Ve despacio:- decía la siguiente pagina del cuaderno.
Antes de comenzar la segunda fase de la ruta del amor, ten en mente, que
apresurar a tu princesa a que se enamore de ti, no es una buena idea. Incluso
si realmente la amas, toma las cosas con calma.
Cuando empieces a conocerla, trata de comportarte como su amigo y
conócela mejor, antes de intentar hacer que se convierta en tu novia.
Nunca le digas que la amas, incluso debes abstenerte de decirle que te gusta,
hasta que hayan tenido unas cuantas citas.
Pero no ocultes tus intenciones, el deseo sin ser expresado de manera
atrevida, es algo que muchas mujeres encuentran deseable
Sé caballeroso, a todas las mujeres les gustan los hombres que les abran la
puerta del auto, les preste su chaqueta, le permita pedir primero en el
restaurante, todos esos pequeños detalles que algunas personas creen que
pasaron de moda
-Madre que complicado me lo has puesto – dice Omer en voz alta en su
oficina.
Luego toma su teléfono y marca el número de su tío
-Soy yo… si necesito pedirte un favor… es sobre el cuaderno de mi madre-Ya lo comenzaste a leer – se escucha decir del otro lado de la línea
-No solo eso, ya puse en práctica su primer consejo
-Vaya, vaya, ¿en qué puedo ayudarte?, me imagino que con algo relacionado
a Defne
-Para el siguiente paso debo pasar tiempo con ella, pero como sabes, ella no
va aceptar una invitación de mi parte.
-A menos que sea de trabajo
-Aunque sea de trabajo, no creo que acepte salir conmigo
- ¿Entonces?
-Mañana debo viajar, Tepecik, tengo una reunión con el gobernador
-Déjame terminar por ti, ¿quieres que le pida a Defne que te acompañe?
-Exacto, si lo hago yo, seguro se negará, pero será diferente si lo hace usted.
-Por lo menos lo voy a intentar
-Gracias Tío, te deberé
-Me lo pagas al ponerle mi nombre a uno de tus hijos
Omer se largó a reír
-Muy bien, claro que hablo por mí, cuando llegue el momento, habrá que
preguntarle a la madre.
Ya tardé Defne se encontraba a punto de irse a su casa, cuando recibió un
llamado, levantó el auricular
–Sí – contesto – señor Necmi, que sorpresa más agradable.
-Siempre es agradable ser recibido de esta manera, Defne te llamo para
pedirte un favor, espero puedas ayudarme
-Por supuesto que sí, usted sabe que no podría negarle nada a usted.
-Muy bien, mañana hay una reunión en la Tepecik con el gobernador,
¿podrías asistir a ella?-Por supuesto que sí, solo dígame a que hora debo estar ahí y donde será la
reunión.
–Bueno en realidad, no irías sola, Omer también asistirá y como sabes, él
viene recién interiorizándose del tema de la empresa, necesito que lo ayudes
y orientes de cómo son esas reuniones.
-Bueno yo…
-Defne, por favor
-Esta bien, señor Necmi, hare lo que usted me pide.
Defne suspiró y corto la llamada, tomó su bolso y se fue hasta el
departamento, ahí solo le quedaban energías para darse una ducha y luego a
la cama.
Al día siguiente, llegó a la oficina cinco minutos antes de las ocho y lo
encontró esperándola en la entrada, al verlo, su pulso se aceleró.
Como podía verse tan elegante y guapo con solo cambiar de color su ropa,
lucía un traje azul impresionante, era como si se lo hubieran cosido en el
cuerpo, nunca se había fijado en el cuerpo atlético que tenía y ¿Por qué tenía
que hacerlo justo ahora que viajarían los dos solos encerrados en un auto
durante horas?, no era justo.
Debió escuchar a Nihan cuando le dijo que se vistiera de otra forma, ahora se
sentía como la cenicienta en el primer encuentro con el príncipe, los
pantalones y la blusa que llevaba no la hacían para nada sentirse femenina,
pero y porque le preocupaba que Omer la viene como una mujer deseable?
—Buenos días, —la saludó él.
Ella tuvo que hacer un esfuerzo para encontrar su voz.
—Buenos días.
—Veo que te has decidido por un atuendo informal.
—¿Algún problema?No podía saber si lo que veía en su cara era decepción, burla o una mezcla de
los dos.
—No, no, ninguno —respondió él,—. Vamos a estar en el coche varias horas
y será mejor que nos pongamos cómodos.
—¿Le importaría que parásemos para tomar un café antes de entrar en la
autopista? Mi primera taza de café aún no me ha despertado y no he tenido
tiempo de tomar otra.
Por no decir que eso la haría pensar en algo que no fuera el hombre que iba
a su lado.
Omer hizo una mueca de dolor, mientras se colocaba en el asiento y ella se
giró para preguntarle si le pasaba… pero él estaba abrochando el cinturón de
seguridad y sus caras casi se rozaron y por primera vez, notó que daba la
sensación de ser más alto de lo que era, aunque ella era alta, a su lado se
sentía pequeña y delicada.
—Si quieres tomar un café, deberíamos empezar a movernos —dijo él
sonriendo, mirándola a los ojos.
Entraron a la primera cafetería que encontraron en la carretera, tal como se
lo había aconsejado su madre, Omer le abrió la puerta de ingreso al lugar, el
gesto fue agradecido por una pequeña sonrisa.
Cuando miró a Defne, Omer tuvo que disimular una sonrisa al ver el
pantalón y la blusa que llevaba.
Nunca la había visto vestida de esa forma, en la oficina acostumbraba llevar
su característico traje de chaqueta acompañado de una falda que le llegaba
un poco más debajo de la rodilla, y seguramente era su forma de decir que
no le agradaba estar ahí con él.
Echaría de menos la falda… o más bien las piernas debajo de la falda. Aunque
esos pantalones y esas botas de tacón resultaban muy atractivos.
—¿Algún problema? —la preguntó ella interrumpió sus pensamientos.
—¿Por qué lo dices?—Porque tiene el ceño fruncido.
Esa observación lo pilló por sorpresa.
—El café está muy simple y yo lo prefiero más fuerte.
—Es usted muy exigente con el café.
—¿Te has dado cuenta?
Defne se encogió de hombros.
—¿Qué haces cuando las cosas no son como tú esperas? – le pregunto él
rompiendo el silencio entre ellos
—Aprendí hace mucho tiempo a no esperar nada.
El tono de Defne llamó su atención, parecía como si hubiese tocado un tema
delicado, ¿Qué duras lecciones le habría enseñado la vida?, se preguntó.
Fueran las que fueran, no se notaba en su cara, tenía un perfil juvenil, limpio,
una mirada alegre.
Claro que él sabía muy bien que a veces las cicatrices no estaban en el
exterior.
—¿Desde cuándo trabajas en la empresa?
—¿Por qué quiere saberlo?
—Por curiosidad —respondió él, viendo un brillo de recelo en sus ojos—.
Vamos a pasar el día juntos y me parece buena idea intentar conocer un
poco mejor a mi acompañante.
—No se ofenda, pero solo llevo unas semanas trabajando para usted y hasta
ahora nunca había mostrado el menor interés en saber de mi trabajo.
—Nunca hemos tenido un par de horas libres para conversar.
—Sí, bueno, es verdad.
Y no parecía muy contenta de estar en esa situación, intentando disimular
una sonrisa, pensó que tendría que sacarle las respuestas con sacacorchos.—¿Entonces, cuánto tiempo llevas trabajando en la empresa?
—En abril cumpliré cinco años.
—¿Tanto tiempo? Debiste empezar muy joven.
Ella frunció el ceño, como si hubiera dicho algo malo.
—Sí, muy joven.
—¿Y te gusta?
—Me gusta mi trabajo, si eso es lo que quiere saber.
— ¿Siempre trabajaste cercana a mi tío?
—No, empecé como ayudante en los archivos, el señor Necmi me ascendió a
asistente del director y luego a subdirectora de marketing.
—Por lo que vi tienes una muy buena relación con él
—Y con la señora Neriman igual, sus tíos consideran a la gente de la
empresa como una familia, era agradable trabajar para su Tío, el señor
Necmi hacía que todo el mundo sintiera a gusto en la empresa.
Defne dejó escapar un largo suspiro.
—Me gustaba mucho trabajar para él—siguió—. Él apreciaba mi trabajo y
eso se agradece.
—¿Al contrario que yo?
—Yo no he dicho eso.
No tenía que hacerlo, era evidente.
—Te aseguro, Defne, que aprecio tu trabajo.
—Sí, claro —murmuró ella.
—Pareces escéptica.
—¿Ah, ¿sí? ¿Qué le hace pensar eso?
—¿No crees que aprecie tu trabajo?—Lo que creo es que apreciar a una mujer y apreciar su trabajo son dos
cosas muy diferentes.
Omer se acomodo en su asiento mirando hacia afuera, fingió admirar el
paisaje, cuánta razón tenía Defne, él nunca había mostrado interés en el
trabajo que realizaba ella, nunca le había hecho algún elogio al excelente
desempeño como subdirectora, su meta siempre había estado puesta en que
Defne aceptara salir con él.
Sin duda su madre y la ruta del amor habían llegado en el momento justo.
Luego de que se terminaran el café, volvieron a la carretera, ella iba tan
concentrada manejando el auto, que él guardo silencio, de vez en cuando la
observaba de reojo, mientras más la conocía más la amaba.
Llegaron al lugar de la reunión justo a la hora en que fue acordada,
estacionaron el auto y Omer se bajó rápidamente para poder abrirle la
puerta del auto y nuevamente recibió una sonrisa como agradecimiento.
Al entrar al lugar, Defne se arrepintió de no haber escuchado a su amiga, el
hotel era muy elegante y parecía que las mujeres habían vestido sus mejores
ropas para estar ahí, se detuvo un momento en la entrada, sintiéndose
incomoda, pero Omer le puso una mano en su espalda y la animo a entrar.
Todas las mujeres que estaban en el lugar, se las arreglaron para darle una
mirada al Hombre que iba con ella , pero ese hombre aun llevaba su mano en
la espalda y ella se sintió mas segura, si a él no le importaba que su
acompañante no fuera vestida como el resto, entonces a ella tampoco le
debía importar.
Al llegar la mesa recibió la miraba de desaprobación del gobernador, pero
ella fingió no notarlo, se sentó junto a Omer, quien le ayuda a hacerlo.
Defne no entendía porque el señor Necmi le pidió acompañar a Omer, él se
dominaba muy bien el tema, pero también notó, que él siempre le daba
tiempo para que ella expresara su punto de vista del tema, muchas veces
eran preguntas dirigidas directamente a él, pero Omer las redirigía a ella.—Apenas probaste el almuerzo —le dijo Omer al salir del restaurante, tras
despedirse del gobernador y varios empresarios—. ¿No te gustó la comida?
Estaban tan cerca que notaba su aliento en la oreja, pero ella intentó pasar
por alto el cosquilleo que eso la hacía sentir.
—La comida estaba bien —respondió.
—¿Seguro? Apenas la has probado.
—No tenía apetito —dijo.
Pero estaba enfadada, de modo que salió del restaurante y empezó a
caminar a toda velocidad.
—¿Tenemos prisa por llegar a algún sitio?
—A casa —respondió ella—. Si no le importa.
La reunión y el almuerzo habían durado una eternidad y la gente intentaba
adelantarse al tráfico de la tarde…las carreteras estarían llenas de autos y el
partido empezaba en menos de dos horas…
—Podría haberme dicho que íbamos a acabar tan tarde.
—Pensé que lo sabías.
—Hasta ayer, no sabía que tenía venir.
—Sí, pero has venido conmigo y el gobernador ha quedado impresionado.
—Sí, seguro, después de ver la manera en la que me ignoraban.
Habían llegado al estacionamiento y, cuando subieron al ascensor, Defne
tuvo que tragar saliva, era demasiado pequeño para los dos. ¿Cómo
conseguía Omer ocupar todo el espacio y hacer que se sintiera diminuta?
El instinto y la experiencia le decían que debía detestar a aquel hombre, pero
había cambiado algo en él y ese algo estaba causando estragos en su decisión
de no dejar que un hombre entre a su mentó o a su corazón
Al salir del ascensor él tocó su brazo.—Oye…
Ella se volvió, sorprendida, estaba demasiado cerca otra vez, invadiendo su
espacio personal y dando la impresión de ser más grande de lo que era.
—Lo has hecho muy bien en la reunión —le dijo—. Me alegro de haberte
tenido a mi lado.
Defne se dijo a sí misma que la sensación de mareo que provocaba ese elogio
era cosa de su imaginación.
—Gracias —murmuró, sin saber qué decir.
CONTINUARA

