Durante varios días Defne estuvo dudando entre confesar o
no la verdad, después de que había visto a Omer hablando
con su hija en la puerta del colegio, no sintió la terrible
rabia que antes había experimentado. por primera vez, se
sintió horrorizada consigo misma, horrorizada por lo que
había hecho, su querida hija había amado a Omer de
inmediato y él le había robado el corazón a ella, nunca
podría enmendar lo que había hecho… Emy, con sus
enormes ojos negros, él único rasgo que había heredado de
su padre.
Había intentado jugar a ser Dios. Sintió una especie de náusea, retrocedió tambaleando a la
casa, presa de una terrible sensación, necesitaba desesperadamente purgar sus pecados.
Menos de una semana después, Defne salió una mañana de casa para recoger la correspondencia la mayor parte de las cartas eran cobranzas, pero había una sin remitente.
Esperó hasta que estuvo en el porche para leerla, era muy corta, decía ya sé que Emine es… la hija de Omer Iplikci y que se lo diría a todos incluida la niña.
El anónimo autor de la misiva lo sabía porque había visto con sus ojos una prueba positiva de ADN.
Dios quien podía ser tan cruel, para jugar con algo así, sin pensar en el daño que le podía causar a la pequeña, ese mismo día, pero más tarde la llamaron del colegio, necesitaba, que fuera al colegio, Emine se había peleado con una compañeras, por algo que ella le habían dicho, tomo las llaves de auto, salió de la casa, pero antes llamo a una vecina para que cuando Emine llegara a casa ella la recibiera y la cuidaba en lo que ella volvía a casa.
Omer rebasó el límite de velocidad de camino a la casa de Defne, ella lo había llamado, presa de un ataque de histeria.
—¿Cómo pudiste hacerlo, Omer? —le había gritado—. ¿Tan implacable es tu odio?
Había resultado inútil negar sus acusaciones, él no había enviado la carta, pero Defne estaba demasiado trastornada para escucharlo. En lugar de ello, lo había dicho que se reuniría con ella en su casa. —¡No hay nada que tú puedas hacer! ¡Nada! Ya has hecho bastante —y le colgó el teléfono. Pero en esa ocasión Omer no estaba dispuesto a irse sin saber qué es lo que pasaba, alguien estaba jugando a un juego muy peligroso, alguien, según parecía, que lo sabía todo sobre los resultados de la prueba de ADN.
Cuando llegó a la casa, una mujer entreabrió la puerta. Era la primera vez que Omer la veía. —¿Sí?
—Me gustaría hablar con la señora Defne. ¿Está en casa? —
Me temo que no —la mujer se interrumpió para volver la mirada cuando unos leves pasos resonaron en el vestíbulo—. Está bien, Emine, yo me hago cargo, querida.
—Pero si es el señor Omer —dijo la niña—. Mamá querría que entrase. Es un buen amigo nuestro. —¿De verdad? —la mujer, abrió del todo la puerta para que Emine pudiera correr a saludar a Omer.
—Emine, ¿cómo estás? —le sonrió, inmensamente aliviado al verla.
—Yo estoy bien, pero mamá se encuentra muy mal — susurró ella con tono confidencial, tomándolo cariñosamente de la mano—. ¿No quieres entrar y esperarla?
—Sí, por favor —murmuró la vecina, y se apartó para dejarlo pasar—. Ahora mismo la señora Defne debe de estar de camino —le informó—¿desea tomar algo?
Omer la miró agradecido, no había tomado nada desde el desayuno. —Una café estará bien, gracias.
—Voy a preparárselo —y los dejó a los dos solos en el salón. —
Me han dicho cosas malas en el colegio —lo informó, dolida.
—¿Qué te han dicho? —
¿Sabías tú que no tengo papá? unas niñas me molestaron hoy, pero yo les pegue, por eso mi mamá fue al colegio, seguro llega molesta.
—Lo siento mucho Emy le dice él al tiempo que abraza a
su hija, la niña se refugia en los brazos de Omer como si supiera que ese es un lugar donde encontrará refugio.
La vecina que se había quedado en la casa a cargo de Emy, volvió con una bandeja, que dejó sobre la mesa del salón.
Además del café, le había preparado un vaso de chocolate
a la niña, junto con un plato de galletas caseras.
Como niña que era la tristeza se le olvido enseguida al ver
las galletas.
—Vaya, esto es como si estuviéramos en una fiesta —comentó Emy, riendo—. ¿Tú no vas a tomar nada? _ dijo la niña a la vecina
—No, gracias, cariño —le sonrió, cariñosa—. Esperaré a que venga tu mamá, y después me iré.
Defne estaciono su auto frente a la entrada poco tiempo, se le aceleró el corazón al reconocer el coche de Omer. Así que se había presentado en su casa. Cuando aseguraba que pretendía hacer algo, no dudaba en realizarlo, como vengarse de ella y de sus amigas. Salió
apresurada del coche, cerrando de un portazo. Una furia salvaje corría por sus venas. Y no solo furia, sino también frustración.
Vio a Emy en la puerta, la vecina estaba detrás,
sorprendentemente su hija irradiaba alegría, corrió deseosa de anunciarle a su madre la buena noticia.
—Mamá, el señor Omer está aquí. Ha venido para saber si te encuentra mejor.
Aunque Defne se esforzaba por conservar la compostura, su ansiedad no le pasó desapercibida a su vecina.
Pensó que tal vez deseaba mantener una conversación seria eimportante con el recién llegado.
—¿Hay algo más que pueda hacer por ti, Defne? Me
gustaría llevarme a Emy a casa mientras tú hablas con tu
amigo.
De pronto Omer apareció en el vestíbulo, y la saludó con
voz grave:
—Hola, Defne, tenía que venir. Emy se abrazó entonces a las piernas de su madre,
asustada.
—Te encuentra bien, ¿verdad?, ¿estas enojada conmigo?
Por supuesto que no cariño, ¿Te importaría ir con la vecina durante unos minutos, cariño, mientras yo hablo con el señor Omer? — conservó un tono calmo, a pesar del nerviosismo que sentía.
La niña obedeció de buen grado y salió, Defne permaneció muy quieta hasta que ambas desaparecieron, y fue entonces cuando inquirió desesperada: —¿Qué estás intentando hacer, Omer? ¿Quitarme a mi hija?
—Di mejor nuestra hija, escucha —la agarró del brazo cuando intentó pasar de largo a su lado—, yo no envié ninguna carta, no volveré a repetírtelo, pero sé exactamente lo que había en ella, no puedes seguir huyendo a base de mentiras, tengo la prueba irrefutable de que Emine es hija mía, tú lo sabes, y yo también —liberó su brazo y se dirigió al salón; una vez allí, se volvió para mirarlo.
—Es un truco muy viejo esconderse de la verdad: quedarse callada, no decir nada, sin embargo, la verdad ha salido a flote sola, Emine es hija mía y no pienso renunciar a ella.
—¿Y qué pasa conmigo?
—¿Es que ya no vas a seguir negándolo?
—No podría hacerlo frente a tu evidencia. — repuso mientras se sentaba en un sillón.
Omer tardó unos segundos en dominar su furia.
—¿Y de dónde sacó esa información el autor de la carta? — inquirió de nuevo con tono amargo—. ¿Acaso no es una información altamente confidencial?
—Lo es. Recibí la confirmación en mi oficina. Creía que estaba segura allí.
—¿Estás intentando decirme que alguien lo leyó en tu oficina?
—Es lo que sospecho —respondió—. Y me ocuparé de ello.
—¿Y crees acaso que eso me sirve a mí de consuelo? —rio, incrédula—. Alguien leyó tu correspondencia confidencial, Omer. Alguien tuvo la crueldad suficiente para transmitir la noticia. Alguien a quien no le importaron las consecuencias.
—Lo lamento profundamente —repuso Omer, conteniendo el impulso de estrecharla entre sus brazos. Las lágrimas asomaron a sus ojos, y se levantó de un salto para alejarse de él—. Ojalá nunca nos hubiéramos conocido —pronunció rabiosa, perdiendo todo control—Ojalá nunca te hubiera… _casi le dijo amado.
Omer también se levantó, fue hacia ella y la abrazó por detrás, apoyando la barbilla sobre su cabeza. _Yo jamás habría descubierto que Emine es hija mía, pero las cosas habrían sido muy distintas si tú hubieses demostrado un poco más de valor y me hubieses dicho lo de tu embarazo.
Defne se giró en redondo entre sus brazos, mirándolo furiosa: —Creo que me juzgas mal. A mí no me falto valor.
¿Tienes idea de lo que he pasado durante todos estos años? — Pero no hiciste nada por evitarlo.
—Estaba embarazada de ti, maldita sea.
—¿Y no pudiste decírmelo? Dios mío, Defne, te amaba con todo mi corazón; jamás te habría abandonado. Me habría encantado saber que llevabas una hija mía en tus entrañas. ¿Lo entiendes
—De acuerdo, tal vez fui una cobarde —admitió—. Debí haberte confesado que estaba embarazada, pero en qué momento Omer, entre las citas que tenías con las innumerables mujeres con las que salías. —¿Qué se supone que debería haber hecho?
—la agarró de los hombros—. Abusaste de mi confianza, lo que tú y tus amigas hicieron fue una auténtica villanía.
¿Que se supone que te hice?, ¿qué te hicieron mis
amigas?
Me usaste Defne, yo creí que entre nosotros existía algo real, planeaba un futuro contigo, hasta que te escuché decir que yo solo fui uno más de los estúpidos que cayeron en sus juegos… de quien se acuesta primero con el hombre.
_Tú… escuchaste que …?
_No te hagas la inocente ahora, yo lo escuche de tu boca Defne.
_Si tienes razón, pero de haberte quedado, te habría contado que tú fuiste el único hombre por el que competí con mis amigas, porque yo te quería, si te hubieras quedado te habría dicho que te amaba que quería una vida con contigo, si te hubieras quedado, pero te fuiste y con eso me demostraste que no había significado nada para ti y después cuando te vi en las revistas con Yasemin y las demás mujeres solo me lo confirmaste.
_Eso lo hice solo para vengarme por lo que me habías hecho.
—Bueno entonces ya te has vengado…
—Aún no —la miró entrecerrando los ojos—. Puede que no sea capaz de quitarte a Emine, la quiero demasiado para hacerle algo así, pero tú tampoco serás capaz de separarla de mí.
—¿Qué pretendes hacer? —
Creo que ya conoces la respuesta.
—No, dímela tú.
—Dentro de par de meses, porque no estoy dispuesto a esperar más tiempo… te casarás conmigo, Defne — pronunció, presa de un fiero deseo —Emine es tan mía como tuya y las quiero a las dos, Emy apenas me conoce, pero ya significo algo para ella, la quiero, y deseo cuidarla y protegerla. Quiero darle todo lo que pueda ofrecerle.
—No puedes obligarme a hacer nada de eso —repuso Defne con furia —. Puedes demostrar que eres su padre, pero ningún tribunal me obligará a casarme contigo. —Defne, no te atrevas a jugar conmigo, tú sabes bien lo que debes hacer. ¿Seguro que no quieres que le diga a Emine que es mi hija?
—No, no podría comprenderlo. Es muy pequeña…—
Lo comprendería muy bien, pero yo no se lo diré hasta que llegue el momento adecuado, una vez que te cases conmigo.
—¿Es que pretendes castigarme durante el resto de mi vida?
—Al contrario, pretendo cuidar bien de ti, y por supuesto de mi hija.
—Maldito seas, Omer —musitó—. Maldito seas por haberme abandonado.
—Y maldita seas tú por haberme mentido —replicó él .
—¿Por qué habrías de querer a una mujer que ya no te ama?
—Creo que podré soportarlo —repuso con voz suave—. Sé que existe una diferencia entre el amor y el sexo, pero tengo la impresión de que todavía nos queda mucho de las dos cosas.
Defne se sentía terriblemente vulnerable, sin defensas ante él, y no podía dejarle saber lo mucho que lo deseaba, que lo había echado de menos, Omer le entreabrió ligeramente los labios con los suyos, presa de un deseo que no se molestó en esconder, deslizaba las manos rítmica y posesivamente por su espalda, haciéndola arquearse contra él. ¿Cuántas veces había soñado con aquel momento? Le acarició entonces los senos a través de la seda de su camisa, sintiendo la presión de sus endurecidos pezones. Por un momento el deseo fue tan intenso que creyó perder todo control.
—¿Convencida? —le preguntó en un susurro.
—Siempre tuviste la capacidad de excitarme así… — reconoció ella, sacudiendo la cabeza con tristeza.
— Tu feminidad se revela como un aroma maravillosamente erótico, Nunca hubo otra mujer como tú en mi vida.
—Y aun así me dejaste —repuso ella, con el corazón desgarrado—
Omer se apartó bruscamente, volviéndose hacia la puerta.
—Será mejor que vayas a recoger a Emine, luego las llevaré a mi casa, tengo que volver a América para terminar un programa importante, cuando vuelva, podremos seguir hablando, no quiero que Emine y tú se queden en esta casa tampoco que ella vuelva a ese colegio.
Defne lo miraba asombrada, con los ojos brillantes.
—Ah, por cierto, eres la persona que administrara Passion y Stylo en mi ausencia, pienso volver a ponerla en funcionamiento, modernizarla, ampliar los temas de los artículos… tú podrás encargarte de todo eso. La revista volverá a funcionar otra vez.
—¿Y dejarás todo eso en mis manos? —inquirió, incrédula
pero y Yasemin ella es la directora de la revista, ¿no puedes
hacer eso sin consultarle?
—¿Por qué no?, además tú estás más que calificada que
ella _ responde él encogiendo los hombros _ Defne, la vidaconmigo no será tan mala, te lo prometo.
—Mamá ¿porque nos vinimos a esta casa? _ le pregunto
Emine cuando Defne la llevo a acostar a la cama que Omer
había preparado para ella.
—¿No te gusta cariño?
Si me gusta mucho mamá, ¿sabes porque papá no me quiso?
Por un momento Defne se quedó sobrecogida de emoción.
—Él te quería, Emy. —
El señor Omer me abrazó, a mí me gustó mucho que lo hiciera.
—Eres una niña maravillosa —le dijo Defne, besando a su hija en la frente—. Que tengas felices sueños, amor mío.
—Buenas noches, mamá.
Defne dejo la pieza de su hija y se fue donde estaba Omer, lo encontró en la sala con una copa en la mano.
¿Quieres? _ ella asintió _ ¿se durmió Emy?
No tardara mucho, esta emocionada por el cambio de casa y porque está contigo
_Es una hermosa niña _
Si lo es.
Omer se acerca ella, le quita la copa de mano_No digas nada por favor le dice, había pasado todo el día pensando, recordando y al mismo tiempo tratando de no hacerlo, deseándola.
Tomo sus labios con fuerzas y ella se abrió para que él la
besara apasionadamente
Omer susurro ella cuando sus labios se despegaron.
Se desnudaron mutuamente sin dejar de mirarse, ella le quito la camisa y luego le desabrocho el pantalón, tomando
luego su masculinidad, él creyó morir en ese instante,
Omer le saco la blusa de seda y desabrocho el sujetador,
liberando sus pechos, con manos hambrientas los sujetó uno a la vez, sintiendo sus pezones duros excitados, luego le subió la falda para acariciar sus piernas hasta llegar a su
zona intima, la situación no era la mejor, pero eso a él no le
importaba y por los gemidos que escuchaba, a ella tampoco.
Omer la tomo en brazos y en tiempo record llego a su habitación la tendió en la cama, era tal cual la recordaba, sus pechos redondos, la piel sedosa, el aroma que
desprendía de ella era enloquecedor, termino de
desvestirla y él hizo lo mismo, se acariciaron con la pasión que se suponía estar años separado el uno del otro y él la penetro, ella lo ayudo con un dulce suspiro introduciéndolo
en su interior lentamente, era el paraíso, al fin lo había encontrado, porque allí donde estuviera ella estaba su paraíso.
Defne se balanceo y lo llevo a la cima del mundo y él se
dejó llevar deleitándose con el dulce y húmedo calor de su
cuerpo, enseguida demasiado pronto sintió que se acercaba la culminación, desgarrándolo y vaciándolo, Omer intento detenerse para que ella llegara primero, pero temió
que no sería posible, entonces sintió que ella se alzaba y
cambiada el ritmo de su reparación, significaba que ya
comenzaba a cabalgar sobre la ola y supo que se acercaba y
se esforzó por esperarla, por ella, Defne grito y su cuerpo se tensó, Omer sintió tensarse los muslos de ella, las contracciones de su climax, aquello era demasiado bueno y
ya no podría soportar por más tiempo, iba a llegar y nadie
lo podría detener, se hundió profundamente en ella por
ultima vez, de pronto la sensación se hizo más fuertes, perfecta, una sensación como no había otra, permitió que su propio climax estallara mientras ella gritaba su nombre y
él reclamaba su boca en un apasionado y dulce beso.
Durante los minutos que siguieron, ella recostó su cabeza
en su pecho y disfrutaron de los mejores momentos, Omer
le beso la frente deseando que ese momento nunca acabara.
El amanecer los encontró en la misma postura, el uno
abrazado al otro.
CONTINUARA

