
CAPITULO 4
Al despertar la mañana siguiente, al terrible dolor de cabeza, se sumaba la vergüenza al recordar el rechazo de Omer a su intento de seducción.
Rodó sobre la cama, y puso su cara en la almohada, solo para gritar lo estúpida que había sido. ¿Qué pensaba? ¿Que podía ganar esa estúpida apuesta? Ahora tendría que enfrentarse a Omer a la hora del desayuno, y verlo en la oficina. Seguramente él se burlaría de la ridícula escena que protagonizó la noche anterior.
Tomó valor, y salió de la cama, se duchó, y juntando todo el valor que le quedaba, y bajó rogando que él no hiciera algún comentario que la avergonzara aún más.
-Buenos días – le dijo cuando entró a la cocina – preparé una sopa. Creí que le sentaría bien. ¿Cómo se siente?
Sin poder mirarlo a la cara, se sentó a la mesa, solo para mirar el plato con sopa que puso frente a ella.
-Con respecto anoche… intentó comenzar a decir.
-No se preocupe por lo de anoche – la interrumpió él – ¿Qué le parece si hacemos de cuenta que nada sucedió?
-Como si fuera tan fácil – murmuró ella, alejando el plato de shops de ella. – ¿Podemos irnos? – le pregunta levantándose.
-¿Sin desayunar? – le pregunta él
-La verdad. No tengo apetito. ¿Podemos irnos?
-Como guste.
Después de aquel intercambio de palabras, ninguno de los dos dijo algo.
Defne estaba visiblemente molesta, tratando de fingir su enfado mirando por la ventana del auto hacia afuera, sin prestar atención a nada de lo que él decía.
Omer sabía que tenía hacer algo, y pronto, o de lo contrario todo lo ganado hasta ahora, se perdería, y eso no era que él quería.
Cuando llegaron al estacionamiento del edificio, se bajaron del auto en silencio, y subieron al ascensor
-¿No me vas hablar? – le preguntó él.
-Esto para mi es incómodo – se sincera ella – así que, por favor solo déjame tranquila.
Omer detuvo el ascensor.
-Pero ¿Qué haces? – le pregunta ella
-Vamos a aclarar esto de una vez por todas. – le dice él parándose frente a ella – Me gustas, y mucho, ¿queda claro?
Parecía molesto, incluso más que ella. Defne, intentó moverse, pero le pesaban las piernas y se sentía diminuta a su lado. Él pareció entender que su actitud le produjo temor, por lo que cambió el volumen y forma de la voz. Acercándose a ella, murmuró con ternura apegado a sus labios.
–Hueles muy bien – luego se inclinó y se apoderó por completo de su boca.
El beso estaba cargado de sensualidad, de un deseo que no podía disimular. Tócame, le rogaba ella, quería sentir el calor de sus manos, quería… Y entonces, como si él hubiera leído sus pensamientos, puso las manos sobre sus pechos; una caricia suave, delicada, que la hizo sentir un estremecimiento.
–Sabes muy bien –siguió él con voz ronca – Te deseo tanto que me muero de ganas de hacerte el amor, quiero seguir besándote, quiero acariciar todo tu hermoso cuerpo, pero necesito que lo disfrutes tanto como yo y anoche no estabas en condiciones de hacerlo. ¿Lo puedes entender? No te enojes conmigo por favor- le dijo aquello, e intentó apretar el botón para que el ascensor siguiera su recorrido, pero de lograrlo ella interceptó su mano, y se lo impidió.
-Entonces. – le dice – Si esta noche intento seducirte, ¿No me vas a rechazar?
-Pruébame – le responde él.
– Lo tendré presente – aquello lo dijo con una picara sonrisa en sus labios.
Estuvo todo el día pensando en la conversación que tuvieron en el ascensor. Cuando lo vio llegar a la oficina luego del almuerzo, tomó el intercomunicador y cuando Omer levantó el auricular le dijo.
-Me puedes traer un café. Por favor.
-Con gusto – respondió él
Lo observó mientras se desplazaba, concentrado sosteniendo la taza entre ambas manos.
Cuando él alzó la mirada de la taza, dejándola sobre el escritorio, se fijó en que uno de sus mechones se soltó del moño. Resistió la tentación de estirar la mano, y soltarle el cabello, le encantaba cuando lo llevaba suelto, y le caía sobre los hombros.
-Ven – le ordena ella.
-¿Como? – le preguntó él.
-Ven. Siéntate – le dice ofreciéndole su silla detrás del escritorio.
-¿Y esto, por qué? – le pregunta sin entender.
-Sólo quiero probar si aun mantienes tu palabra -declaró ella con aire de fingida inocencia.
Con una mano, tomó el apoyabrazos de la silla de Omer y la giró para que ambos quedaran frente a frente. Con las rodillas en estrecho contacto, y sin previa advertencia ella inclinó su cabeza y tal como él lo hizo en el ascensor, ella reclamó sus labios.
De alguna manera él, logró ponerse de pie, y la estrechó contra sí, presionando todo su cuerpo contra el suyo.
Él beso la hizo gemir, mientras un fuego atravesaba, cada una de las terminales nerviosas. Vibraba de deseo, actuando solamente por instinto.
Entreabrió los labios, y permitió el acceso de su lengua al interior de su boca. No tuvo tiempo para preparase, antes de recibir el impacto de la lengua de él, acariciando la suya. Después, Omer barrió con ella, y la hizo perder por completo la cabeza.
Fue como estar en el interior de un transbordador espacial acabado de despegar. La poderosa fuerza que había entre ellos, la dejó debilitada, y aferrándose a sus hombros, temblando de deseo y de anhelo de igual forma.
Ella sabia a café, y a algo maravillosamente dulce, y sensual. Su boca estaba diseñada para recibir sus besos, y para besarlo solo a él. La manera de acariciarlo, de tocarlo, de provocarlo.
Le tomó la cabeza con la mano, y con la otra acariciaba su espalda. Ojalá no terminara nunca ese momento, pero acabó. Una fuerte discusión proveniente de afuera de la oficina, los bajó a la tierra en un duro golpe. Ella fue consciente de estar presionada a él, besándose, y a punto de hacer el amor. Aparentemente, Omer tuvo el mismo despertar, porque se apartó de ella, y también parecía tener problemas para respirar.
-Muy bien – dijo Omer, ella se dio cuenta que a él le costaba respirar. Mientras continúa mirándola fijamente, ella tragó saliva.
-¿Querías decir algo? – le preguntó ella riendo
Él le tomó su rostro entre sus manos, y deposito un último beso en los labios, antes de que entraran por la puerta, la tres amigas.
-¿Qué hiciste Defne? – ella mira desconcertada a sus amigas y luego a Omer
-¿Que se supone que hice?
-Me acaba de llamar Kivac. Dice que por ningún motivo nos dará la entrevista, según sus propias palabras, tu novio y tú, lo humillaron frente a todos en el restaurant.
-Lo siento, pero no soporto a los hombres pretenciosos, que, además, no tienen un tema de conversación inteligente. En última instancia tú eres la responsable dice Defne acusando a Yasemin – me obligaste a ir a esa cita a la que yo no quería.
-Ahora debemos pensar que vamos a hacer. Contábamos con esa entrevista para cerrar las publicaciones de este mes
-Tenemos que buscar a alguien más. Debe de haber alguien que sea tan famoso como Kivac – le dijo Defne
-Y que nos quiera dar una entrevista de último minuto – añadió Iz.
-Yo les puedo ayudar con eso – acota Omer
-¿Tú? ¿Cómo puedes ayudarnos? A menos que quieras posar con el torso desnudo. Esa sería la solución a nuestro problema. Porque, si con ropa te ves así, dice – Fikret mirándolo de abajo hacia arriba – Me gustaría saber cómo luces sin ella – termina.
-¿Saben quién es Sinan Karakaya?
-Si por supuesto. Es uno de diez solteros más codiciados de Estambul – comenta Iz
-Hemos intentado hacerle una entrevista hace meses, pero se ha negado rotundamente – añade Yasemin.
-Denme unos minutos, y les prometo que les conseguiré una cita esta misma noche.
-Si lo logras, te invito a cenar una de estas noches – dice Iz.
-No creo eso necesario – responde Defne.
-¿Entonces Omer puedes concertarnos la cita con Sinan Karakaya?
-Vuelvo enseguida – dice esté saliendo de la oficina.
Cuando las cuatro mujeres quedaron solas, Yasemin fue la primera en hablar.
-Las cosas no son como tú quieres – dice golpeando con la mano el escritorio de Defne – Cuando alguna de nosotras invite a Omer, no te puedes entrometer.
-¿Quién dice que no? – la contradice la aludida
-Todas. Las reglas han sido siempre claras. Todas debemos tener las mismas oportunidades. La próxima vez que trates de impedir que él salga con cualquiera de nosotras, le contáremos todo a Omer, y veremos su reacción al saber que fue parte de una apuesta entre amigas.
Defne solo pudo mirar a sus amigas, sin poder emitir palabras.
-¿Quedó claro cierto Defne? – a ella no le quedó de otra que asentir con la cabeza.
-Bien. Todo arreglado. Esta noche Sinan las recibirá en su casa, – dice Omer una vez de vuelta en la oficina.
-Omer tú vienes conmigo esta noche.
-¿Contigo Iz?, ¿porque contigo?
-Y ¿Por qué no? – pregunta está.
Él no supo que responder a esa pregunta.
-Entonces, Iz será la encargada de realizar la entrevista – dice Yasemin
– Omer, nos vemos después del trabajo – añade Iz.
– Así será – dice él, pensando que se habían estropeados sus planes, y por la cara de Defne, adivinaba que tampoco le gustaba aquello.
Se sentía como una pantera enjaulada. Iba de un lado otro, no lograba encontrar tranquilizarse con nada.
¿Si Iz se proponía seducir a Omer esta noche? ¿Sería capaz él de negarse? ¿Podía acaso confiar en lo que existía entre Omer y ella? ¿Existiría la posibilidad de que él sintiera por ella algo más que deseo?
Caminó hasta la cocina se bebió un vaso con agua. Pero estaba tan alterada que éste se le soltó de las manos cayendo al piso, rompiéndose en mil pedazos. Trató de tomar los vidrios, y en el proceso se cortó un dedo. Molesta, y con el dedo ensangrentado, se fue a su habitación, ahí se lavó mano. No era algo que requiriera una sutura, así que no había necesidad de ir al hospital, preocuparse, por lo que se recostó en la cama a esperar a Omer, y en algún momento se durmió.
Por fin, después de poner mil excusas, logró deshacerse de Iz. Durante toda la noche, en lo único que pudo pensar era que Defne lo esperaba en la casa, y en lo que sucedería cuando él llegara.
Pero cuando llegó la casa tenía todas las luces apagadas, excepto la de la cocina, se dirigía allí creyendo que ella estaba esperándolo, pero en lugar de Defne, encontró en el piso los vidrios de un vaso roto, y en uno de ellos unas gotas de sangre. Asustado corrió hasta el dormitorio de ella, tal vez necesitaba ayuda.
-¿Defne?,- preguntó cuando entró a la habitación – ¿Estás bien? Encontré vidrios en la cocina, ¿sucedió algo?
Espero un momento a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad, finalmente la vio. Ahora no solo tenía una mano con yeso, sino también un dedo vendado.
-¿Qué sucedió? – Le preguntó, cuando ella encendió la luz de la mesa de noche.
– Me corte el dedo – respondió mostrándole su dedo – ¿llegaste hace mucho tiempo? Me dormí esperándote – todo lo dijo con un puchero en sus labios.
-Lo lamento – respondió él – ¿Necesitas algo?
Esa pregunta cambió todo el ambiente de la habitación. Ambos estaban expectantes, hasta que ella rompió el silencio.
-Si. – le dijo ella. – A ti
Él sonrió, recordando que cuando la conoció, por su manera de vestir se la imaginó, más bien, fría, pero esta Defne que tenía en frente, le gustaba aún más. Desinhibida, sin tapujos. Caminó decidido hasta la cama, y una vez estando a su lado. Él inclinó la cabeza hacia atrás, al tiempo que enredaba el cabello de ella, entre sus dedos. Para luego descender y tomar posesión de sus labios.
Con el beso, estaba despertando el deseo latente en cada poro de su piel. Sentía como el cuerpo de ella se rendía irremisiblemente a ese deseo.
Ella se retorcía entre sus brazos, anhelante, él se inclinó sobre su cuerpo y la besó en el cuello, ella gimió, el roce de sus labios contra su piel desnuda era una sensación nueva y extremadamente erótica.
-Esto tiene que ir fuera – dijo él, y con una suavidad exquisita le quito la blusa, y la arrojó a un lado, lo mismo hizo con la camiseta revelando su sujetador con estampado de leopardo.
-Me gusta mucho – murmuro antes de tocarle la piel desnuda con la punta de la lengua – Sabía que eras una mujer apasionada
-La ropa interior es mi debilidad – dijo ella.
Luego, se lanzaron a una frenética exploración de sus cuerpos. Defne necesitaba desesperadamente sentirlo, complacerlo, y le tomó la erección a través de los vaqueros. El ahogó un gemido, y le puso una mano sobre la suya
-Si sigues por ese camino, habré acabado antes de empezar
-Date prisa – le ordenó.
-Como usted mande – respondió él
Luego le quitó los pantalones, acariciándola, y lamiéndola a medida que los deslizaba por sus piernas.
La estaba volviendo loca, lo sabía, y lo hacía sentirse más vivo de lo que jamás se había sentido.
Cuando la lengua de Omer llegó al inicio de las bragas, ella creyó que explotaba en llamas.
-Te necesito – le dijo con todo el cuerpo en tensión.
Intentó bajarle la cremallera, pero no lo consiguió. Entonces Omer se levantó para desnudarse a una velocidad enloquecedoramente lenta.
La excitación de Defne aumentaba con cada centímetro de piel que iba quedando a la vista, hasta que finalmente lo contempló en toda su gloria, y esplendor viril.
El corazón amenazaba con salírsele del pecho, y no sólo por la visión de su físico espectacular. Omer era el hombre que ella más deseaba.
Sin apartar la mirada de ella, se sentó en la cama y subió la mano por el muslo, en busca de su calor más íntimo. Los ojos de ella anhelantes, ardían de pasión, y deseo. Cuando llegó al lugar del que quería tomar posesión, introdujo un dedo, la encontró cálida, y empapada.
Ella se retorcía, instándolo a continuar. Era una mujer única, embriagadora, y Omer no podía, ni quería, resistirse a sus encantos. Quería verla arder de pasión, mientras la colmaba de caricias. Cuando sintió la tensión en el interior de ella, se detuvo, se acostó de espalda en la cama, y tiró de ella, la sentó a horcajadas sobre él, acomodó su miembro en la abertura de ella, y muy despacio empezó a introducirse en su cuerpo.
-Por favor – la súplica brotó de su garganta en un susurro, de deseo y agonía.
Omer respondió, y la penetró hasta el fondo. Ella empezó a frotarse, y pronto encontraron su propio ritmo.
La tensión de los cuerpos temblorosos, y sudorosos aumentaba en cada embestida de Omer, nunca había experimentado una conexión semejante con una mujer. Hasta la última fibra nerviosa de su cuerpo necesitaba complacer a Defne.
-Déjate llevar – le dijo, mientras deslizaba una mano entre su cuerpo, y el de ella comenzando a jugar con sus clítoris, llevándola rápidamente a la cima del placer.
Defne echó la cabeza hacia atrás sacudiendo la melena. Sus miradas se encontraron, y Omer supo el momento exacto en el que ella alcanzaba el orgasmo. Su control se hizo añicos, y apenas tuvo tiempo para embestir una última vez para vaciarse por completo dentro de ella. Durante uno instante permanecieron inmóvil con Defne encima de él, aturdida. Emocionado por lo que acababa de suceder entre ellos, Omer le acarició la espalda, y le besó el cuello.
CONTINUARÁ.
