
¿Adónde crees que vas? -pregunta la abuela.
-Pues a trabajar, ¿adónde más?
-No te hagas la graciosa conmigo, ¿dónde se ha visto que la novia trabaje el
día de su matrimonio?
-Pero abuela.
-Además – le dice la abuela levantando la mano para hacerla callar – debes
preparar tu maleta, recuerda que hoy nos trasladamos a la casa de Omer.
-Sí lo recuerdo, es imposible olvidarlo si me lo dices a cada momento.
-Defne Topal, se te olvida que te conozco, te críe y se cada una de tus mañas,
lo más seguro es que algo extraño suceda y no llegues a tiempo para la boda.
-Abuela, ¿cómo puedes pensar eso de mí?
-Ve y arregla tu maleta, lleva solo lo necesario, lo demás lo puedes venir a
buscar después, según me contó Omer la casa ya esta amoblada y él
amablemente compró todo lo que pudiéramos necesitar.
-Abuela, ¿te das cuenta lo que estas haciendo con tu nieta?
-Sí, lo sé, créeme lo sé perfectamente. Defne no tenía manera de escapar de ese matrimonio, hizo su maleta, puso
en ella solo lo necesario, tal como le había dicho la abuela. En la tarde llegó
un camión con trabajadores, quienes trasladaron sus pertenencias, entre
ellas, su maleta.
Como la boda era las seis de la tarde, a las cinco ella buscó un vestido
apropiado para la ocasión, eligió uno de color azul y unos zapatos de tacón,
no quería tener que erguirse para besar a Omer, por Dios en que estaba
pensando, obvio en el beso del día anterior.
Se metió a duchar y se puso el vestido, cuando ya se vio en el espejo, le gustó
su imagen, bajó a la sala para ver si la abuela necesitaba ayuda y ahí la
encontró, pero no estaba sola.
-Ven hija, te estábamos esperando.
- ¿Para qué? – preguntó tratando de entender que hacían esas personas ahí
con la abuela.
-Omer envió a estas personas para que nos ayudaran a arreglarnos para la
boda
-Pero yo… ya estoy preparada, no necesito ayuda. - ¿En serio?, después de ver lo que hay en esa caja no pensarás lo mismo
Ella fue hasta donde estaba la caja y la abrió, se encontró con una falda y un
top de satén color blanco, estaban adornados con pequeñas flores del mismo
color, pero bordadas, los observò o mejor dicho los admiró, el toque final lo
daba la chaqueta también confeccionada con satén y seda en color blanco, lo
primero que se le vino a la cabeza fue, es lo mas hermoso que he visto en mi
vida.
No lo podía creer, era hermoso y él que ella, sin duda hubiera elegido el día
de su boda.
-Hermoso, ¿verdad? – le dijo la abuela
-Es maravilloso-Perfecto, entonces señoritas mi nieta es toda suya
La sentaron en el centro de la habitación y cada uno ellos trabajaban en lo
que sabían hacer, ella solo se dejó querer, se sentía como una princesa de
cuentos de hadas, por fin terminó su transformación.
Cuando la dejaron mirarse al espejo, se dio cuenta que, no existía punto de
comparación entre lo que ella pensaba era estar preparada para una boda y
lo que era estarlo de verdad.
Recogieron su cabello adornándolo con flores creando con ellas una
pequeña tiara, eso sí dejaron unos rizos sueltos los que caían sobre su rostro
y hombros, añadieron unos pendientes largos, que se movían junto con ella,
rosando su hombro y finalmente le mostraron los zapatos, al igual que el
vestido, eran de color blanco, de diseñador, con incrustaciones también de
satén, todo el conjunto era maravilloso y ella se sentía realmente hermosa
con él.
Mientras ella sufría la transformación, la abuela estaba en lo mismo, Omer
pensó hasta en el último detalle.
Por fin se trasladaron a la casa donde se celebraría la boda, él envió un auto
con chofer a buscarlas, la abuela no podía estar más feliz, cuando vio a sus
vecinos que la observaban a ella y a su nieta, no solo salir de su casa tan
elegantes, sino subirse a semejante auto.
Media hora después, Defne, recorría un pasillo mientras le lanzaban pétalos
de rosas blancas, ¿que era todo eso?, el matrimonio que ella frustró no había
tenido tantos detalles.
Cuando comenzó a sonar la marcha nupcial, a Omer se le detuvo el corazón,
cuando la novia apareció con un precioso vestido blanco, que él mismo
eligió, sus ojos se clavaron en ella, enamorarse de Defne había sido tan fácil…
Y ahora estaba allí, y él lucharía para que fuera suya para siempre.
Su corazón se hinchó de alegría al pensar en eso. Intentaba disimular la sonrisa que no dejaba de asomar a sus labios,
mientras la miraba avanzar hacia donde él la esperaba.
Por fin, llegó a su lado y, después de mirarse a los ojos, los dos se volvieron
hacia el altar para hacer sus promesas.
Amarnos y respetarnos hasta que la muerte nos separe.
Ella sonrió, poniéndose de puntillas para besarlo
Después de la ceremonia hubo fotografías, abrazos,
parabienes…
El fotógrafo señaló una parte del jardín cubierto de flores y empezó a hacer
indicaciones sobre el orden de las fotografías.
Defne y Omer serían los primeros, luego vendría una fotografía con los
amigos, y finalmente con la familia.
Mientras retocaban a la novia, ahora su esposa, Omer, se apoyó en un árbol,
escuchando el canto de los pájaros y mirándola.
De repente, sintió algo en el aire, era casi como si alguien estuviese
hablándole al oído…
Miró alrededor, pero en aquella zona del jardín no había nadie, intentó
relajarse, pero la sensación se repitió, más fuerte aún.
Y, de inmediato, supo qué era.
Él levantó el rostro para mirar el cielo.
–Tengo la sensación de que están aquí, a nuestro lado.
La inesperada sensación se intensificó y Omer se dio la vuelta para mirar a
Defne, mientras la maquillaban.
Luego miró el cielo de nuevo.
–La amo y voy a formar una familia con ella, cuidaremos de tus hijos y nietos
para siempre, los querré mientras viva, tienen mi palabra.- Un golpe de viento movió su pelo y, de repente, cesó como por arte de magia.
Alguien le dio un golpecito en el hombro y cuando se volvió, vio a su esposa
frente a él.
–Estoy lista – le dijo.
Incapaz de controlarse, él la abrazó y la besó.
–¿Y eso? –preguntó ella después.
–Es mi forma de darte las gracias y al mismo tiempo es una promesa.
–¿Otra? ¿No nos hemos hecho suficientes promesas ante el altar?
–Sí, pero esta es especial – apartó un rizo de su frente – siempre voy a estar
agradecido por lo que has hecho Defne, siempre.
Ella sonrió.
–Lo sé – le dice – pero me arruinaste el maquillaje.
-Pues yo te miro y veo a la mujer más hermosa de este lugar.
Omer le ofreció su mano, ella la aceptó y de esa forma se tomaron todas y
cada una de las fotos.
Por fin terminó la celebración, haberlo hecho en la casa fue lo mejor, porque
al finalizar de despedir a los invitados no debieron viajar a otro lugar.
Mientras Omer mostraba la casa de invitados a la abuela y la dejaba
instalada, Defne se fue al baño a prepararse para dormir y luego se fue a su
habitación. Estar a solas en la misma casa con Omer la ponía tensa, aún más
porque no podía dejar de pensar en sus besos.
Cuando Omer volvió a la casa, el hombre azul lo miraba de reojo, como si lo
entendiera, como si le dijera, la mujer más maravillosa que has conocido
está arriba, ¿no vas a hacer algo para llevarla hasta tu cama?
Tal vez estuviera loco, tal vez lo estuvieran los dos, pero no la iba a
presionar, por lo menos no esta noche, muy pronto Defne estaría entre sus brazos, apretada contra su cuerpo, con su aliento en sus labios, con sus
manos…
–Tengo que darme una ducha fría – le dijo y el hombre azul volvió a mirarlo
como si se hubiera vuelto loco.
Omer se dirigió al baño, creyendo que lo mejor era no mirar hacia donde
estaba ella o de lo contrario tiraría la puerta de la habitación y le haría el
amor, hasta que ya no le dieran las fuerzas.
–Tiene que prevalecer la sensatez –masculló con furia – Será mejor que me
dé esa ducha.
Defne había oído que Omer subía las escaleras y había contenido la
respiración, después lo oyó cuando este entró al baño.
Se quedó en silencio y escuchó el sonido del agua y trató con todas sus
fuerzas de no imaginárselo como estaba en ese momento, desnudo bajo el
agua, con el cabello chorreando, el agua corriéndole por la cara, los hombros,
el pecho…
Eres un caso, se dijo al tiempo que se tapaba la cabeza para oír lo menos
posible y trataba de expulsar las imágenes de su mente sin conseguirlo.
¿Por qué se estaba duchando en aquel momento?
¿Sería una ducha fría?
Ese pensamiento le produjo nuevas imágenes que estuvieron a punto de
hacerla gemir.
A ella también le gustaría darse una ducha.
El anillo que llevaba en el dedo le gritaba, es tu marido, ve y te duchas con él
y después…
Si Omer hubiera querido hacer el amor esa noche, ella….
No vayas por ahí, se dijo debía prevalecer el sentido común y no complicar
más las cosas, y seguiría prevaleciendo, durante unos meses, sería la falsa esposa de Omer,
y eso era todo.- Después saldría de su vida lo más rápido posible, antes de que fuera
demasiado tarde, aunque tal vez ya lo era.
A la mañana siguiente Omer viajó temprano a buscar a sus sobrinos, ella
pasó el día arreglando su habitación y acomodando sus pertenencias,
recorrió la casa, los niños tenían su habitación preparada, por
recomendación de la psicóloga dormirían juntos.
La abuela no dio señales de vida en toda la mañana, por lo que ella caminó
hasta la pequeña casa que Omer había preparado, cuando llegó ahí entendió
la razón de su ausencia, Omer había dispuesto a una señora que la
acompañara y le hiciera los quehaceres de la casa, ella estaba sentada viendo
su telenovela, cuando Defne entro a la casa, como no se dio cuenta de su
presencia, ella solo volvió a su casa.
Omer la llamó en la noche, para contarle que llegarían al día siguiente, el
doctor les había dado el alta a los pequeños y él contrató un avión privado
que los llevaría hasta Estambul, estarían en el aeropuerto a las 5 de la tarde
del día siguiente.
Ella se ofreció para ir a buscarlos, lo que él le agradeció, la conversación se
dio por terminada y ambos colgaron el teléfono.
Los pequeños se notaban nerviosos y tristes, Defne y su abuela los
esperaban cuando bajaron del avión.
Ella los observó mientras cargaban el equipaje en el coche e intentaba
pensar en la manera en la que podría ayudarlos y quitarles esa tristeza que
llenaba sus hermosos ojos.
–¿Qué harás para no enamorarte? – le preguntó de repente la abuela
Defne titubeó.- No te entiendo abuela.
-Los pequeños, ¿Qué harás cuando ellos te amen y tú los ames?–No lo sé, no lo había pensado.
–Si no estás segura, mejor mantente alejada de ellos –dijo la abuela– ellos ya
han sufrido suficientes pérdidas en sus vidas Defne, piensa bien lo que harás,
si los quieres ayudar debes pensar en quedarte con ellos para siempre.
Ella no pudo responder a lo que la abuela le decía, no solo porque estuvieran
listos para irse a la casa, sino porque no sabía que decir.
Los chicos estaban muy callados en el asiento trasero, junto a la abuela,
quien los observaba de reojo, como si tuviera miedo de lastimarlos si les
decía algo.
Defne miró a Omer, él le devolvió la mirada y le sonrió, ella se derritió por
dentro, como le sucedía siempre.
Se miró el anillo y pensó, ¿adónde la conduciría todo esto?, esos niños la
necesitaban y no solo para que su tío los adoptara, sino para hacerlos parte
de una familia, con ella como madre y Omer como padre, por lo tanto, debía
lograr que su matrimonio de mentira se convirtiera en uno de verdad.
CONTINUARA
