Defne, esperó a Omer fuera del café, se había vestido discretamente para la velada, con una camisa de color azul marino y unos pantalones a juego que resaltaban la
cremosa blancura de su piel.
Mientras Omer terminaba de estacionar el auto, ella se apresuró a abrir la puerta y se sentó a su lado.
—¿Qué es lo que pasa? —inquirió sorprendido.
—Simplemente no puedo quedarme mucho tiempo, dime lo que tengas decir y me voy —lo informó con voz levemente temblorosa.
—¿No puedes o no quieres? —le preguntó él con tono
sardónico.
—Tengo poco tiempo —declaró desesperada, con sus sentimientos por él tan intensos y profundos como siempre. _ Si vas a continuar con tu actitud mejor lo
dejamos hasta acá _ y trato de salir del auto.
—¿Por qué estás tan tensa? —le preguntó, sujetándola de
la muñeca.
—¿Y tú me preguntas por qué estoy tensa?, ¿Por qué crees? —replicó, alterada
—Te preguntaba por qué estabas tan tensa esta noche. El resto ya lo conozco.
—No sé de qué estás hablando —intentó en vano liberar su mano.
—Claro que lo sabes —replicó Omer con tono duro—. Me dan ganas de estrangularte.
—Nunca imaginé que serías capaz de pensar algo así.
—Yo tampoco —respondió—, hasta que vi el rostro de mi
hija.
Ansiando desesperadamente escapar, ella logró soltarse, y todavía tuvo fuerzas de ensayar una carcajada incrédula:
—¿Es esto lo que me querías decir? ¿Crees que Emy es hija
tuya?
—Sé que Emine es hija mía —afirmó él—. Lleva el nombre de mi madre, ha heredado todos los demás rasgos de ti, pero tiene mis ojos.
—Estás terriblemente equivocado —lo intentó una vez más—¿Tanto deseas tener un hijo que quieres quitarme a mi pequeña?
—Que también es mía. No me tomes por un estúpido.
Tengo muchos amigos médicos. Emine se lanzó a mis brazos, ¿recuerdas? Algunos cabellos de su larga melena quedaron en mi chaqueta. Los recogí y los guardé en su sobre, encargaré una prueba de ADN… y demostraré mi paternidad sobre la niña.
—Estás loco —se le quebró la voz.
—Tú eres la única loca si sigues manteniendo esta estúpida
farsa —replicó con tono áspero—. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me engañaste?, me has privado de mi preciosa hija durante todos estos años. ¿Tienes idea del dolor que ahora me embarga?, me perdí su nacimiento, me perdí su infancia. Me perdí los primeros años de su vida. Y mientras tanto he estado solo, Defne. Solo.
—Emy no es tu hija, Omer…
—¿A quién estás intentando engañar, Defne? ¿A ti misma?
—No… —lo miró fijamente, pálida—. Emy es mi viva
imagen.
—Eso es verdad, después de todo, es hija tuya —asintió él con tono razonable. Eso le dio ciertas esperanzas.
—Nadie tiene derecho a cuestiona lo que digo ni siquiera tú
—Tengo todo el derecho a hacerlo, no solo porque sé que Emy es mi hija.
—Omer, debo volver a casa. Tenemos que poner punto final a esta conversación.
—Probablemente a estas horas ella esté dormida. ¿Y si arranco simplemente y nos vamos de aquí?
–Por favor, Omer, no lo hagas —lo agarró de un brazo, suplicante.
—Supongo que te habrás pasado el día pensando la manera de deshacerte de mí —añadió, disgustado.
Defne en su desesperación intento cambiar el tema de la conversación.
Esto ¿también es parte de tu plan?, primero te quieres quedar con la revista y ahora también con mi hija ?
—Créete eso y te lo creerás todo. Admito que empecé de esa manera. Me situé en la carrera hacia el éxito. Necesitaba dinero, mucho dinero para imponerme a los que habían sido injustos conmigo. Pero la venganza es como el ácido: penetra hasta llegar al alma. Tu vida ha estado plagada de mentiras. ¿Y yo? Nada me ha desgarrado tanto como ver a mi propia hija…
Era terrible oír a Omer decir aquello. Defne se sentía acosada, acorralada contra las cuerdas. —Ya te lo he dicho no… —su voz destilaba una abrumadora emoción.
—Antes no creía que podías mentir —la tomó de la barbilla—. Llegaremos al fondo de la verdad, Defne. Y luego, que Dios te ayude. —
Ya te lo dije, Omer —le espetó—no es tú hija, además lo nuestro termino el día que te fuiste —exclamó para sí, y desde entonces, el recuerdo de aquellas apasionados y tempestuosos meses la había acompañado durante todos los días.
—Eso no es verdad —replicó, deslizando los dedos por la curva de su mejilla y bajando luego por su largo y fino cuello—. Te deseo —le confesó sin poder evitarlo—. No puedo recordar un solo momento en que no te haya deseado.
—¿Por eso buscabas consuelo en otras mujeres? —le preguntó ella, incapaz de disimular su amargura.
—Un consuelo pasajero. Nunca una pasión como la que nos consumió a los dos —le acarició la mejilla con el pulgar, ¿Cómo puede el amor convivir con el odio?
—¿Tú me odias?
—Lo que me has hecho merecería que te odiara —murmuró, dolido
—Nada se gana volviendo al pasado —repuso tristemente
ella.
—El pasado nos acompaña siempre, —intentó apartarse de
ella, pero no fue capaz. El deseo se extendía abrumador
por su pecho, forcejeando como un animal desesperado
por salir de su encierro.
La fina camisa que llevaba dejaba ver la turgencia de sus
senos, como rosas cremosas. Se había dado cuenta de que
no llevaba sujetador. Se imaginó deslizando una mano por aquella abertura en sombras, acunando voluptuosamente sus senos, acariciando delicadamente sus pezones… Y
recordó Defne desnuda bajo su cuerpo, con sus preciosos miembros
bañados por la luz de la luna, afuera murmuraban
suavemente las hojas del árbol del caucho, acariciadas por la leve brisa, a través de las puertas del balcón, podían verse retazos de cielo llenos de estrellas, su aroma
mientras yacía abrazados, saciados y felices como una visión del cielo.
Nadie supo que estaba embarazada, pues se lo escondió a
todo el mundo, estando en Roma, noto que algo sucedía en
su cuerpo, estaba perdiendo mucho peso, producto de las
náuseas y vómitos que no le permitían alimentarse
correctamente, creyó era producto del estrés por todo lo que estaba viviendo, además de eso, no le bajaba la menstruación, visito a un medico quien le dio la noticia,
llevaba en su vientre al hijo de Omer, sin una madre, sin una mujer experimentada y serena a la que dirigirse en busca de ayuda, la noticia le había resultado aterradora, sin
saber que hacer y habiendo ya entendido que él se había marchado aun lugar donde ella no lo podía encontrar, no le quedo más que seguir adelante sola, Emine nació en Italia,
la vida era tranquila allí creció feliz y por dos años hicieron
su vida en ese país, en todo ese tiempo nada supo de Omero de la vida que llevaba en Estambul.
La revista comenzó a tener dificultades por lo tanto tuvo
que regresar a Turquía.
Durante un año temió encontrarse con él en cualquier
parte donde iba, vendió la casa y se compró una, lejos de la
ciudad al otro extremo de donde él le había dicho que vivía con su amigo, la única que sabia la verdad sobre quien era el padre de Emine fue Iz.
Para Yasemin y Fikret, Emy fue concebida en una noche sin protección con alguien que ella no recordaba, pero ahora la verdad estaba a punto de salir a luz, la prueba de
paternidad arrojaría que él era el padre de Emine y de ahí ¿que pretendía hacer?, eso era una pregunta que ella sabía muy pronto tendría respuesta.
A Omer, no le llevo mucho tiempo conseguir los resultados
de la prueba de ADN. Eso había constituido una prueba
irrefutable, aunque había sabido en lo más profundo de su
corazón y de su alma que Emine era hija suya, aquella encantadora niña era fruto de su amor, independiente a que Defne no lo haya amado él, él si la amaba a ella, se le
partía el corazón al pensar que otro hombre usurpara su lugar, y educara a su hija como si fuera suya.
Defne tenía muchas cosas de las que responder, con los resultados de la prueba encima de su escritorio, estaba convencido de que no podría perdonarla, los primeros cuatro años de la vida de Emy perdidos para siempre.
Cuatro años por los que suspiraría durante el resto de su vida.
La otra noche se había marchado después de advertirle a
Defne que regresaría una vez que consiguiera la prueba que necesitaba. La prueba de su paternidad, armado con ese convencimiento, no dudaba que sus vidas sufriríanprofundos cambios. En esa ocasión sabía que no perdería aquella batalla.
En el momento en que Yasemin irrumpió en su despacho, sonriendo, seguida de una ruborizada Daria que se deshacía en disculpas por no haberle impedido el paso,
Omer todavía sostenía en las manos el documento.
Rápidamente lo hizo a un lado, cubriéndolo con otros papeles.
—Gracias, Daria —le sonrió, tranquilizándola.
—Necesito verte, Omer —le dijo Yasemin—. Seguro que
Daria te protege mejor que el servicio secreto a su
presidente.
—Es mi trabajo —repuso la aludida.
Mientras la secretaria se retiraba, Yasemin se acercó a
Omer y lo besó en la mejilla.
—Llevas una semana sin llamarme —se quejó, haciendo un
mohín.
—He estado terriblemente ocupado.
—No hace falta que me lo digas —suspiró—. Te conozco —le acarició el cabello—. ¿Podemos comer juntos?—¿Por qué no? —le dijo
—¡Estupendo! —el rostro de Yasemin se iluminó de alivio y
deleite—. Me alegro tanto de haber venido en este
momento y ello a pesar de los intentos de Daria por
ahuyentarme.
—No lo interpretes así, ella conoce mejor que yo mi agenda de trabajo. Confío plenamente en ella.
—No lo dudo, cariño.
—Por cierto, debo decirle algunas cosas —recordó de pronto él—. Toma asiento, no tardaré.
Yasemin lo observó salir del despacho en busca de su secretaria. Pensó en el aspecto tan maravilloso que ofrecía, tan alto, tan ancho de hombros, con aquella elegancia
natural… le encantaban sus trajes caros, sus finas camisas,
sus corbatas de seda. Tenía el cuerpo de un atleta… era un
milagro de gracia y poder masculino.
Inadvertidamente, posó la mirada en los papeles de su
escritorio.
¡Qué extraordinario!, se inclinó rápidamente hacia delante para estudiar un documento que estaba medio oculto por otros: había reconocido el nombre de un laboratorio, con el
sello de confidencial, era una prueba de ADN.
De alguna forma intuyó que aquel papel significaba problemas, una vez que había empezado, ya no podía detenerse, leyó el documento desde el principio hasta el
final, con el corazón encogido, no podía perder a Omer, eso le resultaría insoportable, nunca encontraría a nadie como él, tan guapo, tan brillante, tan rico, nadie podría hacerle
sombra. Y Omer Iplikci tenía una hija.
Yasemin adivinó sin la menor vacilación la identidad de la
madre, pero ¿porque Defne lo negó cuando le pregunto si Omer era el padre?, peor aún le había mentido diciendo que no sabia quien era.
Aunque la enfurecía sobremanera lo que acababa de descubrir, durante la comida ella se comportó como si no supiera nada.
Si Omer iba a darle la espalda, alguien pagaría las
consecuencias.
—Es maravilloso lo que tenemos juntos —le comentó—.
Disfrutamos de nuestra mutua compañía
Omer se dijo que no podía retrasar más el momento. Se inclinó hacia delante sobre la mesa, tomándole la mano.
—Yasemin, nunca pretendí engañarte. Disfruto de tu compañía, pero ya no nos podemos seguir viendo.
Ella no puedo evitar replicar, exasperada: Al final solo me usaste, ¿verdad, Omer?
— Eres una mujer atractiva e inteligente y tienes la suficiente experiencia como para asumir esto con calma, sabes que yo nunca te pude ofrecer nada mas que esto.
—Porque ¿aún estás interesado en Defne? ¿Ella es la barrera que se interpone entre nosotros?
Tú mejor que nadie conoce la respuesta a esa pregunta—
¿Cómo puedes sentir algo por ella después de lo que te hizo?
—No te lo podría explicar, porque ni yo mismo lo entiendo—la miró, irónico.
—Inténtalo. —
Es algo de lo que no me gusta hablar—repuso, sacudiendo la cabeza —
¿Entonces por qué volviste? —no estaba muy segura de comprenderlo, ¿porque me pediste te ayudara a obtener la revista?
—Porque ?, querida, tal parece que esta historia aún no ha
terminado.
Yasemin se dijo así misma que ella se encargaría de que su
historia finalizara y esta vez sin retorno.
CONTINUARA

