SABOR A AMOR. Capitulo 8

CAPITULO 8

Mientras tomaban un vaso de jugo, Omer y Defne miraban a los pequeños jugar en el jardín.

La noche anterior había sido complicada, pues los niños despertaron en más de una oportunidad, gritando y llamando a sus padres, ellos con amor, y paciencia lograron tranquilizarlos, y los acompañaron hasta que los pequeños se durmieron.
La tormenta que vivieron con los niños, la noche anterior, se transformó en un bello amanecer, los pequeños tranquilamente jugaban en el jardín, bajo la atenta supervisión de la abuela Turkan.
-Son hermosos – exclamó Defne.

-Sí, lo son – respondió Omer
Ninguno de los dos había dejado de mirar el lugar donde estaban los niños.
-Me llama la atención – dice Defne – que los dos sean rubios y de ojos claros.

-¿Cómo?
-Sí, tú eres su tío, pero no tienen ninguno de tus rasgos.
-¿Entonces debo suponer que como yo no tengo el pelo, y la piel clara, no soy hermoso?

Defne larga una risotada
-Yo no he dicho eso
-Entonces, aunque tenga la piel más oscura, el pelo y ojos negros, igual me encuentras hermoso?

-Tampoco he dicho eso
-¿Pero puedo pensar que sí te resulto atractivo?
-No sé, tendría que pensarlo.
Justo cuando Omer estaba listo para responder a sus palabras, la abuela se acerca a la mesa.

-Abuela, ¿quieres un vaso de jugo? – le ofrece Defne
-Te lo agradecería mucho
-Me esperas te voy a preparar uno, y enseguida vuelvo


Defne se levantó de la silla y entró a la casa.


-Señora Turkan, ¿la puedo dejar un momento con los niños? Necesito hacer algo urgente.
-Si, vaya tranquilo yo cuido de los angelitos.

-Omer – le dice antes de que este entrara a la casa – por favor dile a Defne que no demore tanto en hacer el
jugo.

Omer le sonrió, él sabía perfectamente lo que la abuela le había querido decir, luego entró a la casa y encontró a Defne en la cocina, lavando la fruta.
-Ahora si me puedes dar tu respuesta – le dice

-¿Sobre qué? – ella sonríe.
-Quiero saber, ¿si encuentras atractivo a tu marido?
Ella gira, y queda frente a él
-Creo que eres muy consciente de lo que causas en las mujeres.
-Pero yo quiero saber que causo en ti – le dice .

Defne le vuelve a dar la espalda con el propósito de comenzar a preparar el jugo.
Omer le aparta el pelo que caía sobre su hombro y le recorre el cuello con su dedo lentamente
-Y ¿esto que causa en ti? – Defne no responde.
Luego él, cambia el dedo por su boca, y recorre su cuello, llegando hasta el lóbulo de la oreja y con su lengua comenzó a jugar, ella le ayuda doblando su cuello, y así le dio más espacio para que siguiera.

Mientras él recorría su cuello con pequeños besos, una de sus manos se deslizó hasta su cintura, y se introdujo bajo la blusa, Defne se sostuvo con las manos en la mesa mientras sentía como su piel respondía al contacto de las manos y la boca de Omer.
-He soñado con hacer esto tantas veces – le dice al oído mientras toma unos de sus pechos con su mano y comienza a acariciarlo a través de la tela del sujetador, acto seguido la gira para que quede frente a él nuevamente y la besa. Los recuerdos de lo que había ocurrido entre ellos, hacía años se apoderaron de su mente, y Defne sintió cómo el deseo crecía dentro de ella.
—Creo que enviaré a los niños a dormir una siesta, y por supuesto a tu abuela.
Le acarició el rostro, y dejó su mano en él.
-Eres preciosa —dijo, al acariciarle los labios—. ¿Sabes cuánto he esperado este momento?
-Sí – le responde ella – el mismo tiempo que yo.

Defne de un pequeño salto se subió a la mesa, y desde ahí tomó a Omer del cuello, y lo acomodó entre sus piernas para luego devorar su boca. Ella tomó el control del beso, primero jugó con sus labios, hasta lograr que él abriera la boca, no es que le costara tanto, luego introdujo su lengua para saborearlo, mientras Omer la recorría con sus manos.

-Debemos detenernos – le dice en un momento de lucidez.

-Lo sé, pero no quiero – le responde él, con un leve gruñido. – Quiero hacerte el amor y no dejarte marchar nunca. ¿Me entiendes, Defne?
-Te entiendo, créeme que te entiendo, pero ahora debemos dejarlo hasta aquí, a menos que quieras que entre la abuela y nos encuentre haciendo el amor en esta mesa.

—Te haría el amor en esta mesa, o donde sea—dijo, acariciándole la mejilla

Defne lo apartó un poco de ella, se bajó de la mesa, se arregló la ropa.
-Creo que necesitas quedarte un momento aquí, a menos que no te importe que se den cuenta de tu estado – le dijo ella mirando su entrepierna que daba claras muestra de lo excitado que estaba.
Omer asintió, y se fue directo a la ducha, cuando pasó por el lado del hombre azul, le dijo:
-Creo que esta será la última ducha fría que me daré. Esta noche dormiré abrazado a la mujer que amo.

El resto del día se les hizo eterno, ambos se buscaban con las miradas y así estuvieron hasta que por fin llegó la noche. Los niños se fueron a dormir, y la abuela se retiró a su casa.

Aunque Defne no se sentía cien por ciento segura, de que su relación con Omer durara para siempre, sabía que hacer el amor con él, era un buen comienzo, además ella lo amaba, eran marido y mujer, no había nada que se interpusiera entre ellos.
Una vez que la casa quedó en silencio, Omer llevó a Defne hasta la cocina, allí sacó frutilla, y crema

-Vaya, no creí que aun tuvieras hambre – le dice:

-Tengo mucha hambre – le responde – pero de ti.

Sin entender aun los planes, ella solo se deja guiar por él, Omer deja en la mesa la crema, y luego la mira, se acercó aún más hacia ella, tomándola por los hombros, Defne sintió un escalofrío, y cada poro de su cuerpo respondió
a la caricia de él.
—Sí, pero no estoy segura de que la crema sea para comer…
—No pienses, simplemente siente, responde a tu cuerpo, a nosotros. …
Entonces él, murmuró su nombre y acercó la cabeza para darle un suave beso en los labios, y todo lo demás dejó de importar…Le quitó la ropa lentamente mientras la recorría con la mirada
Cuando él posó sus labios sobre la boca de ella y la acercó a su cuerpo, se sintió muy bien, pero cuando la tomó en brazos y la subió a la mesa acostándola en ella, se asustó.
—¿Omer?
—Tranquila —dijo,
Tomó un pañuelo, y le tapó los ojos con él.

—¿Omer? —vuelve a decir ella,
—Sí —dijo, besándola
Defne sentía, solo sentía, Omer untó crema en cada uno de sus senos, y luego procedió a comerla lentamente, tocando con su lengua las puntas de los pezones, que estaban duro, primero lo hizo con uno, y el otro recibió el mismo trato.
La crema siguió un camino por su vientre, ella luchaba por no gemir, aunque por momentos perdía la batalla.
Cuando llegó al monte de Venus, ella protestó, él no prestó atención a su reclamo, tiró de ella y la acomodó en la punta de la mesa, unta una frutilla y con ella juega en su zona íntima, rozando, sin entrar, solo la provocaba,
Defne estaba a punto de rogar cuando sintió la lengua de Omer entrar, y jugar como lo había hecho con sus pezones.

Ella se perdió en aquel suave y sensual viaje.

-Tienes un sabor delicioso. –  como para demostrarlo, Omer acarició su zona íntima con la lengua, la atrajo aún más contra su cuerpo, y le introdujo su lengua más profundamente, hasta que a ella se le aceleró el corazón
debido al deseo de tenerlo dentro.

Defne, se retorció ante esa caricia que la dejó sin aliento, y así llegó el primer orgasmo.
Una vez que hubo recuperado el aliento, se quitó el pañuelo de los ojos y se sentó en la mesa.
-Yo también quiero… – le dijo ella, bajándose de la mesa y quitándole la ropa. – Nunca he hecho esto.

 Estando Omer de pie, ella untó crema en su pecho, y comenzó a lamerlo una, y otra vez, recorriendo su torso de arriba abajo. Luego, al igual que lo hiciera él, ella tomó una frutilla, la untó con crema y comenzó a juguetear con su masculinidad, para luego reemplazarla por su boca, simulando la penetración. Lo llevó hasta el punto en que él perdió el control, comenzando a gemir una y otra vez.

-Defne detente – le rogó, la tomó, y la sentó al borde de la mesa.
Comenzó a besarla y acariciar sus pechos una y otra vez, luego la acomodó, y ahí mismo la penetró, posó sus manos en sus nalgas, así la atraía hacia él hundiéndose en ella repetidas veces, besándola para acallar los gemidos que
no podía controlar ninguno de los dos, al final, con un grito ahogado entre sus bocas, llegaron al clímax.
Omer, susurraba bonitas palabras mientras la acariciaba, hasta que sintió que su cuerpo se relajó.
—Si te digo que te quiero —escuchó decir a Omer – no me abandones por favor.

-¿Como? – dice ella apartándose para mirarlo.
-No quiero que te sientas presionada, ni quiero abrumarte con mi declaración de amor, por favor no me dejes como lo hiciste hace un año.

Quizás fue el aire frío que rosó la sensible piel de Defne lo que la hizo pensar, pero de repente ella sintió el profundo deseo de apartarse de él.

-¿Te das cuenta de lo que me acabas de decir? – le dice ella.

-Sí – dijo. –  te pido que no tengas miedo, que no te alejes de mí, entiendo que no volviste aquella vez, por todo lo que te dije, lo de compartir nuestras vidas, fue demasiado para ti, esta vez lo haremos al modo que tú quieras, solo no te vayas.

— No te molestes en decir nada más, eso es lo que crees que sucedió, que tristeza que tengas una opinión tan pobre de mí, yo sé quién soy y porque me comporto de cierta manera, y sí me lo hubieras preguntado, te habría
contado, pero ahora ya no sirve de nada.

Si él no creía en ella, y no podía confiar, no merecía la pena.
Defne tomó su ropa, y así desnuda, como estaba se fue de la cocina, sin darle tiempo a que él pudiera reaccionar.
—Tú no me conoces Omer y peor aún no confías en mi —dijo antes de marcharse.
Ella se fue a la cama muy confundida, recordó la manera en la que la había besado, todo lo que había ocurrido entre ellos, no había significado lo mismo para él, que para ella.
Se dijo a sí misma, sí debía haberle contado todo.
Pero a continuación se preguntó ¿por qué debía hacerlo?
Refunfuñando, hundió su nariz en la almohada y rezó para poder dormirse.

Al final debió de haberlo hecho, ya que la despertó la alarma de su teléfono móvil, cuando todavía estaba oscuro en la habitación. Se levantó y se fue directo a la ducha, luego se vistió y salió de la casa, antes de que los demás hubieran despertado.

CONTINUARÁ

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