Yasemin, tenía pocos conocimientos científicos, no alcanzó
a prever que podría ser identificada por las huellas dactilares que había dejado en la carta, el laboratorio le confirmó a Omer que había sido ella la autora.
—¿No se te ocurrió pensar antes de hacer lo que hiciste?
—Bueno, no sabía que te importara tanto, después de lo que te hizo.
—¿Pero qué sentido podía tener para ti?
—No pensarás que iba a permitirte que desaparecieras tranquilamente de mi vida, ¿verdad? —le preguntó, incrédula.
—¿Permitirme? —repitió Omer—. Esa es una extraña palabra. Tú no ejerces ningún control sobre mí.
—No debes volver con ella —se retorció las manos, nerviosa.
—Que pensaste que sucedería si escribías esa carta —pronunció, intentando dominar la furia que sentía—.
¿Sabes? Ignoraba que te hubieras obsesionado tanto conmigo.
—No me hables a mí de obsesiones, Tú sabes bastante de eso.
—Cometiste una auténtica crueldad al enviar esa carta.
Yasemin se ruborizó hasta la raíz del cabello.
—Solo me importas tú —replicó, irguiéndose— Escucha cariño, tienes que dejar de compadecerte, concentrarte en la injusticia que cometieron contigo.—
Has destrozado nuestra amistad —se levantó disgustado.
—¿Tienes idea de lo mucho que te amo? —le preguntó ella, levantándose a su vez y agarrándolo de las solapas de la chaqueta.
—Si perdiera mi empresa Yasemin, creo que también perdería tu amor.
—Pero a ti no te va a pasar eso. Eres demasiado inteligente. No, tú tienes un brillante futuro. Eso si no te destruyes a ti mismo volviendo con ella.
—Yasemin, será mejor que no vuelvas a interferir en mi vida.
—Volverás conmigo —insistió sin inmutarse—. Después de todo, es solo tu hija la que te interesa.
No Yasemin, no solo es Emine, también quiero a Defne, me voy a casar con ella. ¿Que?, eso será si yo lo permito.
Escúchame, le dice Omer quien a esa altura había perdido la paciencia con la mujer _ Tú te llegas a entrometer nuevamente en mi vida o intentas algo en contra de Defne o nuestra hija, me olvidare que mi madre me enseñó a respetar a las mujeres y te voy a destruir.
Tú no puedes hablar en serio.
_Por ahora, he dejado a Defne como directora de la revista, eso es para que veas que hablo muy enserio, ya lo sabes, pobre de ti…ahora vete le dice despidiéndola de su oficina. A Defne se le hizo imposible encontrar un colegio para Emy, eso era por llevar solo el apellido de la madre, nadie se lo dijo de frente, pero era claro que esa era la razón.
La relación de Omer con Emine, se profundizaba día a día,
más de una vez Emy terminaba de hablar por teléfono con él riendo a carcajadas.
—Quiero tanto a Omer —le confesó cierto día a su madre—. ¡Me hace tan feliz!
—Sí, a él eso se le da muy bien —le dijo ella.
Omer había tenido que viajar a California por motivos de
negocio, él la llamaba con frecuencia, a pesar de sus
buenos intentos y propósitos, Defne sabía que recuperar su
antigua relación no sería tan fácil.
Él llamó en la noche, asustándola, se había acostado antes
de la hora habitual, después de un largo y atareado día.
—¿Te desperté? —le preguntó él.
—Sí —se sentó en la cama, estirándose para encender la
lámpara de la mesilla—. es que hoy me he acostado
temprano, estoy muy cansado fue un día agotador
—Bien, pero… tú, no te escuchas muy contenta.
—¿Tan pronto lo has deducido?
—Te olvidas de que conozco demasiado bien cada matiz de tu voz.
—No logre encontrar colegio para Emy —señaló
—Y eso ¿por qué?
—No lo sé … —¿Defne?
—Ya, si lo sé, porque es hija de madre soltera.
Él solo guardo silencio.
—Por supuesto, ya me lo imaginaba, pero no te preocupes, ya te lo dije, no estás sola. Volveré tan pronto como pueda y juntos solucionaremos ese problema, ¿está bien?
Ella no contesto, no pudo hacerlo.
—Defne ¿estás ahí?
—Si aquí estoy, Omer muchas gracias.
—Emy es mi hija también y juntos debemos enfrentar todos los temas relacionados con ella.
—¿Cuándo piensas volver? _ ella debía cambiar el tema de
otra forma terminaría llorando.
—De eso te quería hablar, algunas personas de mi empresa
y amigos irán un fin de semana quieren conocerte y conocer a Emy ¿Te gustaría?
Omer ellos ¿saben que…
— Emine es mi hija no, pero al verla seguro se darán cuenta — ¿De qué fecha estamos hablando? —le preguntó. —
¿Qué tal este fin de semana? —le preguntó él—. Mañana es martes. ¿Tendrás tiempo suficiente?, también me gustaría que se divirtiera Emine podría llevar a sus amigas a casa, hacer una pequeña fiesta.
—Seguro que podré encargarme de todo —afirmó, encantada con la idea.
—Sé que lo harás —repuso con voz suave—. Aún recuerdo tu aureola de autoridad. Tu seguridad, como si fueras una princesa… Realmente lograste intimidarme. Desaparecieron los años transcurridos desde entonces y empezaron a revivir aquellos recuerdos.
—¿No te dije que tú también me intimidaste? —repuso, inconsciente de la tierna dulzura de su tono—. Tu aspecto, tu manera de moverte, de hablar, qué guapo eras, como un dios llegado de otro planeta, hasta hoy nunca he conocido a nadie como tú.
—Tardaste años, pero valió la pena, escuchar de tu boca todo esto Defne.
—Tendrás que decirme el número de los invitados, cuántos hombres y cuántas mujeres… — no termino la frase, hasta ahora no se había preguntado si quizás Omer tenía una mujer en su vida La única mujer que consigue acelerarme el corazón eres tú, Defne —le comentó, tomándola por sorpresa, como si hubiera leído sus pensamientos—. ¿Qué es lo que llevas ahora? Dímelo. «Seducción por teléfono», pensó ella. Bajó la mirada a su camisón amarillo pálido, y un estremecimiento recorrió todo su cuerpo. —Un pijama de algodón —mintió, bromista.
—Ya —Omer se echó a reír—. No, te veo con una prenda de seda, de color claro y luminoso. Quizá rosa, o amarillo. Con finos tirantes en los hombros. No llevas nada debajo, y es casi transparente.—Omer… ¿crees que alguna vez podamos olvidar lo que nos hicimos? —le preguntó, temerosa. Siguió un largo silencio, denso de imágenes. —Lo último que quiero es herir tus sentimientos —repuso él.
—¡Por el amor de Dios! —se recuperó al momento—.
Te prometo que yo tampoco, por eso no quisiera pensar que aun actúas desde el odio. —Odiar, amar, ¿cual es la diferencia? Hace mucho tiempo que te apoderaste para siempre de mi alma.
A Emy le entusiasmaron los planes sugeridos por Omer. —¿Podré invitar a Elif ? —se lanzó a los brazos de su madre. —Por supuesto, cariño.
Emine era hija de Omer, algo que cada día resultaba más evidente, era muy inteligente, y además poseía talentos artísticos, para su edad dibujaba muy bien. En cuanto al físico, progresivamente se iba pareciendo a él, la combinación de pelo negro con rulos y piel morena la hacían una hermosa niña, en resumidas cuentas, sacò lo mejor de cada uno.
Omer la llamaba regularmente para informarla del número de invitados que acudirían ese fin de semana: la cifra final se quedó en cinco, tres hombres y dos mujeres, entre ellos contaba a Sinan, quien según Omer estaba loco por conocer a Emine.
El sonido de su voz ejercía un efecto hipnótico sobre ella, pensó Defne, como si le calentara el corazón, durante los años que estuvo ausente, había sentido su presencia día a día, tenía la sensación de haberle entregado su alma desde el principio y para siempre. El período de tiempo que llevaban en la casa de Omer, le sentó muy bien a Emy, eso llenaba de felicidad y gratitud a Defne, nunca había querido más a Omer.
Él y sus amigos aparecieron el viernes por la tarde, se presentó en su deportivo acompañado de una mujer, su fiel secretaria Daria, los demás llegaron todos juntos en un todoterreno, a excepción de Sinan que venia en su propio auto Mientras Emy corría como una flecha a abrazar a Omer, ella esperó durante unos momentos en la entrada de la casa, Omer fue la tomó de la mano y le dio un beso en la mejilla. —Ven a saludar, todo el mundo está deseando conocerte. Él sintió el ligero temblor de su mano y se la apretó, infundiéndole confianza, llevaba un vestido de color turquesa, a juego con sus ojos. Era tan hermosa que la sangre le ardía cuando la miraba.
—¡Qué bien! —no cesaba de exclamar Emy —. Me encanta tener invitados.
—¡Qué niña más maravillosa tienes! —le comentó en cierto momento Sinan, sonriendo. —Muchas gracias —le sonrió ella—eso si es muy inquieta y si le agradas no te dejara tranquilo.—¡Como si eso me preocupara! Me encantan los niños.
Defne estaba convencida de que Iz y Sinan se amaban aun, no le cabía la menor duda y ella tenía toda la intención de volverlos a juntar, porque de cierta manera se sentía responsable de que se hubieran separado, por lo que le había contado Omer.
Sinan no había vuelto a salir con otra mujer, se había abocado al trabajo lo mismo que hizo Iz. Defne había dispuesto la cena en la terraza cubierta, frente a una magnífica vista de la piscina, los invitados fueron recogiendo sus platos y tomando asiento en torno a la mesa, Emy estaba eufórica, —Mamá, vino la tía Iz — le anuncio .—Iz le dice Defne cuando la ve llegar de la mano de Emine.
—No me dijiste que tenías invitados cuando me llamaste —le reclama está cuando la besa
—Porque si te lo decía no vendrías, — girando para mirar a
los invitados les dice —les presento a mi amiga Iz.
Todos los invitados la saludaron, Sinan quedo hipnotizado
mirándola.
—Iz, bienvenida — le dice Omer — ven siéntate al lado de
mi amigo, lo recuerdas ¿verdad?
—Te voy a matar _ le susurra Iz a su amiga, mientras
camina a su lado, para luego sentarse al lado de Sinan. La cena fue agradable, la conversación no cesò como así
tampoco las miradas entre Sinan e Iz. A las ocho Defne se levantó para recordarle a Emine, que ya era hora de acostarse.
—¿Me subes a mi habitación? —le pidió a Omer.
—¡Enséñame el camino! —exclamó, levantándola en brazos y siguiendo a Defne escaleras arriba.
—Me gustaría quedarme aquí para siempre, Omer —le confesó la niña—eres la primera persona que me sube en brazos a la habitación.
—Lo que pasa es que pesas un poquito… —simuló tambalearse, como si pesara demasiado.
Como no podía ser menos, la pequeña estaba contentísima de que Omer hubiera decidido quedarse con ella. mientras
Mientras su madre la preparaba para acostarse, le insistió a su
madre para que le cepillara el cabello y él pudiera ver lo bonito y brillante que lo tenía.
—Eres una jovencita preciosa —le dijo él, sentado en un
sillón, observando cómo su hija se volvía lentamente para enseñarle su melena, que casi le llegaba hasta la cintura.
—¿Por qué estás mirando a mamá de esa manera? —le
preguntó la niña.
—Estaba pensando en lo mucho que te pareces a ella —respondió Omer.
—¿Puedo rezar ahora mis oraciones en vez de después? —
le preguntó la niña Defne —Omer me prometió que me
contará un cuento para que me duerma. Es un cuento de fantasmas, creo.
—No puede ser. Tú ya tienes demasiada imaginación…
—Pero él dice que es un cuento precioso, su madre solía
contárselo a él cuando era pequeño, es sobre las navidades, ¿cierto Omer? — él la mira sonriendo y asiente con la cabeza, lo que estaba observando era la más
hermosa escena que jamás pensó ver.
—Ah, ya entiendo. Entonces debemos confiar en Omer, ¿verdad?
—Mami, ¿tú quieres a Omer?
Resultaba obvio que había estado pensando sobre su
relación.
—Sí —respondió, algo inquieta—. Nos conocemos hace años, ya te lo dije.
—¿Él fue tu Príncipe Azul?
—¿Por qué dices eso? —pregunto ella, ruborizada,
mientras se agachaba rápidamente para que Omer no la
viera.
—Cuando lo miras, parece como si estuvieras soñando
despierta.
—Vaya —rió—. ¿Y cómo puedes saber tú si alguien está
soñando despierto o no?
—Fácil, tienen una expresión distante, Omer te mira igual,
Omer largò una risotada que de seguro se escucho en toda la casa.
Omer le contó a su hija el cuento que su madre siempre le
leía cuando era pequeño—¡Me ha gustado mucho, Omer! —exclamó—. Me encantan los cuentos de bosques y castillos medievales.
También me gustan los de los hermanos Grimm, bueno, creo que voy a dormirme ya.
—Que tengas felices sueños, mio caro —le deseó él con un tono de exquisita ternura.
—Nunca había oído antes eso. ¿Qué quiere decir?
Defne, que los observaba desde la puerta de la habitación,
no pudo menos que conmoverse profundamente, y tuvo que esforzarse por contener las lágrimas. ¿Cómo había podido ocultarle a Omer el hecho de que tuviera una hija?
Una hija que lo había querido desde el primer momento, instintivamente.
—Quiere decir… —respondió él con una voz que le llegó a
ella hasta lo más profundo del corazón—… cariño mío.
En ese momento a Emy empezaron a cerrársele los ojos,
con una sonrisa en los labios, Omer, se inclinó para besarle
la frente, contemplándola durante unos segundos más.
Transcurrió otra hora hasta que Emy estuvo finalmente dormida, al llegar donde estaban los invitados, se sentaron para seguir conversando. Transcurrida la noche, los
invitados comenzaron a querer ir a descansar, Defne y Omer le mostraron a cada uno su habitación.
—Me despido, Defne todo fue muy agradable — le dice Sinan.
—Te vas ?—le pregunta Omer —creí te quedarías todo el fin
de semana—
Yo… bueno voy a llevar a Iz hasta su casa, nos vemos
mañana.
_Nos vemos amigo
Defne se despidió de Iz pidiéndole que al día siguiente le contara como le había ido con Sinan, su amiga le prometió que lo haría.
—Vaya, vaya señora Defne, no le conocía los dotes de
celestino.
—Solo porque creo que ellos se merecen una segunda
oportunidad, tal como nosotros, ¿esta mal lo que hice?
—A mi me parece fantástico, Sinan aun quiere a Iz, solo espero que ella sienta lo mismo.
—De eso estoy completamente segura, bien y ahora ¿qué hacemos? — pregunta ella con una sonrisa coqueta.
Omer la levantó en brazos como si fuera una pluma, y la llevó por el pasillo hasta su dormitorio, donde la tumbó sobre la cama.
—Bésame —le suplicó ella sin pudor, aquel era Omer, la persona que, junto con su hija, significaba para ella más que cualquier otra cosa en el mundo.
Él se inclinó sobre ella, conmovido tanto por su belleza
como por su expresión infinitamente tierna, empezó a acariciarle los labios con los suyos, profundizando su beso.
El corazón le latía acelerado, el placer tomaba el control de
su cuerpo, Defne suspiraba suavemente bajo sus manos, mientras se dejaba desvestir… ¿Cuántas veces había soñado con ese momento ?
Finalmente, el cuerpo desnudo de ella quedó expuesto a la luz de la lámpara de la mesilla. Omer se sentó, inmóvil, para admirar su piel brillante y luminosa, sus finos y
delicados hombros, sus senos altos y erguidos, de pronto, ya no pudo dominar su avidez, fue como una llama cegadora, un campo de fuerza, algo que inevitablemente
terminó por apoderarse de los dos.
Él comenzó a desnudarse, mientras se imaginaba
explorando aquel cuerpo hasta la saciedad, esa noche
borraría de su mente todos los recuerdos del pasado, había
vuelto para reclamar a su mujer y a su hija.
CONTINUARA

