
CAPITULO 11
Omer observaba a Emir, que corría por todo el parque.
Como cada tarde, su hijo, y él, iban a jugar al parque, aunque la realidad era que, su hijo jugaba, él lo observaba, era algo que hacia con mucho placer. Lo cambiaba ese día, era que Defne se hizo el tiempo en medio de su ajetreada agenda de trabajo para acompañarlos al parque.
–Ven, papá –le gritó el niño emocionado para que lo siguiera.
Había muchos niños, todos acompañados por sus madres.
Él era el único hombre, y no le importaba.
–Papá, papá, mira.
Emir se había colgado boca abajo de un columpio y sonreía encantado.
–No te muevas, ahora te saco de ahí –contestó él corriendo hacia su hijo como si se tratara de una misión de rescate.
–Mira, mira.
Sí, Omer ya lo estaba mirando, pero no con el entusiasmo que él esperaba. ¿Cómo se había subido tan alto? ¿Le dejaría Defne hacer esas cosas o debería decirle que se bajara? Desde luego, necesitaba un manual.
Emir se rio, se tomó a los barrotes del columpio y aterrizó sobre las plantas de los pies como si nada.
–¿Y ahora?
–¿Y ahora quiere decir a dónde vamos ahora? –quiso saber Omer.
– Salut –los saludó una voz a sus espaldas.
Omer se giró, y se encontró con una mujer de pelo castaño muy guapa
–Eh, Bonjour. -Saludo él en francés.
-¿Eres nuevo? No te habíamos visto antes –comentó la chica, en francés, señalando con la cabeza a otro grupo de jóvenes madres que los estaban observando.
–Sí, soy nuevo –contestó él de la misma forma.
–No eres francés, ¿verdad?
Omer notó el interés de la mujer, sabía perfectamente reconocer sus movimientos, no importara en que idioma lo dijeran, siempre era lo mismo, pero no le interesaba y no tenía muy claro cómo hacérselo comprender.
–Acabo de llegar.
La chica se giró y les sonrió a sus amigas.
Omer aprovechó para dejar las cosas claras.
–Me tengo que ir, lo siento, mi mujer me está esperando –se disculpó tomando a Emir de la mano–. Encantado de conocerte.
La mujer lo miró algo decepcionada, pero no se rindió.
–Me llamo Lisa –se presentó alargando la mano.
–Encantado de conocerte, Lisa –contestó él–. Que tengas un buen día.
La chica frunció el ceño, pero a él le dio lo mismo, se giró y se dirigió donde Defne estaba sentada mirando toda la escena.
–¿Quién era ella? –le preguntó.
–No lo sé –contestó
-¿Qué quería? -insiste ella
-Tampoco lo sé. Haber – le dice él sonriendo – Defne, ¿estás celosa?
-Por supuesto que no lo estoy – le responde ella muy seria.
-Porque si es así, te digo enseguida que no deberías estarlo, yo soy completamente tuyo, y no existe ninguna posibilidad de que me pueda interesar otra mujer.
¿Qué podía responder a eso?, por lo menos a ella no se le ocurrió nada en ese momento, menos cuando sintió que se encendían sus mejillas.
-Estaba pensando, – dice Omer – ¿Qué te parece si hacemos una reunión en la casa? Invitas a los amigos de Emir, y por supuesto a los tuyos. Me gustaría conocer a las personas con las que han compartido estos años.
-Sí – gritó Emir mientras aplaudía la idea de su padre.
-Pues por mí no hay problema – responde ella
–Papá, helado – le dice el pequeño.
Al parecer para Emir ella ya no era necesaria, pues todo se lo pedía a su padre, esa idea causó un estremecimiento en Defne, pero desechó todo pensamiento que le causara tristeza, hoy solo vería la carita sonriente de su hijo y nada más.
Mientras avanzaban por la acera con Emir en el medio, pensó que cualquier persona que se cruzara con ellos creería que eran una familia normal y corriente que salía a dar un paseo.
–Columpio –les pidió Emir.
A veces lo pedía, pero siempre les faltaba el otro adulto para poder hacerlo, como hoy lo tenían, ella no dudó en decirle que sí, el niño elevó las dos manos, su madre lo tomó de una, al ver que Omer no reaccionaba, lo miró, él parecía confundido.
–Lo tenemos que tomar cada uno de una mano y lanzarlo hacia adelante mientras vamos caminando –le explicó.
Omer hizo lo que ella le decía, pero Defne se dio cuenta de que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. No debía de haber visto aquello jamás.
Emir gritaba de contento, y Defne estaba feliz viéndolo así.
–No me extraña que le guste –comentó Omer–. Ven, otra vez – se animó. – Una, dos y tres.
Emir gritó encantado al verse de nuevo por los aires, haciendo reír a sus padres.
Defne dejó de hacerlo cuando su mirada se encontró con la de Omer y se dio cuenta de que realmente era feliz.
Aquello la hizo pensar que, la vida les estaba dando a ambos una segunda oportunidad.
–Helado –anunció su hijo soltándose de las manos de sus padres y entrando en la heladería a la carrera.
Ella dejó de mirar a Omer y siguió a su hijo.
Los helados se estaban derritiendo rápidamente debido al sol. Defne se terminó el suyo y se fijó en que Emir tenía chocolate por todas partes, en la barbilla, en los dedos e incluso en la punta de la nariz.
Se dispuso a limpiarle con un pañuelo de papel, pero el niño comenzó a correr en círculos, haciéndola reír.
–Emir –lo llamó al cabo de unos segundos, intentando ponerse seria. El niño no le obedeció.
–Emir, detente –le ordenó Omer.
Defne puso los ojos en blanco, pero lo cierto era que estaba maravillada, a Emir le costaba obedecer, pero no había dudado en hacerlo ante su padre.
–Muy bien –le dijo ella limpiándole la cara.
–Emir, debes escuchar a tu madre cuando te habla –le indicó Omer al niño, que lo miraba atentamente–. Tu madre es una mujer especial y, además, es la única madre que tienes. ¿Estamos de acuerdo? –insistió Omer.
–Sí –le respondió su hijo terminándose el helado.
Defne observó la escena, y entendió que el hombre que tenía enfrente era mucho más que el padre de su hijo, se le había vuelto a meter en el corazón, y no sabía si quitárselo de encima o aferrarse a él para que no se fuera jamás.
Esa noche Omer, repasó todo lo vivido. Nunca había dejado de pensar en Defne, ni siquiera cuando lo había intentado con todas sus fuerzas, pero nunca hubiera imaginado que iba a sentir lo que estaba sintiendo, las ganas de dar marcha atrás en el tiempo para poder cambiar, para no irse, para no abandonarla.
–¿Quieres que te ayude? –le preguntó, al día siguiente cuando entró en la cocina y la vio ahí
–No, gracias, lo tengo todo controlado –contestó ella
–Huele de maravilla –comentó sinceramente.
Se acercó para ver qué era.
–¿Puedes avisar a Emir que el desayuno ya está? –le preguntó.
–Claro –le dijo saliendo al pasillo y grito – Emir, a desayunar.
Un portazo y pasos apresurados indicaron que él ya llegaba.
–Toma –le dijo a su padre.
–¿Qué es esto?
–Un dibujo –contestó Emir frunciendo el ceño.
Sí, claro, un dibujo. Omer se fijó en los rayados e intentó interpretarlos sin tener que pedir ayuda.
– Mamá, papá y yo –le explicó el niño.
Omer tomó el dibujo, y pensó que en su vida no había visto una obra de arte más hermosa, y que la que había hecho su hijo.
–¿Es para mí? -le pregunta
–Sí –contestó el niño muy orgulloso
Para cuando Omer logró controlar sus emociones, el pequeño se había sentado a la mesa.
–Lo voy a enmarcar, y lo pondré en mi oficina, ¿de acuerdo?
El niño sonrió y asintió con la cabeza.
–Tengo hambre – dice mirando a Defne
–Ya va –anunció ella.
Omer no sabía qué hacer, si marcharse para estar un momento a solas o abrazar con fuerza a su hijo, decidió que lo mejor era sentarse a la mesa con él y disfrutar de un nuevo día en su compañía.
Qué agradable estaba resultando todo, qué bien se sentía estar así.
–¿Qué haces en un día normal? –le preguntó.
Defne lo miró.
–Llevo una vida bastante rutinaria, por la mañana me despierto me levanto, preparo el desayuno para Emir y por supuesto para mí, espero a que llegue la niñera, me voy a la oficina, estoy ahí prácticamente todo el día, como lo habrás notado y luego vuelvo a casa, si tengo suerte puedo darle a mi hijo el beso de las buenas noches –le explicó dándose cuenta de que él la miraba atentamente.
Y otra vez volvió a sentirse irremediablemente atraída por él. Menos mal que, en ese momento, Emir habló.
–Mmm, rico –les dijo para luego atacar su comida.
Defne le sonrió y Omer le devolvió la sonrisa, con cada sonrisa, con cada caricia y con cada gesto, sentía que las cosas iban bien, que merecía la pena lo que estaba haciendo. Cada día que pasaba junto a Defne y a Emir se sentía un poco más integrado en la familia y aquello lo hacía sentirse muy bien. Se estaba dando cuenta de que convertirse en un buen padre pasaba por aprender de sus errores, algo que le resultaba difícil porque no le gustaba cometerlos, por esa razón era amante de las reglas.
Aun así, no estaba dispuesto a tirar la toalla. Iba a conseguirlo fuera como fuese, incluso sin manual de instrucciones.
Los gritos de júbilo de los niños retumbaban por toda la casa, incluso en la cabeza de Omer, que no estaba acostumbrado a tanta algarabía.
Demasiado ruido, demasiados gritos y demasiada felicidad, jamás había presenciado nada igual.
Omer miró a Defne, le bastó hacerlo para sentir que la cabeza y el cuello dejaban de dolerle, no podía dejar de mirarla, era una mujer fantástica.
–Papá. – le dice y trae con él una pelota y a sus amigos, ahora que ya era capaz de entender lo que su hijo le decía sin palabras, tomo el balón y comenzó a patearla una y otra vez, mientras su hijo lo miraba orgulloso y los demás niños solo decían, ohh.
Tal parecía que los demás padres no sabían jugar al futbol.
– ¿Te estás divirtiendo? –le preguntó a Emir.
El niño asintió, sus amigos se habían ido, pero él seguía agarrado al pantalón de su padre, así que Omer lo tomó entre sus brazos.
–¿Seguro que estás bien, hijo? –le preguntó intentando elevarle el mentón.
El niño se resistió ligeramente, pero luego lo miró a los ojos.
–¿Qué te pasa? –insistió él.
–No te vayas – le contestó el pequeño.
Omer intentó digerir aquellas palabras que su hijo había expresado con tanta seriedad.
–¿Por qué piensas que me voy a algún lugar?
–Porque sí.
Omer sospechó que aquella conversación era mucho más profunda de lo que parecía.
Era evidente que Emir había sufrido por no tener cerca a su padre, y ahora que estaba en casa, no quería que lo volviera a dejar.
¿Era posible que un niño de dos años tuviera preocupaciones? Evidentemente, sí.
–¿Salimos al jardín y les enseñamos a tus amigos cómo se juega al futbol? –le propuso.
–Sí –exclamó el pequeño, emocionado.
–Yo iré en tu equipo para que me tengas todo para ti –prometió
A continuación, dejó a Emir en el suelo.
Le quedaba mucho que aprender sobre cómo ser un buen padre, lo primero era que su hijo se sintiera seguro.
Defne sintió que se le formaba un nudo en la garganta, Emir estaba encandilado por su padre, era obvio y aquello hacía que los miedos de ella se acrecentaran, era consciente de que todo aquello podía desaparecer de la noche a la mañana y de que su hijo podía sufrir.
Quería apartar aquellos pensamientos de su mente, vivir el presente, pero el hecho de ser madre la hacía temer por el bienestar de su hijo. Emir lo era todo para ella, la prioridad en su vida, y verlo tan entusiasmado con su padre le daba miedo, sabía que, si Omer se iba ahora, el daño sería irreparable, que sufriría toda la vida por su pérdida.
En ese momento, llamaron a la puerta y ella fue a abrir.
–Emir, mira quién llego.
El niño, que estaba jugando con sus amigos, elevó la mirada y Omer también se giró para ver de quién se trataba, tardó un momento en darse cuenta donde había visto ese rostro antes.
El hombre llevaba un traje negro y corbata, ¿De verdad le iba a tocar tener que conocer a un hombre al que le gustaba su… mujer?, caminó a donde se encontraban ellos y se paró al lado de Defne
–Omer, te presento a Richard, un colega –le dijo ella muy sonriente–. Ha venido a traerle un regalo a Emir.
–Hola –dijo él extendiendo la mano–. Encantado.
–Defne me ha hablado mucho de ti, me alegro mucho de conocerte por fin –contestó el hombre.
Omer asintió, la verdad era que él no se alegraba en absoluto de conocerlo, menos mal que Emir comenzó a romper el papel que cubría su regalo.
–Emir –le recriminó su madre.
El hombre sonrió, y le puso la mano en el antebrazo, lo que hizo que Omer estuviera a punto de saltar como un perro guardián. ¿Por qué la tocaba? ¿Cómo se atrevía?
–Déjalo, déjalo romper el papel es una de las partes más divertidas de abrir los regalos –la tranquilizó Richard.
Omer tuvo que hacer un gran esfuerzo para no darle un puñetazo.
–Qué bonito. –exclamó Emir al descubrir un dinosaurio gigante con mando a distancia.
–Me alegro que te guste. – respondió el recién llegado.
El niño salió corriendo para enseñárselo a sus amigos y Omer no se movió del sitio porque tenía la sensación de que debía hacer de macho alfa y defender su territorio, dejar claro que Defne y Emir eran suyos, asegurarse de que el otro tipo lo entendiera bien.
Defne parecía incómoda, se había distanciado de Richard, pero estaba claro que allí pasaba algo.
Por cómo la miraba, era evidente que estaba enamorado de ella.
–¿Cómo te ha recibido este fantástico país?
Mientras el hombre le preguntaba, Omer se acercó un poco más a Defne y le pasó el brazo por la cintura.
–De maravilla, la verdad es que es estupendo estar con mi familia.
Ella se retorció, pero Omer la tomó con firmeza, sin intención de soltarla.
–Seguro que sí –contestó el hombre.
–Gracias por el regalo, a mi hijo le ha encantado.
–Sí, bueno, me voy… encantado de conocerte, nos vemos en la oficina, Defne.
–¿Ya te vas? Quédate a tomar un café o algo… –lo invitó zafándose por fin del brazo de Omer, no sin cierta resistencia por su parte.
–No, no quiero molestar, solo pasé a saludar a Emir, vi ese juguete y me pareció que él lo disfrutaría mucho.
–Bueno, pues muchas gracias, ¿verdad, Omer?
–Sí, claro, claro, muchas gracias.
Richard les dijo adiós con la mano y se giró para irse. Omer sonrió encantado de perderlo de vista.
Defne, cerró la puerta y se quedó mirando el marco de madera un momento, antes de girarse lentamente hacia él, que se sintió de repente como un completo idiota.
–Pero ¿por qué demonios hiciste eso? –le preguntó en voz baja.
–¿Qué?
–Sabes perfectamente a lo que me refiero –insistió con las manos en las caderas.
–No sé a qué te refieres –disimuló porque no quería discutir.
Acto seguido, se acercó a ella e intentó tomarla de la mano.
–Por favor, no finjas –le advirtió ella muy enfadada– a ti te sucede algo.
Omer no pudo más y estalló.
–¿Te refieres a que ese hombre, es el que te besó afuera de tu oficina y se cree con el derecho de venir a tu casa un domingo cualquiera y traerle regalos a mi hijo? Además… está enamorado de ti.
–¿Cómo? –contestó ella tomándolo con fuerza del brazo y conduciéndolo por el pasillo para que nadie los viera discutir–¿Por eso me tomaste de la cintura? ¿Para demostrarle en plan macho que soy tuya? –lo increpó en voz baja, acercándose peligrosamente–. Así que es eso, ¿eh? Estabas intentando demostrar que soy tuya.
A Omer le entraron ganas de abrazarla, pero sabía que se había pasado, debería haberse tragado su orgullo y confiar, pero no había sabido hacerlo y lo había estropeado todo.
–Si no confías en mí, esto se acaba ahora mismo –le advirtió Defne–. Ya te puedes ir olvidando de tener una segunda oportunidad.
Omer exhaló lentamente.
–No puedo soportar la idea de que aun te veas con ese hombre, creo que lo mejor es que dejen de trabajar juntos, es demasiado evidente que él no se conformara con ser solo un colega, o amigo –le dice– confío en ti, te lo prometo, pero no confío en él.
Defne negó con la cabeza y lo miró con tristeza.
–No tienes derecho a hacerme esto –le dijo girándose y alejándose.
Omer sintió un tremendo enfado por no haber sido capaz de controlar sus celos y lo peor era que ella ni se había molestado en discutir, le había dado la espalda y se había alejado como si no mereciera la pena, tomó aire y volvió al salón.
Necesitaba salir de allí, vio a Defne hablando con otra madre, la miró un segundo, pero de momento no tenía nada más que decirle, así que se dirigió a la puerta.
Defne se quedó mirando a Omer mientras se marchaba como se había quedado mirándolo aquella vez en la costanera, pero en esta ocasión, no estaba llorando, porque, en lo más profundo de sí misma, siempre había sabido que volvería a irse.
–¿Estás bien? –le preguntó la mujer con la que hablaba.
Defne se obligó a sonreír con valentía.
A lo mejor se estaba equivocando, a lo mejor Omer solo había salido a tomar el aire un rato, pero no debía engañarse a sí misma, pues había visto cómo había mirado a su hijo antes de irse, con tristeza…
–Estoy bien, gracias –mintió.
Llego la noche, y Omer no había vuelto, Emir se durmió esperando que su padre fuera a darle el beso de buenas noches, a eso ella le temía, a que Omer no le gustara algo que ella hiciera, y se fuera sin importarle los sentimientos de su hijo, camino hasta el jardín, y allí se dejó caer en una silla, y miró las estrellas. Era algo que le gustaba hacer, y en la casa donde vivía se podía dar ese lujo. Tratando de contener las lágrimas, cerró los ojos, así estuvo un momento cuando sintió algo moverse a su espalda.
-¿Qué haces aquí? – dice – ¿olvidaste algo?
-Yo… lo lamento sé que me equivoqué, no debí actuar de la manera que lo hice.
-¿Creí que te habías ido?
-Defne, lamento si me demore…
-No te disculpes conmigo, hazlo con Emir, él te esperó para que le dieras el beso de buenas noches.
-Y tú, ¿me vas a decir que no esperabas que regresara?
-No lo sé, ya no sé qué pensar Omer, solo no quiero ver sufrir a mi hijo y si te digo la verdad, ese es mi mayor temor, que un día cualquiera te escabullas en tu mundo y nos dejes fuera.
-Lo que he vivido estas semanas ha sido todo nuevo para mí, no sabía lo que era vivir en familia y si también te soy sincero, aunque te amo mucho, amo más a mi hijo, y si tú me dijeras que me fuera no lo haría, me quedaría aquí por él, quiero ver crecer a mi hijo … -le dice mientras saca una cajita de color negro – y si tú me aceptas quiero tener otros hijos contigo. Defne, ¿te quieres casar conmigo?
-¿Ese es el anillo de tu madre? – le pregunta
-Él es la razón por la que me fui, y porque llegué tarde, Shukru viajó desde Estambul para traerlo
Ella tardo en analizar la información y ese tiempo a Omer le pareció una eternidad, hasta que por fin Defne suspiró y dijo
-Te quiero Omer, si tú supieras cuánto te quiero, por favor, no me vuelvas a dejar, porque no te lo voy a perdonar.
Parecía que algo había cambiado entre ellos.
La sonrisa de Defne, la forma de mirarlo… se estaba abriendo a él por primera vez desde que había vuelto, era como si lo estuviera perdonando, como si le estuviera concediendo otra oportunidad. ¿La estaría entendiendo bien?
–Defne… ¿me perdonas?
Ella le sonrió, le dedicó una sonrisa abierta y maravillosa.
–Te perdono, Omer, te perdono –insistió.
Omer se dio cuenta de que el dolor, los recuerdos y las preocupaciones que había tenido cuando había vuelto habían merecido la pena, porque aquella sonrisa significaba el mundo para él, porque las palabras de Defne eran la mejor música con la que podía soñar, porque ahora tenía la oportunidad de volver a empezar con ella. Una oportunidad de futuro.
-¿Emir? – pregunto Omer
-Durmiendo- respondió ella
Se quedó sin respiración mientras Omer se acercaba a ella
-Te voy a hacer el amor -es todo lo que le dijo.
Ella asintió con la cabeza, y paralizada lo vio bajar la cabeza. Cerró los ojos, mientras sus labios rozaban los suyos con tanta sensualidad que sintió que se aflojaban las piernas. Apoyó las manos en su pecho en busca de equilibrio, dejando escapar un gemido, al sentir que exploraba cada centímetro de sus labios, el beso se hizo interminable.
Omer hundió las manos en su pelo para sujetarla por la cabeza y volvió a tomar su boca con la clara intención de hacer realidad su sueño, Defne comenzó a jadear y responder con ardor a sus besos Después de que su lengua recorriera el labio inferior y se introdujera en su boca para envolverla en un baile erótico con la suya, deseo todo lo que le ofrecía y más, la sensación del beso hizo que le ardiera la sangre en las venas y dejo caer la cabeza hacia atrás a la vez que él deslizaba sus labios por su cuello.
Ella trato de contener un estremecimiento mientras él seguía besándola por la clavícula hasta el cuello.
Cerró los ojos y sintió que le ardían las mejillas, Omer le mordisqueo el hombro, deslizo los dedos bajo el tirante del vestido y se los bajó, ella se sujetó a la silla mientras sus labios viajaban al otro hombro para hacer lo mismo, abrió los ojos al sentir que la tela caía por la curva de sus pechos dejando al descubierto el sujetador de encaje que llevaba debajo.
_Defne. – dice Omer tomándola por la barbilla para que lo mirara a los ojos. – eres tan hermosa que me vas a volver loco, he esperado este momento hace mucho tiempo.
Ella dejó caer los brazos, y sostuvo su mirada ardiente, él inclinó la cabeza hasta que sus labios rozaron los suyos, y tomó su boca con voracidad, mientras le demostraba lo mucho que la deseaba y se dejó llevar sentir sus manos cubrir sus pechos.
Le acarició los pezones con los pulgares, y al instante se endurecieron bajo el encaje del sujetador, cerró con fuerza los ojos deleitándose ante aquella sensación tan erótica. Omer bajó. y lamió por encima del encaje uno de sus pezones, mientras seguía acariciando el otro con la mano, una oleada de deseo se extendió por todo su cuerpo invadiendo su vientre, los movimientos de su lengua le provocaban una sensación tan placentera que se olvidó de todo, excepto de lo bien la hacía sentir.
Entonces cerró los labios sobre un pezón y lo apretó entre los dientes hasta que comenzó a sentir un dolor y placer a la vez
-Omer… – susurró desesperada
-¿Bien? – le dijo él mientras tomaba el otro pezón entre sus dientes
-Umm
Él deslizó las manos por sus caderas, sin dejar de succionar su pezón, buscó bajo el vestido para levantarlo, y colocar el muslo entre sus piernas desnudas, ella jadeó al sentirlo junto a la humedad de su entrepierna, sus fuertes muslos eran el antídoto perfecto para la ardiente sensación que estaba creciendo en ella.
-Cariño, vas a acabar conmigo. – murmura Omer apartando la cara de sus senos para mirarla
Se agachó para pasarle el brazo por detrás de las rodillas y tomarla en brazos, caminó con ella hasta su habitación, allí la dejó en el suelo, le desabrochó el sujetador con facilidad y lo dejó caer al suelo, luego sintió el aire fresco en la piel mientras el vestido caía por sus caderas hasta el suelo quedándose vestida solo con las bragas
-Eres preciosa. – dijo él y le llevó la mano al primer botón de su camisa
-Tranquila. – le dice Omer y se lleva su mano a la boca para besarla. – no tenemos ninguna prisa
Poco a poco fue desabrochándole los botones, descubriendo su torso bronceado y musculoso, le quitó la camisa por los hombros y al contemplarlo se le secó la boca, animada por el deseo, deslizó sus manos suavemente por sus pezones hasta los fuertes músculos de sus abdominales, todo él irradiaba masculinidad. Bajó las manos hasta el cinturón y tiró de la correa, lo siguiente fue la cremallera, rozando su erección mientras la bajaba, Omer soltó un gemido.
– ¿Quieres que pare? – preguntó mirándolo coqueta
-Creo que es lo último que deberías hacer.
Metió las manos por la cintura de sus pantalones, y los bajó hasta el suelo. Omer los hizo a un lado, y se quedó con un par de bóxer negros que poco servían para disimular su erección.
Omer la tomó en brazos, y la llevó hasta la cama. Luego le dio uno de esos besos interminables
-Omer -esta vez quería más, deseaba sentirlo dentro de ella.
Él se incorporó con agilidad se quitó los bóxer, deslizó las manos bajo las caderas de Defne elevándolas, ella jadeo al sentir que la penetraba unos centímetros, poco a poco su cuerpo fue aflojándose, dándose de si para recibirlo, hasta que la incomodidad se convirtió en algo diferente.
-¿Estás bien?
Ella asintió con un movimiento de cabeza y abrió los ojos
-Más…
Manteniendo un férreo control Omer volvió a hundirse en ella unos centímetros más, una sensación de puro placer la invadió y arqueo las caderas a modo de invitación
-Estoy bien
-¿Estás segura?
Su embestida al penetrarla completamente le quitó la respiración, y clavó las uñas en las sábanas, Omer la tomó con fuerza por las caderas salió lentamente y volvió a hundirse en ella.
-Dios Defne, te amo tanto.
Poco a poco Omer fue alimentando su fuego con cada una de las rítmicas embestidas.
Ella lo abrazó con sus piernas, de esa manera lo sintió más adentro, entonces perdió el control, solo sentía sus acometidas cada vez que se hundía en ella, sus miradas se encontraron, sin dejar de observarla la llevó al límite.
-Defne, no puedo seguir aguantando más. – dijo con unas gotas de sudor en la frente. Ella apretó las piernas alrededor de sus caderas, clavando los ojos en él
-Ahora, Omer
Omer volvió a hundirse en ella, más rápido, y con más fuerza, hasta que con un estallido de placer la hizo contraer el cuerpo alrededor de él, provocándole una espiral de sensaciones sin fin, él jadeo al sentirse aprisionado y se dejó ir. Se quedo acostada debajo de él, con las piernas entrelazadas con las suyas.
-¿Estás bien?
Omer se incorporó apoyándose en los antebrazos para mirarla, ella sonrió
-Más que bien .
-Estoy de acuerdo, ha sido increíble, añadió acariciándole la mejilla -Te necesitaba y te sigo necesitando. – dijo con voz grave acariciándole el labio inferior. – te lo demostraría, pero es tarde, y pareces cansada, además tenemos toda la vida por delante.
Estaba agotada y aunque quería permanecer despierta y disfrutar de aquella noche al máximo, no protestó cuando él se acostó de lado y la abrazó, así después de mucho tiempo volvieron a dormir juntos Omer y Defne.
CONTINUARÁ
