
Finalmente llegaron al lujoso hotel, donde pasarían su tan anhelada luna de miel. Defne seguía sin poder mirar a los ojos a Omer, porque sabía que si lo hacía encontraría en ellos la misma necesidad, el mismo anhelo, que reflejaban los de ella. Quería estar lo más rápidamente posible en la habitación, y solos, para así, dar rienda suelta a todo lo que se había contenido en el trayecto. Las expectativas de la pasión que se desataría entre ambos la estaba matando.
El botones los llevó hasta la suite nupcial, dejó las maletas en la habitación, Omer le dio la propina correspondiente, y se retiró.
Una vez que el botones cerró la puerta por fuera, la tomó, la llevó contra la pared, y la beso, como si hubiera estado sediento de ella. Y como si ella fuera la mas dulces de las frutas la disfrutó a placer, y con lentitud, como queriendo detener el tiempo, mientras sus lenguas danzaban a los compas del deseo.
Ella ansiaba tenerlo más cerca, sus endurecidos pezones necesitados de caricias, rogaban por sus caricias, y así se lo hizo saber, al restregarse contra su torso.
-Dios, eres tan bella – le susurró – te deseo tanto.
Como respuesta ella le acarició con los nudillos la barba, causándole un nuevo nivel de placer al hacerlo.
-Tómame entonces – le ordena ella
Omer se detuvo, quedando completamente quieto, y a la espera.
-Desnúdame – le dijo retándola con la mirada.
Ella sonrió, aceptando su reto. Llevó sus dedos a los botones de la camisa, podía sentir como su corazón le latía con mucha fuerza. Lentamente le desabrochó todos los botones, y luego se la sacó tirándola despreocupadamente a un lado.
-¿Te gusta lo que ves? – le dijo él, al ver como lo miraba – ¿Quieres tocarme?
Ella asintió, con una sonrisa de satisfacción, al tiempo que experimentó una deliciosa sensación de poder conforme acercaba su boca al torso masculino. Se detuvo solo a centímetros de distancia, para sentir el calor que emanaba de él. Mientras aspiraba su aroma, se llevó los dedos a los botones de su blusa.
-Creí que querías tocarme. – le reclamó Omer
-Y quiero hacerlo – le respondió.
Se deshizo de la blusa por los hombros dejándola caer sobre la alfombra
-Quiero tocarte así – añadió, acercándose aún más.
El contacto de su piel la quemó, incluso a través del encaje del sujetador, perdió el aliento cuando sus pezones endurecieron sensibilizados tocaron el torso desnudo de Omer.
-Bien – susurró él con voz ronca, echando su cabeza hacia atrás, cerrando los ojos – Me gusta tanto sentirte.
Una vez más el impacto que sabía podía ejercer sobre él, la animó a desinhibirse, subiendo los brazos hasta el cuello se apretó contra él al tiempo que frotaba las copas de encaje contra su pecho.
-A mí también me gusta sentirte – le dijo, y le besó la barbilla
Lo oyó gruñir. El sonido, hizo que aumentara su confianza, le hizo desearlo más aún. El deseo la atravesó.
Sin pensarlo dos veces se llevó las manos a la espalda y se desabrochó el sujetador, enseguida los tirantes se deslizaron por los hombros. Sus desnudos senos por fin hicieron contacto con el torso desnudo de Omer, esta vez ambos gruñeron a la vez, y el sonido quedó ahogado cuando sus bocas se encontraron.
Omer se mantuvo contenido en el beso, pero Defne se entregó a fondo sabiendo que era él quien se encontraba bajo su control, podía sentirlo en su respiración entrecortada, en la tensión de sus duros músculos, sobre todo, cuando deslizó una mano por su pecho para encontrar la dura punta de su pezón.
-Me estas matando- sé quejó él.
Defne presiono sus labios justo en el lugar del corazón sintiendo su rápido pulso
-A mí me parece que te encuentras en muy buena forma -le beso el pezón y se animó a saborearlo con su boca.
-Defne – gruñó de nuevo – yo quería que llevaras la iniciativa, pero…
Ella volvió a saborear aquel delicioso lugar.
-Es difícil – terminó de decir
Defne sofocó una risita apretaba las caderas contra las de él.
-Ya lo sé.
-Muy graciosa – dijo él, aunque no se estaba riendo para nada.
Pero de repente ella también dejo de reír, la sensación de su miembro presionando contra su sexo, aumentó en varios grados su deseo, ciertas zonas de su interior empezaron a latir dolorosamente con insistencia. Sobresaltada por aquella rápida escalada de pasión, alzó la cabeza para mirarlo a los ojos.
-¿Lo sientes ahora cariño? – pregunto él.
Ella asintió con la cabeza. Con un lento movimiento, él la tomo de la nuca, y la obligó suavemente a echar su cabeza hacia atrás, deslizo entonces los labios por su boca. Ella intentó retenerlo allí, pero él continuó recorriendo la barbilla, el cuello.
-Sabes delicioso, – murmuró mientras proseguía hacia abajo, hacia la curva de su seno, llenándolo de besos. Cuando llego al pezón, empezó a lamerlo, y succionarlo con fuerza
Defne inmediatamente, comenzó a jadear, se le doblaron las rodillas, y tuvo que tomarse de sus hombros para no caer. El dolorosos latido que sentía en su interior se redoblo exigente, cuando él pasó a saborear el otro pezón. No había imaginado que todo podía llegar a ser tan delicioso. Bajó los dedos a lo largo de sus brazos, deteniéndose en el botón de su pantalón, Omer se detuvo, con el rostro enterrado en sus senos.
-Soy la que estoy mando ¿recuerdas? – susurro – ahora le toca al pantalón – lo oyó soltar un tembloroso suspiro.
-Como quieras – se apartó de ella con las manos en alto en señal de rendición.
Sin dejar de mirarlo a los ojos, forcejeó con el botón, hasta que lo soltó, y desabrocho rápidamente el pantalón, para luego bajar la cremallera. Tras una breve vacilación, le bajó los pantalones y el boxer a la vez. Se tomó su tiempo para quitarle la ropa, y dejarlo completamente desnudo ante ella. Verlo así, le robó el aliento. Omer era hermoso, tenía su miembro viril proporcionado a su gran cuerpo, no podía creer lo mucho que lo deseaba.
-¿Puedo desnudarte yo a ti ahora? – preguntó él.
Defne bajó las manos, y se lo permitió. Los movimientos de Omer, eran rápidos y seguros. En cuestión de segundos quedaron los dos completamente desnudos.
-Te he dicho que eres todo lo que siempre soñé.
-Tengo estrías – le dice ella.
-Eso te hace una mujer mucho más hermosa.
-Llévame a la cama. – dijo ella con urgencia.
Sin dejar de mirarla la llevó hasta el borde de la cama y se sentó en ella.
-Ven aquí Defne.
Ella aceptó la mano, y se colocó entre sus muslos. De pie ante él, tomó su cabeza entre sus manos la acercó y capturó su pezón entre los dientes, y tiró suavemente, ella gimió, derrumbándose, y sintiéndose caer, él la sostuvo y se tumbó en la cama con ella encima.
Sus bocas se encontraron, y el beso fue una explosión de necesidad y de lujuria, él la sujetó en determinado momento, tirando de ella para llevarse sus senos a la boca, y mantuvo en aquella postura.
-Omer – gritó en un intento por advertirle que todo aquello no era suficiente – Omer.
La giró de espaldas, y ella se entregó, separando sus muslos, a manera de invitación, pero él aún no había acabado de tocarla, recorrió su torso con las manos, lamineando el lugar donde se encontraban las estrías, luego separó suavemente el pliegue de su sexo, y procedió a acariciarla. A punto estuvo de provocarle un orgasmo, y justo cuando había creído alcanzarlo, él se retiró, ella lo tomó del brazo en señal de protesta, y él se echó a reír, con una risa maliciosa y dulce a la vez.
-Solo un segundo, princesa.
En seguida volvió para tocarla de nuevo allí. En el momento en que ella había empezado a temblar, la incorporó para tumbarla encima de su cuerpo, como había hecho antes, solo que esta vez le alzó las rodillas de manera que quedara medio sentada sobre su regazo.
-Oh – exclamó ella
-Oh Dios. – dijo él.
Omer entrecerró los ojos, y su duro miembro presionó justo donde ella sentía aquel incesante latido interior, donde más le dolía.
-Levántate un poco cariño – le pidió, cerrando sus manos sobre sus caderas, acto seguido, se acomodó para situar su miembro justo debajo de su húmeda y ardiente abertura
-Ahora – pronuncio con voz gutural – tú estás al mando.
Omer alzó la mano, y le acaricio el pezón con el pulgar, ella se sintió estallar y se dejó caer para deslizarse sobre él y quedar sin aliento.
-Soy todo tuyo – le dijo.
Con la otra mano le acercó la cabeza, y la beso, fue un beso ardiente y apasionado. Defne se derritió por dentro y cuando Omer empezó a deslizar su lengua dentro y fuera de su boca, ella se encontró imitando con su cuerpo ese movimiento.
Omer la adoró con la boca y las manos, lo siguiente que supo Defne fue que lo estaba montando, poseyéndolo. El deseo se reflejaba en su cuerpo, ya no había control alguno, ni más poder que el de Omer bajo ella, y dentro de ella.
Sintió su mano introduciéndose entre sus cuerpos, volviendo a tocarla allí. Se inflamó por dentro, tensa echó la cabeza hacia atrás.
-Anda princesa – murmuro Omer – llévame contigo.
Llegó el placer absoluto, y se apodero de ella, y cada movimiento que hacía para salir y entrar a él, eran dictados por el deseo, no se detuvo, ni aminoró la cabalgata hasta que vio las estrellas en el horizonte, y con un grito, se derrumbó sobre el pecho de Omer, y saboreó su piel, mientras él se vertía en su interior.
Defne yacía sobre Omer, como en un manto cálido de miel, él sentía y escuchaba el regular ritmo de su respiración, probablemente estaría dormida, unidos como todavía estaban sus cuerpos, con la mayor suavidad posible, abandono su húmedo calor apretando los dientes conforme sus cuerpos se separaban, la oyó musitar una protesta, pero enseguida enterró su cabeza en la almohada.
La luna de miel fue corta, pero la disfrutaron al máximo, era un tiempo para ellos solos como pareja, ya volverían a retomar la otra parte de su vida, la de ser padres y profesionales, ahora eran solo Omer y Defne.
Los meses pasaron, ocurrieron muchas cosas, Sinan se casó con Iz en una ceremonia donde solo fueron invitados ellos como testigos. Los padres de Sinan no estaban de acuerdo con la boda, por conocer el pasado de Iz, pero eso no los desanimó, porque sabían cuánto se amaban el uno al otro. En cuanto a Fikret, ella no creía en el matrimonio así que tomó la decisión de vivir con su pareja “el tiempo que se aguantaran”, eso decía riendo.
Omer se enteró por su abogado que Yasemin había recibido la bienvenida por parte de las reclusas, dándole una fuerte golpiza, la que la mantuvo en el hospital durante un buen tiempo.
La vida de las amigas estaba tan tranquila que él tomó la decisión de esconderles esta información.
En cuanto a la revista, esta volvió al lugar que ocupaba cuando Omer conoció a Defne, siendo una de las 10 más vendidas en Turquía.
Emy era una niña feliz. Fue aceptada en su nuevo colegio por sus compañeras, la invitaban a sus cumpleaños y ella prometió hacerlo al suyo.
La vida para la familia Iplikci Topal era perfecta.
Un años después, Defne miraba a su hija y a su marido, que se bañaban en la piscina. Estaba agotada, y rezó para que rompiera aguas, su hijo debería haber nacido hacía dos días, pero decidió retrasarse, como buen Iplikci.
Fue a gruñir, pero se quedó a medias. ¿Había sido una contracción? Fue muy fugaz, pero la idea la animó.
–¿Qué tal va todo, grandulona? –le preguntó Omer apoyado en el borde de la piscina.
–¿Sigues con esa manía de llamarme grandulona?
–Sí, el nombre me parece de lo más adecuado.
–¿He oído que te llama grandulona? –preguntó Sinan, que acababa de aparecer– En algunos estados fusilan a los hombres que llaman así a sus esposas embarazadas.
Omer se rio y se metió debajo del agua mientras Emy saltaba del trampolín.
–Sinceramente, no sé de dónde ha sacado ese lado tan tonto –siguió Sinan.
–A veces es divertido… Ay… – exclamó Defne pasándose la mano por el vientre.
–¿Te pasa algo? –le preguntó Iz que venía con Sinan.
–No sé, creo que puede haber sido una contracción.
–Dios mío –exclamó con el rostro iluminado.
–Tranquilos. He creído tener contracciones todos los días…–no pudo acabar la frase–. Esta me ha parecido de verdad.
–Fantástico – gritó su amiga
–Puedes estar emocionada, porque mañana estarás en la piscina, mientras yo esté dando a luz.
–¿Crees que tardarás tanto? –preguntó Iz sin poder creérselo.
–Emy tardó mucho –contestó Defne con resignación.
–Los segundos hijos no tardan tanto como los primeros, eso he leído–la tranquilizó su amiga acercándose a la piscina. -No esperes mucho para decírselo a Omer.
–Supongo que tendré que decírselo.
–Me imagino que querrás que esté allí – coemntó Sinan poniendo los brazos en jarras.
Ella se rio, sintió otro dolor y frunció el ceño. Había pasado muy poco tiempo. Iz saltó a la piscina, Emy le tiró una pelota y empezaron a jugar, al cabo de unos minutos, ella sintió otra contracción y esa vez se lamentó.
–¿Qué pasa? –le preguntó Omer acudiendo a su lado.
–Creo que estoy en labor de parto. Las contracciones están muy cercanas.
Omer la levantó de la silla
-El bebé está llegando – gritó
La ayudó a llegar al auto, y se fueron a toda prisa. Llegaron al hospital con tiempo de sobra.
Detrás de ellos apareció Iz y Sinan con ropa para Omer, sin embargo, Defne pasó otras dos horas con contracciones hasta que llegó el momento y las enfermeras empezaron a prepararlo todo para el médico.
Omer se sentó en un taburete al lado de su mujer, y le tomó la mano, se había perdido el nacimiento de Emine y no iba a perderse el de Emir.
–Podría ser un buen momento para buscar otro nombre al niño. – ¿No te gusta Emir? –preguntó ella con los ojos cerrados por otra contracción.
–Me parece un buen nombre, solo lo digo por…
Llegó el médico, se puso los guantes y se metió por debajo de la sábana.
–Vaya, vaya, las cosas van muy deprisa –comentó cuando salió.
A los pocos minutos, el bebé había nacido. No había sido ni tan largo, ni tan aterrador como habían previsto, después de lavarlo, dejaron al bebé en brazos de Defne.
–Dios mío –exclamó Omer con lágrimas en los ojos.
–Sí, es precioso –susurró ella.
–Es muy guapo –le corrigió él con emoción–. Estoy seguro de que también será inteligente.
La madre y su bebé fueron trasladados la habitación, donde los esperaba Sinan e Iz.
–Es adorable –comentó Sinan
–Está arrugado como una pasa, pero es tan precioso que… –Iz no pudo seguir al ponerse a llorar–. Perdona, es que…- Iz tragó saliva, tomó un pañuelo de papel de la mesa y se apartó de la cama.
Omer la miró y la vio sollozando en un rincón.
–¿Cómo va a llamarse? –preguntó el médico desde los pies de la cama.
Defne miró a Omer.
–Omer me gustaría que tuvieras el honor de ponerle un nombre.
–Es emocionante… – dijo esté
Retrocedió con la mano en el pecho y se rio.
–¿Quién iba a pensar que me desmoronaría por algo tan normal como un nacimiento?
Él ya lo había pensado… Miró a su hijo, y tragó saliva.
–¿Y bien? –preguntó Defne.
–A mí siempre me ha gustado el nombre Koray.
Omer sonrió y miró a su hijo.
–Koray…
–Podemos llamarlo Korish –propuso Sinan.
–Korish –repitió Omer pasándole unos dedos por los nudillos–. Me gusta–concedió con una sonrisa.
–A mí también –intervino Sinan entre risas.
Omer disfrutó el momento, la familia estaba completa, estaban a gusto, y se ayudaban.
Las enfermeras se llevaron el bebé, Iz y Sinan besaron a Defne en las mejillas y le propusieron que descansara.
Omer se inclinó para darle un beso en la frente.
–Te quiero.
–Yo también te quiero –murmuro ella.
–Tienes que descansar.
–Dormiría una semana.
–Lo siento –intervino una enfermera con una sonrisa–, pero dentro de una hora, más o menos, le pedirán que intente darle de mamar.
Omer le dio otro beso en la frente.
–Descansa, yo me ocuparé del gentío que hay en la sala de espera, cuando llamé a Fikret, dijo que iba a venir, eso sin olvidarnos de la señora Marta.
Defne se rio, pero él pudo notar que estaba quedándose dormida. Una paz infinita se adueñó de él mientras empujaba las puertas que lo llevarían a la sala de espera.
Quizá hubiese momentos complicados, pero, en ese momento, era el hombre más afortunado del mundo y lo siguió siendo por mucho tiempo…
Al cabo de dos años, descansaban en la piscina, Omer había estado nadando, pero Defne se había recostado a tomar el sol, era primavera y el tiempo era inusualmente cálido para esa época.
-Adoro este lugar -dijo.
Omer estaba muy moreno. Sus ojos negros resplandecían.
-Lo recuerdo.
Habían hecho el amor ahí la noche anterior, ella sonrió con complicidad, Omer se sentó a su lado.
-Hemos disfrutado de este lugar al máximo.
Entrelazaron sus dedos.
-Estoy empezando a creer que será nuestro lugar favorito de la casa – dice él.
-Mi casa, mi piscina, mi marido – bromeó Defne, Omer se inclinó y la besó.
-Mi esposa y mis hijos – respondió mirando a Emy ya de seis años y Koray de dos jugando al borde de la piscina.
Defne suspiró y besó sus dedos unidos a los suyos.
-Mi vida, y mi amor… – concluyó Defne besando a Omer.
FIN
