EL REGRESO. Capitulo 10

Después de unos minutos donde en silencio, solo prestaron atención a sus
cafés.

  • ¿Qué sabe él de mí? – preguntó Omer rompiendo el silencio
  • ¿Perdón?
    -Emir, ¿qué le has dicho de mí?
    -La verdad, que tú eres su padre, que estabas viviendo lejos por eso no
    habías podido venir, – ella le dio tiempo para escuchar su recriminación,
    pero como él solo guardó silencio continuó – llegado el momento le diría
    la verdad y si él quería lo llevaría para que te conociera.
    -Yo no sé que decir, esto fue para mi tan impactante y tan hermoso al
    mismo tiempo, Emir es un niño muy especial, Defne eres increíble y no lo
    digo de manera negativa, de verdad eres increíble, criarlo con una
    personalidad tan marcada no debió ser fácil y por lo que veo viven ustedes
    solos.
    -Cuando supe que estaba embarazada deje la casa donde vive mi abuela
    con los demás, sabía que quería vivir sola con mi hijo, yo… quería
    que él
    supiera quien eras tú.
    -Gracias, jamás me imaginé que él me reconocería como su padre.
  • ¡Eres su padre Omer! – exclamó ella
    -Si lo sé, es solo que después de todo lo que pasó entre nosotros yo creí
    que… ya no importa
    -Tú, ¿creíste que yo le iba a enseñar a odiarte?, ¿verdad?
    -Bueno si, es normal cuando las relaciones terminan mal.-Te equivocaste, yo amo a mi hijo y él merece crecer lo mas sano posible,
    física, mental y emocionalmente… hablando de físico, me disculpas es la
    hora en que Emir toma su leche y se va a dormir la siesta.
    -Eso significa que también es la hora en que debo irme.
    -Omer – le dice ella, mientras prepara el biberón – ya conoces donde vive
    Emir, puedes venir cuando quieras, yo no me voy a oponer o impedir que
    lo veas todas las veces que así lo desees
    -Gracias – responde – creo que debo despedirme de mi hijo – lo dice con

    una sonrisa
    -Ve al jardín, ahí debe estar jugando
    Omer caminó por un pasillo y al final de él se encontró con un hermoso
    jardín, lleno de flores tal como le gustaba a Defne y en medio de él estaba
    su hijo, apenas lo ve, viene corriendo a su encuentro.
    Omer lo toma en brazos y le da un beso en la mejilla, a lo que responde
    abrazándolo por el cuello, repitiendo la palabra con la que el corazón de él
    se derritió
    -Papá

    Así estuvo cargándolo un momento, hasta que escucharon que Defne
    llamaba al pequeño, Omer lo lleva nuevamente al interior de la casa,
    donde lo esperaba su madre con el biberón en la mano
    -Emir, es hora de tu siesta, despídete de tu papá – le dice ella
    -No – responde el niño haciendo pucheros y se abraza con fuerza al cuello
    de Omer – no – repite
    -Emir tu padre tiene que irse, además tú debes dormir
    El niño seguía sin soltar a Omer
    -Te importa si le doy su leche y espero que se quede dormido – le dice él
    -No debiste decir eso – responde Defne
  • ¿Por qué?, ¿no quieres que lo haga?
    -No lo digo por eso, ya lo verás y vas a arrepentirte de tus palabras
    Defne lo guio al segundo piso hasta donde se encontraba la habitación del
    pequeño, al entrar en ella Omer solo pudo sonreír de la ternura que sintió,
    además de una cama en forma de auto, tenia un pequeño escritorio donde

    había de todo para pintar y las paredes estaban empapeladas con lo que se
    supone eran las obras de arte de su hijo.
    -Le conté que su padre dibujaba y este fue el resultado – le cuenta Defne
    -Lindo – es lo único que le permite decir el nudo que se formó en la
    garganta-Bien, Emir ya estamos aquí, acuéstate para que te tomes tu leche.
    De alguna forma en que Omer no notó, su hijo lo llevó hasta la pequeña
    cama y lo empujó hasta que él quedó acostado, obviamente sus pies
    quedaban largos, pero que importaba.
    -Ahora veras porque te dije que te ibas a arrepentir
    El pequeño tomó el biberón de las manos de Defne y se acomodó sobre el
    pecho de Omer y comenzó a beber su leche, antes de terminar ya estaba

    durmiendo.
    Omer trató de moverse para dejarlo al lado y así poder salir de la cama,
    pero el pequeño, refunfuñó y se volvió acomodar sobre él.
    Defne se acerco a su hijo, le quitó los zapatos y comenzó a hacer lo mismo
    con Omer
  • ¿Qué haces? – dice él
    -Lo siento por ti, pero te lo advertí, esa es la única manera en la que
    duerme.
  • ¿Contigo?
    No, conmigo no, con Eddi, – le dice mostrándole un gran oso de peluche
    sentado en un rincón de la habitación
    -Ya veo
    -Descansa o por lo menos inténtalo, cuando despierten la comida ya
    estará preparada – al mismo tiempo tomó una pequeña colcha y los tapó a
    ambos.
    -Está bien – le responde antes de que Defne salga con mucho cuidado.
    Omer observo a su hijo, en realidad se parecía mucho a él, no solo su
    cabello, era como un pequeño señor Iplikci, así mirando a su bebé se
    durmió.
    Defne estaba terminando de cocinar la cena, cuando sintió unos pequeños
    pasitos bajar las escaleras.
    -Y ¿tu papá? -le pregunta a Emir
    -Allá – responde indicando con la mano la escalera
    -Ven, ayúdame a preparar la ensalada y luego ponemos la mesa para

    cenar, ¿te parece?
    El pequeño busca un taburete y se sube a él, para llegar a la mesa donde
    su madre está cocinando, una vez que ya todo estuvo listo, corrió hasta el
    comedor y ayudó a Defne a arreglar la mesa para cenar.Sin que ella le dijera nada, Emir puso un tercer lugar en la mesa, era claro
    que él quería que su padre se quedara, ahí lo encontró Omer, arriba de
    una silla luchando para acomodar los tenedores y cuchillos.
  • ¿Te ayudo? – le dijo
    -Ya – le responde el niño con una gran sonrisa
    Entre los dos terminaron de ordenar los utensilios y cuando lo hicieron se
    miraron orgullosos.
  • ¿Descansaste? – escuchan decir a Defne
    Sí – le respondió
    -No te preocupes, el dolor de espalda no te matará -le dice ella riendo, –
    vayan a lavarse las manos, mientras sirvo la cena
    -Vamos papá
    -Yo… – Omer no sabía si Defne quería que se quedara, por lo que la miró,
    buscando su aprobación
    -Ve con tu hijo, él ya preparó un lugar para ti en la mesa.
    De alguna manera que para él era desconocida, Defne entendía
    perfectamente lo que su hijo le conversaba, por lo tanto, ella era quien le
    sirvió de intérprete para poder conversar con Emir.
    -Esta bien, ya le pregunto – le dice en un momento de la conversación –
    Emir quiere saber dónde está el resto de tus cosas, tu ropa o maleta
    -Ah, bueno la deje en el hotel – le dice él mirando a su hijo – me quedare

    ahí el tiempo que este aquí en Paris
    -Emir quiere que te quedes aquí esta noche
    -Pero… eso no te incomodara a ti.
    -No, para nada, además te servirá para que pases mas tiempo con él y yo
    me sentiré más tranquila cuando vaya a trabajar.
    -Defne, cuanto agradezco todo esto.
    -Omer no tienes que agradecerme, no solo lo hago por ti, sino por Emir, él
    merece pasar tiempo con su padre.
    Padre, ya era padre y su hijo era un hermoso niño y lo amaba y eso se lo
    debía a Defne, es verdad que le ocultó la existencia de Emir, pero a su hijo
    no la de él, la rabia que sintió durante todo este tiempo, no fue
    impedimento para enseñarle a su hijo a amar a su padre y ahora él
    disfrutaba de todo ese amor.

    Si mi amor tienes razón
  • ¿Qué dijo? – le pregunta Omer-Que esta noche no tendrá que darle el beso de buenas noches a la foto,
    porque estás aquí.
    Y así fue, esa noche miró a su hijo hasta que se quedó dormido, nada de
    su vida lo preparó para lo que sentía en ese momento, debió luchar para
    que las lágrimas no salieran de sus ojos, ese pequeño lo amaba sin
    siquiera conocerlo, sin nunca haber compartido con él nada en su vida,
    aun así, lo amaba, ese tipo de amor se lo enseñó Defne, ese tipo de amor
    fue el que él no fue capaz de darle a ella.
    Defne lo llevó hasta la habitación donde él iba a dormir esa noche.
    -Buenas noches – le dice ella dirigiéndose a la puerta
  • ¿ Laurel ?
    Dime
    -Gracias
    -Ya te dije que…
    -No, no me entiendes, gracias por enseñarle a nuestro hijo el amor desde
    tú perspectiva, un amor que solo da y no pide nada a cambio.
    -Omer yo…
    -No me digas nada, buenas noches Defne
    -Buenas noches y… Omer me alegra que estés aquí
    Al día siguiente, Omer disfrutó por completo a su hijo, lo llevó a almorzar
    afuera y después tomaron helado juntos, sentados en una plaza, ahí le
    llego la hora de la siesta a su hijo, por lo que lo llevó en brazos hasta el
    auto lo acomodó en la silla y emprendió el retorno a la casa, allí siguió las
    indicaciones de Defne y le preparó su biberón y lo llevó a su habitación,
    pero esta vez tomó la precaución de acostar al pequeño sobre el oso de
    peluche y ahí se quedó con él hasta que se durmió.

    Luego bajó hasta la cocina, buscó en el refrigerador y se dispuso a
    preparar algo para la cena, Defne llegaría tarde, se lo dijo cuando llamó al
    medio día, el pensamiento de que ella estuviera con el hombre que la vio
    besarla lo llenó de celos, pero sabía, que no tenía derecho para sentir eso o
    por lo menos no podía demostrarlo.
    El tiempo transcurrió, el pequeño despertó, jugaron un rato en el jardín,
    después al igual que hacía con su madre, le ayudó a poner la mesa para
    tres personas, pero al final solo cenaron los dos, Defne no llegó.
    Después bañó al pequeño y lo acostó, le dio el beso de buenas noches, una
    vez que Emir se durmió bajo a esperar a Defne.
    Cerca de las 10 de la noche se sintió el auto en que venía ella, se abrió la
    puerta, llegó hasta la sala y ahí se sacó los zapatos y caminó descalza.-Buenas noches – saluda él

    Buenas noches, ¿Emir ya se durmió?
    -Sí, ya está dormido
    -Lo siento tanto, no pude llegar para darle su beso de buenas noches
    -Ven siéntate, estas agotada, ¿comiste?
    -No, no he tenido tiempo para nada
    -Te traeré algo para que comas
    -Gracias – le dice ella, con algo que parecía un asomo de sonrisa
    Omer se fue hasta la cocina para calentar la cena y le preparó la mesa,
    cuando estuvo todo listo la llamó
    -Defne, puedes venir a la mesa

    Pero no escuchó respuesta
  • ¿Defne? – dice mientras camina al lugar donde la había dejado.
    Ahí la encontró, pero ya dormida, sonrió, fue donde estaba en el sillón, la
    acomoda en sus brazos y la sube así hasta la habitación, como puede la
    acuesta, le saca los zapatos y lo que llevaba puesto, dejándola en ropa
    interior y la tapa inmediatamente, ese cuerpo causaba estragos en su
    mente, ahora debería darse una ducha de agua helada.
    Los días siguientes no variaron mucho, Omer no sabia si Defne llegaba
    tarde porque él estaba ahí o siempre era así su rutina.
    Por fin el viernes de esa semana llegó temprano para pasar tiempo con su
    hijo y ahí Omer se dio cuenta que el trabajo era lo que le impedía llegar
    temprano a la casa y sintió alivio en su corazón
    Estaban cenando y Omer intentaba dilucidar cómo decir lo que tenía que

    decir.
    Ya llevaba una semana entera en la casa y, cuanto más esperara para
    preguntar, más difícil se le iba a hacer, Emir estaba ya en la cama, así que
    era el momento oportuno.
    No había venido a Paris para arreglar su relación con Defne, pero, ahora
    que estaba allí, no podía dejar de pensar en ello.
    –Defne, quiero preguntarte algo, – Defne dejó los cubiertos sobre el plato
    y lo miró.
    –El día que llegué a Paris, fui a tu oficina y tú venias saliendo
    acompañada, ¿ese hombre es tu novio?
    El silencio que se instaló entre ellos era incómodo.
    –¿Y qué te hace pensar eso?-Lo vi cuando te besó.

    -Digamos que algo así.
    -Tú ¿lo amas?, ¿estas enamorada de él?
    -La verdad es que no entiendo porque me preguntas esto ahora
    -Puedes contestarme, por favor.
    -Omer, ¿para qué quieres saberlo?
    Omer no sabía qué decir, se quedó mirándola y se preguntó cómo habían
    llegado hasta aquel punto, cómo había permitido que se le escapara
    aquella mujer, que era lo mejor que le había pasado en la vida, supo en
    ese instante que debía luchar por lo que era suyo.
    -Defne, por favor
    -No Omer, no estoy enamorada de él, pero no puedo negar que me agrada
    como me trata
    –Dijiste que no me querías de vuelta en tu vida, ¿es porque ya no me
    amas?
    Defne se quedó mirándolo fijamente.
    –A ¿qué viene todo esto Omer?

    –Necesito saberlo, yo no he dejado de amarte, te he extrañado cada día
    desde… tú sabes cuándo.
    -Omer ya lo hablamos, no creo que debamos volver a lo mismo.
  • ¿Por qué no me responde?
  • ¿Qué cosa?
  • ¿Dejaste de amarme?
    -No Omer, no he dejado de amarte, pero no significa que este pensando
    en volver contigo.
    -Gracias, por tu sinceridad
    -Ahora si no te molesta me voy a dormir, estoy agotada y mañana tengo
    que tener energía para Emir, buenas noches
    -Buenas noches, ¿Defne?
    -Si
    -Te amo
    -Omer no…
    -Buenas noches – le dice, ella se vaLa confesión de Omer había revuelto los sentimientos de Defne y como
    era de esperar sus sueños fueron el reflejo de ellos, despertó a media
    noche con la sensación de haber hecho el amor con Omer, se levantó a la
    cocina a tomar agua
    –Hola –escuchó a su espalda
    –Hola –contestó.
    No sabía si era por el sueño o porque era de noche, pero no podía dejar de
    mirarlo, su pelo, sus labios, su mentón, estaba tan guapo.
    –¿Estás bien? –le preguntó.
    –Claro –contestó–. ¿Por qué no iba a estarlo?
    Él la miró incómodo.
    –Bueno, es que te escuché bajar las escaleras y creí que te sentías mal.
    –Ah –contestó mirándolo incómoda también–. Pues vine por un poco de
    agua –murmuró.
    –Bueno, entonces, eh, me vuelvo a la cama.
    Ella se quedó mirándolo, se fijó en los pantalones del pijama de Omer, en
    su pecho desnudo, él se había girado y también la estaba mirando
    fijamente.
  • Laurel …
    –¿Sí? –contestó ella desesperada por que dijera algo, cualquier cosa.
    El movimiento la tomó completamente por sorpresa e incluso
    ahogó una exclamación, mientras Omer la abrazaba con fuerza y la besaba
    en los labios.
    Sabía que estaba muy tensa, así que intentó relajarse y, cuando lo hizo, se
    derritió entre sus brazos. Omer la besó con tanta delicadeza que ella tuvo
    la sensación de que se iba a caer.
    El beso terminó demasiado deprisa, él se apartó y se quedó mirándola
    como si esperara una respuesta.
    –Nunca he dejado de pensar en ti –declaró con voz grave–. Me he
    preguntado constantemente, ¿por qué no actúe de otra manera contigo?,
    ¿porque terminé lo nuestro? ojalá pudiéramos dar marcha atrás en el
    tiempo.
    –Omer, yo…
    –No, no digas nada, solo prométeme que no has tirado la toalla, que
    todavía existe un nosotros, vamos a darnos una oportunidad, a lo mejor
    no me la merezco, pero vamos a intentarlo, Defne, déjame que te
    compense por lo que te he hecho.Ella no sabía qué decir.
    –Quiero que vuelvas a confiar en mí, pero primero tienes que decirme que
    me vas a dar una oportunidad. – continúo diciendo él
    –Omer, yo no sé qué quieres que te diga.
    –Dame un tiempo, dos o tres meses, si de aquí a ese tiempo no he
    recuperado tu confianza, me quedaré en tu vida solo como el padre de
    Emir –le prometió él sinceramente–. He tenido mucho tiempo para
    pensar y sé que las cosas terminaron mal entre nosotros, pero nos
    amamos y tenemos un hijo, eso cuenta, los dos lo sabemos.
    Defne comprendió que estaba siendo sincero, que realmente creía que lo
    suyo merecía la pena y que quería una oportunidad.
    Se mordió el labio inferior sin dejar de mirarlo, él la miraba fijamente,
    parecía preocupado.
    –Tengo la certeza de que podemos ser una familia de verdad –insistió él.
    –¿De verdad piensas eso?
    Defne se preguntó si lo podría hacer, si podría arriesgar el corazón y darle
    una segunda oportunidad, confiar en lo que le estaba
    diciendo, cambiar de parecer y decirle que sí.
    –¿Qué me dices?
    –Está bien –accedió, porque quería ver si la podía hacer cambiar de
    parecer.
    –¿Me das el tiempo que te pedí?
    –Lo iremos viendo sobre la marcha –contestó.
    Omer la volvió a besar y se apartó lentamente, se dirigió hacia su
    habitación.
    Defne se quedó allí mismo, no se podía mover.
    Cuánto le hubiera gustado arrastrarlo a su cama y hacerle el amor como
    en su sueño.
    A lo mejor, Omer tenía razón, a lo mejor, debían darse una oportunidad,
    pero iba a tener que demostrarle que realmente se merecía una segunda
    oportunidad, porque antes de dársela quería estar completamente segura
    de que no se iba a ir de repente ya que, en esta ocasión, también le
    rompería el corazón a su hijo.
    Ella podría soportarlo, lo sabía, porque se le había endurecido el corazón,
    pero temía por Emir.
    Omer tuvo que hacer un gran esfuerzo para no darse la vuelta, tomar a
    Defne y llevarla hasta su cama para hacerle el amor hasta cansarse.Cuando decidió venir a Paris, no había tenido ninguna intención de
    recuperar a Defne, solo quería estar ahí para su hijo, pero pasar tiempo
    con él y tenerla a ella cerca lo estaba volviendo loco, tenía a su familia al
    alcance de la mano y tenía que darse prisa si no quería perderla.
    Se arrepentía de haberla abandonado, pero ahora tenía la oportunidad de
    recuperarla y quería hacerlo,
    ahora tenía la oportunidad de enmendar sus errores, ahora podía dejar de
    temer al futuro y vivir el presente.
    Solo tenía que dilucidar cómo hacerlo.
    CONTINUAR

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