ese lugar.
En aquel momento vio por el rabillo del ojo a una mujer que reconoció de inmediato, Iz, de manera que había que volver al plan, aunque con un poco de suerte tal vez podría poner en marcha un plan b al mismo tiempo.
Resuelta, camina hasta donde esta él, y se para a su lado tocando su brazo para llamar su atención.
-Quería pedirte qué bailaras conmigo -dijo ella preguntando sin saber que iba a responder y en qué tono por supuesto.
Omer la miró, era una mujer completamente distinta a la que había salido huyendo un rato atrás y totalmente desconcertante, su sonrisa habría bastado para iluminar el salón en que se encontraba, pero había algo extraño en su actitud, algo que sonaba a falso, era una sonrisa demasiado brillante, demasiado deslumbrante, demasiado…
-Me encantaría bailar -le respondió a la vez que aceptaba la mano que ella le ofrecía.
¿Y que podría haber hecho si no tomarla?
Se volvieron y se encaminaron hacia la pista donde estaba sonando un vals, acababan de ponerse en posición cuando la pieza acabó.
-Vaya -ella se río y lanzó una mirada divertida a sus manos aún unidas, a la cuidadosa posición de sus brazos, pero no hizo nada para apartarse.
Ellos permanecieron dónde estaban.
-¿Aún quieres bailar? – pregunto ella
A Omer le daba igual bailar, pero si hacerlo implicaba seguir en contacto con ella, ver cómo subían y bajaban sus pechos al ritmo de su respiración, aspirar el delicioso aroma de su cuerpo, no pensaba ser el primero en apartarse
Afortunadamente, el siguiente baile fue otro vals y tras un momento de duda, ella comenzó a moverse al ritmo de la música. Aún quieres bailar, ella escuchó sus propias palabras resonando en su cabeza, pero apenas la reconoció, no sólo había querido bailar, sino que se había sentido abrumada por un anhelo incontrolable de hacerlo con él, había querido sentir sus manos, sus brazos rodeándola y aquello no había tenido nada que ver, con su idea original de sacar a Iz del camino.
Omer – murmuró, pero su voz quedó apagada por la música, -Omer – repitió más alto cuando él inclinó su oscura cabeza hacia ella y la miró a los ojos, sus sentidos parecieron agudizarse -Bailas muy bien -fue lo que logró decir y escuchó la ronca risa de él junto a su oído
-En ese caso, relájate cariño -añadió él
-Estoy relajada-
Él no respondió, al menos verbalmente, pero el modo en que alzó una de sus oscuras cejas para poner en duda las palabras de ella, hizo que el corazón de Defne, reaccionara latiendo con más fuerza.
Era posible que su mente estuviera flotando a causa de las sensaciones que la embargaban, pero su cuerpo se mantenía recto y firme como le habían enseñado en las clases de baile que había recibido en Paris.
Cuando alzó la mirada, hacia los ojos negros de su compañero de baile, se quedó momentáneamente sin respiración, sus dilatadas pupilas parecían lagos de cristal negro, en los que se vio reflejada, pequeña y vulnerable, perdió el ritmo por un instante y estuvo a punto de tropezar, de no ser por los fuertes brazos que la sujetaban, probablemente habrían caído, pero no fue la vulnerabilidad lo que hizo que los latidos de su corazón arreciaran, sino el hecho de darse cuenta, que él también lo estaba sintiendo.
Omer, el moreno y peligroso pirata que sólo unos minutos antes, había dejado plantado en la pista de baile, estaba dominado por la misma y acalorada reacción, que ella sentía ardiendo en su interior, estaba tan excitado como ella.
-Omer -en aquella ocasión, su voz surgió como un auténtico graznido, a causa de lo seca que tenía la garganta
Los labios de Omar se curvaron en una leve e indescriptible sonrisa, antes de que inclinara su cabeza, para apoyar la mejilla contra en lateral de la cabeza de ella
-Relájate cariño -susurró, pero lentamente la atrajo hacia él, el calor de la palma de su mano en su espalda, pareció irradiarse por todo su cuerpo
-Relájate -repitió con su hipnótica voz, ligeramente acentuada
Ella sintió que se derretía, mientras sus cuerpos se acoplaban, su aroma la envolvió, mientras se movían al sensual ritmo de la música, deseaba entregarse a las sensaciones que la embargaban.
La evidencia de la excitación de Omer, presionada contra su vientre despertó en ella una respuesta, profunda, hambrienta, una necesidad, mezcla de placer y doloroso anhelo de exigir ser aplacada. Pero aún no, no hasta haber disfrutado al máximo de aquella sensación de cercanía, de aquella intensa conexión.
Omer pensó que tenía mucho valor, diciéndole a su compañera de baile que se relajara, cuando él sentía que su cuerpo estaba a punto de estallar y de sufrir una combustión espontánea, todos sus sentidos, cada parte de su cuerpo estaban concentrados en la mujer que sostenía entre sus brazos, en su aroma, en su piel, quería más, pero no quería que aquel momento acabara, aunque fuera para hacer con ella algo visceralmente satisfactorio.
El vals que estaban bailando dio paso a una balada, tenía a Defne amoldada a cada curva y plano de su cuerpo, que era imposible que no sintiera la firme y tensa evidencia de su deseo presionando contra ella, sin embargo, no daba el más mínimo indicio de querer apartarse, sino todo lo contrario y aquello hizo, que el placer de él se agudizara hasta el punto casi doloroso
-Cariño, -fue sólo un gruñido, una nota de advertencia, aquel elegante y público salón no era el lugar adecuado para una reacción como aquella tan inmediata, tan intensa, tan ardiente
-Cariño -repitió con un ronco e inevitablemente apasionado tono de voz, junto a la delicada curva de la oreja de ella – quiero hacerte el amor
-Vamos, vamos algún otro sitio -dijo ella, a la vez con un tono muy parecido, – a algún sitio más privado
Cuando ella se apartó de Omer, él deslizó una mano en la suya, no supo muy bien quién estaba tomando la iniciativa, lo único que sabía con certeza era que aquello había sido inevitable, desde el momento en que se volvieron a encontrar, estaba escrito en sus destinos y nada ni nadie iba a poder detenerlo. – No puedo creer que esté aquí, – Defne creyó que lo dicho sólo en su
pensamiento, pero al parecer fue algo que se escapó de sus labios
-¿Por qué no? – preguntó él
Por qué ella no había pensado nunca en la posibilidad de que fuera a llevarla hasta su casa, hasta el lugar donde habían vivido tantas cosas juntos, encuentros y desencuentros
Desde el momento en que sus labios se encontraron, Defne supo que le daba igual el lugar donde la hubiera llevado, había llegado el momento de la verdad, era posible que el fuego que había surgido entre ellos, se hubiera mantenido aplacado durante años a causa de las circunstancias, pero en aquellos momentos se estaba convirtiendo en un auténtico incendio
-He esperado lo suficiente para esto – murmuró él contra su boca, haciéndole echar atrás la cabeza, con la fuerza de su beso
-Demasiado – repitió ella con un suspiro
Las semanas no habían hecho más que incrementar su deseo, deslizó sus brazos por el cuello de Omer y enredó los dedos entre su pelo negro
-Demasiado -repitió con más énfasis
Omer dejó escapar una ronca risa, que resonó en el cuello de Defne
– Entonces, ¿por qué me hiciste esperar? – le dice él
-Porque podía – dijo con descaro – y porque fui tonta
-Desde luego que lo fuiste, y lo fui aún más por permitirte jugar de esa manera
Él, le puso las manos en la espalda de ella, para bajarle la cremallera del vestido, antes de tomarla en brazos
-Eso ya se ha acabado -dijo ella
Omer estaba a cargo y él sabía exactamente a donde se dirigía, cuando empezaron a subir las escaleras se detuvo para besarla de nuevo apasionadamente
-De esto se ha tratado desde el principio – el tono de su voz surgió ronco y áspero contra los labios de ella
Defne, logró introducir las manos entre su cuerpo para tirar de la camisa hacia arriba, lo hizo con tal fuerza que los botones salieron volando en todas direcciones y rodaron con un tintineo casi musical escalera bajo, pero ella estaba totalmente concentrada en las sensaciones que le produjo deslizar las manos por el poderoso pecho desnudo de Omer, cuando araña con sus uñas aquella cálida morena piel, el dejó escapar un revelador gemido que la hizo sonreír.
Cuando por fin el abrió con una patada la puerta de la habitación, el corazón de ella latía con tal fuerza que apenas podía respirar. Sin ceremonias, él la dejó caer sobre la colcha blanca de la cama que dominaba el centro de la habitación.
Odiando aquel momento de separación, una bocanada de aire fresco sopló entre ellos, ella dejó escapar un gemido de protesta,
-Un momento -le dijo. él se estaba quitando la ropa a toda prisa, la camisa desgarrada y los pantalones cayeron al suelo, seguido un instante después por su bóxer negro, luego se inclinó de nuevo sobre ella, para volver a tomar sus labios e introducir su lengua entre ellos, frenético por saborearlos íntimamente, ella ya estaba tratando de quitarse el vestido, pero tan sólo logró bajarse la parte de arriba, dejando expuesto su sujetador de seda y encaje.
-Espera – aturdida ella lo miró, Omer tomó entre sus dientes el borde del sujetador para bajárselo y poder deslizar la lengua por la delicada y sonrosada piel que dejó expuesta, luego cerró los labios en torno a un excitado pezón que a continuación mordisqueó con enloquecedora suavidad
-Dios, Dios -murmuró ella, incapaz de resistirse al pulsante placer que le estaba produciendo su boca, se contorsiona debajo de él, hambrienta, anhelante de la culminación que prometían las apasionadas caricias de él-
-Ven a mi -susurró jadeante, junto a su oído – tómame haz que esto sea real
Una mezcla de grito, suspiro y gemido de total entrega escapó de su garganta, cuando él se hundió en su cuerpo, hasta hacerla sentir totalmente excitada.
-Oh sí, oh sí, sí. – asintió él con voz ronca y entrecortada mientras empezaba a moverse dentro de ella, Defne estaba perdida, a la deriva, en las acaloradas olas de pasión que la llevaban cada vez más y más alto, sintió que todos sus músculos se contraían lanzándola hacia una cima conocida y que solo había vivido con Omer.
-Omer, Omer – totalmente abandonada a los sabios movimientos que él hacía en su interior, se dejó llevar por las convulsiones de intenso placer que recorrieron su cuerpo y la lanzaron más allá de la realidad, hacia una explosión de sensaciones a la que se entregó, mientras el nombre de Omer escapaba, una y otra vez entre sus labios.
Fue una larga, ardiente y sensual noche, que los dejó saciados, abandonados al agotamiento que se adueñó de ambos cuando ya no podían más.
Aún no había amanecido, cuando Defne despertó, se estiró y miró adormecida a su alrededor, solo para darse cuenta que estaba sola en su habitación.
CONTINUARÁ
