
Decidió que no quería apartarse. No ahora que había comprendido que ese hombre era su destino. Para bien, o, para mal, ya no quería huir de la verdad. Seguía enamorada de Omer Iplikci, y ese sentimiento se mantuvo intacto pese a la distancia, y el tiempo que transcurrió desde aquella maravillosa noche donde él le hizo el amor por primera vez.
Quería volver a hacer el amor con él, ya no podía negar el deseo de que, la tomara, que la cubriera con el calor de su cuerpo, que la poseyera.
Pero, para eso sucedería, debía hacer algún movimiento que no dejara lugar a dudas de cuáles eran sus intenciones. Lentamente, acercó su boca a la de él, y pasó su lengua por sobre sus labios, luego se apartó, lo miró, y dejó que sus ojos reflejaran todos sus sentimientos, esperando que comprendiera todo.
-¿Defne?…- preguntó él, pero no necesito que ella respondiera con palabras, porque sus ojos respondían claramente lo que iba a suceder a continuación.
En silencio, la tomó de las manos, la levantó y sentó en sus piernas. Ella estaba totalmente entregada, le gustaba lo que veía, lo que sentía, quería sentirse deseada, quería sentirse amada.
Entendía que él esperaba que ella tomara la iniciativa, que se sintiera en control, por lo que tomó su cara, y lo beso en los labios. Fue un beso suave, incluso tímido como si fuera la primera vez que besaba a un hombre. Le hubiese gustado que Omer hubiera sido más participe en aquel beso, no lo hizo, no le respondió.
Pero ella no se desanimó, esta vez tendría que ser ella quien debía seducirlo, no iba ser difícil lo sabía. Aunque no había querido responder al beso, Omer acariciaba su espalda apretándola contra él, podía sentir que la pasión estaba creciendo en él.
Ella buscó su boca nuevamente, solo que esta vez introdujo la punta de la lengua entre sus labios. Se apartó enseguida cuando él intento devolverle el beso. A continuación, comenzó a lamer su cuello, hasta llegar a su oreja, donde le mordió el lóbulo, hasta que notó que comenzaba a respirar más agitadamente. Entonces lo sorprendió besándolo apasionadamente.
Cualquier juego previo desapareció entre ellos, dando paso al puro deseo.
Las manos de Omer estaban en todas partes, deslizándose por el cuerpo de ella, el pequeño vestido que llevaba le facilitaba mucho las cosas. Tocaba sus pechos, el trasero, entre sus muslos.
Aun sentados Omer le sacó el vestido y comenzó a lamer uno de sus senos con ansias, ella gemía de placer. Mientras la torturaba con su lengua, una de sus manos levantó la falda del vestido, recorriendo sus piernas hasta alcanzar el monte de venus, donde procedió a acariciar la entrada a su femineidad por sobre su ropa interior. Cuando la sintió húmeda, retiró la tela, y puso su dedo en el clítoris y lo acarició con movimientos intensos, finalmente la penetró con sus dedos. Ella gritó al sentir los dedos en su interior, y luego fueron solo gemidos, cuando una y otra vez los dedos invasores entraban y salían de su cuerpo, todo aquello tenía un solo propósito, y era llevarla al orgasmo, lo que consiguió luego de unos minutos.
Defne protesto cuando se detuvo, pero se detuvo cuando vio a Omer bajarse la cremallera del pantalón y deshacerse de él, luego la sentó sobre su miembro excitado, y la penetró de una sola vez.
Ella no esperaba el dolor exquisito de la penetración, ni el placer que vino después. Echada hacia atrás esperaba el placer que recibía cada vez que él la levantaba y la dejaba caer sobre su duro miembro. Omer hizo esto, una y otra vez, mientras ella podía escuchar con más fuerza sus gruñidos. Los movimientos fueron en aumento tanto en cantidad como en dureza, pero la brusquedad solo sirvió para darles más placer, Omer siguió entrando y saliendo de ella, hasta que, finalmente ambos alcanzaron el éxtasis, en una mezcla de placer, y agonía. Después se deja caer sobre él desnuda, conteniendo un sollozo.
Él intenta calmarla abrazándola y dándoles besos suaves.
-¿Te he lastimado?, lo siento – ella negó con la cabeza. ¿Como decirle que el placer la había dejado así?
Una vez que estuvo más relajada, Omer la llevó hasta la cama y se recostó a su lado
– ¿Quieres que me vaya? – le pregunta
Pero volvió a negar con la cabeza.
Él le quitó la ropa que aun llevaba puesta, e hizo lo mismo con la suya, luego se acostó a su lado. Desnudos, uno al lado del otro, se miraron a los ojos, y el deseo se encendió nuevamente entre ellos, e hicieron el amor por segunda vez aquella noche, una vez satisfechos, y exhausto se durmieron.
Al amanecer Omer fue el primero en despertar, mira a Defne, y a su cabello rojo, toma uno de los mechones y lo enreda en sus dedos. ¿Cuántas veces soñó con este momento? Soñaba con verla entregada a la pasión, ninguna mujer había logrado que él sintiera que perdía el control, con ella la prioridad no era recibir placer, sino entregarlo, y al hacerlo su excitación crecía hasta llevarlo a sentir que explotaba en cada orgasmo que alcanzaba.
Comenzó a jugar en el cuerpo de Defne. Con sus dedos comenzó a recorrer desde su vientre hasta a sus piernas, y así de vuelta. Por fin ella abrió los ojos, él la acomoda a su cuerpo, le besa el cuello, para luego tomar sus labios de la misma manera que lo había hecho ella la noche anterior, y volvieron a hacer el amor para luego quedar abrazados, y así fue como los encontró Nihan.
-¿Estas despierta?, – dice cuando entra al dormitorio.
Nihan quedó perpleja y con la boca abierta, mientras Defne se cubría con las sábanas.
No los encontró en el acto, pero casi.
-Perdón – dijo por fin reaccionando – voy a preparar el desayuno.
Omer tuvo que contener la carcajada.
-Se lo ha tomado bastante bien ¿no crees? – le dice
sonriendo.
-Se me había olvidado que hoy nos mudamos.
-¿Cómo? ¿adónde te vas? – preguntó él.
-A la casa de la mama de Nihan.
-¿Ya tienes listas tus cosas para mudarte?
-Si, no son tantas, el departamento lo arrendamos con muebles así que… -dice ella.
– Vente a vivir conmigo.
Defne lo miran sorprendida
-¿Por qué?
-Y ¿porque no? – sonrió él tomándola de la barbilla, y le da un beso en los labios.
-No lo sé.
Ella quería vivir con Omer, pero era un paso muy importante, además no había vivido con ningún hombre antes y por lo que sabía tampoco lo había hecho con una mujer.
-Soy un chico limpio, y ordenado, dejo la tapa del baño abajo cada vez que la uso.
No era una proposición muy romántica, ella sonrió y asintió
-Está bien
¿Como podía decirle que no? ¿Cómo iba a decir que no a lo que más deseaba en el mundo?
Defne no lo podía creer, y seguía sin creerlo cuatro días más tarde cuando se fue a vivir a la casa de Omer. Durante un tiempo le siguió pareciendo irreal, comían juntos, dormían juntos y después cada uno se iba a su propio trabajo, fue más fácil de lo que te había imaginado.
Muy pocas personas sabían que ellos vivían juntos, entre ellos estaba Sinan que era el mejor amigo de Omer, los tíos de esté, que los visitaban con mucha frecuencia y su amiga Nihan. Habían planeado ir juntos a comunicárselo a la abuela y a su hermano, pero ella sentía que aún no era el tiempo de hacerlo, lo haría solo cuando no sintiera dudas y estuviera completamente segura.
En Passionis su comportamiento era de jefe a empleada, nadie podía ni siquiera sospechar que eran pareja, menos aún, que estaban viviendo juntos, ella no quería que su relación se prestara para malos entendidos.
La vida con Omer, era muy diferente de la que había vivido antes, en casa ellos se reían mucho, y hablaban sin parar, deseando conocer todo, el uno del otro, sus sueños pensamientos, esperanzas, miedos y fracasos.
Ella le contó la historia de su infancia, el horror cotidiano del abandono de sus padres, de los buenos tiempos junto a su abuela y hermano y también de los malos tiempos.
Iban juntos al supermercado, él cocinaba, y ella comía, él trabajaba, y ella arreglaba el jardín, salían algunas veces, pero casi siempre se quedaban en casa, hacían el amor muy a menudo, poco a poco aquello se convirtió en su vida. Dejo de analizar y simplemente vivió disfrutando cada día y fue feliz, increíble y asombrosamente feliz durante seis maravillosos meses hasta que un día todo cambió.
Sorpresa, y desconcierto esas eran las únicas emociones que Defne podía sentir cuando salió de la consulta, durante unos minutos interminables permaneció con la mirada perdida, mientras las palabras del Médico retumbaban en su cabeza, embarazada de 8 semanas. -Dios santo- el gemido fue inaudible al retumbar en su cabeza.
Tenía 27 años, una carrera, un compañero, y la vida bien planificada, en su agenda no tenía previsto ningún embarazo. Cerró los ojos y los volvió abrir, Omer, el corazón le dio un vuelco ¿cómo reaccionaría? De una cosa estaba segura, la sorpresa sería tan grande como la de ella
¿Aceptaría él su paternidad? por su mente pasaron unas cuantas imágenes que iban desde el entusiasmo, y el apoyo hasta el otro extremo de la gama de emociones.
Sin pensarlo mucho tomó el bolso, y sacó el teléfono después de mirarlo un rato lo volvió a guardar, este tipo de noticias deberían darse en persona, no por teléfono. Podría preparar una cena especial, con velas, ponerse un vestido provocativo, seducirlo, después durante el postre le daría la noticia. Debía saber si Omer aún estaba en la oficina, después iría a casa y prepararía todo para darle la noticia y esperar a ver cuál sería su reacción. Volvió a tomar el teléfono, y marcó el numero de la asistente de Omer.
-Daria, el señor Omer ¿esta aun en la oficina?
-No señora Defne, salió a una reunión, ¿le quiere dejar algún recado?
-No, no es importante gracias, nos vemos.
-Hasta luego señora Defne
-¿Porque la llamas señora? – le reclama Yasemin a la asistente.
– Porque ella está viviendo con el señor Omer
-¿Cómo?… Y ¿cómo sabes tú eso?
-Escuché al señor Omer cuando se lo contaba al señor Sinan.
Yasemin se quedó en silencio
-Puede ser, pero aún no están casada con él, no debes llamarla señora, ese título le queda grande.
Daria solo se encogió de hombros
-Me voy, nos vemos mañana – se despide la rubia.
Cuando Defne llega a su casa, toma su bolso, saca las llaves, se dirige directamente al dormitorio, escucha el agua de la ducha correr.
-Omer cariño, ¿ya te duchaste?
Yasemin sale del dormitorio vestida solo con una camisa de Omer – Oh. Eras tú. lo siento… nosotros … creímos … que vergüenza, mira cómo nos encontraste.
Al principio Defne no comprendía lo que pasaba, luego todo se oscureció, y su mente se llenó de preguntas.
¿Que debía hacer? ¿enfrentar a Omer?, ¿qué explicación le podía dar?, estaba con otra mujer y en su propia cama. Se sintió mareada, y con ganas de vomitar, asqueada ante lo que acababa presenciar, dio media vuelta y corrió escalera abajo…
Cuando Omer llegó a la casa lo primero que hizo fue ir al jardín. Defne acostumbra pasar las tardes trabajando ahí. Desde que estaban viviendo juntos, ella había transformada la casa en un hogar, la vida se había vuelto más hermosa, ella lo llenaba, había cambiado todo y para bien no podía imaginar como seria su vida sin ella.
Pero ella no estaba en el jardín, entró nuevamente a la casa y comenzó a llamarla.
-¿Defne? – preguntaba.
Subió las escaleras en silencio. ¿Quizás se encontraba dormida?, pero tampoco estaba en la habitación. Tomó su teléfono y la llamó, una, dos, tres veces, pero no contesto, fue a la cocina preparó la cena, y la esperó.
Se oscureció, pasó la noche, llegó la madrugada y ella no apareció…
CONTINUARÁ.

INTERESANTE, OTRA JUGADITA DE MALÉFICA YASMIN😡 , EXCELENTE CAPÍTULO
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