
CAPITULO 12
Tras cerrar la puerta del motorhome, Omer la llevó contra la pared, y comenzó a besarla como si estuviera hambriento de sus labios, por lo que ella debió clavar las yemas de los dedos en los hombros, para no caer.
Una vez que pareció saciado de sus labios, su boca descendió por su garganta con los labios calientes, y húmedos. Ella arqueó el cuello para facilitarle el acceso.
Sentía que el calor, y la fuerza abrumadora que provenía de Omer exacerbó sus propios instintos. Quería quitarle la camisa para así poder acariciarle la piel libremente. Acariciarlo, besarlo, saborearlo, eran palabras que repetía en su mente. ¿Qué le estaba haciendo Omer?
Ella nunca actuaba así, nunca había sentido aquello, nunca había deseado arrancarle la ropa, desnudarse ella también, y rogarle que la tomase allí mismo.
Sin pararse a pensar, comenzó a desabotonarle la camisa y se la abrió. Mira con hambre sus músculos, y lo acaricia suavemente con los dedos, él emitió un gruñido bajo mientras ella lo exploraba, mientras pasaba el dedo pulgar por su piel para ver el efecto que tenía sobre él. Luego le sacó la camisa pasando sus dedos por sus musculosos brazos para dejarla caer al suelo. A continuación, bajó la cabeza, y lo rozo con la lengua, su bronceada piel. Aquel pequeño contacto lanzó ráfagas de placer por todo el cuerpo de Omer, mientras acercaba su pelvis al de ella, buscando acoplarse a su punto más sensible.
Mientras bailaba Omer había sentido el deseo de tocarla como lo estaba haciendo ahora, había sido seducido por su calor y por el olor a flores de su perfume, y después de probar la carnosidad de sus labios quería más.
Maldijo porque la ropa los separaba, de no ser existir así, podría hundirse en el cuerpo de ella como deseaba hacer hace tanto tiempo.
Sentó a Defne en el borde de una mesa, y lentamente se deshizo de su vestido, dejando al descubierto sus pequeños y hermosos pechos. Su mirada quedó fija en sus ellos, y se dio cuenta de dos cosas, producto del embarazo sus pechos habían crecido, y sus pezones estaban oscurecidos, y endurecidos.
Sintió que la veía desnuda por primera vez, como aquella vez en su casa hace años atrás, y tal como aquella vez, estaba desesperado por probarlos. Ella estaba tan excitada como él, porque cuando él respiro sobre sus pezones erectos, dio un jadeo, y el jadeo se convirtió en un gimoteo cuando atrapó con los labios uno de los pezones y comenzó a succionarlo. Al principio lo hizo con delicadeza, temiendo que su sensibilidad hubiera aumentado a causa del embarazo, pero después sintiéndose más seguro, aumento la fuerza y lo tomó hambriento en su boca. Sin saber que hacer producto de las sensaciones que le provocaba sentir la boca de Omer jugando con sus pechos, ella enterró los dedos en su pelo oscuro, y lo sujetó contra sí, completamente perdida en el placer que se había adueñado de ella.
Hubo un suave sonido cuando él liberó el pezón, solo para tomarlo con una de sus manos, y lo pellizcarlo, tirando rítmicamente de él. Mientras su boca se apoderaba del otro pecho, el rose de su lengua en el pezón y juguetones pellizcos en el otro, hizo que Defne sintiera un calor intenso y doloroso entre sus muslos. En su cuerpo, principalmente en la zona entre sus piernas, se estaban acumulando oleadas y oleadas de placer hasta que ella creyó que iba a estallar en pedazos.
-Acaríciame -le pidió el después de soltar un gruñido.
Ella notó el calor de su aliento.
-Dios mío Defne, necesito que me acaricies – le rogó
Tomó una de sus manos, y la puso sobre su pantalón, por sobre su erección.
Ella sintió como bajo la tela, latía, y se hinchaba aún más al apretarlo con las palmas de la mano y acariciarlos rítmicamente. Su propio placer creció como un tornado, y se descontroló al ver que él se inclinaba, y aprisionaba nuevamente su pezón, y lo mordisqueaba sensualmente.
Tal como lo recordaba, resultaba muy erótico el contraste entre la piel de él, mucho más oscura, y la suya, muy pálida, las pestañas de él eran como un asombra oscura, y el pelo revuelto le caía sobre la frente.
-¿Que? – protestó cuando él se apartó.
-Cariño por mucho que quiero tomarte aquí y ahora, necesito que vengas conmigo a la casa, quiero hacerte el amor ahí, en mi cama, nuestra cama para luego dormirnos abrazados, por favor.
Ella lo miró con ojos muy abiertos, como respondió a sus palabras, Omer la ayudó a ponerse el vestido, se puso la camisa, la ayudó a salir del motorhome, y juntos caminaron hasta la casa.
Al entrar al santuario de su madre, Omer tomó a la mujer que amaba en brazos, y la llevó hasta el dormitorio, donde la depositó en el piso.
-Eres tan bella mi amor – murmuro él.
Se inclinó para darles besos suaves en el hombro, en la curva del cuello. Tenía la piel delicada como el terciopelo y sabia a miel y a sensualidad pura. Él anhelaba explorar aquella sensualidad nuevamente.
Emitió un gemido mientras seguía con los labios el contorno delicado de su oreja, la oyó jadear cuando mordió el lóbulo de la oreja suavemente, y después se lo metió a la boca emulando las caricias que le hizo a los pezones momentos antes, al mismo tiempo le rodeó la cintura con los brazos para acercarla a su cuerpo, la besó y ella separó sus labios para que el beso se convirtiera en algo más profundo.
Necesitaba estar tan cerca de él como se lo permitiera la ropa, cosa que nuevamente se interponía entre ellos.
Omer interrumpió el beso, la tomó lentamente y la llevó hasta la enorme cama, donde la recostó, lentamente, después, él se irguió junto a la cama sin dejar de mirarla a los ojos y se quitó la ropa, dejando a la vista su desnudez, tenía la piel bronceada, uno de los placeres que recordaba al hacer el amor, era ver su cuerpo completamente desnudo,
Desinhibida, se acercó al borde de la cama a gatas, sin poder contener, tomó entre sus manos en miembro duro y erecto de Omer, luego ella lo envuelve con su húmeda, y caliente boca y comienza a chuparlo y a succionarlo.
-Dios mío – murmuro él.
Le tomó la cabeza con las manos, cerró los ojos, y disfrutó. Sólo disfruto
Un gemido de intenso de placer se le escapó de su boca, y entrelazó sus manos en su pelo, y la guía para que ella lo tome al ritmo que necesita, y que al mismo tiempo pudiera tomarlo completamente con su boca. Creyó que iba a explotar con esas caricias, la sangre corría con mayor volumen y velocidad por sus venas, haciendo que su sexo se ponga más duro de lo que podía imaginar.
Apretó los dientes al sentir el placer inimaginable que ella le estaba dando, era casi insoportable
-Basta Defne, basta – rogó, mientras se apartaba suavemente de ella – si sigues así en minutos más…
No pudo terminar la frase. Desesperado la despojó del vestido, y la tendió sobre la cama.
-He deseado tanto tenerte así. – dijo con la voz entrecortada.
Luego colocó la punta de su latente pene, en su húmeda entrada, y con pasión, la tomó con posesión y se hundió con fuerza en ella. El deseo era tan intenso, que no hubo tiempo de para las embestidas suaves. Mientras entraba y salía de ella, con un ritmo firme, y constante, murmuraba palabras en italiano contra su garganta, besándola, y acariciándola. Con fuerza, con deseo, y entre jadeos, ambos llegan a lo más alto del placer que alguna vez hayan experimentados juntos.
Defne pensó que el placer que estaba sintiendo, salía desde lo más profundo de su ser. Se aferró ciegamente a los hombros de Omer mientras bajaba de la cúspide que habían alcanzado juntos. Así, en la casa que fuera de su madre, Omer se durmió abrazado a su amor.
Despertó lenta, plácidamente, percibiendo la luz del sol que entraba por la ventana.
Abrió los ojos, y la vio a su lado. Aun la mantenía abrazada, y ella seguía durmiendo. Su pelo era como una cortina de seda color rojo, él, tenía uno de sus brazos alrededor de la cintura, y con la otra mano cubría uno de sus pechos.
Defne su hermosísima Defne. Pese a que la había despertado en la madrugada para hacer el amor, la deseaba nuevamente. Y como si fuera consciente de su necesidad, ella comenzó a moverse entre sus brazos.
Se estiró un poco perezosa, con un movimiento puramente felino, y frotó el pie contra una pierna dura y musculosa. Durante un segundo se quedó helada, después poco a poco fue recordando lo que había pasado durante la noche, y abrió los ojos.
-¿Has dormido bien? -preguntó él.
Iba a decirle que siempre que hacia el amor con él dormía bien, pero se contuvo. Omer levantó una mano y con suavidad infinita le acarició la mejilla, mientras en su boca se dibujaba una sonrisa cálida y sensual.
-Lo que hicimos anoche fue… increíble – siguió diciendo él, pero ella no le pudo responder.
Malditas nauseas. No ahora. No, rogaba en su mente. Pero su cuerpo no le escuchó. Tragó saliva, en su intento por contralar el vómito, pero debió ser en vano, porque pudo notar en el rostro de Omer preocupación.
-¿Defne?
Solo eso alcanzó a escucharlo decir, porque debió levantarse apresuradamente de la cama.
-¿Baño…? – dijo ella
-Allí – respondió él
A continuación, corrió al baño, llegó justo a tiempo para vomitar con violencia.
Cuando sintió que lo peor había pasado, vio que Omer estaba sujetándole la frente, y apartándole el cabello, luego con una toalla le limpio la cara.
– ¿Te sientes? – le preguntó
-Creo que sí.
Él la ayudó a ponerse de pie, la esperó a que se enjuagara la boca, y luego la llevó hasta la habitación.
-Quédate aquí – le dijo – Voy a preparar un té, con pan tostado.
-Creo que aún no he terminado – consiguió decir antes de volver corriendo al baño
Omer la sostuvo nuevamente, y volvió a limpiarle la cara, maldiciendo en silencio al ver las lágrimas en sus ojos.
-No llores por favor
-Es producto del esfuerzo al vomitar – le aclara ella – Estaré bien. ¿Puedes prepararme un té? – le dijo con un escalofrió.
Luego de besarle ambas mejillas, él le entrega un cepillo de dientes que estaba aún en su envoltorio.
Por lo que mientras él estaba en la cocina, Defne se cepilló los dientes, y se recogía el pelo. Así que cuando Omer estuvo de vuelta ella estaba sentada, y allí mismo se bebió el té a pequeños sorbos, para cuando lo acabó, se sentía humana de nuevo.
-Gracias – le dijo
El tomó la taza vacía, y la dejó en la mesita
– ¿Cuánto tiempo llevas así? – pregunta a continuación.
-Un par de semanas.
– ¿Es por nuestro hijo?
-Si. La doctora dice que es normal en los primeros meses.
-Por un momento pensé que lo de anoche…
-No. – dice ella interrumpiéndolo – No tiene nada que ver. De hecho…
Se interrumpió al darse cuenta de lo que iba a decir, pero no pudo evitar sonrojarse por completo.
Él le acaricio la mejilla
-¿Te gustaría dar un paseo, tomar un poco de sol, y aire fresco?
Ella agradeció que cambiara de tema.
-Me encantaría
Cuando estuvieron fuera de la casa, ella recordó que hubo una fiesta el día anterior, y que no quedaban ni rastros.
-Se fueron todos, ¿en qué momento que nos los sentí?
-En la madrugada se fueron los últimos invitados. Los novios lo hicieron a media noche, a esta hora deben estar disfrutando de su luna de miel.
Por alguna razón, se sentía en aquel lugar como en casa, en eso meditaba, cuando Omer la tomó de la mano, y entrelazó los dedos con los suyos.
Era una mañana preciosa, el sol era cálido y la brisa fresca, Omer le mostró todo lo que había alrededor. La casa era mucho más hermosa de día, tenía un jardín de ensueño. El que ella cuidaba con su abuela, no se le podía comparar. Tenía muchas flores de distintos tipos, árboles frutales. Se imaginó a su hijo, o hija jugando ahí.
-¿Qué piensas hacer ahora? -preguntó Defne, una vez estando de vuelta en la casa.
-Quedarme contigo – respondió él,
No supo que contestar, ni tampoco que significado tenía esa frase, en cambio dijo.
-Yo necesito descansar
-Por supuesto, ya sabes dónde queda el dormitorio.
Cuando llegó a la cama, supo que el necesitar descansar no era solo una excusa. Cuando despertó, ya era tarde.
Dormir y despertar en esa casa, era maravilloso. Escuchar solo silencio, y a lo lejos el canto de alguna que otra ave, le hizo suspirar, y sentir la paz que ya creía perdida. Cuando bajó, Omer ya tenía preparada la comida.
-¿Descansaste?
-Si. Gracias
-La comida esta lista.
-Que bueno, porque ya tengo hambre.
Se comió todo lo que Omer preparó para ella, no solo porque tenía mucha hambre, sino porque la comida estaba deliciosa.
-¿No deberíamos irnos a la ciudad? – le preguntó – mañana debes trabajar.
-Llamé a Daria para que suspenda toda mi agenda por un par de días y así tú puedas descansar.
-Tú te puedes dar el lujo de dejar de trabajar porque tienes empleados que lo pueden hacer por ti, pero yo no -dijo ella con un suspiro – debo comenzar lo antes posible a buscar un trabajo, y un lugar donde vivir. Ahora que Nihan se casó no me puedo quedar en su casa… -cuando por fin lo miro Omer se estaba riendo
-¿Que? – pregunto ella
-Sé que lo nuestro no es como lo esperabas, y sé también que lo diste por terminado, pero yo creo que es tiempo de hablar de nosotros
-¿Como de nosotros?
-Defne ¿te casarías conmigo?
Aunque la pregunta la tomó por sorpresa, ella ya sabía perfectamente cual era la respuesta que debía dar.
-No.
-Pero… ¿por qué no? – le preguntó sorprendido.
-No. No creo que sea justo casarse solo porque estoy embarazada.
-No es por eso…
-Vivimos juntos por meses, – siguió diciendo ella – Durante ese tiempo no me pediste matrimonio, ¿porque ahora?
-Bueno, porque…
-Si me caso contigo ahora, no podría vivir con la inseguridad de que te viste obligado a casarte solo por tu hijo.
-No es solo porque estás embarazada. Si, lo admito en parte tiene relación, pero no es la única razón. Yo te quiero, extraño estar contigo, tú llenas todos los espacios en mi vida
-Yo también te quiero. También te extraño, pero no puedo aceptar tu proposición, no puedo. No me gusta sentir que estas obligado por nuestro hijo, por favor entiéndeme.
Omer se levantó, y salió de la casa, al mirarlo salir por la puerta supo que lo hirió, pero era una decisión que no iba a cambiar sabía que, si aceptaba su proposición, no podría mirarse al espejo pensando que todo lo hizo por tener a su hijo a su lado.
Cuando Omer volvió a entrar a la casa, traía en sus manos una rosa blanca, se paró frente a Defne, le tomo la mano, y la ayudó a levantarse
-Mi madre cultivaba rosas. A ella le encantaban, sobre todo sentir su aroma. Para mí, siempre han sido especial, cuando era niño le traía una rosa diariamente, por esa razón mi madre me dijo que solo le diera rosas blancas a la mujer con la que quería compartir el resto de mi vida. Te propongo algo, no me des la respuesta aun, piénsalo con calma. Si en algún momento cambias de parecer, solo ven a mí con una rosa igual a esta en tus manos, y yo entenderé que quieres compartir tu vida conmigo.
¿Que se podía responder a estas palabras tan hermosas?
-No aceptaré un no como respuesta, a lo siguiente. Debes volver a ser mi novia, y esta vez nada de ocultarse frente a los demás, todos deben saber que esperamos nuestro primer hijo.
Nuestro primer hijo, esa frase quedo grabada en el corazón de Defne
CONTINUARÁ
