RECUERDAME AL DESPERTAR. Capitulo 12

CAPITULO 12

Defne se estiró, se sentía bien, y a salvo, hasta que sus piernas tocaron otras piernas. Abrió los ojos inmediatamente, no estaba sola, tenía unos fuertes brazos masculinos a su alrededor, tragó saliva, y se dio cuenta de que estaba apoyada en un torso igual de fuerte y masculino.

Se quedó un buen rato observando como dormía, pensó en él, en su bondad, en su paciencia y no sé extrañó de haberse enamorado de él. ¿Seguiría enamorado de ella? no se lo había dicho, de hecho, si no se lo hubiera pedido ella, no la habría besado, y había sido un beso de lo más casto, nada apasionado, pero bueno, de que se quejaba, no tenía suficiente en la cabeza como para además querer complicarse con una relación sentimental.

Volvió a recordar el beso, y lo que le hizo sentir. Se dio cuenta de que una parte de ella, habría preferido un beso más ardiente, un estremecimiento recorrió su cuerpo, y despertó a Omer.

-¿Por qué no me has dicho que tenías frío? – le dice él, luego la mira. – buenos días princesa. – le susurro al oído.

Defne estaba bloqueada no sabía qué decir, un fiero deseo le calentaba las venas, haciéndole difícil hablar.

-Buenos días – dijo con esfuerzo. – No, no tengo frío, sólo estoy un poco… confundida.

-Me lo imagino. Te han pasado demasiadas cosas últimamente.

Cuando él la abrazó con más fuerza, ella levantó la cabeza, y sus ojos se encontraron, en silencio, ambos se fueron acercando lentamente. Y Omer la besó, su beso encendió una pasión que ella había estado luchando por reprimir.

Suspirando, se rindió al ciego deseo que rugía en su interior como un volcán en erupción. Los labios de Omer, sus caricias, su cálido aliento, sus bocas entrelazadas, desataron una pasión que ella no había experimentado, o que no recordaba haber experimentado jamás.

Perpleja por su intensidad, comprendió de pronto que el irresistible magnetismo de Omer había sido lo que le había dado fuerzas hasta este momento. Ansiando saborear todo de él, abrió la boca y se entregó al beso.  Él aprovechó ese instante, y la penetró con su lengua, el deseo la dominó haciéndole olvidar todo lo demás.

Cuando él detuvo el beso, ella estuvo a punto de soltar un grito de protesta.

-Lo siento. – dijo él con voz ronca y la soltó.

-¿Lo sientes? – repitió ella temblorosa. – ¿Por qué lo sientes, y por qué te has detenido?

Omer se contuvo, maldición, lo último que debía hacer era besarla como un idiota enamorado.

-No es un buen momento. Has pasado un infierno.

Ella lo contempló con labios temblorosos y los ojos muy abiertos empañados por el deseo

-Para mí, tú eres el primer hombre que me ha tocado – confesó ella. – Y no voy a mentir, te deseo.

Otras mujeres se habían acercado a Omer con la misma desconcertante franqueza, pero ninguna le había hecho sentir de esa manera. Sus palabras lo incendiaron tanto que tuvo que apretar los dientes para no perder el control

-¿Estás segura? – le pregunto él en voz baja y ardiente.

-¿Segura de que te deseo? Si. – respondió ella

 La voz le temblaba, pero sus ojos eran honestos.

La sonrisa de Omer la derritió.

-Igual yo. – dijo él mientras la acomodaba a su cuerpo.

 Ella, incapaz de resistirse a la dulce llama del deseo que, sin saberlo, llevaba mucho tiempo echando de menos, y la seguridad y protección que sentía entre los brazos de Omer.

Inhaló su aroma masculino, y sensual, escuchó el latido de su corazón y se rindió.  Él había despertado un poderoso apetito erótico dentro de ella, y en ese instante, entre sus brazos, pudo imaginar cómo sería el paraíso, y su mente apenas podía pensar.  Él tomó su rostro entre sus manos, y la besó, el beso anterior fue casi como un experimento, él había explorado su boca con la sensualidad y la pericia de un maestro, pero ella se había mostrado cauta no preparada para rendirse del todo a la tentación.

Este beso fue diferente, en cuanto sintió el contacto de sus labios, ella se entregó sin reserva saboreándolo como si se le fuera en ello la vida. Sus cuerpos se apretaron entre sí como si nada pudiera separarlos. Dejándose llevar, ella le clavó las uñas en la espalda.

– ¿Qué sucede?  – le preguntó cuando él dejó de besarla.

-Tú. Lo que me haces sentir. Te extrañe mucho, mi Defne. -respondió él.

La besó en el cuello, luego en el lóbulo de la oreja, consumiéndola con la pasión de sus labios. No había marcha atrás, Omer la besaba como si hubiera ansiado hacerlo desde hace mucho tiempo, mientras la apretaba contra su cuerpo demostrándole cuánto la deseaba

-Me gusta ver tus ojos relucientes. –  le dice Omer con sus labios a milímetro de los de ellas.

Ella quería que él la amará para siempre. Entonces se quedó paralizada cuando lo comprendió. Se había enamorado de su esposo. ¿Cómo había sucedido? no lo sabía. Había sido algo rápido, y silencioso.

Si, deseaba a Omer, pero lo amaba por otras cosas. Por su sorprendente amabilidad, por su tenacidad, incluso por su aura de autoridad, en ese instante, supo que la llama del amor ardería para siempre dentro de su pecho.

Ella se dio cuenta que Omer la estaba observando. ¿Y si le confesaba su amor?

-Piensas mucho. – le dice él, desvaneciendo cualquier pensamiento, cuando volvió a besarla, envolviéndolos a ambos en la más pura pasión.

Ella se dejó llevar por el placer, la excitación, y la seguridad de estar entre los brazos de Omer. Se llenó de gozo cuando él posó una mano en su pecho, sin dejar de besarla le acarició el pezón con la punta de sus dedos.

Más que nada, ella quería sentir su piel desnuda, tocarlo por todas partes, pero sus manos ansiosas no lograban desabotonar la camisa del pijama, hasta que él apartó su boca y con un rápido movimiento se la quitó por la cabeza, era un hombre magnífico, tenía la piel bronceada como el oro y los músculos de un dios griego. Los ojos de ella se deleitaron con su figura, él se quedó quieto, mientras a que ella lo recorría con sus ojos. Esperaba que ella diera el primer paso.

¿Qué podía hacer? se preguntó ella sonrojándose no tenía el valor necesario.

En silencio él la anima haciendo que lo mirará, en sus ojos ella percibió un deseo tan intenso que la dejó sin aliento.

-Eres preciosa…

-Soy demasiado delgada. – reconoció avergonzada.

Él río, y la abrazó al instante apretándola contra su erección

-A mí me gusta cómo eres. – le dijo, y en pocos segundos le quitó la ropa, dejándola por completo desnuda sobre las sábanas. Ella cerró los ojos, se sentía como una mujer en un harem llevada a la cama por su amo para darle placer.

-Mírame. – ordenó él. – no hay nadie más en esta habitación. Te deseo y te amo. –  le aseguró cuando se quitó los pantalones. – ¿Me deseas tú a mí?

-Sí. – respondió ella sin dudarlo.

-Entonces no tienes por qué preocuparte de nada más. – señaló, y comenzó a acariciar su cuerpo despacio.

Más tarde, Defne se tomaría su tiempo para recordar cómo Omer la había acariciado, como la había besado hasta convertirla en un animal salvaje que ansiaba con agonía ser poseído, pero mientras estaba experimentando el presente, no quería pensar en palabras, sólo quería rendirse a la pasión.

Él murmuró algo, se acomodó sobre ella, y la penetró. Despacio al principio, jugando en su interior, logrando que Defne se retorciera de placer, luego se detuvo por completo, mientras ella llegaba al clímax.  Presa del éxtasis le dieron ganas de gritar y llorar de alegría, al final las olas de placer cesaron, y se acurrucó en sus brazos tomando aliento.

-Lo siento. – susurró ella levantando la vista hacia él.

-¿Por qué? –  preguntó él con el ceño fruncido

– Porque tú no has… yo… no sabía que podía ser tan rápido. – admitió ella.

-Me haces sentir en las nubes. – admitió él, y la besó con ternura

Defne descubrió perpleja que con un beso él era capaz de hacerla arder en las brasas de nuevo.

Despacio, él empezó a moverse en su interior, en esta ocasión ella llegó a un clímax aún mayor, seguida de inmediato por él. Después se quedaron unos minutos abrazados, mientras tus corazones aminoraban la marcha y se sincronizaban.

Al observar a Defne, Omer se preguntó. ¿Qué estaría pensando? Era difícil de adivinar, sin embargo, una cosa estaba clara, había disfrutado hacer el amor con él. Al recordar sus dos orgasmos, se le aceleró el corazón. Le apartó su rojizo cabello de la cara, y la besó de nuevo, ella respondió con gratificante entusiasmo,

Se volvió a dormir abrazado a su Defne. Si la vida acababa en ese instante, no le hubiera importado, porque para él, era el momento más feliz que podía recordar.

Defne durmió sorprendentemente bien, hacer el amor era mejor que cualquier medicina. Despertó un poco después de las diez, y estaba demasiado inquieta como para volver a dormirse. Se levantó, y se estiró para poner a prueba sus músculos. Cuando se vistió, comprobó que los moratones que le cubrían el cuerpo, habían pasado de un morado intenso, a un tono mucho más claro, y verdoso. Era la primera vez que veía una clara mejoría. Se maquilló un poco, se peinó y bajó las escaleras.

Al recordar la noche anterior, tuvo una mezcla de alegría y aprensión, no se caracterizaba por imaginarse las cosas, pero hacer el amor con Omer era tan inesperado que necesitaba alguna prueba de que no se lo había inventado.

Al entrar en el comedor, sintió un alivio inmediato al ver que Omer la miraba y sus ojos brillaban con una mezcla amor y deseo, se puso en pie para recibirla.

–Tienes buen aspecto –comentó con voz de recién levantado.

-Claro que sí, aunque no sé cuánto aguantaré – dijo, – y se sentó al lado de él.

–Te sirvo algo de comer. Me imagino tienes hambre. – le dijo él con una pícara sonrisa.

Defne sonrió. desayunaron compartiendo sonrisas, se acariciaron las manos por sobre la mesa, ella se sentía amada y Omer muy feliz. Ese día lo disfrutaron al máximo, caminaron tomados de la mano por el jardín, hicieron un picnic bajo la sombra de un árbol, Omer se acurruco en las piernas de Defne mientras ella acariciaba su cabello y pasaba sus manos por la barba como lo había deseado desde que lo vio por primera vez en el hospital. al llegar la noche, durmieron abrazados, luego de hacer el amor.

Al día siguiente, ella tenía control con el doctor. Él, tras examinarla, le dijo que estaba evolucionando adecuadamente y la felicitó por su fortaleza física, pero también le advirtió a Omer sobre el tiempo que había pasado y Defne no mostraba signos de recuperar la memoria.

-¿Entonces? – le pregunta Omer.

-Hay pacientes que no logran recuperar la memoria. Tenemos que pensar en esa posibilidad.

Después de escuchar al doctor, Omer perdió la tranquilidad, sin embargo, no permitió que ella lo notara. La llevó a un restaurant y después de comer volvieron a la casa de la montaña. Defne estaba agotada, a pesar de que lo único que había hecho por la mañana era ayudar un poco en la cocina antes de ir a la cita con el doctor. Se fue a la habitación, y durmió.

Omer le había dicho que volvería a la ciudad a trabajar, pero que sin dudarlo estaría de regreso antes del anochecer. Eran un poco más de las cuatro, cuando sintió que alguien tocaba la puerta, bajó la escalera creyendo que era Mine, y abrió la puerta inmediatamente.

–Amiga. – exclama la mujer que estaba de pie en la puerta. – Por fin pude encontrarte – luego dio un paso para estrecharla en un fuerte abrazo. Ella se lo devolvió, aunque no sabía quién era. Defne se echó atrás y la miró con cara preocupada.

–No te habré asustado, ¿verdad? Tienes tan buen aspecto que cuesta creer que acabes de perder la memoria.

–Me encuentro mucho mejor –dejó escapar una risita–. Y no te preocupes, no me has hecho daño. Vamos, pasa.

La mujer recorrió la casa con la mirada, luego se sentó, y la invitó a hacerlo a su lado. –Creo que en tu condición debo primero presentarte si me recuerdas ¿verdad?

–No la verdad no.

-Mi nombre es Iz, soy tu amiga.

–¿De verdad? – dice ella feliz. –  Que gusto, aunque aún no recuerdo nada de mi vida, me da gusto conocer a alguien que pueda contarme algo de ella.

–¿Quieres decir que Omer no te ha contado nada? –dijo Iz.

–No, nada, pero creo que es porque el doctor se lo ha recomendado.

–¿Eso crees, de verdad? –preguntó la mujer.

-Si, por supuesto.

–¿Que te ha contado Omer?

Defne se encogió de hombros.

–Lo más importante. Que nos amamos y estamos casados.

La mujer la miró aparentemente sorprendida.

–Pero… eso no es verdad.

– ¿Cómo? – le preguntó Defne a la mujer.

-¿De verdad no te extrañó que él te trajera a un lugar tan apartado? Me tomó mucho tiempo averiguar dónde estabas

-Eso tiene una explicación.  Necesitaba un lugar tranquilo para recuperarme.  Fue recomendación del doctor.

-Eso fue lo que Omer te contó, pero la verdad es que, ustedes no están casados y él no quiere que tu familia se enteré en donde estás.

-¿Familia? ¿Tengo familia?

-Tu abuela, y está muy preocupada por ti. Te ha buscado durante mucho tiempo, ella me pidió ayuda para encontrarte.

-Pero eso no es posible. – dice Defne sintiendo un dolor de cabeza intenso. – Omer no me haría eso, él me ama.

-Piensa. Si él te amara. ¿Porque te apartó de tu familia? Si estuvieran casados ¿Dónde están las pruebas? ¿Has visto alguna foto de su matrimonio?

-No. Pero todo debe tener una explicación.

-Si. La tiene. – le confirmó la mujer. – Omer se ha estado burlando de ti, y sacando provecho de tu amnesia.

La cabeza de Defne daba vueltas, tratando de encontrar una explicación a todo lo que su amiga le había contado, pero mientras más lo pensaba, más sentido tenía lo que ella le decía. Pero aún estaba lo compartido con Omer. La forma en la que hicieron el amor, eso no se puede fingir.

-Defne, ¿estás bien?

Ella solo asiente con la cabeza.

-Lamentablemente, debo irme, le prometí a tu abuelita que le avisaría apenas me enterara del lugar donde te escondía Omer. Por favor no le digas que estuve aquí y que ya sabes la verdad.

 -Está bien. – responde Defne sin saber siquiera lo que estaba diciendo.

La mujer se fue, dejándola ahí sentada, sumida en un mar de pensamientos, sabiendo que ya había sembrado la duda, ahora solo debía esperar a que esta germinara.

CONTINUARÁ.

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